LA VENGANZA
Hetero, infidelidad consentida, sodomización. A unas semanas de la boda de una compañera de trabajo, su novio le pone los cuernos y ella decide hacer lo mismo pero con su consentimiento...


Esta historia me pasó el año pasado, fue sobre el mes Abril, bueno primeramente os pondré al día. Trabajo en una empresa donde están 25 personas entre subordinados y jefes, de todos ellos, solo hay cuatro mujeres y una de ellas es la jefa de oficina, esa descartada. De las otras, dos son un poco entrada en años, pero una de ellas tiene un tipo que ya quisieran muchas veinte añeras tenerlo, la otra no sirve ni para caldo. Por fin llegamos a la última, es la más joven y por lo tanto la que más pase tiene porque tampoco está para tirar campanas al vuelo, pero de las cuatro es la más potable.
Tiene 23 años, no os digo si es rubia o morena, si tiene el pelo liso o con rizos, porque cada dos días se lo cambia. Esto os dará una idea de lo presumida y coqueta que es, si a eso le sumamos que sabe que el 90% de los tíos que allí trabajamos babean por ella, eso le hace insoportable. Bueno seguiremos con la descripción, no es muy alta, yo mido 1.90 metros y ella alcanza por debajo de la barbilla, sus pechos son escasos por no decir diminutos, su boca es fenomenal para chuparla (quizás un poquito grande), lo que a mi parecer es lo mejor que tiene es el culo, la verdad es que es una tía del montón que al estar rodeada de tanto macho y ser la más agraciada se lo tiene un poco creído.
Un día antes de salir del trabajo se acercó ella y su novio (trabaja allí) y me dijeron que tenían que hablar conmigo al salir. A la salida nos reunimos en un bar cercano al trabajo, pedimos unas cervezas y empezó Carlos (su novio) a hablar con mucho nerviosismo y titubeante.
C- Esto, veras Santi (ese soy yo), te tengo que proponer una cosa.
Mónica (esa es ella)- Tienes no, tenemos
C- Bueno, tenemos -de un trago se bebió toda la cerveza y pidió otra-
M- Te lo diré yo porque este no termina en todo el día. Queremos que te acuestes conmigo, ¿qué dices?.
S- Que a mí no van los tríos
M- Nada de tríos, tú y yo solos.
Yo miraba a Carlos y lo veía tragar unos nudos que parecían que me los tragaba yo, estaba alucinando, media empresa besando el suelo que ella pisaba y se me pone en bandeja a mí, al único que pasaba de ella.
S- Yo alucino tíos, de que vais, esto que una cámara oculta, una broma o estáis locos.
M- Nada de eso, como sabes nos casamos dentro de un mes y hace una semana me he enterado que me pone los cuernos con una golfa. Y le he dicho que ojo por ojo, y diente por diente. Así que le he dicho que si se quiere casar conmigo le tengo que pagar con la misma moneda al menos una vez. Y después de buscar y pensar mucho, tú eres mi elección.
S- Tú estas loca, con la cantidad de tíos que hay con ganas de pillarte y me eliges a mí. Tendrás un buen motivo digo yo.
M- Mira Santi, tengo dos motivos para elegirte. Primero, estoy harta de oír a todos lo que harían conmigo si me pillasen, tú nunca me lo has dicho y me gustaría averiguarlo. Segundo, no estas casado y tampoco tienes novia, por lo cual nadie te puede reprochar o echar en cara nada. Además me caes bien.
A todo esto Carlos no paraba de tragar saliva y mostrar su nerviosismo. ¿ Tú qué opinas?.
C- Pues que me he portado como un cerdo, la quiero mucho y no deseo perderla por un polvo forastero, por eso accedo a su pequeña venganza.
S- Entonces por mi no hay problema. Donde, cuando y como.
M- ¿Dónde?, en nuestro piso. ¿Cuándo?, ya te avisare yo. ¿El cómo?, es obvio, no creo que me tenga que llevar un manual.
S- De vuestro piso nada de la china, no quiero que tenga un ataque de cuernos y aparezca por allí y me pegue un tiro o una cornada, a lo otro estoy de acuerdo, ya me avisaras tú. Salí del bar analizando la situación y no me gustaría estar en el pellejo de Carlos.
A las diez de la noche me llamó Carlos para quedar en Púb. Porque quería pedirme un favor. Llegué a las diez y media y seguía tan nervioso como antes.
S- ¿Tú dirás?.
C- Santi por favor, intenta disuadirla. Desde que me lo dijo tengo un requemor en el estómago que no me deja vivir.
S- ¿En que pensabas para ponerle los cuernos a tu novia un mes antes de casarte?. ¿Crees que un polvo merece lo que estas pasando?.
C- No fue un polvo, fueron muchos. Tengo relaciones con una chica desde hace un par de años.
S- Pues manda al carajo a Mónica y vete con esa otra chica.
C- Es que yo quiero a Mónica.
S- Esto es para mear y no echar ni gota. No entiendo nada.
C- Yo quiero a Mónica, es casi una mujer perfecta a no ser por dos defectillos que tiene.
S- Todo el mundo tiene defectillos.-le interrumpí yo-
C- Sí, pero ella tiene muchos huevos o acaso no vistes esta tarde quien hablaba, es una dominante, para el bien de los dos pero una dominante. Pero lo peor es que a la hora de hacer el amor es una frígida, en nueve años ha tenido solo dos orgasmos, en la cama no es una mujer fogosa, es una tabla, se tumba boca arriba, se abre de piernas y ya esta. No se mueve ni cuando se clava el muelle del colchón. Una muñeca de goma me hace sentir más que ella.
S- Creo que exageras, jamás en mi vida he topado con una mujer así. No hay mujeres frígidas sino hombres que no han aprendido sus puntos secretos para hacerla sentir placer.
C- Se nota que solo conoces la cara bonita que pone cuando se pavonea en el trabajo, es inmune al placer. Ana es un volcán en la cama, es insaciable y Mónica es una rosa marchita, y yo lo que necesito es un volcán.
S- ¿Tú has intentado despertar alguna vez el volcán que lleva Mónica dentro?. Porque todas lo llevan y me extraña que ella no.
C- Hago lo mismo con Ana que con Mónica, Ana disfruta y ella no. Hemos visto películas porno y le ha faltado poco para vomitar, me ha llamado cerdo, asqueroso, pervertido y de ahí para arriba. No tiene remedio, pero la quiero a morir y no soportaría que me engañase.
S- Bueno, le seguiré el juego y si se atreve a llegar al final, cosa que dudo, intentare disuadirla.
El viernes media hora antes de salir vino a verme Mónica para decirme que iba a ser mañana sábado, que la recogiera a las siete de la mañana en su casa, también me aconsejó que buscara un sitio cómodo.
¿Tan temprano?, ¿para que?.
No quiero ver a Carlos y decirle que he quedado contigo.
Vale, allí nos veremos.
Después de toda la noche de marcha llegué a mi casa a las cinco de la mañana, me duché, comí y emprendí camino de casa de Mónica.
Nada mas llegar salió del portal y debo de reconocer que estaba muy seductora. Vestía una falda por encima de las rodillas muy ajustada marcando sus curvas y un jersey azul celeste con un escote que dejaban entrever sus pequeños pechos que hoy parecían más grandes.
Se subió al coche me endiñó dos besos y me ordenó que nos fuésemos antes de que se arrepintiera.
¿Ya sabe a donde vamos a ir?
Si, solo falta llamar para confirmarlo.
¿A que esperas?.
No sé si te vas a arrepentir o no.
Llama y lo confirmas.
Vale, pero primero desayunemos.
Cuando estábamos desayunando en la cafetería llamé al hotel donde suelo llevar a mis conquistas de lujo, confirme la reserva y entre bocado y bocado empecé mi estrategia de disuasión.
¿Esta segura de lo que vas a hacer?.
Más que nunca.
Carlos lo estará pasando mal.
Todavía no, cuando vaya a buscarme y no me encuentre se enterará.
No me gustaría estar en su piel.
Terminemos y nos fuimos al hotel, me registré, cogí las llaves y nos dirigimos rumbo a la habitación. Allí se puso nerviosa, se sentó en la cama y empezó a mirar en todas las direcciones intentando disimular sus nervios. Para aliviar la tensión que se respiraba puse la televisión y comencé una nueva conversación.
Todavía estas a tiempo de echarte para atrás. (al decir estas palabras me dije a mí mismo que era gilipollas intentando perder esta oportunidad.)
Te he dicho antes que no.
Bueno, tú dirás como quieres hacerlo.
¿A que te refieres?.
Pues si quieres que nos desnudemos, te tumbas encima de la cama, yo encima de ti, hacemos el mete y saca, terminamos, nos vamos y aquí paz y luego gloria. O por el contrario jugamos un poco.
Que bruto eres, estoy un poco nerviosa y me da vergüenza desnudarme delante de ti.
Vale, comprendo y te pido disculpas.
Apagué la luz, cerré las ventanas, bajé las persianas hasta abajo y apagué el televisor. Nos quedemos totalmente a oscuras, me acerqué a ella la cogí por las manos y la llevé hacia el cuarto de baño.
¿Qué haces?, ¿Adónde me llevas?.
Sin luz, ojos que no ve corazón que siente. Lo mejor para romper el hielo es el agua, por la tanto vamos a tomar una ducha que nos tranquilice a los dos
¿También estas nervioso?.
Pues claro mujer.
Abrí el grifo de la ducha, la puse de espalda a mí y sujetándola por la cintura acerqué su cuerpo al mío, mi pene se quedaba por encima de su cintura, noté como su cuerpo se estremecía. Busqué la cremallera de su falda, cuando la encontré la bajé lentamente a la vez que le besaba en el pelo y el cuello, desabroché el botón y deslicé la falda hasta el suelo. Siguiendo de espalda a mí, mis manos buscaron su vientre, dándole un pequeño masaje para después emprender una subida a los pechos por debajo del jersey, me entretuve un poco en tocarlos, acariciarlos antes de quitarle el jersey.
Si quieres lo dejamos aquí.
Oye si no lo quieres hacer o no me deseas me lo dices y no vamos.
Le cogí la mano y la puse encima de mi abultado paquete. ¿tu crees que si no quisiera esta estaría pidiendo guerra?.
Al notar el bulto retiró la mano rápidamente. Después la acercó tímidamente, bajó la cremallera, desabrochó la correa y el botón del pantalón, bajó el slip y por fin se atrevió a coger mi pene. Lo hacia con mucha delicadeza, como si se fuese a romper. Terminé de desnudarme yo por que veía que si lo hacia ella esto iba a durar mucho tiempo y yo quería aprovechar la habitación por la noche con algún ligue especial.
Con el cuarto baño lleno de vapor y siguiendo totalmente a oscuras solo me quedaba quitarle el sujetador y las braguitas. El primero se lo quité sin preámbulos, pero las braguitas me puse de rodillas, comencé a darle besos por la barriga a la vez que se las quitaba, seguí bajando los besos hasta llegar a su chochete, subí una mano y acaricié la vulva, estaba completamente empapada, eso ayudó a subir más mi excitación. La senté encima del lavabo, le abrí las piernas y empecé a darle lengüetazos por la raja, después de un rato me dediqué a los chupetones y meterle la lengua dentro todo lo que podía.
Sus secreciones vaginales eran cada vez más abundantes, ella se convulsionaba y retorcía, mientras, sin dejar de chupar ese delicado manjar, le introduje un dedo con el que estuve masturbándola durante un buen rato. No tardó mucho en llegar al orgasmo, lo cual me sorprendió dada las declaraciones de su novio. Yo por si las moscas no, cesé en mi trabajo, pero con la variedad de que ahora eran dos dedos la que la penetraban. En cada penetración con los dedos me di cuenta que sus jugos mezclados con mi saliva, le chorreaban por la raja del culo. Sin dudarlo, con mi dedo anular, comencé a hurgarle en el agujero negro. Primero dando leve pasadas para arriba y para abajo, después y aprovechando las embestidas de la mano, pequeños intentos de penetración. No tardé mucho en introducirlo un poco, pero ella se quejó y no quise hacer la penetración más profunda, eso sí, en cada empuje de mi mano se colaba un poco más, así que con mi mano derecha sobandole y pellizcándole los pechos, mi boca en su raja mordisqueándola y mi mano izquierda follandola por delante y por detrás, no tardó en llegar a su segundo orgasmo.
Este tuvo que ser más fuerte que el primero, porque casi se queda con mi pelo en su mano del tirón que me dio.
Saqué los dedos, me incorporé y me dispuse a follarla con mi polla. Después de cuatro o cinco embestidas sentí que estaba a punto de corredme así que la saqué y le dije que me lo hiciera con la boca.
Yo nunca lo he hecho.
¿De que sabor te gustan los helados?.
De chocolate.
Pues te la metes en la boca y la chupas como si fuera un helado de chocolate.
Me da asco, pienso que es una guarreria.
Eso no lo pensabas mientras te comía la almeja, así que cierras los ojos, te la metes en la boca y la chupas.
Calló e hizo lo que le dije, verdaderamente daba mucho el cante de que nunca había tenido una polla en la boca, más que chupetones daba bocados, hasta tuvo arcadas. Para ayudarla le cogí la cabeza con una mano y con la otra me masturbaba. No tardé mucho en llegar al orgasmo, pero me quedé insatisfecho, con más ganas que antes. Me disgustó tanto que mis ganas de joderla aumentaron en cien por mil, pensé para mí que ahora se iba a enterar de lo que era un buen polvo.
Oye Santi, ¿si quieres lo dejamos?.
Nada de eso mona, no hemos hecho nada más que empezar. Vamos a ducharnos.
Nos metimos en la bañera y empecé a enjabonarla. La puse de cara a la pared y después de un par de pasadas con el jabón, le eché las dos manos a las nalgas que se las abrí tanto que el lindo agujero del culo quedó al descubierto. Me puse de rodillas y empecé a chuparle el ojete, ella se resistía, pero estaba atrapada entre la pared y yo. La di la vuelta y cogiendola por las nalgas la levanté hasta que raja quedó a la altura de mi polla. De un solo golpe se la metí entera, se le escapó un suspiro que me alentó a que continuara con las embestidas. Se agarró a mi cuello con los brazos y cruzó las piernas alrededor de mi cintura dándome libertad en las manos que ahora no tenían que sujetarla. Mientras con la izquierda la sujetaba para abrir el cachete, con la derecha le introducía el dedo en el ojete. Ahora si que se lo introduje todo lo que pude y de nuevo se le escapó un suspiro acompañado de un quejido, pero eso no sirvió para que cesara en mi empresa, al contrario me animó para meter otro dedo. Tras unos instantes de forcejeo intentando que le sacara los dedos del culo, apretó sus piernas a mi cintura gozando de un nuevo orgasmo y eso que su novio decía que era frígida. Salimos de la ducha, nos sequemos un poco y ella se tumbó en la cama.
Me has dejado sin fuerzas Santi.
¿No me dirás que aquí se acaba todo?, porque yo todavía estoy a medias.
¿Qué quieres que haga?.
Túmbate boca a arriba y descansa mientras yo hago mi trabajo.

No dudó mucho, pero yo tampoco. Me puse encima de ella y empecé a chuparle los pechos y retorcerle los pezones. Lentamente fui bajando chupando y mordisqueando cada centímetro de su piel sin dejar de sobar sus tetas hasta llegar a su raja.
Estaba toda empapada y no era del agua, sino de lo cachonda que estaba. Me gustaba el sabor que esos jugos dejaban en mi boca y pensar que era el primero que los saboreaba me enloquecía aun más. Comiéndole la raja y sobandole el pecho con una mano, bajé la otra con mucha suavidad hasta la raja, allí le metí el dedo índice y empecé a masturbarla. Al cabo de un rato y tras retorcerse de placer, le hice la pistola, que es mientras con el índice la masturba, le metes el dedo corazón por el culo aprovechando las embestidas de la mano.
Aunque al principio se resistía, no tardó en dejarlo por imposible y cuando esto sucedió, llegó a un orgasmo que yo pensé que el grito se había oído en todo el hotel. Sin dejarla respirar la volteé y la puse a cuatro patas, rocé mi polla por su raja y en unos de esos roces, se la clavé hasta el fondo. Se le escapó un ¡ay!, que para mí, fue más un suspiro que un quejido. Empecé a bombearla muy rápido, a la vez que la cogía por las caderas atrayéndola para mí en cada embestida, evitando que se separara de mí. Ella mordía a la almohada y ahogaba sus gemidos con ella, me suplicaba que terminase pronto, que eso era insoportable. Pero yo no la escuchaba y en cada embestida daba más fuerte si cabe.
Al notar que ya estaba cerca mi orgasmo, me detuve, me salí y a ella le pareció ver el cielo abierto, porque me dio las gracias por parar. Todavía con el trasero en pompa, lo agarré fuertemente y me puse a chuparle el ojete, le introducía la lengua todo lo que podía. Cuando llevaba un rato lamiéndolo, con mi mano derecha empecé a masturbaba. Eso le producía un placer más soportable que la penetración desde atrás. Cuando deduje que estaba lo suficientemente cachonda, retiré mi mano y mi boca y la dije. - Ahora te vas a enterar de lo que es bueno. Y sin pensármelo dos veces, le introduje la mitad de mi miembro en su culo. Ella levantó la cabeza y arqueó la espalda, a la vez que se le escapaba un grito. De un segundo empujón, terminé por metersela del todo. Se quiso escapar, pero yo la tenia fuertemente agarrada por la cintura para evitar lo que ahora ella pretendía, escaparse. Lentamente empecé el bombeo. Todo su afán era huir de la enculada, y todo el mío era el contrario, partirle el culo como se lo estaba partiendo. Cuanto más se resistía, más cachondo me ponía.
Ya era inútil toda la resistencia que oponía y ella lo comprendió pronto, porque acató todas las embestidas siguientes sin rechistar. Tardé un poco en llegar al orgasmo, pero fue casi como el primero que tuve, ese culito tan estrecho y sin desvirgar, hizo que tuviera una corrida tan fuerte que mi cuerpo se estremecía en cada chorro de leche que escupía mi polla.
Me retiré de encima de ella y me recosté a su lado, estaba agotado, toda la noche de juerga y para desayuno este delicioso manjar.
Mónica se rodeó para recriminarme que eso no era lo acordado, que eso no era hacer el amor. Yo le dije, que el amor se hacía cuando se amaba a una persona, que cuando no hay amor se llama "echar un polvo", y eso era lo que habíamos hablado, que si no había quedado conforme con el producto, que pusiera una reclamación, acto seguido me di media vuelta y me eche a dormir.
No sé cuanto tiempo habría pasado, cuando me despertó una sensación agradable sobre mi polla. Abrí los ojos y encontré a Mónica lamiendo la punta del capullo. Cuando se dio cuenta de que la observaba, se la introdujo todo lo que pudo dentro de su boca, chupandolo como si le fuese la vida en ello. Todavía tendría que chupar muchas pollas antes de hacer una buena mamada, así que me dispuse a ayudarla, masturbándome.
No tardé en ponerme a tono, por lo que la di media vuelta e hicimos un 69, le tuve que decir como ponerse. Ella encima de mí, mostraba toda su raja completamente empapada, lo cual demostraba que estaba cachonda. Sus movimientos eran torpes, se dejaba caer encima de mí impidiendo que me moviera con soltura. Una vez liberadas mis manos, me dispuse a gozar y a que ella gozara.
Con ambas manos aferradas a los cachetes de su culo, los abría, hasta dejar todo su chochete bien abierto, así mis lengüetazos eran más profundos y mis caricias en clítoris con la lengua la volvían loca, con cada lengüetazo en él, su cuerpo se retorcía.
Era increíble, cada vez me pedía más, mi cara estaba empapada de sus jugos vaginales y tenía dos dedos dentro de su culo, moviéndolos en círculos. Creo que cuando iba por el segundo o tercer orgasmo, me dijo que la poseyera otra vez.
Sin dudarlo, me coloqué encima de ella, se la metí de una vez, sin preámbulos. Durante las embestidas no paraba de pellizcarle los pezones, lamerlos, sobarlos etc, etc. Le decía al oído lo buenorra que estaba, que no llegaba a comprender por que no lo había intentado con ella antes, lo que me había estado perdiendo y lo peor lo que me iba a perder, porque dentro de unas semanas se casaría con el imbecil y capullo de su novio.
De repente se salió y se puso a cuatro patas y me dijo que se lo hiciese por atrás. Le metí la polla por chochete y ella se salió. -Por ahí no, por el culo, es mi despedida de soltera.
Ni que decir tiene que desaproveché la oportunidad. Esta vez se la metí más despacio, saboreando cada milímetro que introducía hasta que mis huevos tropezaron con su almeja.
La salida fue tres cuartos de lo mismo, muy lenta, así tres o cuatro embestidas, luego fui aumentando el ritmo de entrada cada vez más rápido y el de salida muy lento. Al cabo de unos diez minutos tuve otro orgasmo tan intenso y fuerte como el primero.
Ese mismo día volvimos a hacerlo tres veces más, una vez normal, por el chochete y dos más por le culo. Al final a la tontorrona le gustó que le dieran por el culo.
Acordamos en decirle a Carlos que no habíamos hecho nada, que solo estuvimos todo el día dando vueltas por la ciudad y visitando sitios.
Al salir del hotel ella pagó la cuenta y me dijo que era lo menos que podía hacer por haberla enseñado tanto y haberla hecho sentir lo que con Carlos no había sentido en todo su noviazgo.
Ahora tengo un problema, es que cuando regresó de la luna de miel, fue en busca de mí, diciendo que me echaba mucho de menos y cada dos o tres días la tengo en mi casa buscando acción. Por otro lado al gilipollas de su marido dándome las gracias por no haber abusado de la oportunidad que me brindaron.
Espero que nos hayáis aburrido.

THE END

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