A sus ordenes mi general (II)

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Quiero que tengamos una aventura apasionada, de esas que no se olvidan

"¿No me dices nada preciosa?, bueno entonces seguiré. Quiero que tengamos una aventura apasionada, de esas que no se olvidan, ambos la pasaremos muy bien, te repito, para mi es un honor tener a una mujer como tu, y yo no quedaré mal ante ti, te juro ante todo lo que me ha formado, que serás la mujer más dichosa en mis brazos".

Dicho todo eso, Javier se acercó, sin dejar de mirarme, tomó mi rostro entre sus manos y me besó. Fue un beso lento, pero muy intenso, lo disfruté segundo a segundo, jamás me habían besado con tanta calma y pasión a la vez. Por supuesto lo abracé, rodeé su cuello en mis brazos, pegué mi torso al suyo, levanté mi cabeza para que pudiese besar mi cuello; lo hizo con clase y salvajismo, fue genial. Los primeros espasmos eróticos comenzaron a apoderarse de mi cuerpo y no sólo eso, la osadía también. No tuve reparos en recorrer descaradamente su anatomía. Mientras nos besábamos, mis manos se perdieron por su trasero y más adelante por su entrepierna, acaricié esta con mucho deseo, y fui sintiendo los efectos de mis caricias: Su pene se endureció, tal como quería. Él, por su parte, ya había entrado en confianza con mi trasero. Sus dos manos lo habían agarrado con firmeza, lo apretaban para aproximarlo a su cuerpo. Estabamos ardiendo, y de repente mi peto se desabrocha, quedando mis pechos sueltos. "Eres bellísima, y tienes unos pechos maravillosos, erguidos, firmes y muy suaves. Yo por mi seguiría toda la vida besándote a ti y a ellos, sin embargo aquí no es el lugar, (mientras me abrochaba el peto), debemos calmarnos y pensar que vamos a hacer en las próximas horas, tu entiendes…" "Si, haré lo que tú digas, acá tú eres el estratega…" " Helena, esto es de los dos y necesito tú ayuda…" Estuvimos no mucho tiempo pensando lo que haríamos, ya que nuestras mentes en ese instante estaban sincronizadas, por lo que las ideas llegaron con premura. Finalmente decidimos regresar a la fiesta, cada uno por su lado, para no levantar sospechas. Y para salir de ella, yo diría que saldría a una fiesta con mis amigas y que iría a casa de una de ellas. Javier, en tanto, como estaba en su casa, fingiría que un cuidador lo había llamado por problemas en una de sus parcelas y que tendría que ir hacia allá, solo. Pero en realidad, Javier saldría antes de su casa que yo, hacia esa parcela, pero no para solucionar un problema de cuidado, si no porque en esa parcela tendríamos nuestro encuentro. Él me esperaría en un lugar acordado, y partiríamos en su auto. Todo estaba cuidadosamente planeado, nada había quedado al margen.

Siendo más o menos las 23:15 horas, me fui a casa, habiendo avisado previamente de que iría a una fiesta, para que no se preocupasen por mi. Al llegar, me arreglé un poco, busqué dinero y tomé un taxi, porque el lugar donde me esperaría Javier quedaba un poco lejos. Tanto Javier y yo llevábamos nuestros teléfonos celulares. Ya en el taxi, como 10 para las 24 horas, lo llamé para decirle que ya llegaba. Llegó y ahí diviso el Mercedes Benz plomo, con vidrios polarizados, del último año. Ahí estaba mi amor esperándome. Pagué al taxista, me bajé, esperé que se fuera y corrí hacia Javier:

– " Mi amor, por fin solos los dos", grité eufórica al llegar a la puerta del auto.

" Sube ya, así llegaremos más rápido, además que no quiero que te enfríes". " No te preocupes por eso, porque frío es lo último que sentiría en este instante". Subí, el auto estaba calefaccionado, estaba confortable, y a mi lado Javier, que se veía espléndido con ropas casuales, propias para su edad, pero que no lo avejentaban, porque como conté mas arriba, Javier aparenta todo, menos vejez. Yo lucía las mismas vestimentas de la fiesta, y lo único que hice fue retocarme un poco los labios, ya que por el gran beso que nos dimos en la terraza, gran parte del labial fue a dar a los labios de Javier. Antes de partir, nos acercamos y besamos con muchas más ganas, era un botón de muestra de lo que se venía: " Helena, ahora nos vamos, porque cuando lleguemos tendremos besos y mucho más". Yo no dije nada, estaba hechizada y muy ca

liente.

El trayecto tomó menos de media hora. La parcela de Javier era enorme, un terreno extenso y la casa en sí también. él poseía otras más lejos de su casa, y antes de venir acá, él dijo a su familia que tendría que ir a una de estas lejanas parcelas a solucionar el problema con el cuidador, por lo cual pasaría la noche en ella. Lo que no sabían es que él efectivamente visitaría una de sus parcelas, pero la más cercana y no precisamente por tener problemas con la parcela… Todos sus terrenos están vigilados por guardias que se van turnando durante la jornada. Esta vez no podía arriesgarse a que lo viesen conmigo, por lo tanto se comunicó con el guardia por celular y así no tener la necesidad de abrir la ventana del auto. Lo bueno eso si, era de que el garaje estaba comunicado directamente con el interior de la casa, a través de una puerta, lo que no haría necesario de que bajase ala intemperie. Por fin bajé y entramos a la casa, Javier prendió las luces y me maravillé de aquel lugar, era elegante y muy sobrio, y lo mejor, enorme. La casa en su totalidad tenía 400 m2, todo un lujo.

Antes de ir a la pieza, retozamos en el sillón de la sala de estar, muy cómodo y acogedor como una cama. Me tendí sobre el y esperé a que Javier hiciese lo mismo, encima de mí. Abrió sus piernas y nuestros cuerpos quedaron muy cerca el uno del otro. El peto rojo había desaparecido, por lo cual estaba desnuda de torso, bueno Javier también, en medio de los besos, las caricias, los toques, las palabras atrevidas, la transpiración, yo me había encargado de hacer desaparecer su chaleco y su camisa. Quería disfrutar de la esbeltez de su cuerpo maduro y bien cuidado. Cambiamos de posición, yo arriba de él. Bajé hasta la altura de su pecho y me deleite besando, succionando, lamiendo y mordiendo sus pezones y alrededores. Por mientras mis manos se paseaban por la parte lateral de su torso, haciéndole cosquillas, que le causaban bastante placer. Así, tan cerca de él, pude constatar como los deportes han pulido y esculpido su cuerpo, dándole su atractivo aspecto. Llegué a su vientre, a besos y lamidas "¡¡ Javier te suplico que me lleves a la cama y me tomes entera ¡!" Sin decir nada, nos sentamos en el sillón, Javier se incorporó y rápidamente me alzó en sus brazos: " Sea en mi pieza o en un cerro, esta noche será digna de recordar para los dos". Yo me dejé llevar, flotaba en las nubes, en las nubes de vapor, producto del calor imperante. Y llegamos a su pieza. Quedé anonadada, lo que estaba ante mis ojos no era una cama normal, si no la cama de un ogro, por lo grande digo. Me tendió sobre ella, pero yo me senté en la orilla de inmediato y abrí mis piernas, Javier se puso en medio de ellas, asió mi breve cintura en sus firmes manos, las subió por mi cuerpo acariciando y tocando mis pechos, mis hombros, mi cuello, mi rostro, luego la nuca, mi espalda, etc, etc. Usando mis piernas como gancho, rodeé su cintura y lo acerqué a mí. Teniéndolo cerca, aproximé mis manos al cierre de su pantalón, lo abrí y se los bajé, los zapatos y los calcetines ya se los había quitado en la sala de estar. Acto seguido, me tendí hacia atrás, abrí mis piernas e invité a Javier a que me quitase los pantalones y la tanga. Claro que él entendió el propósito, pero antes de, Javier quiso desesperarme un poco. Se tendió encima de mí, como un gato, un león diría y Yo de vez en cuando me ponía a jugar con su entrepierna, para desesperarlo yo a él. A pesar de todo, Javier estaba controlado dentro de lo posible, la experiencia lo ayudaba, en cambio yo, claro que estaba desesperada, quería lo mío.

Y por fin, sentí sus manos llegar a mis caderas, antes de quitarme los pantalones, Javier metió sus manos a mis genitales por debajo, procurándome caricias realmente fulminantes:

-" ¡ Quiero sentir tú humedad en mi, ahora estoy empezando con mis manos, luego…." Quitó sus dedos de mi, y procedió a chupárselos. Yo creí volverme loca de gozo. Ahí tenía a Javier chupándose sus dedos, bañados de mí, de mis líquidos íntimos surgidos del placer:

-" Esto recién es el comienzo Helena, sé que tendré más de ti muy pronto, y viceversa…" Ahora sí, sus manos a los costados de mis caderas, buscando por los cierres laterales del panta

lón. Los bajó con suma delicadeza y me sacó los pantalones por fin, aunque aún quedaban las malditas bragas. Javier acercó su rostro ahí, y con los dientes desamarró la tanga. Ya suelta, la quitó de mi y la tiró al suelo, todo con los dientes. Yo, ahí, desnuda ante mi general, estaba esperando iniciar la guerra, ja, ja.

Javier estaba arriba de mi, procurándome el placer que necesitaba y no dejaba de halagar mi belleza:

-" Las bellezas como tú deberían andar desnudas, es un pecado Helena que cubras tú belleza con ropas inútiles, la desnudez es tú atributo más preciado." Al decir esto, me iba recorriendo con sus labios y sus manos lentamente todo el cuerpo. Se iba deleitando completamente conmigo, por mientras yo hacía el papel pasivo, de muñeca echada en la cama, esperando a ser mimada. No obstante ya vendría mi turno… Nos pusimos de lado en la enorme cama, nuestras piernas entrelazadas, yo le iba haciendo cosquillas con mis pies, los iba subiendo y bajando para estimular sus piernas, y Javier por su parte, acercaba su cuerpo más al mío e iba rozando sus genitales con los míos; la fricción me tenía demente, y lo mejor era sentirlo crecer poniéndose duro como piedra. No resistí la tentación, puse a Javier bajo de mí, lo acaricié por unos minutos, pero luego baje al sur, acerqué mi cara allí, tomé ese enorme miembro entre mis manos y me lo llevé a la boca, como si fuese un dulce caramelo, con la diferencia de que los caramelos se achican y se ablandan con cada chupada y esta delicia, al contrario… Primero lo lamí por la punta y alrededores, mientras que con una mano lo agarraba de la base, y la iba subiendo y bajando, también aprovechaba de darle su merecido a sus huevos, tratando de no tocarlos mucho, sólo lo necesario para no hastiar a Javier.

Mi hombre comenzaba a ser presa de las contracciones eléctricas, que lo hacían doblarse como un felino. Entre la pérdida de razón que estaba sufriendo, me pedía y suplicaba por más:

-" ¡ Eres genial Heli, sigue y dame lo mejor de ti, como lo estas haciendo ahora….."

-" A sus ordenes mi general", dije.

Esta historia continuará…

Autor: Barbalina

barbalina ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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