Algunas Noches. (1-3.)

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Breve reseña del autor:
Para empezar, diré que escribo esto con el fin de plasmar sentimientos que tengo hacia nadie, para liberarme y vivir en palabras algo que no sé si vaya a vivir en la realidad. Soy de esas personas que piensan mucho, pues pienso todo, aunque no sé cómo siempre termino actuando sin tomar en cuenta mis pensamientos. Lo arruino y ¡Lo peor! Me da igual, soy bueno superando y soy una mierda. No soy esa clase de chico que se acuesta con cualquier persona, bueno, sí, pero no me las doy de rompe corazones ni nada, pues no lo soy.
A ver, soy un Tauro, soy duro, positivo, realista, de carácter particular, sensible, ¿Ya dije duro? También pasional, dedicado, ingenuo de cierto modo, orgulloso y odioso. Y que nadie venga y me diga que no es así, los Tauro somos muy parecidos todos. Claro, pero la personalidad y actitud cambian las cosas y deja de importa tu signo. Entonces ahí entra que soy malicioso, introvertido pero demasiado confianzudo cuando he tanteado terreno, inseguro, nervioso, pero siempre firme y aparentemente seguro, sí, me estoy contradiciendo. ¿Qué más da? Repelo muchas cosas, como el gobierno, las locas y la iglesia. Hablo siempre por la justicia. Soy asocial, soy muy social. Sí, soy muy complicado, ni parezco hombre.
Soy bisexual, no soy gay, o no lo sé, quizá pansexual, quizá heterogaysensacional. Sí, me inventé eso. SOY HUMANO, joder, déjense de mierdas. Las etiquetas no son nada. Ah. ODIO con mi alma la Sociedad, es una mierda, es un cliché maldito, pero todo cliché es necesario.
En fin, juzgo y soy un asco, me gusta hacer sentir mal, pero tengo mucha bondad, quizá esté loco, pero me gusta estarlo. Lloro por la tristeza ajena, disfruto del dolor ajeno. Siempre sonrío de medio lado, miro al frente, temo a mirar a los ojos, pero esa sonrisa taimada y maliciosa que me regalo demuestra la seguridad que me falta pero que no parezco necesitar. Esa sonrisa me hace poderoso sobre cualquiera que quiera joder. Soy una mierda, me considero algo así como… No sé, un personaje de una historia algo oscura, malo y deseoso de sangre. Soy malo, pero soy muy bueno, y me siento tan viejo, y apenas cumpliré 18 años.
Me digo que no amaré, me digo que seré más malo, pero cuando juegan conmigo, en realidad juego yo, soy un juguete y me gusta serlo, me usan pero yo soy el que elijo irme y sonrío, feliz de haber disfrutado. Es complicado explicar eso. Lloro en silencio, pero soy tan frío como el hielo, he hecho sufrir a mucha gente. Me da igual, me arrepiento, se me vuelve a olvidar.
Me considero mejor que todos y peor que nadie. A veces pienso en una mierda, pienso en como sucedería en un libro, una película, una serie… No, novelas no, muy dramático. Más las de mi país, no, no soy de México, hablo de Venezuela. Y a pesar de todo, me gusta el drama y lo odio, así que hago sufrir a mis personajes, cambio las cosas, empiezo con clichés y termina en algo predeciblemente impredecible.
En fin. Entonces pienso en como sucedería y es algo como imaginar que voy por la calle, me encuentro al “amor de mi herida” nos miramos, nos besamos, nos amamos… Y entonces sale la maldita voz mental diciendo: “No, esto no es un libro, deja de desearlo de esa manera de una puta vez, pues menos sucederá.” Y entro en disputa con mi mente. Aunque claro, no pasaría, no tengo amor de mi herida, en realidad nunca me he enamorado como tal. Luego diré que es para mí el amor.
Soy egoísta, amistoso, caliente, reservado, a veces creo que tengo desorden disociativo.
Ahora escuchando No you girls de Franz Ferdinand, hoy jueves 28 de marzo de 2013, quiero escribir una serie de relatos para esta página. Quiero ser médico, quiero ser escritor, psicólogo y político. Pero estudio una carrera lejana a las tres últimas. Escribo de muchas cosas, pero no he terminado ninguna, espero publicar algo antes de los 20, así ganaría más reconocimiento. Pero algo genial. Y por ahora me conformo con estas páginas de relatos eróticos. Algún día dejaré en alto el nombre de Venezuela con respecto a la literatura, lo sé.
Bien, en la comodidad de mi alcoba, en un departamento donde vivo prácticamente solo, vengo a contarles una historia. Todo inició como una idea por haber estado viendo la historia de amor de Christian y Oliver, muchos habrán visto en youtube esa historia de una pareja gay en Alemania, claro, Amor Prohibido (Como se llama la telenovela alemana en español.) no es solo la historia de esos dos personajes, es estilo Padres e Hijos de Colombia o Aquí No hay Quien Viva de España o por ese estilo, muchas historias en una y con el paso del tiempo, unas van siendo opacadas, otras van siendo terminadas, salen nuevas historias, salen viejos personajes. Amor Prohibido, como leí por ahí, es la clase de novela que dura 15 años y aburre a veces, otras veces no. ¿Me hago a entender?
Pues bien. Me atrevo a decir que la relación más adorada de esa novela alemana es la de Christian y Oliver, el hetero que termina siendo gay cuando se enamora del dulce chico que insiste e insiste hasta lograr su cometido. No, no soy como Oliver, soy una mezcla rara de Charlie (The Perks of Being a Wallflower.) Damon Salvatore (The Vampire Diaries.) Sinclair (Demian de Herman Hesser.) y el resto de mí. Sí, así soy.
No me gustan los rodeos, pero quería desahogarme, porque ¿saben? Están como idiotas leyendo algo que NO tiene nada que ver con la historia. Sí, lo siento, que malo soy. Oh, oh. Wiii, yeah sure.
Esto es una introducción de mi persona para ustedes, quería compartir lo que soy a alguien, es todo. La historia que les contaré no sé si la termine, insistan, a ver si la termino, espero que sea larga y una versión nueva y renovada de Christian y Oliver, venezolana y escrita. Si les aburre, ¿Saben? Me los paso por las bolas, me vale y me río de ello. Sino, gracias por leer y todo eso. Ah, odio a Stephen King y soy como él.
Bueno. La historia contará la vida de un par de chicos y trataré de meter más gente así que vengan y lean y le dicen a sus conocidos heteros. Quizá la historia termine siendo de otra pareja y no de la de los dos homosexuales, quizá no. No lo sé, pienso a largo plazo, pero en realidad me aburro a mitad de camino.
En fin. Ahora pasemos a ello, y, aunque no lo crean, está un poquito, una migaja, inspirado en hechos de mi vida. Pero lo demás, no, no sean gilípollas, es mentira y no he vivido la historia de amor que plasmaré, pero como me gustaría. Quizá por eso la rabia. Uno de los personajes será algo como yo, pero no tan mí, sería demasiado confuso y dramático todo. Ni físicamente, no soy alto, de hecho me acompleja medir apenas casi 1, 70 y espero llegar antes de los 21 al 1, 75 por lo menos, sé que me miento, pero da igual. Soy físicamente agradable, no sensual, voy a veces al gimnasio, pero me aburro y blah. Soy muy normal, bastante blanco, bastante hombre, bastante marica, bastante mocoso y resbaloso. Pero en fin, los personajes no serán como yo, creo.
Gracias por leer como idiotas esta intro sobre mí. Con cariño, cualquiera.

P.d: Algunas Noches, el título que le di a esto es por la canción Some Nights de Fun. La recomiendo, imaginen que la canción en instrumental es la entrada de la historia en cada capítulo (¿).
“Man, you wouldn’t believe the most amazing things that can come from some terrible nights.” (Para los que no saben inglés: Hombre, no creerías las cosas geniales que pueden resultar de algunas noches terribles.)

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1.

Hace cuatro años.

Y no es que fuera fácil para él tener que dejar el Liceo, odiaba el hecho de tener que crecer, ir a la universidad, estudiar, estudiar, graduarse, trabajar, formar una familia y todo eso. Él ni siquiera estaba seguro de su sexualidad, aunque bastante sexo que había tenido.
Carlo se movió por los pasillos de aquel Liceo de la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira. Sintió que la camiseta de promoción le apretaba y comenzó a sudar un poco. Los ojos negros del muchacho miraban en toda dirección, buscaba con aquella mirada tranquila pero dura a David. David, mierda David, oh… David.
El último timbre era aquella celebración sólo para alumnos y representantes del quinto año de bachillerato, esa celebración donde hacían estupideces, colocaban música, daban algunos pasapalos y adiós liceo. Luego vendría la graduación y la fiesta. Si el último timbre era bueno, lo demás lo sería. Pero en aquel Liceo no lo sería, era algo bastante sencillo, sin ser feo.
Carlo buscaba a David porque su amigo debía estar en una de las presentaciones que haría su clase. David era un muchacho simpático, de ojos de un color verde oscuro, labios rosados y llenos, pómulos alzados y músculos que estaba desarrollando cada vez más. Al igual que Carlo, no era muy alto, de hecho, Carlo era unos centímetros más alto que David, sin embargo, David era el más conocido de su pequeño grupo de cuatro amigos.
Ellos eran el típico grupo de chicos que se reunían siempre para bromear, hacer las tareas, hablar de sexo y esas cosas, claro, en su clase había otro grupo de chicos similar, más grande, pero esos eran los más agrandados, borrachos y malandros de la clase. El grupo de Carlo era pequeño, unido y divertido, a veces algunas chicas se les unían, haciendo más ameno todo.
Y como en todo grupo había un jefe, David. Un jala bolas, Arturo. Uno que se las da de vivo, Andrés. Y el más reservado y a veces más unido al jefe, Carlo. Y como en toda aula de clase, hay un “marica” y para mala suerte de Carlo, ese era él. Claro, Carlo lo negaba y no lo demostraba, pero los demás insistían que él era gay y él con el tiempo le dejo de importa, ¿Qué más daba? No estaban lejos de la verdad.
Mientras en la planta baja sonaba alguna canción conocida que Carlo odiaba, él subía las escaleras hacia el tercer y último piso, habiendo buscado ya en todas partes, decidió que David debía estar en los baños de ese piso o en la biblioteca allí dispuesta.
Carlo en realidad no buscaba a David porque lo hubiesen mandado, de hecho él se había ofrecido a buscarlo. Lo buscaba porque poco faltaba para separarse, para verse una que otra vez, luego sólo hablarse por mensajes de texto, verse por casualidad… Hasta que no se vieran más. Porque Carlo lo quería, y no sólo como amigo, quería a David como un novio debe querer a su novia.
Todo empezó hacía dos años cuando Carlo entró a ese Liceo y vio por primera vez a David, sin duda alguna fue algo de primera vista. No se llevaron bien al principio y Carlo olvido sus sentimientos por él. Hasta que en la mitad del Cuarto año se hicieron muy amigos y Carlo conoció sus cualidades y le admiró primero, para quererle y desearle luego, en secreto.
Pero era obvio que David nunca le dejaría de ver con ojos de amigo, y Carlo odiaba eso de cierto modo. Sabía tantas cosas que le hacían sentir cierto dolor, la sangre hervía, su paciencia algunas veces. Y se prometió olvidar sus sentimientos por él o hacerlos a un lado, nada sacaría de querer al chico heterosexual, muy pana, de su pequeño grupo.
Aunque David confundía a Carlo de sobremanera. Él sentía que su amigo de ojos verdes conocía sus sentimientos. A veces le descubría mirándole atentamente mientras él hacia otra cosa. A veces David se acercaba mucho, le acariciaba la espalda, le hacía bromas demasiado de ellos, sólo de ellos dos. Se preocupaba por él… ¡Pero todo era cosa de amigos! Y era porque pronto Carlo se volvió el mejor amigo de David Duque.
Carlo suspiró y se metió a la biblioteca, habiendo buscado ya en los baños solitarios del tercer piso. La biblioteca no era grande, pero los estantes hacían que la luz que penetraba los ventanales se quedara atrapada entre el primero y segundo gran armario lleno de libros. Olía a viejo, a recuerdos y juventud. Carlo sonrió con cierta nostalgia, nunca se había adaptado del todo a ese Liceo, pero al final lo aprendió a querer y, mierda, como le extrañaría.
Y con el sentimiento de tristeza a flor de piel, de añoranza y felicidad, lo vio, de pie ante el estante de libros de primer año, mirando con sus ojos verdes un tomo de un libro de geografía. La atmosfera era tranquila, y Carlo se sintió cómodo en la acogedora biblioteca, frente a David, con los brazos flexionados, dejando ver las bíceps gruesas que se escapaban de la manga de la camiseta blanca de promoción.
Estaba embelesado mirándolo, cuando David fue a dejar el libro en su lugar y notó la presencia de su amigo allí, cerca de una mesa.
─Epa. ─exclamó David, con su voz no tan gruesa como la de Carlo, sin embargo, a este su voz le hacía sonreír y, algunas veces, estremecer. ─Estaba… Mirando…
Carlo asintió y sonrió de medio lado, llevándose las manos a los bolsillos de los jeans y hundiéndose de hombros.
─ ¿Geografía? ─Dijo Carlo, mirando el libro que Carlo había dejado en su lugar.
─Sí. ─David se rascó la nuca y se volvió del todo hacia su amigo, con una sonrisa encantadora en su rostro y sus ojos demostrando la emoción y la nostalgia del momento. ─Marico, en séptimo reparé geografía… La profesora Nancy era demasiado arrechera… Pero le pasé el examen de reparación con 18…
─La profesora Nancy fue una de las mejores. ─Intervino Carlo, recordando a la profesora que le había dado geografía de Venezuela y de geografía económica. ─Y pasó el examen porque es inteligente, normal.
David le sonrió en agradecimiento, sonrojándose un poco. David, al igual que Carlo, era bastante blanco.
─En fin. Ese libro me lo comí en un fin de semana, lo terminé odiando y creí haberlo echado a la basura. ─Dijo rápidamente. ─Ese libro era de la biblioteca y nunca lo devolví…
─Hasta ahora. ─Finalizó por él, Carlo, con voz suave pero firme.
El muchacho de ojos verdes miró el estante y luego a Carlo. Desde allí escuchaban la música que se colaba por las puertas de la biblioteca, todos estaban abajo.
─Sí, bueno… ─David se secó la garganta. ─Gracias.
Carlo lo miró, con el ceño fruncido, sacó una mano del bolsillo de su pantalón y se apretó el otro brazo, con cierta ansiedad, sin comprender el agradecimiento de su amigo.
─ ¿Por…?
─Por todo, porque siempre estuvo conmigo, weón, a diferencia de Arturo que era un jodido vivo… Usted es… ─David se miró las manos unos segundos y alzó la cara, sonriendo de oreja a oreja. ─Usted es muy pana, mi mejor amigo… Me ayudó en cuarto a pasar química… No sé porque, si en esos días casi no hablábamos. ─Carlo recordó que por aquellos días, David había hecho un comentario sobre él que le ofendió, entonces Carlo no le habló por un par de semanas. Aunque terminó ayudándole a estudiar para pasar química. ─Hizo muchas cosas por mí… Y bueno, yo pocas…
─Coño, no. ─Soltó Carlo, como siempre, de apurado. ─Un amigo siempre hace lo que debe hacer por un amigo. ─Dijo, aunque ni él se lo creía.
Pero David lo miró de una manera que Carlo se vio obligado a tragar saliva. Fue una mirada entre fría, dura, tierna y dulce, todo a la vez. Una sonrisa que Carlo tomó como irónica brotó de los llenos labios de su amigo.
─ ¿Sólo por eso? ─Preguntó David. ─Hace unos meses, en la fiesta de Navidad que hizo el grupo de Michelle, me iba a decir algo… ¿No? Recuerdo que había estado molesto porque dijeron que usted estaba con… No estaba, ella lo besó.
Los ojos de Carlo se abrieron como platos. Tragó saliva y sus ojos se desviaron hacia los estantes al otro lado de David.
2.
Un Diciembre. Meses antes.
─Carlo. ─Repicó la voz de David a las espaldas del interpelado.
Carlo estaba en la cocina de la casa de Michelle Gonzales, una de sus compañeras, buscaba un par de cervezas y se encontró con la cocina sola, ni siquiera la atenta señora Gonzales estaba allí. Pero el que sí estaba allí era David. Y él no quería verlo.
Adriana le había pedido a Carlo que la besara, para darle celos a Jaime, un chico de otro quinto año del Liceo. Carlo se iba a negar, pero antes de responder, ella le besó, frente de muchos, entre ellos Arturo, quien le dijo a David lo ocurrido.
Y ahora David estaba allí, y Carlo sabía que quizá estaba enfadado.
─ ¿Si? ─Murmuró Carlo, aunque dudaba que David le escuchaba, fuera todos gritaban y coreaban las canciones que sonaban.
Se dio la vuelta y miró a David muy cerca para su gusto, se miraron a los ojos y Carlo tragó saliva, echándose contra la mesada, nervioso. Tenían cerca de un mes sin hablar, y aquello le dolía a Carlo. David no creía en su palabra, y eso era aún más doloroso, pero pronto, Carlo supo vivir con ello y se dio por vencido, eran amigos, pero si estaban lejos era algo bueno.
David lo miraba, con rabia y un deje de tristeza que hizo un nudo la garganta de Carlo.
─ ¿Por qué besó a Adrina? ─las palabras de David fueron duras.
─Yo no…
─Sí la besó, muchos vieron. ─Le recriminó David.
─No, mierda, que no la besé. ¿Sabe porque no la besé? ─Carlo estaba cansado del tema, se había ganado otros problemas por lo mismo, y la rabia iba en crescendo. Ya era momento de estallar, sus emociones y pensamientos se abatieron y se vio empujando a David y casi gruñéndole. ─No la besé, esa tipa es una zorra… Le quería dar celos a Jaime… Sí. ─David abrió los ojos como plato y fue a decir algo, Carlo no se lo permitió. ─Sí, celos a Jaime, no estaba interesada en usted…
─Pues ni yo en ella ahora. ─Masculló David, tensó.
─No me importa. Cállese. ─Casi le gritó Carlo, con su voz dura y gruesa. ─Me besó para darle celos, ella antes me había preguntado si me podía usar… No me dio tiempo a responder y ¡Bam! Me besó frente a Jaime, Arturo y los demás. Si usted no me cree, bueno, problema suyo. A mí no me interesa Adriana, no me interesa ella. ─Dijo de manera apresurada, mirando a los ojos verdes de su amigo que estaba con la espalda hacia la pared de la nevera, mirándole con el ceño fruncido. ─No me interesa nadie porque a mi quien me interesa… ─Casi lo decía, y en ese momento, todo quedó en oscuras, el silencio triunfó y alguien gritó: “Viva Chávez.” Porque se había ido la luz.
Entonces, entre las sombras, Carlo tragó saliva, se obligó a no llorar y se dio vuelta, yéndose de allí enseguida.

3.

Carlo se quedó mirando a David, abriendo la boca y cerrándola enseguida, sintiendo que temblaba un poco y sudaba más que hacía unos minutos. Todo aquello mientras el recuerdo del Diciembre pasado se despejaba de su mente, como una nube de humo que se iba con el viento. Cuando aquello ocurrió, no volvieron a hablar hasta que las clases se iniciaron una vez más, y volvieron a ser amigos, como si nada, sin volver a tocar el tema.
Y Carlo creía que David ya lo había olvidado. Pero lo más importante, había recordado justo lo que a él más le hubiera gustado que olvidara. No sabía que decir, y sus ojos se movieron hacia David, que se acercaba más a él, serio y tranquilizador, hermoso y duro.
─ ¿Qué fue eso que no me dijo? ─Murmuró David, mirándole con severidad. ─Dilo, Carlo.
El corazón de Carlo latía a mil por hora, se estremeció y sintió que el estómago se le encogía. Era el último timbre, luego de la graduación y la fiesta, no se verían más ¿Qué más daba si le decía que sentía o no? Y parecía que David sabía más de lo que decía. Parecía que deseaba la respuesta, y Carlo se sintió mareado, sus cienes palpitaban como su corazón. Se mordió el labio y trató de irse, sí, mejor irse y no dañar la amistad. Pero no, David se opuso, un poco más bajo, pero más musculado que Carlo.
─Mierda. Dígamelo o no creo lo de Adriana. ─Bramó David, con cierta furia, la vena del cuello se le hinchó y Carlo se sintió frío pero de nuevo furioso.
Sólo él podía hacerle sentir furioso con tanta facilidad. Recordó esa noche que se miraron y estuvo a punto de decirle las cosas, de nuevo David sacaba ese tema. Era una mierda, porque Adriana y David ahora eran novios, tenían tres meses.
─No tengo que explicar una mierda, David… ─Casi le gritó Carlo. ─Ese día usted dijo no estar interesado en ella, y, epa, mire… Ahora son novios. ─L e sonrió con desgana.
─ ¿Cuál es el miedo? ─David ignoró sus argumentos y lo miró a los ojos. ─Quiero saber.
David lo acusaba y hería con la mirada, con el gesto serio de su rostro, con la respiración seca. Y Carlo estaba furioso, enojado, la sangre le hervía, quería agarrarlo a golpes. Pero no, lo quería demasiado, sabía que no era amor, o quizá sí, no sabía que sentía, pero no podía dejar de pensar, desear y querer a David, a su mejor amigo.
Y entonces, sin más tapujos, lo agarró del cuello de la camiseta, y lo atrajo hacia sí, mirándole a los ojos.
─Quien siempre me interesó fue usted. ─Le dijo, con fiereza y tristeza. Y David, creyendo que Carlo le golpearía, pareció no escuchar y pronto, la boca de Carlo estaba sobre la de él.
Carlo le besaba, él movía su boca, lo apretaba. Pero David no se inmutaba, pasados ni diez segundos, lo empujó y lo miró con recelo, con asco…
─Maricón, marica de mierda. ─Le gritó, con furia.
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Escrito por PCD18V

Un alguien buscando ser algo.

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