VOLVIÓ A VERSE CON SU ANTIGUO AMANTE (II)
Trío, hombre - mujer - hombre. Su esposa quería volver a ver a su amante una última vez, pero esta vez quería que su marido participara también.


Continuación del relato erótico " Volvieron a verse con su antiguo amante" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 29 de Marzo de 2002.
Quizás algunos de ustedes se acuerden de la relación que mi esposa tuvo con su antiguo amante durante su segundo embarazo y que ya les conté. Tras encontrarse casualmente Ángeles y Fernando en casa de la hermana de este volvieron antiguas pasiones y nuevos encuentros en la cama. No supe negarme a estos encuentros: mi esposa realmente deseaba volver a estar con el hombre que la había iniciado en el sexo.
El nacimiento de nuestra nueva hija interrumpió las noches de sexo entre ellos dos durante breves meses y no hubo otra relación que la visita de Fernando a la clínica para ver a la madre y al bebé y felicitarnos a todos.
Cuando mi esposa y yo tuvimos de nuevo relaciones sexuales tras la "cuarentena" estas fueron tan buenas como habían sido últimamente. Amo a Ángeles con toda mi alma y por ello quiero que tenga todo lo que desee y por ello le recordé que sus relaciones con Fernando estaban sólo temporalmente suspendidas.
Ella me sonrió y me dijo:

- Oye Alberto, ¿es que te gusta eso de ser un cabrón?

Le sonreí yo también y le respondí que lo único que quería es tenerla junto a mí por amor y no por obligación.

Al cabo de dos días de esta conversación me dijo que había telefoneado a Fernando. Él le había contado que estaba empezando una relación formal con una chica y que le parecía que podía llegar lejos. Por eso le pedía que no retomaran sus encuentros nocturnos.
Sin embargo los dos estuvieron de acuerdo en tener una "buena despedida". Ángeles le dijo a Fernando que ella prefería no dejar a su nuevo bebé toda la noche en casa mientras ella salía y le pedía que esa despedida fuese en nuestra casa.
Ante la cara de sorpresa que debí poner, Ángeles me preguntó si me molestaba mucho que Fernando viniera a pasar la noche en casa y que quería hacer yo mientras tanto.

Me imaginé la situación. Mi esposa y su amante en nuestra cama de matrimonio mientras yo miraba la tele… o quizás lo que quería Ángeles es hacer un trío!!. No pude dejar de frotarme la frente para comprobar la velocidad a la que mis cuernos estaban creciendo.
Ángeles me adivinó el pensamiento:

- Alberto, me gustaría volver a acostarme con Fernando. Como una despedida. A ti te quiero y te deseo pero a él le deseo también ni que sea una última vez. Y no quiero dejarte toda la noche con las dos nenas. Alguna vez me habías preguntado si me gustaría hacer un trío. ¿No te gustaría a ti?

No le respondí inmediatamente. Respiré hondo. Me sentía eso precisamente, un perfecto cabrón. Y no supe decir otra cosa que:

- Cariño, lo que tú quieras.

Esa noche no hubo más comentarios pero por la mañana mientras desayunaba antes de ir al despacho Ángeles decidió por los dos.

- Alberto, llamaré a Fernando y si él quiere mañana pasado viernes que venga por la noche y haremos lo que podamos. Si tú quieres intervienes, y si no, puedes mirar. La verdad es que me parece muy bien tener a la vez las dos pollas de mí vida.

Nos despedimos con un corto beso y me fui al despacho lleno de angustia.

Al volver a casa mi esposa me recibió con una cara mezcla de ilusión y algo de vergüenza. Me dijo que Fernando había aceptado. Que él tampoco había hecho nunca un trío y que le parecía muy bien hacerlo con ella como despedida. Precisamente su novia aquella noche tenía turno en la clínica (es enfermera) y no habría problema. Fernando prefería no contarle a su novia sus encuentros con Ángeles, al menos por el momento.

Esa noche, Ángeles y yo tuvimos una buena ración de sexo. No puedo dejar de reconocerlo. Desde que Fernando había regresado a la vida de Ángeles ella actuaba con una energía y con unas ganas que me desbordaban. Ahora era yo quién pedía paz. Ella me estuvo provocando continuamente diciéndome cosas como lo que me habían crecido los cuernos, que si la polla de Fernando seguía siendo más larga y más gorda que la mía, que si Fernando aguantaba más sin correrse, … Ángeles se dio cuenta lo mucho que me excitaba aquella noche con estos comentarios y tuvimos un rato maravilloso.

Llegó el viernes por la noche. Ángeles se vistió con una falda larga pero con buenas aberturas laterales y una blusa blanca que llevaba bien escotada. El embarazo no le había sumado ningún kilo y su cuerpo volvía a ser aquel que tanto me gustaba: ni delgada ni rellenita y conservando sus deseables curvas y sus grandes tetas, …
Llegó Fernando vestido como siempre con ropa moderna y de buen gusto, llevando un ramo de flores para mi esposa.
Quiso ver a la pequeña en su cuna y preguntó por nuestra hija mayor. Esa noche se había quedado en casa de una amiga de la escuela que hacía tiempo que la invitaba a quedarse a dormir en su casa. Luego tuvimos una cena ligera pero sabrosa: una ensalada bien condimentada y un poco de pescado. Después vinieron unos postres de chocolate y todo se regó mucho y con buen cava.

Recogidos todos los platos en la cocina mi esposa no quiso perder tiempo. Nos cogió a los dos de la mano y me miró:

- ¿Te quedas o te vas? me dijo.

Le respondí que me quedaba y que quería que ella fuera totalmente feliz. Ella me abrazó, me besó largamente y me miró a los ojos.

- Si, quiero que te quedes y también que me veas con Fernando. Quiero gozar de los dos y que los dos lo paséis tan bien como yo.

Ángeles empezó a andar y nos llevó a nuestra habitación. Esta quedaba al otro lado del piso de donde estaba esa noche durmiendo la niña. No pude hacer otra cosa que pedirles que no la despertaran. Ellos se miraron y sonrieron.
Sólo encendimos una lámpara de la mesita de noche y la pusimos en el suelo. La habitación quedaba en penumbra, no hacía falta más.

Ángeles y Fernando se abrazaron y empezaron a besarse. No había prisa pero sí mucha intensidad. Las manos de cada uno recorrían el cuerpo del otro sin olvidarse de un solo centímetro. Se acostaron y la excitación se apoderó de ellos con lo que las manos pasaron bajo la ropa y después fue la ropa la que desapareció.
Fernando amasaba fuertemente las tetas de Ángeles y algunas gotas de leche aparecieron. Ella le daba el pecho a nuestra hijita. Fernando goloso las lamió y a continuación los labios de ambos volvieron a unirse.
Yo no sabía que hacer. Estaba todavía vestido y apoyaba mi espalda en la puerta cerrada. Estuve a punto de salir huyendo de aquel espectáculo de placer que sin embargo era la constatación directa de mis cuernos cuando Ángeles apartó un poco la cara de Fernando y me miró. Me sonrió de aquel modo que yo había visto tantas veces cuando ordena algo que desea inmediatamente y me alargó una mano.
Me acerqué a la cama y ella separándose de Fernando me abrazó y empezó a besarme a mí del mismo modo que lo hacía con él. Mientras ella me desnudaba Fernando se abría paso entre las piernas de Ángeles y empezaba a mamarle el coño. Ángeles seguía desnudándome lanzando suspiros de placer. Cuando quedé desnudo y tendido en la cama empezó a mamármela situada sobre mí a cuatro patas. En ese momento Fernando pidió un preservativo.
Ángeles le dijo que no hacían falta. Cuando habían sido amantes en su juventud siempre lo habían hecho con preservativos por miedo al embarazo. Pero cuando se amaron hacía pocos meses ese peligro no existía y no los usaron.
Ahora Ángeles le dijo que hacía sólo una semana que la había vuelto la regla y que no habría problemas.
A pesar de mi miedo a otros problemas ninguno de ellos dos dijo nada y Fernando, mirándome a mí, metió por detrás su verga en el coño de Ángeles mientras ella seguía mamándomela. No quise verlo y a pesar de las sacudidas por las embestidas de Fernando cerré los ojos y me abandoné al placer. Ángeles no me había dejado nunca correr en su boca pero esta vez terminé allí sin que ella hiciera otra cosa que tragar mi leche.. Mientras tanto Fernando seguía con su mete-saca enérgico con el que nos sacudía a todos. Fernando se corrió mientras Ángeles gemía de placer.
Después cambiamos Fernando y yo la situación. El se tendió en la cama y la boca de Ángeles se lanzó a devorar aquel miembro que efectivamente me superaba claramente en grosor y longitud.
Me atacó entonces otro ataque de sorpresa (celos? envidia de la polla de Fernando? envida de que él volviera tenerla dura tan rápidamente? todo a la vez?).
La verdad es que seguramente por todas estas emociones me sorprendí otra vez empalmado por lo que no perdí tiempo y al estar Ángeles otra vez de cuatro patas le metí mi polla en el coño. Entró a la primera y hasta el fondo ayudada por la leche de Fernando mezclada con los jugos de mi esposa. Me corrí al cabo de poco tiempo. Me aparte y me tendí en la cama mirando como mi esposa le estaba mamando la polla a otro hombre justo frente a mí y al cabo de varios minutos las manos de Fernando se aferraron a la cabeza de ella y se vació en su boca. Ella se retorcía de placer y arañaba el pecho de su amante.. Cuando terminaron me miró y me dijo simplemente:

- Sí, en mí boca no se había corrido nadie antes aunque hace mucho tiempo que deseaba la leche de Fernando. Pero tú has sido el primero en este agujero.

Entonces Fernando preguntó

- ¿Tú ano sigue virgen?

Ella asintió y acercándose a la mesita de noche cogió una moneda que había en un cajón y nos pidió que escogiéramos cara o cruz. Ángeles lanzó la moneda y ganó Fernando.
Evidentemente Ángeles había decidido que la empaláramos por ahí esa noche pues de al lado de la moneda sacó un frasco de aceite y pidió que Fernando se lo fuera untando.
De nuevo se colocó sobre mí intentando que volviera a la vida a mi cansada polla.
Era increíble. Fernando tenía otra vez la verga en perfecta erección. La acercó al culo de mi esposa y frente a mí le penetró su último agujero virgen. Empezó suavemente tras haber colocado el aceite en el ano y en su verga. Siguió empujando mientras acariciaba el clítoris de mi esposa y ella alternaba jadeos de placer, muecas de dolor, y lametones a mi miembro.
Fernando paró en sus suaves embestidas, esperó un ratito sin dejar de acariciar el sexo de mi esposa y reemprendió el vaivén. Mi esposa se sacó mi pene de su boca. Se aferró a mi cuerpo con cara de gran placer y me dijo:

- Gracias cabrón. Gracias. Todo este placer no se me olvidará nunca. Quizás tú te arrepientas pero no se puede gozar más….

Fernando se corrió en su ano y se tendió en la cama junto a mi esposa. Como noté que mi pene estaba de nuevo totalmente erecto conseguí con la lubricación doble (aceite y esperma de Fernando) que entrará bastante deprisa en el ano de Ángeles. Ella seguía de cuatro patas y jadeando por lo que me calenté más de lo que recordaba haber me puesto nunca. Tras muy placenteros movimientos lancé mi leche dentro del culo de mi esposa que se mezcló de nuevo con la de su amante. ¡¡Mi tercera eyaculación de la noche!! No lo había logrado desde mi juventud y en contadísimas ocasiones. Entonces me tendí al otro lado de mi esposa y me dormí.

Me despertó un jadeo de mi esposa. Ellos dos habían vuelto a unirse, ella de cara a mí y él empalándole el coño desde atrás.
Los miré y nos sonreímos. Acerqué los labios a mi esposa en un largo e intenso morreo con mucha lengua mientras ella seguía recibiendo fuertes embestidas por la espalda y me separé mirándolos como gozaban. Luego Fernando se levantó, se fue unos minutos al baño y volvió vestido. Besó a mi esposa con pasión como si no la hubiera tocado en toda la noche y nos dio las buenas noches acabando con un hasta siempre.

Ángeles y yo nos dormimos y no nos despertamos hasta que nuestro bebé reclamó comida. Al volver a la cama mi esposa me volvió a llamar cornudo:

- Mi amado cabrón, no creo que vuelva a tener sexo con Fernando nunca más pero esta noche se me olvidará nunca … ni creo que se te olvide a ti con la cara de felicidad que pones.

¿Qué quiso decirme? ¿Qué buscaría a otro macho para gozar como yo mismo la vi gozar esa noche? Les contaré lo que suceda en el futuro. Si creen saber como seguirá la vida sexual de mi esposa y el cabrón de su marido pueden escribirme a yosilosoy@yahoo.es

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