Alex, 18 años, casi Alexia de tan lindo (4)

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Alex sollozaba en cuatro patas luego de que Ligia lo obligara a reconocer su condición de gay. No terminaba de aceptarlo, pero ¿qué otra cosa podía ser si enloquecía de goce con los dedos de la mujerona en su cola?, se preguntaba mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-¿Puedo… puedo limpiarme los ojos, señora?…

-Sí, limpiate esos ojos tan lindos que tenés, nenita llorona. –autorizó Ligia para luego agregar: -Y después quiero que mires bien, una por una, esas tres hermosas vergas que vas a tragar por el culo.

Alex se estremeció ante la orden, que por supuesto obedeció luego de secar sus ojos.

Miró tembloroso las tres vergas, primero la del escribano, luego la del doctor y por último la del ingeniero. Por sugerencia de Ligia, los tres se habían puesto de costado, para que el chico pudiera ver bien sus penes, y Alex los apreció estremecido de ansiedad y a la vez de cierto temor ante las considerables dimensiones de largo y grosor. Sin embargo, se tranquilizó en parte al recordar que el consolador que le había metido Ligia era de medidas muy similares o iguales, al decir de su adiestradora.

-Usted conoce el ritual, señora. –dijo el ingeniero y Ligia se dirigió hacia el armario, del cual extrajo una venda de seda negra con la cual cubrió los ojos del chico anudándola en la nuca.

-¿Qué… qué es esto? –se alarmó Alex.

-Un sólo ladrido más y te llevo ya mismo al sótano. ¿Oíste?

-Sí… perdón, señora… ¡Perdón!…

Entretanto los tres viejos se habían colocado en distintos lugares para que comenzara el juego.

-Movete. –ordenó Ligia y el chico comenzó a desplazarse en cuatro patas sin saber para qué. De pronto dio contra algo sólido y oyó exclamaciones: -¡Bien, ingeniero! ¡Bien! –y la orden de Ligia: -¡Seguí, putito, seguí! ¡Vamos! –y siguió moviéndose sobre sus manos y rodillas hasta que volvió a topar con algo y otra vez las exclamaciones y los aplausos: -¡Bravo, escribano!… –y Ligia que volvió a ordenarle que siguiera desplazándose y nuevamente el dar la cabeza contra algo. El juego había terminado luego de establecer que el primero en violar a Alex sería el ingeniero. Ligia le quitó al chico la venda que cubría sus ojos y le dijo señalando al ingeniero: -Mirá esa verga, putito, mirala bien. Ésa va a ser la primera verga que vas a tragar por el culo, pero no la última… -y soltó una risita malévola. –Después te va a coger el escribano, aquel señor. –puntualizó señalando al vejete con el dedo índice de su mano derecha. –Y por último, para que no te quedes con hambre te la va a meter el doctor. –y volvió a emplear su dedo índice para señalar al aludido.

Alex estaba poseído por sensaciones tan intensas que le costaba respirar. Lo hacía por la boca, muy abierta, mientras miraba obsesionado a los tres viejos con sus pijas bien duras, listas para entrar en acción.

El ingeniero se fue acercando despacio al chico, devorándolo con la mirada mientras sostenía su pene con la mano derecha. Ligia tenía el pote de vaselina y aguardaba órdenes.

-Póngale un poco de vaselina en la entradita, señora. –dijo el viejo. -Y después dele el pote al nene, para que se ocupe de envaselinarme la pija. La matrona lubricó el diminuto orificio anal y luego le ordenó a Alex que se arrodillara, le dio el pote y le dijo con tono seco: -Ya oíste al señor.

El chico tomó el pote con mano temblorosa y miró esa verga que palpitaba, amenazante, a escasos centímetros de su rostro. El viejo soltó un largo suspiro cuando sintió los dedos de Alex desplazarse por su pija para untarla con la vaselina.

-Ya está bien, suficiente. –dijo el sátiro y mandó al jovencito a ponerse otra vez en cuatro patas.

Ligia le quitó el pote de la mano y tiró violentamente de la cadena del collar, como para apoyar la orden del ingeniero. Una vez en cuatro patas, el chico no podía quitar la vista de esa verga lista para penetrarlo. El doctor y el escribano observaban sentados en el borde de la cama con una expresión de lujuria en sus caras y retorciéndose las manos, impacientes.

Alex vio al ingeniero rodearlo para detenerse a su espalda y luego lo escuchó decirle:

-Abrí las piernas.

-Sí, señor… -murmuró con un hilo de voz. Lo hizo y enseguida sintió una mano aferrar su cadera izquierda mientras el viejo le pedía a Ligia:

-Sepárele las nalgas, señora.

La mujerona se acercó presurosa, se inclinó y cumplió con lo indicado provocándole al chico un notorio estremecimiento.

-Camino despejado, ingeniero… -dijo Ligia  y una sonrisa perversa le curvó la boca mientras miraba cómo el vejete empuñaba su verga y la iba acercando al objetivo.

-Llegó el momento en que tu lindo culito va a tragar su primera verga, nenenena… Y una vez que hayas probado esta verga iniciante ya no vas a poder vivir sin ser follado… Pude saber eso cuando te cogí con el consolador y te volviste loco, putito…

Alex la escuchaba en silencio, invadido entero por la ansiedad, cierto temor y un intenso deseo.

“Sé que al principio me va a doler mucho… -pensaba el chico. …pero enseguida pasa y se siente placer… ¡mucho placer!” se decía recordando su experiencia con el consolador de Ligia. Fue en ese preciso momento que la verga del ingeniero comenzó a penetrarlo lentamente mientras el viejo le sujetaba firmemente las caderas, ahora con ambas manos, dominando los corcovos del jovencito que a la vez exhalaba un largo gemido de dolor:

-¡Aaaaahhhhhhhhhhh! ¡me dueleeeeeeeeee!…

-Metaselá hasta el fondo de un envión, ingeniero. –recomendó Ligia. -Cuando la tenga adentro va a dejar de dolerle y empezará a gozar. Es lo que queremos, ¿cierto?

-Sí, claro, como con todos. –acordó el viejo. -Para convertirlos en putitos si es que no lo son.

-Pero éste lo es… -dijo la mujerona.

-Sí, con éste no hay que hacer ningún trabajo de conversión. –dijo el sátiro en medio de una sonrisa lasciva para después, con un violento envión de las caderas, enterrar por completo su verga en el tierno culito del chico, que volvió a gritar. Sin embargo, mientras los huevos hinchados del ingeniero tamborileaban contra las horadadas nalgas y la verga iba y venía sin cesar, el jovencito trocaba su grito de dolor por jadeos y gemidos que expresaban claramente el placer que estaba experimentando. Presa de un temblor incontrolable sintió que el dolor se había extinguido casi completamente y su conciencia, adormecida ya no le planteaba conflicto alguno. De pronto sintió en el fondo de su culo los chorros de semen caliente acompañados por un largo y ronco grito del violador, que en ese momento lo aferró más fuerte aún por las caderas. Ligia lo tomó por el pelo, le enderezó la cara y se solazó morbosamente con la expresión extasiada que mostraba el chico, con los ojos cerrados y la boca abierta, respirando afanosamente.

-Gozaste, putito… -le dijo.

-Sí, señora… -admitió Alex luego de tragar saliva mientras el ingeniero abandonaba su lugar entre las piernas de Alex para ubicarse de frente a él.

-Limpiame la punta de mi verga con la boca. –le ordenó y el chico lo hizo de inmediato, pasando la lengua por el glande y luego sorbiendo hasta que no quedó resto del semen mientras su respiración se iba normalizando poco a poco.

Ya el escribano se adelantaba y sin preámbulo alguno se ubicaba a espaldas de Alex, entre sus piernas. Él mismo se embadurnó su verga con vaselina y después puso un poco en el orificio anal del jovencito.

“Ya…ya…” -se desesperaba Alex ansiando la penetración siguiente.

El viejo había escuchado la recomendación de Ligia al ingeniero y entonces, una vez que la pija había entrado apenas unos centímetros y Alex gemía atormentado por un dolor intenso, metió el ariete hasta el fondo de un solo embate. Pocos segundos después, mientras la verga avanzaba y retrocedía a buen ritmo en el interior del estremecido culito Alex comenzó a experimentar un goce cada vez mayor que le hizo olvidar por completo el sufrimiento inicial. A su espalda el escribano seguía con sus embates entre gemidos y jadeos casi animales hasta que de pronto estalló en un largo gruñido y su verga lanzó tres chorros de semen hacia lo más profundo del culo mientras Ligia observaba que el chico tenía la pija bien erecta.

“Mmmmmhhhh, debe estar desesperado por masturbarse…” se dijo y pensó en su propio placer cuando viera a Alex acabar en la palma de su mano izquierda y después beber su propio semen, porque la mujerona había decidido que de allí en adelante iba a hacer que el jovencito se masturbara en su presencia.

El escribano estaba ya de pie y bufando en procura de normalizar su respiración. Notó que el glande brillaba, humedecido por algún resto de semen e hizo lo que el ingeniero: le ordenó al chico que limpiara ese líquido con su boca.

-Vamos, putito, de rodillas y a limpiar bien esta verga.

-Sí, señor… -murmuró Alex y muy excitado engulló la pija y la tuvo en la boca durante algunos segundos, sorbiendo apasionadamente con el deseo de conservarla allí hasta que volviera a ponerse dura. Ya no se cuestionaba nada. Era tal el placer que había sentido mamando y siendo penetrado y humillado que se sentía incapaz de hacer prevalecer cualquier otra consideración o sentimiento sobre esa realidad ineludible que se le imponía sin posibilidad de resistencia alguna. Pero el escribano ya no quería más, estaba saciado y le dejó su lugar al doctor.

Otra verga para el culo del chico, el breve aunque intenso dolor inicial y luego el placer y sentir esos chorros de semen caliente y más goce al tener que limpiar la pija con su boca y tragar los últimos restos de leche mientras Ligia le acariciaba la cabeza y se complacía observando la tarea de Alex y la expresión extasiada de su cara.

-Fue glorioso, señora… ´-juzgó el doctor una vez que se hubo echado de espaldas en la cama.

Los otros coincidieron y Ligia se llevó al jovencito, la túnica y las ojotas mientras los sátiros se aprestaban a ducharse para luego abandonar la mansión con destino a sus honorables domiclios.

Alex iba en cuatro patas y Ligia tras él, empuñando la cadena del collar. De pronto el chico comenzó a gemir.

-¿Qué te pasa? –inquirió la matrona.

-Es que… me… me arde la cola, señora… la entrada… -explicó el jovencito.

-Sí, entiendo. Es que te tragaste tres buenas pijas una detrás de otra. Pero te voy a aplicar una crema y en dos días vas a estar listo para ser usado otra vez.

-Gracias, señora Ligia… -murmuró el chico y una vez en el cuarto la mujerona hizo que la esperara en cuatro patas sobre la cama para después ir a sus dependencias en busca de esa crema.

-Mmmmmhhhh, sí, tenés la entradita un poco inflamada y enrojecida. –diagnosticó y de inmediato se abocó a aplicar la crema desinflamatoria en esa zona.

-Mañana le voy a decir a los Amos que te den descanso durante dos días, bebé… En un rato te traigo la cena.

-¿Puedo pedirle algo, señora?… –tanteó Alex tímidamente.

-Te autorizo.

-No tengo hambre, señora… ¿Puedo… puedo no cenar?…

-Te autorizo a no cenar, nenenena… Al fin de cuentas ya te comiste tres buenas vergas… Hasta mañana… -concedió Ligia y se retiró de la habitación luego de guardar la túnica y las ojotas en el armario.

Cuarenta y cinco minutos después el ingeniero, el escribano y el doctor se despedían en la cochera de la mansión antes de abordar sus automóviles.

-Che, oigan, mañana tendríamos que llamar al Señor Z. –alertó el escribano.

Los otros coincidieron y el escribano dijo: -Yo me ocupo.

 

(continuará)

 

 

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Escrito por Tutor severo

Soy un hombre de 70 años, residente en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, soy AMO y Spanker especializado en la reeducación de malcriadas y el sometimiento de sumisas con experiencia o no. Límites a convenir.

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