VACACIONES EN UN CAMPING
Dominación, trío, mujer - hombre -mujer. Convirtiéndose
en una perfecta esclava para dos chicas muy ardientes que ha conocido.
Una de las grandes maravillas del mundo
es la mujer. La belleza femenina, el encanto particular que tiene el género
femenino, su intuición, su perspicacia...podríamos decir muchísimas
cosas que por lo general, tienen las mujeres en mayor proporción que
los hombres, y todas positivas. Es una de las cosas que he aprendido en este
mundo; mucha gente se reiría de mí por pensar así de las
mujeres y siendo yo un hombre, pero es lo que he aprendido.
Me llamo Javier, y amo a una bella mujer, con todos sus encantos. Ella es de
pelo rizo oscuro, de estatura media, y con un cuerpo bastante admirable. Se
llama Cristina, y la conocí ya hace unos años, cuando estaba pasando
las vacaciones con un amigo en un camping.
No sé si habéis visto muchos camping, pero es realmente bello
estar en contacto con la naturaleza. Casi todo bosque, al lado de una enorme
playa, y con buen clima. En fin, un lugar donde puedes descansar y pasarlo bien,
e incluso conocer a gente extraordinaria. Como ya os dije fui a acampar con
un amigo, y allí conocimos a dos hermosas mujeres, que estaban acampadas
al lado nuestro, y entre saludarnos cuando coincidíamos conseguimos charlar
con ellas, y convencerlas para quedar una noche a tomar algo. Llegó la
noche y nos fuimos al pueblo que había cerca, a tomar unas copas. Fuimos
caminando en la oscura noche unos dos kilómetros todo por la playa, ya
que era por ahí por donde conectaba el camping con el pueblo. Mi amigo
charlaba bastante con una de las chicas, y parecía que "conectaban"
bastante bien, mientras ellos dos hablaban, Cristina y yo sin decir ni una palabra
nos mirábamos sonriendo, por lo pronto que nuestros amigos habían
echado migas. Al llegar al pueblo nos fuimos de "pubs", y la verdad
es que no tardaron mucho en "enrollarse". Estábamos en un local
y mi amigo me dijo por lo bajo que le dejara la tienda, que esta noche la iban
a pasar juntos, la verdad yo no sabía que hacer, porque ¿dónde
iba a dormir yo? Estaba bastante claro, la tienda de las chicas quedaría
para Cristina y para mí, aunque me iba a dar bastante vergüenza
y a ella parecía que también. Al final accedimos, y ellos se fueron
solos, quedándonos en el pub Cristina y yo, hasta que comenzamos hablar
de nuestras cosas y sobre las tres de la madrugada nos fuimos, andando de nuevo,
por la playa. Cuando llegamos al camping, nos fuimos a la tienda, nos metimos
en los sacos de dormir, y ella comenzó a hablar. Me dijo que le había
gustado, que le atraía. Vaya, yo pensé que estaba de broma, sólo
habíamos hablado un rato y tomado unas copas, y decía que yo le
gustaba. Mi vergüenza aumentó aún más, pero ella,
a pesar de ser tan directa, estaba muy nerviosa. Yo no dije nada, así
que ella sin más, me empezó pasar la mano por mi cuerpo, el cual
estaba cubierto por el saco, pero seguí igual, en silencio y quieto,
aunque me sentía bastante bien, y no quería que parase. Empezó
a abrir la cremallera de mi saco, y su mano tocó mi espalda desnuda,
sólo llevaba unos calzoncillos de dibujitos y a ella pareció hacerle
gracia. Comenzó a bajar la mano y me quitó lo que llevaba puesto,
mi excitación fue enorme, me sentía raro, porque no solía
hacer cosas así en una sola noche. Me dijo que si quería que parase,
y que sino quería ella iba a jugar conmigo, me dijo que si yo accedía
a ser suyo por esta noche, y dije que sí, aunque no sabía lo que
realmente quería decir "suyo". No admitiría negaciones,
y aún así, accedí por curiosidad, aunque más bien,
era que estaba realmente excitado.
Me dijo que me quedase tendido, mientras ella fue a coger unas cosas a su mochila.
Llegó junto a mí y me puso algo por los pies, me estaba vistiendo,
y cuando miré lo que me ponía me agité porque me di cuenta
de que me estaba poniendo unas braguitas.
-Shhh -me dijo-, no te puedes negar, ¿recuerdas?
Yo tenía una erección enorme, y al final a pesar del "corte"
que estaba pasando, me dejé llevar. Me puso unas braguitas de encaje
negras, y un sujetador a juego, luego riendo me dio un largo beso. Me dijo que
quería verme mejor, y como en la tienda de campaña no me podía
poner de pie, me puso de rodillas, y luego a cuatro patas, separándome
las piernas y observándome desde atrás. Me dio unos cachetes con
cuidado de no hacer mucho ruido, porque el resto de las personas del camping
se podrían despertar, y luego me pellizco las nalgas, donde había
azotado. De pronto alguien abrió la tienda, y yo me estremecí
por el miedo a que me vieran así, cuando veo que es su amiga, la cual
estalló en una carcajada. No dijo nada al respecto, y empezó a
hablar de que al parecer, al final no le había salido bueno el ligue,
con lo que había bebido el se quedó totalmente dormido. Una vez
todos dentro empezó a mirarme sonriendo y dijo:
- Mmm, vaya que tenemos aquí, al parecer esta noche al final sí
que lo voy a pasar bien. No sé como haces Cris, pero siempre encuentras
a unos tíos más raros.
- Oh, ¿no te gusta? Está muy mona, ¿no crees?- dijo Cristina.
Mejor que no nos pasemos, es su primera vez.
Yo tenía una vergüenza espantosa, pero mi erección era enorme,
y mi excitación, si es que podía era cada vez más grande.
Me volvieron a colocar a cuatro patas, y una se puso delante de mí y
otra detrás. Ahora iba a comenzar el juego, ellas se desnudaron, y me
quedé embobado con los pechos de Cristina que tenía delante de
mi cara. Se puso de rodillas y me colocó la cabeza entre sus muslos,
diciéndome que quería probar mi lengua; comencé a lamer
por toda su entrepierna. Mi pene salía de las braguitas, y estaba desando
tocarlo, cosa que cuando se dieron cuenta no me permitieron, y Eleni, la amiga
de Cristina, me dijo que me iba a castigar por no ser una buena putita. Bajó
un poco las braguitas y empezó a lamer mi ano, hasta que noté
como introducía un dedo por el mismo, me puse muy nervioso a la vez que
me excitaba más, no me podía creer lo que estaba pasando, y aún
así, continué lamiendo y sin decir nada, porque temía las
consecuencias. Mi miembro pedía que lo tocasen, pero ellas se daban cuenta
y decían que no lo merecía, que me estaba portando muy mal, entonces
comprendí, querían que fuera su prostituta, y comencé a
mover las caderas, a un ritmo, al tiempo que Eleni introducía dos dedos
más, y me penetraba con mis movimientos de cadera. Pareció que
estuvimos así una eternidad, hasta que finalmente me dijo que había
sido una buena putita. Cristina se apartó de mi boca, y dijo:
- Ya basta por hoy, creo que vamos a tener una esclava por mucho tiempo, y no
quiero que se canse demasiado, mañana, comenzaremos con su "educación".
Eleni no dijo nada, sólo sonrió, se acostó, y me dijo que
debería dormir en una esquinita de la tienda a los pies de las dos, sin
quitarme la ropa. Yo no dije nada, solamente obedecí, y ellas se quedaron
dormidas. No podía aguantar, y me masturbé mientras dormían,
y esperé que no se diesen cuenta.
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mándame un mail a sirviente@email.com
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