Al primer vistazo (III).

Estuve algunos días solo, sin saber nada de Gabriel. Ninguna de mis llamadas había sido contestada desde mi último encuentro con él y la soledad estaba haciendo estragos en mi paciencia; no podía hacer nada, mas que pensar en él, en los dulces gemidos que emitía a causa de la excitación, como se sonrojaban sus mejillas mientras lo penetraba y como contraía los dedos de los pies al sentir mis labios en sus genitales… Todas estas eran cosas que sólo yo conocía, y era precisamente lo que más me hacía extrañarlo. Tan sólo habían bastado dos encuentros íntimos para que yo sintiera la necesidad de su cuerpo junto del mío, de su calor, su sudor, su saliva, su perfume… Estos recuerdos me provocaban placer de solo rememorarlos. No me resistí a llamarlo nuevamente, no sabía lo que le diría, aún no lo había pensado, solo sé que estaba dispuesto a ser honesto y revelarle mi deseo, que sentía arder dentro de mí, y que me haría arder a mi también si no se lo compartía. Justo en el momento en que iba a tomar la bocina del teléfono, este sonó, asustándome un poco, pero lo contesté rápidamente. Fué como si Gabriel hubiera escuchado mis pensamientos, era él quien me estaba llamando, lo supe aún antes de que hablara, pues conocía su respiración y la pausa de su voz, que me volvía tan loco como cualquier otra cosa de él. Hola Benjamin – dijo – Y yo le respondí – hola – He estado pensando en tí, y quisiera que nos vieramos nuevamente – me dijo, con algo de inseguridad – . Está bien – respondí – El me pidió que fuera nuevamente a su casa, pues ahí podriamos estar tranquilos, y yo obviamente acepté su invitación y me dispuse a partir hacia su casa. Cuando toqué a su puerta, me abrió inmediatamente, y me pidió que pasara. Nos dirigimos a su habitación. Sin vacilación alguna me dijo que me recostara en la cama y yo lo hice al instante, el se recostó a un lado mío y me dijo – Benjamin, quisiera darte una sorpresa pero para eso necesito que hagas lo que yo te pida, sin preguntar por qué, solo hazlo para hacer de esto algo tan maravilloso como lo que tu hiciste conmigo -. No lo sé, quizás fué lo misterioso de sus palabras lo que aumentaron mi excitación, solo sé que sin pensarlo dos veces me mostré de acuerdo a su petición. Rapidamente Gabriel se levantó de la cama y se dirigió hacia una cajonera, de donde extrajo unas esposas como las que usan los policías, y me las mostró sonriendo un poco. Para que es eso eh? -pregunté- y el me dijo – Ya lo verás-. Se subió de nuevo a la cama y tomo mis manos, las movió hacia la cabecera y cuidadosamente me esposo con las manos juntas a uno de los barrotes de la cabecera de la cama. Después de hacer esto, se recosté encima de mi y me dijo – Voy a hacerte gozar como nunca mi amor -. la dulzura de sus palabras me encendió aún más, pero lo que me hizo estallar fue el apasionado beso que le sucedió a sus palabras. Entre los besos que nos dábamos, tambien me acariciaba con sus manos y frotaba su cuerpo contra el mío. En una efímera pausa alcancé a preguntarle entre dietes – ¿que me vas hacer? – y el me contestó – Lo que yo quiera -. Estas palabras se repitiron mil veces en mi mente, mientras me imaginaba cómo sería en esta ocasión. De repente Gabriel tomó un pañuelo, me lo acercó a la cara, y comenzó a vendarme los ojos con él, y me dijo mientras lo hacía – esto lo hará mucho mejor -. Justo en el momento en que me ví en tinieblas, sentí una inseguridad que recorrió todo mi cuerpo, como un río de fuego por mis venas, ahora no sabría en absoluto lo que pasaría, estaba a merced de mi compañero. Esta inseguridad desapareció cuando comencé a sentir que Gabriel desabotonaba mi camisa, besando lo que quedaba descubierto tras abrir cada botón… mi cuello, luego mis tetillas, las que mordisqueaba suavemente, mis pectorales, mi abdomen y mi ombligo, y se detuvo justo antes de llegar al pantalón. Acariciaba con ambas manos mi torax jalando con sus labios los vellos que cubrían mi pecho. Comenzó a desabrochar mi pantalón y se encontro con mis calzoncillos verdes, debajo de

los cuales estaba mi totalmente erecto pene. Gabriel me acarició y besó por arriba de los calzoncillos y de pronto sentí cómo la punta de mi miembro salió por un lado, como exigiendo estimulación. Ël la besó y lamió con su lengua mientras trataba de despojarme de mis calzoncillos y mi pantalón al mismo tiempo: cuando finalmente lo logró, acercó sus manos y su cara a mi pene, lo supe pues alcanzaba a sentir el caluroso aliento de su respiración, tomo mi pene con ambas manos y comenzó a masturbarme con mucha suavidad, mientras besaba la parte superior de la cabeza. Yo me movía de arriba a abajo tratando de complacerme, pero el me detenía y me decía – despacio cariño, tenemos toda la noche -. Repentinamente se levantó y de rodillas dirigió su pene a mi cara colocando sus piernas cada una a un lado de mi pecho, casi llegando a mis axilas. Sentí como movía su pene pasandolo por encima de mi cara, frotandolo contra mis mejillas, mi frente, mi cuello. Yo trataba de apoderarme de el con mi boca pero Gabriel no me lo permitía. Por fin, puso su tronco justo en mis labios, y yo lo lamía como podía, lo besaba desesperadamente, c con ligeros movimientos circulares, que iban auumentando de velocidad; esto provocó que le rogara que se lo introdujera, pues yo tenía ambas manos esposadas a la cama. Al decir yo esto, el se detuvo, y me dijo – hoy no me tendrás, ¿sabes?, hoy yo te haré mío, te tomaré las veces que desee, hasta el cansancio – En ese acercó su boca a mi oído y me susurró – esta vez yo seré el macho y tu serás mi hembra – En ese momentó quedé perplejo, inmovilizado, sin saber qué hacer. Gabriel me besaba nuevamente bajando por mi pecho, y yo no podía reaccionar. Nunca me habían penetrado, nunca había sentido el deseo, pero ahora no sabía lo que sucedía. Tal vez pude decirle que no hiciera eso, y si no me escuchaba podría luchar con mis piernas, pues sólo tenía esposadas las manos, y quizás así evitaría que poseyera mi virgen culito pero extrañamente no lo hice. Me dejaba lleva por sus besos, sus caricias… y me di cuenta de que lo deseaba, quería tenerlo dentro, quería sentirme mujer, su mujer. Entonces nada me importó, despejaría mi mente de prejuicios y me dejaría llevar y dejaría que me amara ahora a su manera. En ese momento sentí su boca en mi miembro nuevamente. Mientras me besaba ahí, tomó mis piermas y las puso por arriba de sus hombros. Luego sus besos dejaron mi pene, y fueron hacia mis testículos, y luego más abajo. Empujó mis piernas hasta que mis rodillas tocaron mi pecho y comenzó a besarme en el esfinter, Lamía mi trasero, una nalga, luego otra, me introducía su lengua y esto me hizo gritar de placer, luego, ya que tenía el culo muy bien lubricado, introdujo un dedo, el cual introducía y extraía lentamente, esto me produjo un placer inimaginable. No sabía que era lo más excitante: el hecho de que me estimulara con sus dedos y su lengua, o saber que lo hacía para abrir paso a su majestuoso pene. Gabriel se incorporó y se puso de rodillas enfrente de mi trasero, mis piernas estaban sobre sus hombros y parecía estar todo listo para la función. Sentí como su miembro paseaba por todo mi trasero, y en uno de esos intentos lo colocó en mi entrada, yo me hice de valor para recibir la arremetida y el me dijo – pidemelo -. Y yo interrumpido del extasis pregunté – ¿que cosa?- Y Gabriel dijo – pideme que te posea – Yo me quedé callado y el insistió – pídemelo o me voy a ir ¿quieres eso? – Y yo le dije – no, no te vayas -. Entonces pídemelo – respondió – y Yo como poseído comencé a decir – tómame, hazme tuyo, derrama tu leche en mí, quiero ser tuyo – Y De repente Gabriel me penetró de una sola estocada, yo gemí de dolor, o de placer, no sabría explicarlo pero Gabriel prosiguió frenético. Comenzó a recargarse sobre mí, llegando hasta tocar su boca con la mía, esta vez sus movimientos eran bastante más veloces, y me besaba, en el acto, presionando con su pecho mis piernas, pero sin dejar de tocar mi trasero. Así estuvimos durante algunos minutos, no podría decir exactamente cuantos, pero me parecieron muchos. Después de un momento, le dije – Correte dentro de mi – y el aceleró aún más sus movimientos hasta que pude sentir una lubricación gloriosa, Todo mi trasero se hallaba inundado en un líquido blanco

y jabonoso, que hacía más dulces y placenteras. Le pedí que no parara, que siguiera. Él hizo todo lo que pudo, pero al fin se tuvo que detener, en ese momento, cayó rendido sobre mí, yo abrí como pude las piernas para que él quedara recostado en mi pecho, y finalmente así quedamos dormidos exageradamente cansados, quizás espera Quiero aprovechar este espacio para saludar a todos los lectores de mis relatos y también para asegurarles que habrá más posteriormente, para aquellos que les agradó… Bye… Gracias…

Autor: Benjammx

benjammx1 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. hola k sepas q me a encantado tu historia… has etxo volar mis deseos de estar en esa situacion… un gran abrazo

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