Amor ciego

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Creo que mi testimonio puede ser importante ya que yo soy ciega desde que tenía seis años. Perdí la vista a raíz de un accidente automovilístico y ya me fue imposible recuperarme. Me eduqué en un instituto especializado y soy una no vidente que puede manejarse con toda comodidad a mis 22 años.

Tengo muchos amigos y conocidos en mi misma situación pero también alterno con gente vidente ya que mis padres están en muy buena situación económica y casi siempre nuestra casa está llena de gente.

Quiero aclarar que los ciegos conocemos la perspectiva del lugar que habitamos o por donde nos movemos con una precisión muchísimo más exacta que alguien que no es ciego puesto que debemos agudizar el resto de los otros sentidos al máximo. El hecho de que yo sea ciega no me impide gozar de la vida en todas sus facetas como por ejemplo: el sexo. Quiero hablar de mi vida sexual porque gozo tanto entregándome al placer de los sentidos-aunque me falte la vista-que me cuesta creer que existan hombres y mujeres que tengan problemas con algo tan natural.

Me inicié sexualmente con Pablo, un chico no vidente que era compañero mío en el colegio especializado donde cursábamos nuestros estudios. Ambos teníamos más o menos 19 años. Si bien yo había rozado con mis dedos el contorno de un cuerpo humano-en el sistema Braille se lee al tacto, no tenía en realidad la mínima impresión sobre el cuerpo de un varón, y sí tenía una curiosidad terrible.

Mi cuerpo estaba muy sensibilizado puesto que yo me masturbaba por las noches. Recorría mi vientre con las yemas de mis dedos ya que ya estaban amaestradas en el arte del tocar, y cuando llegaba a mi pelvis desenredaba los pelillos que habían comenzado a crecerme. La pubertad no me tomó desprevenida puesto que como ya dije, siempre he tenido amigas que no tienen problemas con la vista. Con ellas charlaba durante largas horas y me contaban cosas. Me contaban por ejemplo, cómo era un pene.

Una de ellas, Alicia, un día me dijo:”¡Qué lástima que no puedas verlo…! Un miembro es lo mejor…es como esto” me dijo y me puso en la mano un cilindro de plástico que se iba afinando hacia una de sus puntas y terminaba redondeado. Lo palpé un momento y luego le pregunté qué era, puesto que del otro lado del extremo tenía una base chata y algo así como una tapa. “Es un vibrador, escucha…”me dijo y a continuación escuché un zumbido. Luego me explicó que algunas mujeres lo usaban en reemplazo del pene cuando estaban sin pareja o simplemente lo usaban igual ya que daba mucho placer.

Me dijo que se colocaba sobre el clítoris, que era una protuberancia pequeña que teníamos las chicas en la punta del sexo. Yo ya sabía lo del clítoris porque cuando me tocaba de noche y sentía la calentura, eso se me ponía duro. Luego de que yo me aliviaba, se me ablandaba nuevamente. También sabía que el clítoris, según nos había dicho la profesora, era un primitivo pene atrofiado en las mujeres. Todo esto yo lo sabía, realmente la pubertad fue un camino secreto pero creo que lo es para todos los adolescentes, aun para los más liberados.

Con Pablo por las noches paseábamos por el parque del instituto y a veces íbamos a una glorieta que había detrás del edificio, era nuestro escondite. Nos quedábamos charlando hasta que escuchábamos la campana que nos llamaba a nuestros dormitorios. Todos los estudiantes teníamos allí bastante libertad aunque las otras chicas no parecían hacer demasiado uso de ella en el colegio. La cosa era cuando salían de vacaciones.

Una noche yo estaba charlando con Pablo cuando noté que su voz se había puesto tensa. Me dijo que se sentía raro y que el perfume que yo usaba le producía una cosa como “muy sensual” en todo el cuerpo. Yo me reí y le dije “¿Quieres que nos conozcamos…?” no sé porqué le pregunté eso, quizás porque nosotros necesitábamos tocarnos para sabernos.

Yo ya sabía la cara de Pablo porque de tanto en tanto lo tocaba, sobre todo cuando no le creía algo o cuando pensaba que me estaba haciendo una broma.

Esa noche me acuerdo que yo tenía puesto un vestido de algodón muy fino y vaporoso. Me lo había traído mi madre de uno de sus viajes.

Sentí que la mano de Pablo rozó el borde del escote de mi vestido y me estremecí. Las piernas y los muslos se me ablandaron y un hormigueo extraño me agarró en las palmas de las manos y en la planta de los pies. Yo quería tocarlo ahí, entre las piernas pero no me animaba. Él empezó a respirar rápido y escuché ruido de telas y luego un cierre que se bajaba. Con el corazón anhelante me quedé inmóvil. Él tomó una de mis manos y me dijo: Mira lo que tengo aquí…”y fue llevando mi mano hasta detenerme cerca de su ropa. Yo sentí un calor que emanaba del lugar donde debía apoyar mi mano pero no me decidía. De pronto él me la bajó más aún y la piel de mi mano tomó contacto con una cosa caliente.

Cerré lentamente mi mano alrededor de eso y me dí cuenta de que era como el cilindro que Alicia me había mostrado, pero no era tan liso, tenía alteraciones como las venas de los brazos y además una cosa como si hubiera sido una capucha de piel. Era caliente y suave. Lo apreté un poquito y sentí lo duro que era y me dio una gran desesperación. Tanta que lo tomé con mis dos manos y lo acaricié como si hubiera sido un bebé. Pablo se quejó pero no de dolor sino que emitió un sonido como de un placer retenido. Me enseñó a tocárselo abarcando mi mano alrededor del miembro subiendo y bajándolo.

De pronto el costado de mi mano se topó con una cosa carnosa y resultó que eran los huevos o testículos. Los exploré con mis dedos tratando de hacerme una imagen de cómo se verían. Estaban velludos y bastante duros. Pablo me pidió que le siguiera bajando y subiendo y comenzó a dar chillidos placenteros. Una cosa le brotó de golpe y un líquido caliente me mojó la mano. Se me puso resbaladiza y luego se convirtió en crema .Era como almidón. El olor era muy extraño, un olor que yo nunca había olido. Pablo me dijo que había acabado y que si yo lo dejaba él me iba a hacer acabar a mí.

Puse un poco de reparos pero cuando sentí que su mano avanzó bajo la pollera de mi vestido algo se me hizo un nudo en la boca del estómago. Quería abrir las piernas porque era una sensación parecida como querer orinar pero más cerca del placer que de otra cosa. Tenía como algo que quería largar por entre las piernas, algo parecido a cuando yo me tocaba por las noches en el dormitorio…Dejé que él me tocara y cuando sus dedos se apoyaron sobre los bordes de mi braguita los dejé entrar. El corazón me latía muy fuerte, quise gemir pero no pude porque no me salía la voz. Le agarré la mano porque tuve miedo de desmayarme, pero esa sensación de querer dejarlo hacer lo que él quisiera era más fuerte que yo.

Al mismo tiempo sentí que una cosa que me latía en el clítoris, con cada latido me impulsaba hacia afuera, una gotita de flujo. No me daba vergüenza ni mucho menos. Yo escuchaba la respiración cada vez más agitada de Pablo y sentía sobre mi cuello su aliento caliente. El abrió un costado de mi bikini y metió su dedo, lo hizo resbalar a lo largo de mis labios íntimos y luego los abrió muy suavemente. Me daba golpes de calor y frío alternativamente. Las puntas de mis senos estaban duras, era una sensación nueva y desconocida.

Luego él hundió un poquito su dedo y lo agitó dentro de mí. Ahí sí que creí que me moría…Le pedí que me dejara tocarlo nuevamente y cuando él se arrimó de tal forma que no pude hacerlo noté que su cosa estaba nuevamente dura, como antes de que le saliera el líquido que me había mojado la mano. Él se acostó sobre mí y apuntó la punta de su sexo contra el mío pero como yo tenía el bikini puesto no me podía entrar. Rápidamente y sin que él me dijera nada, me la saqué y la guardé en el bolsillo de mi vestido pues los que somos ciegos sólo tenemos la memoria como ayuda.

La cuestión es que cuando me levantó el vestido yo me abrí de piernas. Temí que si metía su miembro me hiciera daño pero el deseo era más fuerte que todo. Cuando la punta de su pene entró sólo sentí un estironcito en la piel de mi vagina pero estaba tan desesperada que sólo quería tener toda esa cosa dentro de mí y moverme. Yo no sabía cómo debía moverse una chica pero el instinto me guió ya que poco a poco me la fue poniendo.

Yo gemía y exhalaba pequeñas quejas pero no de dolor sino de placer…Oh…cuando la tuve toda entera dentro mío yo sentí que estaba clavada por esa carne tan caliente y Pablo me daba besos en la boca metiendo su lengua dentro de la mía, parecía tan descontrolado como yo. Mis pechos estaban aplastados por el suyo y esa impresión tan íntima me hizo desearlo aún más, Él se movía un poco torpemente pero era su primera vez, según me enteré después.

Recuerdo que a poco de moverse, volvió nuevamente a eyacular pero lo hizo en la entrada de mi vagina pues según me confesó no quería que yo tuviera problemas. Pero lo que yo quería era desahogar esa necesidad tan imperiosa, así que me quedé levemente acongojada ya que se le había ablandado el pene. Me dijo que esperara un poco y saliendo de mí, se arrastró hacia abajo. Al principio no comprendí qué es lo que iba a hacer pero luego…

OH! cuando metió su lengua entre mis piernas creí adorarlo. La movió rápidamente haciendo cosquillas en mi clítoris y levanté las rodillas, hubiera querido que metiera su lengua y su cabeza entera dentro de mi vagina que estaba tan mojada. Su lengua me hizo desesperar y el pecho se me cerró y los ojos se me llenaron de lágrimas.

Una emoción terrible me sacudió de arriba a bajo y mordí mi mano para no gritar porque creí que se me rompían los huesos y los músculos con una especie de calambre que me tensó toda hasta que cuando llegó su punto máximo fue como una ola que me sumergió en un placer terrible y empecé a acabar mientras apretaba fuertemente los párpados y mi pelvis se sacudía compulsivamente hacia arriba y adelante.

Luego de eso quedé exhausta por unos segundos mientras la lengua de él seguía lamiéndome. Estaba tan asombrada de eso tan placentero que no podía entender cómo era posible que eso se reprimiera o que algunas personas lo vieran tan mal. No comprendí porqué los adultos nos incitaban a cuidarnos del sexo…¡Como si fuera algo negativo o desagradable…! No tuve tiempo de pensar mucho porque enseguida continuamos nuevamente.

Con Pablo nos acostamos casi todos los días luego de aquella experiencia y cuando terminé mis estudios allí y volví a mi casa comencé a tener relaciones con cuanto muchacho conocía en el círculo de amistades de mis padres. Una de las cosas que siempre noté es que cuando mis amigas dicen que un tipo es feo, no tienen ganas de hacer el amor con él. Como yo no veo, a mí me gustan todos.

No me gustan los que tienen voz aflautada o que son muy gordos, pero en general no tengo problemas para bajarme las bragas y hacer el amor en cualquier parte que esté.

Mi amiga Alicia fue la primera que me escuchó contarle acerca de mi vida sexual y la que me aconsejó sobre los métodos anticonceptivos. También me dice que yo tengo la ventaja de que como no puedo ver si un tipo me gusta o no, me puedo acostar con cualquiera. Lo que pasa es que a mí me gustan todos los hombres que son educados y a quienes conozco a través de su conversación.

Cuando entro en confianza los palpo y ello parece entusiasmarle. Tengo un amante casado que siempre me dice que cada vez que me acerco y lo palpo siente como cuando tenía doce años y lo tocó la primera mujer de su vida. En cuanto a mí, no tengo pareja fija y no sé si la tendré pues cada vez que oigo una nueva voz masculina cerca de mí, no puedo resistir la tentación de entablar algún tipo de acercamiento que al final me lleve a un orgasmo glorioso. Soy un poco tímida, pero no tengo complejos, tal vez por mi carencia.

No me importa que cuando estoy desnuda me vean mis amantes. Lo único que me importa es gozar mucho de la naturaleza que tengo en el cuerpo. Muchas veces pienso que no sé si sería tan feliz si estuviera sujeta a todos los complejos que parecen animar a las demás mujeres, incluyendo a muchas de mis amigas. No puedo imaginar visualmente como es un miembro pero lo conozco a la exactitud, no sé cómo explicarlo.

He practicado mucho el coito anal y he gozado intensamente con él, es más, es uno de mis métodos anticonceptivos más gozosos y eficaz. No me duele ya que no tengo ningún problema en relajarme y entregar mi ano a un buen miembro que me haga feliz.

Tampoco tengo límites con el tamaño del pene de un hombre, ya sea grande o pequeño, para mí un falo es siempre un falo y por lo tanto un instrumento de placer. Sé distinguir perfectamente al tacto el momento en que un hombre está por eyacular y también sé retenerlo con una ligera presión de mi dedo cerca de la entrada de su ano.

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Escrito por Marqueze

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2 Comentarios

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  1. Hola, es agradable dentro de tantos relatos que sobrevaloran el aspecto visual encontrar uno que relate la experiencia de una manera tan natural y pura como lo haces tu, la gente debería de gozar del sexo como lo que es: un gran placer, y olvidarse de todo lo demás que solo lo reprime, felicidades.

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