ADIESTRANDO A UN SUMISO (2)

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Puedes leer la primera parte de Adiestrando a un sumiso.

CAPITULO 2

  • Ven aquí, le dijo mientras lo cogía del pelo, lo levantaba y lo ponía de lado a lado sobre sus rodillas.
  • No me gusta nada el color que tiene tu trasero.. me gusta.. algo mas… rojo, dijo mientras le acariciaba suavemente las nalgas. Y de pronto, sin que él lo esperara… ZAS! le propinó un azote con todas las fuerzas de las que fue capaz.

No pudo evitar soltar un quejido. A lo que su Ama respondió con otro azote aún mas fuerte en el mismo sitio. Esta vez no pudo evitar dejar escapar un grito, y su Ama, volvió a azotarlo, mas fuerte y de nuevo en el mismo sitio.

  • Por favor… susurró… Ama.

Muy enfadada, lo agarró del pelo, le dio un fuerte tirón y lo puso de rodillas delante de Ella, se le acercó al oído mientras su perro gemía dolorido.

 

  • Escúchame bien porque no te lo voy a repetir en lo que te queda de tu arrastrada vida. No quiero oír un solo quejido cuando estés en mis manos ¿entiendes? Ni uno solo, ni mucho menos un grito. Si lo haces, te azotaré de nuevo mas fuerte, ¿está claro? Y lo que es peor, si te oigo, estarás desobedeciendo la orden que te acabo de dar, y eso, gusano, eso es lo peor que puedes hacer. Desobedecer una orden será castigado como no te imaginas. ¿crees que estos pequeños azotes te han dolido? No tienes ni idea, esclavo, por mucho que yo te azote o por mucho que yo te haga, no sabrás lo que es el dolor hasta que desobedezcas una orden mía, pero eso no va a pasar nunca, ¿verdad perro?

 

  • Ama, eso no va a pasar nunca, obedeceré siempre.
  • Eso espero.

Y diciendo esto, lo volvió a coger del pelo y lo volvió a poner sobre sus rodillas.

 

  • Por supuesto, no te tengo que decir que tampoco quiero oír un por favor, o ninguna tontería semejante, ¿está claro?
  • Si, Ama.
  • Bien, ese lado ya va tomando algo de color, te voy a igualar.

 

Tres fuertes azotes seguidos le propinó en la nalga que todavía no había recibido nada de forma que fue tomando también un color rojizo parecido al que ya tenía su otra nalga.

  • Bien, quita de encima, estúpido.

Saltó al suelo y cayó de rodillas, postrado ante ella a sus pies, con la frente pegada al suelo.

  • Trae la bolsa que he dejado junto a la puerta. Rápido!!
  • Si, Ama.

Fue lo mas deprisa que pudo a cuatro patas a coger la bolsa de su Ama y volvió con ella en las manos, de rodillas y se la ofreció a su Ama que la cogió de sus manos y la dejó sobre la cama. ZAS! Un sonoro bofetón le cruzó la cara.

  • Has tardado mucho, estúpido perro. No me gusta esperar, mis órdenes se cumplen mas rápido ¿entendido?
  • Si, Ama.
  • Espero que sí, que lo hayas entendido. Ven, súbete a la cama. Ponte a cuatro patas.
  • Si, Ama.

La oyó abrir su bolsa y revolver en ella pero no se atrevió a mirar pero oyó sus tacones que rodeaban la cama y cuando  estuvo delante de él, le enseñó algo. Era una pala rectangular, parecía de madera o algún material duro, no lo apreció bien.

  • ¿qué te parece, perro?
  • Es….. es bonita Ama, no sabía ni lo que decir.
  • Si… y efectiva, rió. Ahora lo verás. Con esto voy a empezar a enseñarte qué eres, que como te he dicho antes, creo que no tienes claro todavía. Así aprenderás. Apoya la frente en la cama, perro, levanta el culo.
  • Si, Ama, y se puso en la posición indicada.

Plas! El estreno de la pala fue bastante doloroso, y además ya tenía su trasero dolorido de los azotes de antes pero no dijo nada. Su Ama se le acercó al oído:

  • ¿No dices nada putita?

PLAS! Este fue bastante mas fuerte.

  • Mmmmmm, le costó horrores no chillar. Que dolor! Pero aguantó. Dios mío y solo acababa de empezar, era el segundo azote con la pala y no sabía cuantos mas podría soportar, pero la idea de desobedecer a su Ama su orden de no chillar ni quejarse cuando recibía los azotes, le aterrorizaba.
  • ¿Sigues sin decir nada, zorrita? Bien, tú lo has querido.
  • PLAS!!!! Otro, esta vez con mas fuerza si cabe.
  • MMMMMMM…. Madre mía! No podría soportarlo. Intuía que algo iba mal, que había algo que no estaba haciendo, las últimas palabras de su Ama habían sido significativas, pero apenas podía pensar, tenía la mente nublada por el dolor.. pero algo tenía que hacer… si no, iba a ser mucho peor, en un par de azotes mas con esa intensidad no lo podría aguantar e iba a acabar gritando como un descosido. Piensa, piensa, rápido…
  • PLAS!!!!!!!!!!!!! Otro de nuevo mas fuerte que lo hizo echarse hacia delante. Y casi sin pensarlo y casi con las lágrimas de dolor en sus ojos, dejó escapar un:
  • Gr…. gra……gracias, Ama.
  • Vaya! Muy bien. ¿Te ha costado, eh perro? Así me gusta, que me agradezcas que te enseñe y adiestre. Con cada azote, con cada gesto mío para adiestrarte quiero oir tu agradecimiento, ¿está claro? Porque no mereces siquiera que te mire, y te estoy adiestrando, y quiero que me lo agradezcas.

Te falta llevar la cuenta. Si te equivocas, empezamos, nunca sabrás los que te voy a dar, y por supuesto yo puedo empezar desde el principio cuando me plazca. Yo mando, así que nunca sabras los que vas a recibir, pero yo que tu no me equivocaría, no me provoques. Te parecerá fácil llevar la cuenta, y al prinicpio puede parecerlo, pero creeme, cuando lleves quince o veinte de estos, no te será tan fácil… no podrás apenas ni respirar, como para llevar la cuenta.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Un comentario

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  1. Es excitante, pero falta el inicio, contar por ej como se conocen y describir el ambiente pero esta entretenido y divertido.

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