A TERESA SE LA TIRAN TODOS

Eran los años sesenta. Había ido con su novio a un guateque, en una población costera catalana, a casa de un amigo inglés. Teresa tenía entonces dieciocho años y ya era una chica que destacaba de las demás. Guapa y bien formada. En el camino Manuel, que así se llamaba el novio, la llenó de piropos. Ella se sintió halagada. Hasta dejó que le pusiera de vez en cuando una mano en una pierna. Al ser verano iba con minifalda y la excitó la caricia de su novio en el muslo.

En el guateque había diez chicos blancos y negros, un señor algo mayor, y otras tantas chicas, todas inglesas excepto ella. Pero era la más atractiva y así se lo dijeron a Manuel. "¡Vaya tía llevas! Nos podías dejar bailar con ella", le pidieron algunos. Manuel no les contestó y cuando ella se ruborizó al ver los piropos groseros que le iban diciendo los chicos se la llevó a un rincón con él.

Luego tomaron unos cubalibres, ella más de la cuenta y picaron canapés hasta que comenzaron a bailar. Quedó sólo encendida en el salón una luz rinconera y prácticamente bailaban a oscuras. Manuel abrazó a Teresa bailando, escuchando una balada, y le empezó a besar las orejas. Ella sintió escalofríos con los escarceos de su novio. No se atrevió a decirle que se estuviera quieto entonces. Ni tampoco después cuando él le acercó los labios y la besó en la boca. Pero ella mantenía los labios cerrados y eso a él no le gustó. "Abre los labios que quiero morrearte bien", le dijo susurrando. Teresa le obedeció. Y él le metió la lengua jugando con la suya. Ella sintió una gran excitación en su entrepierna. Notó el flujo que llenaba su raja sudorosa. Se sintió sucia, chorreándole el coño. Y le pidió que la dejara ir al lavabo a hacer pipi.

Allí se fue con el bolso y no pudo orinar casi de lo excitada y medio ebria que estaba. Cuatro gotas y nada más. Se cambió de bragas, pues las que llevaba estaban muy mojadas, de sudor, flujo y gotas de orina. Y volvió al salón. Buscó a Manuel y lo encontró bailando y morreando con una inglesa. Eso la enfadó. Se sintió humillada. Él se dio cuenta, pero siguió morreando y metiendo mano a la inglesa. Teresa, herida en su amor propio, animada por los cubatas, se acercó donde estaban las bebidas y se tomó de un golpe un cubata muy cargado de ginebra. Sin dominio de sí misma, se acercó a un chico inglés, bajo y feo, que estaba solo sentado y le animó a que bailara con ella. El inglés se sintió halagado. Teresa le echó los brazos por encima de la cabeza y se lo apretó. Notó como el inglés, más bajito que ella, se calentaba y como le crecía el pene. Se restregó con él, para que Manuel viera lo que había conseguido. Dejó que le tocara las tetas mientras ponía los labios en los suyos y comenzaba a morrear con él. El chico se las magreó por encima del vestido. Fue demasiado para él. Se calentó mucho y fue atrevido. Sin dejar de sobar con una mano los pechos de Teresa, metió otra bajo la falda queriendo llegar a la entrepierna femenina.

Ella no opuso resistencia, se abandonó empujada por el desencanto que le había dado Manuel. Sintió como entraban los dedos del chico dentro de sus bragas y le recorrían el coño, que volvía a chorrear sudor y flujo. La calentura le subía por toda ella y entonces le pidió al chico que parara, pues se iba a correr si continuaba acariciando su raja. Se volvió por si Manuel la veía pero no lo encontró.

Debía haberse ido con la inglesa a una habitación. El enfado acompañó su estado de excitación y se abandonó en manos del chico inglés. Este no la había hecho caso y seguía trabajando su entrepierna, metiendo y sacando dedos en su coño, aparte de las caricias que le practicaba en el clítoris. Viendo que no podía más, que se iba a correr en el salón, se soltó del chico, le tom&

oacute; de la mano, cogió su bolso y salieron al pasillo, buscando un lugar más escondido. El chico, salido a tope, le magreaba las nalgas andando detrás de ella. Al final del pasillo encontraron una habitación pequeña con una cama bastante grande. Estaba vacía y entraron, cerrando la puerta a continuación. A ella no la habían follado todavía, pero había perdido el virgo un día yendo en bicicleta. Si el chico la estrenaba no se daría cuenta que era virgen. Por eso, dejó que la fuera desnudando, quitándole la falda, el polo, el sostén y las bragas. Estas se las puso en la nariz y las olió. "¿Te gusta oler mis bragas?, pues toma estas también", le dijo mientras abría el bolso y sacaba las que se había quitado un rato antes.

El chico se quitó los pantalones y la camisa, y se sacó la polla por encima de los calzoncillos. Se puso a oler las bragas con ansia y al hacerlo ella le vio la polla. Se abrazaron entonces y ella empezó a morrearlo como una perra en celo. El chico le pidió que le chupara la polla. Ella se agachó y se la comenzó a lamer. "No está muy limpia, bandido", le dijo, pero siguió mamándosela. El chico no pudo más y se corrió en su boca. Ella se molestó, pero no le riñó. "¿Ahora qué hacemos?", le preguntó. El chico, como respuesta se acostó y le dijo que se acostara a su lado. Se echaron juntos y el chico le comenzó a acariciar el coño y a estirarle los pezones. Ella, lanzada como estaba, también se corrió al cabo de un par de minutos, viviendo un tremendo orgasmo. Procuró que sus gritos de placer no se oyeran fuera. Y terminó abrazada al chico, fundida a él.

Quedaron unos minutos tendidos en la cama. El chico le pidió que le volviera a chupar la polla haciendo un sesenta y nueve. Ella le obedeció. Se puso arriba y se la empezó a recorrer con la lengua desde los huevos hasta el glande mientras él le lamía el coño con ansia. La polla del chico reaccionó y fue creciendo poco a poco hasta endurecerse a tope. Entonces, él le dijo que se la iba a meter. Teresa tuvo algo de reparo. Nunca había tenido un miembro masculino dentro. Pero no lo dudó. Se cambió de posición, encima del chico, y éste se la fue metiendo hasta los huevos. El sentir como la penetraba la puso a cien de nuevo. La sensación de tener metido en sus entrañas un duro miembro masculino la hizo sentirse muy mujer. Era una novedad, nunca volvería a ser como antes pero se sentía gratificada dejándose penetrar por un chico desconocido, que no sabía ni como se llamaba. El chico le aplicó un mete y saca muy intenso mientras le mordía las tetas y le pellizcaba los pezones.

Con tantos ataques sexuales del chico, ella se corrió antes que él. "No te corras dentro, que no he tomado pastillas", le había pedido al chico cuando inició la penetración vaginal. Y el chico, obediente, la sacó antes de correrse. La dio la vuelta, le lamió el agujero del ano y se la clavó allí sin miramientos de una embestida. Teresa gimió de dolor. "Me vas a romper el culo", le dijo. Pero el chico no la hizo caso y siguió dándola por el ano. Hasta que se corrió y se lo dejó lleno de semen.

Luego la sacó y le dijo que se estaba meando. Ella creyó que iba al lavabo. Pero él le puso la polla delante de la cara, le abrió la boca y se meó en ella. Teresa se enfadó porque tuvo que tragar pipi del chico. "Eres muy guarro", le dijo y luego le explicó que ella también se estaba meando. Se levantó, fue al lavabo y meó con ganas. Cuando terminaba entró el chico y le lamió el coño antes de que ella pudiera lavarse.

Volvieron a la cama sin lavarse, con restos de pipi y semen en la cara de ella y el chico volvió a sobarla por todos lados. Ella, mientras lo hacía, le acariciaba la polla que iba creciendo poco a poco. "Mámamela otra vez", le pidió él. Teresa se puso a hacerlo. Le practicó una mamada que endureció el miembro del chico. Cuando estuvo bien duro, ella se tumbó, abrió las piernas y dejó que volviera a penetrarla. El chico la folló salvajemente y se corrió al cabo de unos minutos, esta vez en sus tetas. Luego, sin despedirse, se vistió y salió de la habitación. Ella se quedó acostada, pringosa de semen, con la cara mojada de pipi, desnuda y

abierta de piernas. Estaba hecha polvo, notaba su estado de ebriedad y no tenía ganas de nada. Había perdido su virginidad, pero le importaba muy poco.

Por eso, cuando entraron tres chicos negros y el señor mayor y se desnudaron de cintura para abajo mirándola, no les dijo nada. Sabía que iban a tirársela y se quedó impasible mientras ellos se desnudaban. El señor mayor se tumbó en la cama a su lado y le metió mano al coño mientras le besaba los pechos. Luego sintió como las manos del señor le exploraban el ano y le daban palmadas en el culo. A continuación, los negros le pidieron que les chupara las pollas. Obediente se las mamó, luego dejó que le metieran las pollas juntas de dos en dos, primero una por el coño y otra por el ano, luego las dos juntas por los mismos sitios, algo que le hizo mucho daño pero que la excitó a tope. Se corrió con los frotamientos que mientras le penetraban el culo le daban en el clítoris. Y sintió el ano lleno de semen cuando dos se corrieron allí. Luego la llevaron al lavabo y allí la echaron en el suelo.

Primero se corrieron los otros dos en su cara y luego la mearon los cuatro. Teresa recibió los chorros de pipi que la mojaron entera. Luego se fueron y ella volvió a la cama donde se acostó y se durmió.

Cuando se despertó, dos horas más tarde, fue porque notó como le daban por el culo. Abrió los ojos y vio que era Manuel quien la sodomizaba. No tuvo fuerzas para reñirle ni para protestar. Le dejó encularla bien, mientras le cogía las tetas y le retorcía los pezones. A punto de correrse se sacó la polla del ano de ella y le hizo abrir la boca. Le metió la polla en ella y se corrió derramando abundante semen que Teresa tuvo que tragar.Luego se acostó a su lado y le lamió el coño hasta que consiguió que ella se corriera. Después la besó pidiéndole perdón. Ella no le dijo nada. Se levantó a duras penas y fue al lavabo a ducharse. Después se vistió y cuando iba a irse, los otros siete chicos que faltaban entraron en la habitación.

Ella les pidió por favor que la dejaran. Pero estaban excitados, oyó algo así que le decían "tú follas, las otras no quieren, vamos a follarte, puta", dijeron, insultándola. Teresa no tuvo fuerzas para protestar. Los chicos se desnudaron, la rodearon, la sobaron por todos lados, la desnudaron, la echaron en la cama y uno a uno se la tiraron al lado de Manuel, que la estuvo estrujando los pechos y chupando sus pezones todo el rato mientras veía como la penetraban sin miramiento alguno los ingleses por la boca, el coño y el ano. Al final ella estaba hecha polvo. Pero aún llegó a correrse dos veces. Tras el segundo orgasmo se meó y un par de chicos le lamieron el coño para saborear su pipi. Exhausta se quedó luego dormida, y la dejaron por fin en paz.

Al día siguiente, se levantó. Se notó pringosa se semen y pipi. Fue al lavabo. Se duchó y se puso crema en sus agujeros que estaban muy escocidos después de la orgía vivida. Se vistió y cuando salió de la habitación estaba solo Manuel esperándola en el salón."Todos se han ido al aeropuerto". Ella vio que él iba sin pantalones, con la polla fuera de los calzoncillos.

"Mámamela, por favor, y nos vamos". Ella no dijo nada. Se agachó, le hizo una buena mamada, con largos lametones desde el glande a los huevos y dejó que se corriera en su boca. Luego fue otra vez al lavabo, se lavó bien la cara y se fueron hacia Barcelona.

Ella sentía mucha vergüenza por haber sido la puta de todos los ingleses. Pero Manuel le explicó que había demostrado lo que vale una buena hembra española.

Autor: Higinio H.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *