VIAJE DE TRABAJO
Intercambio, trío, hombre - mujer - hombre. Un extraordinario trío de un matrimonio con un hombre maduro


En el verano del 2000 por cuestiones de trabajo me desplacé durante una semana a una isla del Caribe y me alojé en un complejo turístico a las afueras de la capital con el fin de estar lejos del bullicio y aprovechar en mis ratos libres el sol, el mar, etc. Soy un hombre de 47 años, de aspecto normal para mi edad, bastante vicioso y me gustan mucho las situaciones con morbo. Me atraen las mujeres pero de forma especial las jovencitas, debe ser cosa de la edad. Aunque suelo contratar los servicios de profesionales, esta vez fue deliciosamente diferente.
Una noche, después de un día de bastante trabajo y calor agobiante, mientras tomaba el fresco y una cerveza en la terraza del hotel se sentó en una mesa contigua una pareja muy joven, ella era una hembra muy llamativa y de extraordinaria belleza, esbelta y con el cabello rubio platino. Llevaba una pequeña falda que dejaba ver totalmente sus preciosas piernas torneadas y doradas por el sol y una camiseta corta que le marcaba con todo lujo de detalle sus perfectas tetas y dejaba al aire su estómago.
La situación llegó a ser embarazosa ya que me resultaba imposible dejar de admirar y desear aquella mujer y mi vista se detenía de forma repetitiva en sus marcados pezones y sobre todo en sus muslos con la esperanza de que algún movimiento de ella me permitiera observar algo mas intimo.
Como era de esperar, su acompañante se dio cuenta de mis lascivas miradas y dirigiéndose a mí, preguntó directamente si me gustaba lo que veía. Le contesté que disculpara mi falta de educación pero que no había podido evitarlo ya que ella me parecía extremadamente hermosa, él sonriendo se levantó, se acercó a mi mesa y preguntó si me gustaba jugar al tenis, la reacción de aquel hombre me dejó perplejo y casi titubeando le dije que sí. Quedamos en jugar a la mañana siguiente y se marcharon.
Por el calor reinante empezamos el partido a las siete de la mañana y después de casi hora y media estábamos cansados y absolutamente sudados, sobre todo yo, por lo que decidimos dejarlo, en ese momento me preguntó si después de la ducha me apetecía desayunar con ellos, por supuesto accedí y quedé en pasar a recogerlos a su habitación.
Después de refrescarme, me puse un pantalón corto, una camisa y fui a buscarles.
Mi primera sorpresa fue que habían pedido servicio de habitación y tenían un espléndido desayuno preparado en su cuarto. Mientras tomábamos café, hablamos de varios temas sin importancia, supe que eran matrimonio, que se llamaban Carlos y Birgitte, que ella tenía 23 años y él 30, que llevaban casados unos meses, estaban de vacaciones y ella era finlandesa lo cual explicaba sus facciones, el maravilloso color de su cabello y el azul intenso de sus ojos. Hablaba bastante bien español por ser azafata de unas conocidas líneas aéreas.
Aunque la conversación era amena, yo no estaba relajado ya que ella seguía llamando poderosamente mi atención, llevaba puesta una especie de túnica blanca muy fina y parecía no llevar ropa interior, lo cual dejaba adivinar claramente su anatomía, la tela se pegaba a sus piernas y sobre todo a sus puntiagudas tetas, resaltando unos pezones pequeños y erectos, la imagen fue aún mas clara cuando se levantó, pasó por delante del ventanal y pude ver al trasluz su maravilloso, estilizado y joven cuerpo desnudo debajo de la túnica.
Después del desayuno seguimos charlando y en un momento de la conversación él pasó su brazo por los hombros de ella, acercó su mano al escote, suavemente la deslizó dentro del vestido hasta llegar a sus tetas y empezó a juguetear con uno de sus pezones.
En ese momento se me puso un nudo en la garganta ya que por un lado no sabía que hacer ni donde mirar y por otro la situación me excitaba enormemente y no podía ocultarlo ya que el bulto que presentaba mi pantalón era imposible de disimular.
Carlos me dijo, ¡No te preocupes, soy consciente de lo buena que está Birgitte y lo fácil que excita y levanta los ánimos de los hombres que la miran, así que disfruta, porque me gusta compartir con algunas personas esta maravilla de mujer!. De nuevo, mirándome preguntó, ¿Anoche te la comías con la mirada, no es así? Contesté que en efecto, que me disculpara pero no podía dejar de mirarla, sobre todo sus piernas. Acto seguido, Carlos dijo, ¡Ahora la puedes mirar todo lo que quieras!. Al mismo tiempo que comenzaba a subir la túnica despacio dejando ante mi vista aquellas increíbles piernas mientras me decía, ¡Mira que delicia, obsérvala bien y disfruta!. Ante mí tenia aquellas deseadas y largas piernas, trataba de imaginar la sensación de acariciar aquellos suaves y dorados muslos Cuando la tela no podía subir más y sus muslos estaban ante mí en todo su esplendor, él dijo, ¡Cariño déjame que le enseñe a nuestro nuevo amigo uno de tus maravillosos y dulces tesoros!. Puso sus manos en las rodillas de Birgitte y lentamente fue separando sus piernas dejando ante mi vista una tierna y rosada rajita coronada por un suave vello dorado. Mi excitación y el bulto de mi pantalón eran ya exagerados y traté de relajarme, disfrutar de la vista y luego ir al baño para masturbarme pensando en ella pero esto último no estaba en los planes de Carlos ya que después de acariciarla entre las piernas y besarla en la boca me dijo, ¡Ven acércate para que puedas tocarla!. Me arrodillé en medio de aquellas hermosas, largas y abiertas piernas y puse mis temblorosas manos sobre sus rodillas. Carlos me decía, ¡Eso es, acaríciala, tócala sin miedo!. Yo mientras sobaba y apretaba entre mis manos sus muslos, no podía apartar mis ojos de aquel delicado y tierno coño que tenía ante mí. En ese momento él preguntó, ¿ Te gusta su coño, seguro que te gustaría comértelo, no es verdad?. Mi excitación crecía por momentos y sin ningún reparo contesté, que me encantaría chuparlo y saborearlo. Carlos hizo que Birgitte casi se tumbara en el sofá de manera que sus piernas y culo sobresalían del asiento. Sin dudarlo un momento puse mi boca en su muslo y lentamente fui lamiendo hasta llegar a la ingle y luego a su tibio y jugoso coño. Birgitte sujetaba suavemente con sus manos mi cabeza mientras yo lamía, chupaba y babeaba aquel delicioso manjar casi con desesperación mientras sus dulces jugos mojaban mi cara. Después de un rato Carlos dijo, ¡Bueno ya está bien no seas ansioso, ahora siéntate!. Dirigiéndose a ella dijo, ¡Mira que bulto tiene nuestro amigo en su pantalón, seguro que hace tiempo que no está con una mujer tan joven, tiene una buena polla con ganas de salir de su encierro y de que se la mamen bien!. Se levantaron del sofá y arrodillándose ambos delante de mí, Carlos le pidió a su mujer que me la sacara, ella me bajó la cremallera y metiendo su mano buscó mi polla cogiéndola y sacándola con sumo cuidado, ni que decir tiene que estaba en su máxima expresión. Cuando la tuvo delante de su cara, Carlos la dijo, ¡Mira que buena polla, como se le ha puesto de mirarte y comerte, así que imagínate como se pondrá cuando la tengas en la boca y se la chupes, pero contrólale porque no quiero que se corra antes de tiempo!.
Yo no salía de mi asombro y no daba crédito a lo que estaba pasando, aquel hombre al que acababa de conocer primero me mostraba el deseable coño de su mujer, una hermosa y sobre todo joven rubia, después me dejaba disfrutar del placer de chupar aquel manjar y ahora la ponía de rodillas entre mis piernas y le decía que me sacara la polla para hacerme una mamada delante de él.
Ella me miró a los ojos, sonrió y mientras con una mano me acariciaba los huevos, con la otra cogió mi polla por la base y se la acercó despacio a la boca. Primero pasó sus labios y chupó el capullo, luego paseó su lengua de arriba a bajo por toda ella y finalmente la metió en su boca, tenía el interior y la lengua suaves y calientes y comenzó a chuparla despacio, sin prisa, sin masturbarme con la boca si no como cuando tomas un helado, saboreando y dejándomela llena de su cálida saliva, mientras chupaba, seguía mirándome a los ojos como estudiando mis gestos para intentar saber que movimiento de su boca o su lengua desataba mayor placer en mí y repetirlo.
Carlos se colocó detrás de ella y levantó completamente la túnica dejando al aire su hermoso culo. Tenía marcada la forma de su tanga mostrando unas redondas y bronceadas nalgas y solo una línea blanca recorría de un lado a otro sus caderas y otra la raja del culo. Empezó a metérsela desde atrás despacio mientras la decía, ¡Eso es cariño, ahora te voy a follar, siente como te la meto en el coño mientras tienes otra polla en la boquita, chúpale despacio mientras te follo, no vamos a corrernos todavía porque antes tenemos que meter nuestras pollas en todos tus agujeros!.

Después de un rato en esta agradable actividad, Carlos nuevamente tomó la iniciativa y dijo, ¡Bueno ya está bien, ahora putita mía dinos tú que quieres hacer!. Ella se sacó mi polla de la boca y mirando a su marido dijo que quería que la follaramos los dos al mismo tiempo pero que necesitaba algo de ayuda. Carlos obviamente sabia lo que quería decir así que me preguntó,
¿ Prefieres metérsela por delante ó por detrás?. Yo no sabía que decir ante lo cual él dijo, ¡Bueno te cedo el placer de que se la metas en el culito y luego ya veremos, pero primero tienes que prepararla bien para no hacerla daño!.
Ella que hasta ese momento seguía llevando puesta la túnica se la quitó y dejó su joven y espléndido cuerpo desnudo ante mí, la admiré durante unos momentos y no resistí la tentación de manosearla y besarla de arriba abajo, de tocar sus muslos, su culo y de coger con mis manos sus pequeñas tetas duras y redondas mientras le chupaba aquellos maravillosos pezones que tanto me habían provocado desde el principio.

Birgitte cogió mi cara con sus manos, me besó apasionadamente en la boca y me pidió que me tumbara en el suelo sentándose sobre mi cara, enseguida comprendí lo que esperaba de mí y comencé a lamer, chupar y meter todo lo que podía mi lengua en aquel culito apretado, pequeño y redondo hasta que noté como se suavizaba, ella se introdujo un dedo en el coño al tiempo que yo continuaba chupándola y vi como se dilataba lentamente. Mientras yo disfrutaba de aquel especial deleite, ella chupaba la polla de Carlos igual que lo había hecho antes conmigo. Al cabo de un rato se incorporó y dijeron que me levantara. Entonces Carlos se tumbó en el suelo, ella se subió encima de él, con su mano dirigió la polla de Carlos a la entrada de su coño y dejándose caer sobre ella se la clavó casi entera. Una vez que la tuvo completamente encajada se inclinó todo lo que pudo hacia delante y me dijo, ¡Ahora quiero sentirte también dentro de mí, métemela despacio por detrás!.
Me arrodillé detrás y apunté mi polla a su agujerito pero ante la dificultad para penetrarla y el temor de convertir una relación de placer en algo doloroso, comencé por meterla un dedo, tenia el culito ardiendo y apretado hasta el punto de que con la sensación casi me corro en ese momento, seguí moviendo mi dedo a un lado y otro, dentro y fuera hasta que noté como su culito se aflojaba mas y pude meter otro dedo, ella se contrajo un poco pero me dijo, ¡Ya estoy lista, ahora métemela!. Con mi mano, puse la punta de mi polla en la entrada y empujé con suavidad. Poco a poco pude ver como aquel pequeño ojo redondo se iba abriendo y se tragaba lentamente mi polla mientras ella me ayudaba con el movimiento de sus caderas. Cuando casi toda la polla estaba dentro de su culito, Carlos y yo comenzamos a movernos tratando de acompasarnos, ella estaba prácticamente empalada y no se podía mover pero nos pedía que se la metiéramos más y más hasta el fondo y así lo hicimos mientras daba pequeños gritos mezcla posiblemente de placer y dolor. Mi polla dentro de su culito notaba como la de Carlos entraba y salía de su coño separadas por una fina y suave pared.

La sensación era nueva, absolutamente excitante y llena de morbo, por un lado estaba follando con una joven como las de las revistas, con casi la mitad de mi edad, delante y con la complicidad de su marido. Podía ver como mi verga era tragada literalmente por aquel culo que se abría delante de mí mientras le apretaba las tetas y pellizcaba sin control sus duros pezones. Por otro, todavía no podía creer que algo así, algo que había soñado montones de veces, se estuviera cumpliendo con una mujer como ella mientras me preguntaba si a Birgitte le hubiera gustado tener al mismo tiempo una tercera polla follandola por la boca para sentirse completamente invadida por todos sus orificios.

Al cabo de unos minutos yo no podía más y dejé estallar mi polla en lo más profundo de su culo, casi en el mismo momento Carlos también se corrió. Nos retiramos de ella con la mayor delicadeza y nos dejamos caer jadeantes en el suelo. Mientras descansaba imaginaba que sería ideal tener otra polla para seguir follando mientras la usada se recuperaba, ya que, aunque mi físico necesitaba tiempo para descansar, mi deseo era el de seguir follandome una y otra vez a aquella jovencísima y hermosa mujer.
Nos quedamos sentados en el sofá casi sin hablar y me fumé un cigarrillo. Después de unos quince minutos y una ducha, ella dijo, ¡Bueno ahora me toca disfrutar a mí!. Yo no entendía nada hasta que Carlos me dijo que a ella la encantaba que la follaran y tenía especial debilidad por hombres maduros como yo, pero difícilmente tenía un orgasmo, y necesitaba otro tipo de estimulación. Entendí lo que decía y le dije que me gustaría ser yo de nuevo para terminar lo que había empezado un rato antes, así que apagué mi cigarrillo, separé completamente sus piernas, metí cuanto fue posible mi cabeza entre aquellos muslos dorados y suaves y comencé otra vez a lamer su coño, metiendo todo lo que podía mi lengua en su vagina y chupando su clítoris mientras se llenaba mi cara y boca con sus deliciosos jugos hasta que explotó en un orgasmo terrible.
Siempre me ha maravillado la capacidad de recuperación de las mujeres y digo esto porque casi inmediatamente de tener aquel primer orgasmo le dijo a Carlos, ¡Ahora te toca a ti comerme mientras yo disfruto y le enseño algo nuevo a nuestro invitado!. Yo no entendí muy bien que quería decir con algo nuevo puesto que habíamos hecho creo que todo pero nuevamente estaba equivocado. Carlos se tumbó otra vez en el suelo, me dijo que siguiera sentado en el sofá y ella, sentándose en la cara de su marido le indicó, ¡Ahora cariño chúpame y méteme la lengua en el coño y el culito como no lo has hecho nunca!. Carlos comenzó a chupar mientras ella dirigiéndose a mí dijo, ¡Voy a chupártela como a mí me gusta, haciéndolo desde el principio, tragándomela toda y sintiendo como crece dentro de mi boca!. Acto seguido se metió mi flácida polla entera en la boca y comenzó a saborearla con ansia, moviéndola dentro de un lado a otro, dando suaves mordisquitos y jugueteando con su lengua en mi capullo.
Realmente la sensación era nueva para mí, nunca había sentido como se me ponía dura y crecía dentro de una boca caliente y jugosa. Cuando mi polla estuvo nuevamente lista, se retiró y le dijo casi gritando a su marido, ¡Ahora, vamos sigue, méteme bien la lengua, chúpame, mámame el clítoris!. Comenzó a retorcerse de placer con un apoteósico orgasmo. Carlos y yo estábamos otra vez con la polla dura y con ganas de seguir, al vernos Birgitte dijo, ¡ Para terminar quiero mis proteínas!. Se quedó de rodillas mientras nosotros dos estábamos de pie con nuestras pollas delante de su cara, ella cogió una con cada mano y nos pidió que la avisáramos cuando fuéramos a corrernos. Empezó a menearnos las pollas mientras su boca saltaba de una a otra dando lametazos y chupadas, casi simultáneamente Carlos y yo sentimos que nos temblaban las piernas y un fuerte orgasmo nos llegaba. Cuando ella lo notó dejó de chuparnos y mientras seguía meneándolas con fuerza, abrió completamente su boca ante nuestras pollas recibiendo dentro de ella y en la cara nuestros chorros de leche espesa y caliente. Me excitaba ver que no podía tragar totalmente nuestra leche y se derramaba por la comisura de sus labios chorreando por toda su cara y cayendo en sus tetas mientras balbuceaba, ¡Así, eso es, dadme ahora toda vuestra leche, la quiero toda!. Mientras restregaba su cara con nuestras pollas y su lengua lamía hasta la última gota.
Después de aquella excitante, larga y morbosa orgía de sexo, charlamos un rato, disfruté algunos cigarrillos más, me vestí, y les di las gracias por el extraordinario "desayuno" diciéndoles que al día siguiente invitaba yo en mi habitación. Durante de la semana que permanecí en el hotel me la estuve follando todos los días con la inestimable ayuda y participación de su marido.

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