Acariciando el chow chow

Esta era una de esas tardes de primavera en las cuales en el parque sentado en un banco estaba a la sombra de un árbol cuando una chica llegó y se sentó a mi lado con su perro de la raza chow chow , todos los tíos se paraban a hablar con ella y a acariciar a su chow chow, yo seguía con mi lectura.

– Perdona puedes vigilarme la bolsa.- me dijo.

A la bolsa que se refería era una maleta de rosa y negra con la cara de pucca en la parte delantera.

– Claro, sin problema.- le dije

Y ella se puso a jugar con su chow chow y yo a seguir leyendo. Al rato debido a los gritos que daba la muchacha tuve que dejar la lectura para fijarme en ella. Estaba gritando con la correa de su perro en la mano, lo llamaba una y otra vez y el chow chow no aparecía. La notaba algo inquieta así que me levanté cogiendo su bolsa y me acerqué a ella.

– Hola, ¿estas bien?.- le dije.

– No, acabo de perder a mi perro, a mi chow chow,- dijo ella.

– Tranquila que aparecerá.- la intenté consolar.

Siguió llamándolo y yo dejando su maleta cerca de ella fui a mirar por lo alrededores, no tuve que caminar mucho enseguida lo encontré jugando con un perro salchicha al pilla pilla. Se lo comenté a la muchacha, ella respiró aliviada y fue a buscarlo, yo me volví a sentar en mi banco bajo la sombra de mi árbol a disfrutar de la luz solar que me quedada.

Al rato un “Perdona” me interrumpió nuevamente.

– ¿qué ocurre?.- le dije a la misma muchacha dueña de el chow chow.

– Te quería dar las gracias por encontrar a mi chow chow . Me dijo.

– De nada.- Le respondí.

– ¿Puedo invitarte a algo?- dijo ella.

– Claro.- le respondí.

– Dime que voy al carricoche a por él.

– Un capuchino.

– Ok, un capuchino para el muchacho que ha encontrado a mi chow chow.- dijo para sí misma pero lo suficientemente alto para que me entrara.

Al momento vino con el capuchino.

– Gracias.- le dije levantándome

– De nada, mi nombre es Berta.

– Yo soy Simón, ¿ y este chow chow ? ¿como se llama?.- pregunté.

– Pues se llama esponjita.

– ¿ esponjita?.-le pregunté

– Si, porque le encanta mojarse.

– OK, hola esponjita.- le dije a su chow chow acariciándole por debajo de la boca.

Estuvimos conversando y me estuvo contando cosas de su vida y historias de su perro, Berta era una chica muy dulce algo infantil en algunos aspectos pero tenía un gran corazón en el cual no había ninguna maldad.

– ¿Quieres otro café?.- Me preguntó.

– No, empieza a hacer frío y creo que me voy a ir.

– No, por favor que me lo estoy pasando bien contigo, pocas veces se conoce a alguien tan interesante en el parque.

– Si que es verdad.- le respondí

– Si quieres podemos ir a mi casa vivo muy cerca.

– Berta eres una desconocida, y si me quieres violar, es más y si yo…soy un violador- le dije riéndome viendo la cara de susto que estaba poniendo.

– Pues esponjita me salvará.- dijo ella riéndose mientras que esponjita que había escuchado su nombre saltaba de alegría y ladraba.

Nos fuimos los tres a casa de Berta, ella sujetando la correa de esponjita y agarrada a mi brazo. Quizás ha llegado el momento de describir a Berta

Ella era una chica de 1,65 m con ojos marrones, pelo castaño corto por lo hombros y una figura delgada no debía pesar más de 60 kilos a diferencia de mi de 1,90 m y de un peso de 98 kilos.

Llegamos a su piso donde vivía con su hermana ambas estudiantes, la cual no estaba en la casa en ese momento, nada más llegar Berta preparó café y nos sentamos en el salón.

Seguimos hablando mientras que esponjita se puso en su alfombra y comenzó a dormirse Berta y yo seguimos hablando y noté que ella se acercaba más a mi colocando su mano sobre mi pierna, yo me cambié la taza de la mano izquierda a la derecha para poner mi brazo arriba del sofá y así dejarle la vía libre para hacer lo que quisiera.

Berta seguía moviendo su mano deslizadizo hacía mi entrepierna me decía.

– ¿quieres más azúcar?- y levantaba la mano de mi pierna.

– no, gracias.- le contestaba yo y ella volvía a poner la mano dos centímetros por delante de donde estaba antes.-

– ¿Quieres más café?.- decía ella levantando nuevamente la mano.

– no, gracias.- le contestaba yo y ella volvía a poner la mano dos centímetros por delante de donde estaba antes.-

Ella seguía preguntando a cada rato y poniendo la mano más cerca de mi paquete, me estuve fijando en ella. tenía una camiseta blanca que forzando un poco la vista pude ver que no llevaba sujetador lo que hacía que se le marcarán su aureolas de los pechos, también vi que la falda que llevaba negra era muy corta y enseñaba mucho sus delgadas pierna, con sus botines blanco fila que se balanceaba con la piernas cruzadas como las tenía.

Llegó a mi polla que ya estaba erecta y comenzó a masajear por encima del pantalón, yo viendo lo obvio, no hacía ningún gesto de desaprobación. Ella siguió masajeando mi polla, y yo la abrace con mi brazo izquierdo y depositando la taza sobre la mesa le levanté la barbilla y comencé a besarla.

Su boca sabía a chicle de fresa y a café y su lengua se movía con gracia en mi boca, parecía una lengua tímida metía la punta en mi boca para luego sacarla, yo mientras apacigüe a mi lengua que iba comerse la boca de Berta de una atacada.

Mi manos se metieron dentro de la camiseta de ella y empezaron a acariciar sus pechos, ella excitada por la acción de mis manos se quitó la camiseta descubriéndome algo que ya sabía. No llevaba sujetador. No se si por miedo o por vergüenza pero Berta no había avanzado y seguía cogiendo mi polla por encima del pantalón yo le ayudé quitándome el botón del pantalón, bajando mi cremallera y luego sacando mi polla de mis calzoncillos. Ella lo agradeció acariciando mi polla de arriba a abajo, mientras que su lengua ya menos tímida se introducía en mi boca de forma salvaje.

ya tenía suficientemente sobados los pequeños pechos de Berta cuando le quité el botón de la falda y le bajé las bragas, ella se puso sobre su rodillas para que pudieran salir de su entrepierna. Acaricié su coño húmedo por la excitación, luego le metí un dedo y luego dos, Berta se puso a cuatro patas para que mis dedos entraran mejor mientras que con su boca daba cobijo a mi polla huerfanita que necesitaba una buena mamadita. Estuvo mamando mi polla de arriba abajo mientras que con una mano le acariciaba sus pechos y con la otra le introducía en su coñito dos deditos. esponjita se levantó ante los jadeos de placer de su dueña. Berta con su mamada estaba consiguiendo lo que se había propuesto que estuviera apunto de correrme pero no iba a permitir correrme sin haberle metido la polla a esa chica así que le dije al oído “ Quiero follarte” Ella paró de mamar mi polla y yo dejé de hacerle un dedo luego ella se sentó sobre mi polla y yo acariciando su trasero comencé a meterle mi polla mientras que con la boca daba cuenta de sus pechos y de su boca. Los jadeos se hacían más fuertes y esponjita estaba nerviosa ladrando y aullando ante los jadeos de placer de su dueña y del chico que estaba con su dueña. Los dos jadeamos y esponjita ladraba hasta que finalmente Me corrí pero aguante hasta que Berta también lo hizo, Nos quedamos los dos rendidos, desnudos y sudados. Recuperando el aliento, tras un rato Entre bocanada de aire y bocanada le dije.

– ¿te imaginas que llega a venir tu hermana y nos pilla en el sofá follando?

– No, lo creo he activado el protocolo de emergencia.- me dijo.

– ¿el qué?- le pregunté.

– Si alguna liga le escribe a la otra para que deje el piso y eso he hecho.

– Así que ¿tenemos el piso para nosotros solos?

– Si.

Me levanté y la cogía a ella en brazos y la llevé por la casa buscando sus dormitorio.

– ¿donde me llevas?

– A tu cama, a follarte como Dios manda.- le respondí mientras ella se reía y esponjita nos seguía ladrando.

Tras varios fallos en encontrar la habitación ella me indicó cual era una vez dentro cerré la puerta dejando a esponjita fuera. la tiré en su cama, con la polla ya empalmada otra vez y abriendo la piernas le dije

PREPÁRATE PARA EL POLVO DE TU VIDA.

Los que pasó después lo dejo para otra historia que os contaré en otro momento.

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