Cuando pensamos en surf, lo primero que se nos viene a la mente es esto: playas inmensas y soleadas, chicos y chicas guapos y fiestas al pie de las hogueras.

Inspirados posiblemente por canciones como la de The Beachs Boys,  pensamos en días de playa sin fin, chicos y chicas guapos y fiestas al pie de las hogueras.

We’ll all be gone for the summer
We’re on safari to stay
Tell the teacher we’re surfin’
Surfin’ U.S.A.

¿Quien no ha imaginado  pasar un verano así?. Lo que es yo, me apunto sin pensarlo. Y eso que mi sentido del equilibrio es, por decirlo de manera fina, inexistente.

En realidad, no todo son fiestas  y locuras máximas. Hablamos de surf, no de Jersey Shore.

Cualquier surfista de bien te dirá que no solo se practica el surf.

El Surf, se vive. El surfista es una persona a la que le encanta al sol, la arena, el mar. Está muy comprometido con la naturaleza teniendo una conexión directa con  ella  y que probablemente nunca dejará de tener, aunque deje de practicarlo.

Es una actividad no exenta de peligros: ataques de tiburones, por ejemplo. El antiguo campeón del ASP World Tour en 2007, el australiano Mick Fanning, sobrevivió al ataque de uno mientras se celebraba una competición en Australia. El ataque fue grabado en directo mientras se sucedía, y la competición tuvo que ser suspendida.