Adorandote (I)

Hetero. Con solo estar a mi lado me provocas

Click, click, click… – mi pulgar ya se está agarrotado de tantas veces que presionó el control remoto, tratando de encontrar algo decente en la televisión. No puedo dormir, es mi naturaleza. Por regla general me es imposible conciliar el sueño antes de la medianoche, pero tú, ahí a mi lado duermes inocente…apaciblemente…

Y me provocas…

La habitación está a oscuras y de fondo musical están las propagandas sobre la última maravilla en gimnasios caseros. Muestran a un hombre y una mujer en la pantalla. Físicos envidiables realmente. Yo no estoy mal, soy esbelto, algo atlético, pero no de musculatura marcada como el tipo de la tele. Tal parece que él usara la piel en una talla menor a la que le corresponde. Mi físico es mas bien fibroso, bastante fuerte y resistente, debido a mi pasión por las artes marciales desde que era pequeño. Bueno, a ti te gusta…y eso es lo que cuenta…

Me sigues provocando inmisericorde….

Veo a la muchacha que exhibe una musculatura demasiado marcada para mi particular gusto. Le faltan caderas, curvas, proporción de verdadera hembra y giro la cabeza para mirarte y sonrío. Yaces ahí, echada de espaldas a mí, con ese pequeño camisoncito de seda fucsia que debido a tus movimientos se ha levantado como siempre a la altura de tu cintura revelando el delicioso portento de tus redondas nalgas adornadas con una de esas pequeñas bragas de hilo dental de Victoria”s Secret que usas siempre. Tus torneadas piernas, rodeando una blanca almohada actúan como poderosos magnetos, haciendo que mi mirada te escudriñe milímetro a milímetro. Nunca me canso de admirar la tersura perfecta de tu piel canela.

No quiero nada barato tocando tu piel… – recuerdo que siempre te digo. Yo mismo te acompaño cada vez que vas a comprarte ropa, inclusive tu ropa intima. Te aseguras siempre de que me guste lo que compras y eso me encanta…y tu adoras la paciencia que tengo mientras te pruebas toneladas de ropas, sin poder decidirte…me miras preocupada…pendiente de mi, que si me aburro…pero te devuelvo una sonrisa…y la tranquilidad retorna a tu rostro en la forma de una pícara sonrisa…

El suave vaivén de tus caderas durante tu sueño me devuelve a la realidad de nuestro dormitorio. Siempre te mueves así, cadenciosamente cuando estas soñando. Un meneo delicioso, sensual que me hace alucinar la forma tan deliciosa en que te mueves cuando bailas, cuando haces el amor…

A estas alturas me importa un pepino la televisión y simplemente dejo que tu imagen, tan hermosa, tan desquiciadamente sensual estimule al máximo mis retinas. Me acerco un poco más a ti, te envuelvo con mi cuerpo, y cierro los ojos al sentir el calor de tus nalgas, de tus muslos contra mi cuerpo. Pareces percibirme en tu sueños y te meneas un poco más, pegándote más a mi.

Algo que siempre me ha fascinado es lo familiar, lo natural que se siente tu piel en mis dedos, en mi piel y me dejo llevar por la tersa suavidad de tu piel tibia.

Uhmmm… – una levísima exclamación cuando sientes mis dedos casi flotando sobre la piel de tu cadera. Apenas un roce y siento que mi corazón empieza a galopar…

Mis dedos medio e índice descienden parsimoniosamente siguiendo la hipnotizante curva que forman tu cadera y tu muslo, hasta llegar a tu rodilla, que acaricio apenas con las yemas de mis dedos. Tu tobillo se mueve hacia mí, buscando más contacto con mi pierna, que frotas suavemente con la tuya. Mis dedos pasan a rozar tus pantorrillas perfectas, tersas.

Acomodando mi mano como una especie de acariciante rastrillo dejo que las yemas se droguen nuevamente con la sensación de tu piel perfecta mientras asciendo nuevamente…

Uhmmm… – gimes suavemente, con agrado. No puedes negar que te gusta sentir mis caricias sutiles, casi fantasmales. Recuerdo que siempre te digo que si muriera antes que tú, mi espíritu se quedaría a tu lado a cuidarte y a acariciarte asi cada noche…

Acerco mi rostro al tuyo y observo sonriente la unión de tu cuello fino y tu hombro tan femenino. Sientes mi aliento caliente sobre la piel y veo que te erizas en una prolongada inhalación…

Sssssssssss… – exclamas apretando ligeramente los dientes…

Aún dormida te encanta ese juego…el no saber donde provocaré la siguiente sensación. Siempre desde que estamos juntos me he esmerado por hacer las cosas de forma diferente, inesperada y con gran paciencia, para mantenerte a la expectativa en tod

o momento. Y tu infalible estremecimiento me indica que he llegado a dominar ese arte.

Me he propuesto solo tocar tu piel con esta ligereza hasta que tu me pidas más. De momento mi aliento, mis labios, mis mejillas, aún mis pestañas y mis cejas se prestan a este juego de sensaciones. Desciendo mi rostro rozando con mi nariz ese surco de tu columna. Te arqueas al sentirme, marcando aún más la voluptuosidad de tus formas. Me detengo a la altura de tu cintura y con los dientes atrapo el borde de la camisa de dormir de seda. Dejo escapar una bocanada de aire caliente que baña tu zona lumbar y veo que tus nalgas se contraen en un respingo.

Hay tanto que uno tiene con lo que puede obsequiar a la pareja pero, tristemente la mayoría lo ignora o simplemente no le da importancia. Un soplo, un roce, un beso, cosas tan simple que pueden estremecer tanto cuando se hacen con el corazón, con el deseo de adorar a quien amamos…

Mis dientes arrastran el borde de la prenda hacia arriba, desnudando tu espalda. Me detengo en la nuca nuevamente y con la lengua empujo la tela un poco más descubriendo la linda redondez de tu hombro que rozo con los dientes…

Uhhhhhhhhh… – gimes revelando que no sigues tan dormida.

Mis labios encuentras el delicado pabellón de tu orejita y lo envuelven, tirando de él suavemente. Me tomo la paciencia de recorrer asi todo el borde hasta llegar al suave lóbulo que atrapo tenuemente entre los dientes en medio de un estremecimiento que te recorre completamente. Puedo adivinar que deseas sentir mis manos ya, pero la tortura prolongada te gusta.

Tiro muy, muy suavemente del lóbulo dejando que la delicada piel se arrastre de entre mis dientes y te sobresaltas al sentir que se libera de mi boca. Parece que te das una pequeña tregua, pero antes de darte oportunidad mis labios entrecerrados caen casi flotando sobre tu cuello, que recorro mientras mi aliento baña tu piel.

Mmmmmm…- gimes complacida.

Sientes como tan solo la vellosidad de la cara interna de mi muslo acaricia tu nalga temporalmente ignorada.

Ahhhhh… – te sorprendes. No esperabas este simultáneo avance…

Aún con los ojos cerrados, pareces en guardia, esperando el siguiente movimiento, pero no para defenderte, sino para percibirlo mejor…

Mi boca retorna a tu espalda y se pierde marcando tus omóplatos. Te sobresaltas elevando los hombros. Mi lengua se ha unido a este delicioso recorrido y su caliente humedad te desespera…

Ffffffuuuuuiiiii…- gimes deliciosamente. Me fascina la sensación de poder que tengo al estremecerte así…

Llego nuevamente a la altura de tu cintura. Parsimoniosamente voy recorriendo tu piel, haciendo un cinturón de deliciosas y leves mordidas que te hacen temblar sin poder evitarlo.

Ahhhh…Uhhhh….Ohhhhhh…

No comprendo como pueden haber hombres que no gocen de saborear así a su mujer. Pobres idiotas… si supieran… mientras tanto yo sigo disfrutándote como la fruta más tierna y jugosa. Cierro los ojos para sentir mejor mi mejilla rozando tu piel.

Continúo mi lento descenso posponiendo adrede ese delicioso surco entre tus redondas nalgas. El calor y aroma a sexo y humedad de hembra actúan como un poderoso imán que me quieren forzar a adentrarme ya sin miramientos a saborearte, pero me contengo. Cierro los ojos para mantenerme fuerte y no ceder tan pronto…

Mis labios reencuentran el camino dibujando el contorno de tus caderas estremecidas a cada contacto. Dejo que mi lengua saboree tu piel y decido tomar un mejor bocado mordiendo con cuidado la parte de atrás de tu muslo.

Uhhhhhhhh…- te sobresaltas sin poder evitarlo.

Estoy explorando la parte de atrás de tus muslos con todo mi rostro. Me siento de momento como un cachorro que frota la cabecita contra el regazo de su amo. Tu aroma, tu calor me invitan a seguir, llegando finalmente a la parte de posterior de tu rodilla. Doy una lenta lamida ascendente en esa tibia depresión y tu pierna se flexiona sobresaltada.

Shhhh…quieta, dulzura … – te pido en un susurro.

Mmmmmm… – me respondes quedamente…

Mi lengua repite el movimiento y no te mueves esta vez pero no puedes evitar el temblor en tus nalgas que se contraen estremecidas. Abro los ojos y se me antoja saborear esos tendones que se forman a los lados.

Ahhhhh…. – no te puedes reprimir al sentir mis dientes en tu piel. Ah, los tendones son tan sensibles a las caricias, no importa donde estén…

Uhhhh… – el otro lado acaba de sufrir el mismo destino.

Diosss… – exclamas al sentir mis dientes mordiendo con ternura la carne de tus gemelos.

Te gusta sentirte asi. Saboreada, l

a delicadeza inicial va siendo reemplazada poco a poco por mayor pasión. Te conozco y sé como te gusta una mordida inesperada. Mi lengua decide visitar al hermoso tendón de Aquiles que clama por atención también…

Uuuuuyyyyy…. – tu estremecimiento es completo, arqueando la espalda, haciendo que tus senos clamen por salir de su encierro de seda. No te lo pido, sin embargo te noto desprendiéndote de la camisa de dormir casi con desesperación. Muerdo ese talón tan cuidado y suave al tacto de mis labios. Tu pie, tan lindo se arquea…

Me fascina tomarme tiempo en tus pies. La verdad es que la minuciosa pulcritud de tu cuerpo me anima a que lo recorra completamente sin el menor reparo. No puedo hacer menos que mantenerme yo mismo asi de impecable para ti…divina excusa para bañarnos juntos…

Mi lengua dibuja mi nombre en la planta de tu pie y beso ese travieso lunarcillo que tienes allí. Normalmente te disgustan las cosquillas en los pies, pero cuando te toco así, no puedes evitar disfrutar cada instante, cada roce.

Ahhhhh… – muerdo suavemente el borde externo de tu pie.

Ahora mis labios buscan el dorso de tu pie y te tiendes boca arriba para facilitar mis caricias allí. Con mi boca entreabierta recorro las puntas de los dedos de ambos pies que ahora yacen uno cerca del otro. Tus rodillas tiemblan. Sin aviso introduzco el dedo gordo en mi boca succionándolo, tu reaccionas recogiendo la otra pierna estremecida…

Amorrrr…

Repito la operación en cada dedo del pie, para luego pasar al otro. Desde aquí puedo ver la turgidez de tus labios mayores que aprisionan el ridículo filamento de la braga. La brillantez de tus labios vaginales no tarda en lucirse al tirar con tu mano de la prenda hacia arriba, enterrándola en tu perfumada y palpitante intimidad. Tienes los ojos cerrados y no me ves acercarme entre tus piernas abiertas y dejó escapar una bocanada de aliento caliente sobre tu vulva enrojecida de deseo…

Ahhhhhh!…

Puedo notar tu desesperación, pero reanudo mis lento ascenso con besos en la parte interna de tus piernas, recorriendo con desesperante lentitud la cara interna de tus muslos temblorosos que se entreabren rítmicamente. Tus caderas se mueven en vaivén, invitándome a acercarme y degustar ese embriagante licor que ya baña los pétalos de tu intimidad. Me acerco lentamente a rozar con los dientes esos tendones musculares que se tensan justo la unión de tus ingles. Recuerdo la fuerza con que tus muslos suelen envolver mis caderas, en afán posesivo…

Ohhhhh… – exclamas – Me alocas!

Dejo que mi boca entreabierta roce levemente tus turgentes labios, lo que hace que tus caderas se estremezcan casi con violencia.

Dios! Sacamela, sacamela! – mientras tus manos tiran con desesperación la débil prenda hacia un costado. Levantas las caderas para empujar la braga hacia tus muslos y elevas las piernas rapidamente tratando de deshacerte de ella lo mas pronto posible.

Gran error, pues expones tu formidable raja ante mi boca implacable. Mi lengua se entierra en tu vulva mientras me embriago otra vez con ese aroma tuyo…

Uuuuuuyyyy….- gimes con inesperado placer.

Puedo sentir tus piernas descendiendo nuevamente a mis costados, tus dedos se entierran en mi cabellera, adentrándome más hacia tu depilado pubis. Tu delicioso aroma a mujer me invade, me invita a ser más prolijo en mis caricias.

Con mis labios atrapo los tuyos, chupandolos, saboreando tus jugos. Tus gemidos sin disimulo me estimulan aún más. Dejo que mi lengua se aventure en tu caliente cuevita. Tus caderas responden instantáneamente. Puedo sentir mi barbilla queriendo ser aprisionada entre tus nalgas sabrosas y mojadas.

Repito el recorrido pero esta vez incluyendo tu apretado anito que se une al juego. Esta vez recojo una senda porción de miel de tu sexo que se escurre de mis labios. Levanto la cabeza y me encuentro con tus ojos entrecerrados, te muerdes el labio inferior con fuerza al ver mi rostro embadurnado en tus aromáticos jugos. Gozas sabiendo que me enloquece sin medida comerte el conejito.

Mi lengua, más elocuente que nunca en este coloquio erótico, empieza a escribir versos de pasión sobre tu vulva, sin prisa, con ligereza, dejando que tu excitación encuentre su propio ritmo. No hace falta fuerza, ni velocidad, sino constancia, dedicación.

A estas alturas tu sensibilidad está al máximo. Cualquier roce desata huracanes que te estremecen completamente. Yo, con calma, sigo con más líneas que expresan sin miramientos lo que siento en este momento, lo agradecido que me siento por estar aqui contigo, deletreando en el papel má

s tierno, más hermoso que se pudiera imaginar…

Oh! Mi cielo…que ricoooo! -gimes casi llorando…

Te adoro, mi macho! – a pleno pulmón

Tus gemidos son paulatinamente reemplazados por gritos, rugidos de placer que emanan de tu boca abierta en un rictus de goce.

Siiiiiii, asiiiiii! – tu primer orgasmo no se hace esperar.

Continúo jugando con tu clítoris mientras el meneo de tus caderas cede poco a poco. Se que esta muy sensible y dejo que desciendas suavemente a esa meseta de excitación el la que te mantuve tanto tiempo.

Lo haces parecer tan facil, amor… – me dijes con lágrimas en los ojos.

A pesar de estar acostumbrado de verte asi, me conmueve siempre ver como lagrimeas al alcanzar la cumbre de placer.

Es tiempo, tu respiración me dice que tu recepción a más placeres está nuevamente a punto.

Ahhhhh! – al sentir mi lengua haciendo nuevamente círculos alrededor de ese lindo botoncito clitórico.

Dejo que mi nariz tome el lugar de mi lengua a la que designo una nueva labor. Moviéndola lado a lado juego con tus tibios labios menores haciendo que se muevan como puertecillas en vaivén.

Ay, mi macho, me haces sentir tan sabroso…

Mis dedos trepan parsimoniosamente por los costados de tus caderas, juegan en tu cintura, marcan maliciosamente los bordes de las costillas y con los pulgares, recorro el borde inferior de tus generosos pechos.

Paciencia es la estrategia, provocación es la norma. Siento que ya quieres que amase tus tetas con fervor, sentir mis dientes clavándose en tu piel, mi ariete abriendote toda. Pero mi juego te excita sin medida. Quiero que mis manos, mi cuerpo te hagan sentir cuanto te adoro…

(Continuará)

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Escrito por Marqueze

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