Amor en la cocina

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Lésbico, Lesbianas. Maite, era una joven solitaria, del trabajo a su casa y de su casa al trabajo.

Tenía pocos amigos que veía no muy seguido. No tenía pareja, el último novio lo había tenido 2 años atrás. Esa relación terminó debido a algún episodio de violencia. Ahora Maite tenía 24 años y no tenía intenciones de emparejarse con nadie, pero era conciente de su solitaria realidad y decidió realizar alguna actividad fuera de su rutina.
Siempre quiso aprender a cocinar, investigó  y encontró un aviso en los clasificados. Así fue como conoció a Rosa, una señora de 55 años, gordita, muy agradable y simpática. Durante varias semanas le relación fue totalmente profesional, hasta que una tarde Maite llegó a su clase, muy desalineada, y Rosa la rezongó:
-Rosa: así no puedes entrar a mi cocina, ve al baño a lavarte la cara y peinarte.
Maite, con los ojos llenos de lágrimas, se disculpó, pasó al baño. Demoró un largo rato, tanto que Rosa fue a buscarla y allí la encontró sentada en un rincón con la cabeza entre las piernas llorando amargamente. La mujer se acercó la consoló y la llevó a otra habitación, para que descansara y se tranquilizara.
Un par de horas después cuando la clase había terminado, Maite se había quedado dormida en el sillón. Rosa la despertó con una caricia en el rostro, le sonrió y al verla Maite se abrazó a ella y comenzó a llorar  nuevamente. Era mucha la angustia contenida, así estuvieron abrazadas un buen rato, hasta que comenzaron a charlar. De a poco Maite fue sacando afuera sus problemas, sus temores, su soledad.
Rosa la observaba con los ojos grandes y llenos de ternura y compresión, se vio reflejada en muchas de las cosas que la chica le contaba. Charlaron hasta la noche, Rosa cocinó para ambas, cenaron en medio del aula-cocina. Hacia los postres finalmente se las oyó reír distendidas.
En unas horas, pasaron de ser simples conocidas de clase a ser dos mujeres que compartían un montón de  vivencias íntimas una de la otra. Podían sentir que se conocían y que podían apoyarse mutuamente. Nació de la angustia de una, y la comprensión y compasión de la otra una amistad sincera.
Se siguieron encontrando fuera de clases, iban al cine, a comer, a pasear los domingos. Ambas vivían solas, Rosa era viuda y no tenía hijos, era una mujer linda, voluptuosa, con senos que provocaban descansar sobre ellos ( y otras cositas más, obvio!!)
Una noche en el cine, Maite casi inconscientemente le tomó la mano y puso la cabeza en su hombro.  Instintivamente Rosa la acarició y casi sin querer se besaron. Ambas estaban sorprendidas, pero emocionadas.
Cuando terminó la peli, salieron del cine, y caminaron en silencio, hasta que llegó el momento de la despedida. Se besaron nuevamente, se acariciaron pero esta vez estaban cara a cara, y ambas fueron plenamente conscientes del momento.
Cuando Maite llegó a su casa, encendió su compu y buscó todo tipo de información seria y otra no tanto. La curiosidad era inmensa, había sentido cosas nuevas en el momento del beso, había sentido que quería más, necesitaba llegar más lejos. Casi no durmió esa noche, imaginaba el cuerpo desnudo de su amiga, se quitó la ropa frente al espejo y exploró su cuerpo, tocó su sexo, se masturbó rico. Finalmente se quedó dormida en el suelo frente al espejo, cubierta por una pequeña manta. Maite nunca había estado con una mujer, pero sabía que no había sido feliz en la cama con ningún hombre.
La profesora, había tenido en su juventud algún episodio lésbico, pero todo era muy lejano. El deseo había renacido en ella, pensó que la chica le gustaba que tenía un lindo cuerpo. Cerró los ojos y se imaginó acariciando sus caderas, su culo redondo, besando su cuello.
Después de un par de días de solo hablar por teléfono, se encontraron en el apartamento de la joven Maite un viernes a la noche. Muy ansiosa, la recibió con una gran sonrisa, Rosa la abrazó y la besó largamente.
– Dime Maite, ¿qué sientes? ¿estás sorprendida, asustada? ¿te gusto?

– Sí, estoy sorprendida, pero me siento en paz, segura de que quiero intentarlo. Siento cosas muy lindas por ti, cuando pienso en ti siento “mariposas en la panza”.
Las mujeres sonrieron, se abrazaron, se miraron a los ojos y comenzaron a quitarse la ropa. Se pusieron de pie frente a frente, se observaron sin dejar de sonreírse.
Las manos comenzaron a volar, piel con piel, las sensaciones eran maravillosas. Rosa se acercó y le susurro su deseo al oído. Sin dejar de mirarla a los ojos, comenzó a besarla, y su mano comenzó a masturbarla. Maite respiraba hondamente, gemía y sus piernas ya no la sostenían.
Se agarró fuertemente de Rosa, y como pudieron caminaron hasta el dormitorio. Cayeron sobre cama, rieron pero la estimulación no cesó. Estaban acostadas de lado, frente a frente, se miraban con deseo, y la mano de Rosa seguía pegada al sexo de la chica, mientras esta le acariciaba la cadera y el culo generoso. Las respiraciones eran agitadas, calientes.
Maite se animó a masturbar a Rosa, le dio duro y llegaron a un glorioso orgasmo.
-Maite- eres increíble, nunca pensé que esto fuera así. Me siento tan feliz, tan relajada, es como si pudiera flotar. Rosa- eres muy caliente, tu sexo esta inundado de leche sabrosa. Me gustas mucho, te deseo, te deseo.
Se besaron, largo rato, se tocaron, hasta que cayeron sobre sus espaldas exhaustas por completo.
Nuevamente surgieron los malos recuerdos de Maite, recordó que su pareja la había convencido de que era frígida y así la llamaba cada vez que se tendía sobre ella para poseerla. Rosa se incorporó y giró hacia ella, apoyó  su mano en el vientre, la miró muy seria y enérgica:
-Cariño, estás loca! Ese tipo era un infeliz egoísta, tú eres una mujer hermosa y ardiente que siente deseos y placer como la que más. Yo te daré todo el placer que necesitas si me dejas. (Ahora, con  una sonrisa lasciva dibujada en su rostro) Quieres que te lo dé ahora?
Maite la miró con una tristeza curiosa, “¿qué quieres hacer?”
-Quiero darte el mejor sexo oral que hayas tenido nunca, chuparte rico, y tomarme todo el licor que puedas darme. Pero antes quiero depilarte, anda ¿me dejas?
La chica no tenía fuerzas ni ganas de negarse.  Así que estaba totalmente entregada al placer que nunca antes había sentido.
Se acomodó en el borde de la cama, su cuerpo estaba apoyado de espaldas, y sus piernas abiertas y flexionadas apoyadas en el piso.
Rosa fue al baño trajo jabón,  una maquinita de afeitar y comenzó su exquisita labor. Amorosamente espumó el vello oscuro y escaso, la sopló suavecito provocando cosquillas y calor de su amante. La observó a fondo, mientras le decía “no puedo creer que me vaya a comer esta hermosa conchita tuya, eres dulce, sabes al más dulce néctar”
La chica, no pronunciaba palabra solo cerraba los ojos, y sentía, no quería perderse nada de aquel momento de entrega total y pasión.
Cuidadosamente retiró todo el vello, y la piel quedó todavía más expuesta a las sensaciones de amor. Maite tuvo un fuerte orgasmo, su espalda de arqueó, sus piernas se tensaron , y sus fuertes gemidos fueron apagados por la lengua de Rosa que invadió su boca.
Cuando logró calmarse después de unos minutos. Necesitaba descansar, entonces de acostaron juntas, abrazadas y durmieron una par de horas.
En la mañana, Rosa preparó un desayuno delicioso, y se lo llevó a la cama. LA chica se incorporó en la cama y ambas desnudas desayunaron entre beso y beso.

“Quiero bañarme contigo”, dijo Rosa, y así se metieron en la ducha caliente. Rosa hizo todo el trabajo, jabón, masajes, agua, Maite solo debió disfrutar. Se secaron un poco con las toallas y otro poco se bebieron la una a la otra.

-“Estoy tan limpia y perfumada!!! Estoy como para chuparme, ¿no crees?. Rosa, lanzó una carcajada y dijo “ayyy mi amor travieso, es cierto que te lo debo, porque anoche ya no resististe tanto amor y te quedaste dormida. Pero esta vez tendrás que pedírmelo de una manera convincente, anda”
Maite, por un brevísimo instante tomo conciencia de la situación, estaba en su dormitorio desnuda, fresca y relajada conversando con una mujer desnuda, pidiéndole a esa mujer hermosa, tierna, sincera que le hiciera el amor, que besara su sexo. Pero esa lucidez duró casi nada, enseguida se entregó el juego con su amante, le sonrió se acarició los senos, los apretó, los sacudió y se los ofreció. Rosa la admiraba en silencio, serena, por su cabeza también había pasado un rayo de lucidez: sentía un deseo muy potente por aquella muchacha que tenía un montón de años menos que ella, anhelaba estar con ella y solo con ella.
Ambas de embriagaron nuevamente de pasión y se entregaron:
-Maite dijo: ¿te gusto? Yo estoy muy caliente contigo, y necesito sentirte en mi sexo. Mi vagina arde, mi clítoris late, por favor me muero por sentirte en lo más íntimo de mi ser. La mujer se acercó en silencio, l a tomó por la cintura, apretó sus nalgas, y luego la empujó sobre la cama.
De inmediato se escuchaba la excitación, la respiración agitada de la joven, mientras sus flujos brotaban sin cesar. La voluptuosa mujer se arrodilló a sus pies, acarició las piernas, y las separó hasta doler. Restregó su cara hacia uno y otro lado, su rostro quedó completamente cubierto con el flujo vaginal de la chica.
El vientre de Maite se movía nerviosamente, y le pedía: “Por favor, tu lengua, quiero sentir tu lengua”. Rosa estaba extasiada con la visión de aquella chica rogando por su amor, el olor de su sexo era un vicio incontenible, y comenzó a lamer, chupar, mordisquear.  Nuevamente la llevó a un profundo orgasmo.
Descontrolada Maite gritaba, “Rosa ven , ven aquí bésame, dame de mamar, quiero chupar tus pezones, ven ven vennnnnnnn”
Subió a la cama, apoyó su espalda en la cabecera de la cama y se acomodó tal como si fuera a darle de mamar a una hija. Se acariciaron, se besaron, sonrieron hasta que Rosa, le dijo: “¿qué haremos con esto que nos pasa? Necesito saber que piensas, pero quiero que sepas que yo estoy dispuesta a seguir adelante. Esto es muy repentino, es muy pronto para comprometerse, tú eres muy joven, y hermosa. Yo soy una gordita cincuentona, pero la verdad es que ardo en deseos de estar contigo, y disfruto mucho en cada momento”
Maite se sintió abrumada por tantos planteos, pero en el fondo sentía que podía llegar a amar a aquella mujer. Simplemente le besó, le dijo: “No pensemos en nada ahora, disfrutemos de este regalo inesperado de la vida”
El fin de semana pasional terminó y volvieron a la rutina, Rosa siguió con sus clases pero Maite dejó de ir, se veían fuera del ambiente de trabajo, siempre a solas.
La relación siguió adelante, Rosa complacía a Maite en todo, y alcanzaron un grado de intimidad poderoso, todo se lo consultaban, todo lo compartían. No vivían juntas, pero trataban de estar la mayor parte del tiempo juntas, pasaban unos días en casa de una u otra.
Rosa cocinaba, y hacía la mayor parte del trabajo doméstico, Maite estaba trabajando más, y se ocupaba de las compras y algunas otras tareas sencillas.
Una tarde después del trabajo, y como habían discutido por una tontería, Maite salió con una compañera de trabajo. Fueron al cine, y luego a comer algo, se le hizo bastante tarde y cuando llegó Rosa estaba dormida. La joven se acostó a su lado muy pegada y pasó su brazo para abrazar el vientre rollizo de su mujer, besó su cuello, su espalda, hasta que detecto una leve respuesta.
-Anda gordi, discúlpame, te extrañé mucho. – Eres una desconsiderada, te esperé hasta tarde para hablar y mira a que hora llegas. Déjame tranquila. – Mi amor, perdóname, yo también estaba enojada, pero te quiero tanto! No puedo estar enojada contigo, te necesito mucho.
Las manos de Maite apretaban las tetas de Rosa, su mano bajaba hasta el pubis, pero no podía vencer su resistencia.
La chica le hablaba al oído, con ruegos insistentes, hasta que Rosa se puso boca arriba. Maite le quitó la sábana, y luego muy despacio la bombacha, finalmente le abrió la camisa de dormir que llevaba puesta.
Se sentó sobre su hembra, con las piernas a cada lado de su cuerpo. Rosa comenzó a agitarse, ya no podía resistirse.
-mi gordita hermosa, no te olvides que te adoro y te deseo más que a nada en la vida. – hay Maite, mi nena linda, no puedo resistirme a tus caricias
Los dedos de Maite se hundían en el sexo empapado y mullido. La masturbó, hasta el orgasmo. Cayó sobre las tetas blancas y gordas de Rosa, para besarlas, y chuparlas.
Rosa seguía muy excitada, y Maite debía saciar sus ansias. Nunca habían usado juguetes, pues a Rosa no le gustaban. Pero la joven, había comprado un vibrador y ese era el momento de usarlo.
Mi amor, debes relajarte y gozar – No Maite, no me gustan no quiero nada extraño dentro de mi – no seas ridícula, ya verás como gozas.
Rosa respiró profundo, no quería decepcionarla, así que trató de relajarse y la dejó hacer. Maite fue separando sus piernas, lubricó su sexo y muy lentamente se lo introdujo en la vagina, adentro y afuera, adentro y afuera durante unos segundos. Finalmente lo encendió y Rosa arqueó su espalda, dio un fuerte grito, apretó las piernas y continuó jadeando cada vez más fuerte:
Ah ah ah ah ahah, esto es increíble, aaahhhhhhhhhhhhhhhh No te detengas. Mmmmmmmm, que rico, dame dame masssss
Maite estaba sorprendida, de la reacción, y comenzó a decirle cosas sucias:
-Tú si que eres una puta, mi puta hermosa. Anda tócate las tetas, aprieta, aprieta, esas tetas hermosas. Me gusta tu concha caliente, estás muy caliente.
Luego de un largo rato se calmaron, y estaban acostadas con brazos y piernas entrelazadas. Rosa no podía dejar de mirar y besuquear a su mujer.
A la mañana siguiente, se levantaron y permanecieron casi desnudas toda la mañana. Se provocaban mutuamente. Mientras Rosa cocinaba, Maite se sentó en la mesada con las piernas abiertas, dejando ver su sexo enteramente  desnudo.
Anda, deja las ollas  y cógeme rico como vos sabés, así me conquistaste y te necesito ahora. Te acuerdas de nuestra primera vez, me estimulaste y te bebiste toda mi leche. – Estabas tan hermosa, tan indefensa, yo fui tu primera mujer y eso no lo voy a olvidar nunca
Rosa se inclinó para hundirse en el sexo de su nena, adoraba pasar su lengua por aquel sexo joven.  Maite le acariciaba la espalda, llegaba hasta su cola regordeta. Antes de que llegara al orgasmo, se incorporó,  y le ofreció sus tetas, para mamar.
Ayyy ayyyy Rosita, me dejaste a medio acabar, vamos a la cama. – No es necesario mi amor, relaja la vagina y ya veras como no hace falta, tú sigue mamándome rico y déjate llevar.
Cuando de terminó de hablar, entró con todos sus dedos en la vagina joven, que ya estaba muy dilatada. Su mano se movía, giraba en el interior caliente y húmedo.
Las piernas de Maite se tensaron, su cuerpo todo se erizó, y sus jugos manaban como de una fuente, y no podía despegarse de los pezones de su pareja. Rosa gritaba de dolor, pero no se despegaba de la boca de la chica.
La escena era muy fuerte dolor, placer, deseo, ansiedad y mucho amor. Cuando finalmente acabaron, se apretaron en un beso intenso y palabras de amor y lujuria.
Amor, estamos llenas de leche, tomemos una ducha. – Pero me gusta este olor a sexo, que nos invade, anda quedate así, mi nena, ¿no te gusta estar invadida de mis jugos? Anda vamos a la cama que te quiero tocar rico, como a ti te gusta. – Pero Rosa estoy exhausta y me duelen los pechos. – Shhh, silencio, dame gusto. Tú solo debes disfrutar, yo seré muy delicada, pero tengo ganas de tocarte y reconocer cada centímetro de tu piel. – Pero tú me miras y me tocas de una forma que haces que me sienta tu muñeca, un juguete – Claro, eso eres, mi juguete más preciado, mi muñeca adorada. Te deseo y sin ti ya no puedo vivir. Desde que somos una pareja mi vida ha cambiado por completo.
Maite, ya no tenía argumentos, estaba enamorada de Rosa y aquella mujer la adoraba. Se entregó completamente a sus deseos. Se acostaron sobre una sábana muy blanca, la habitación estaba totalmente iluminada, se besaron, y Rosa comenzó a tocar los pezones, que de inmediato se endurecieron.
Adoro como tu cuerpo responde a mi tacto. – Es imposible no sentirte, solo de mirarte a los ojos me mojo. – MMmmmm, veamos.
Entonces se acomodó entre sus piernas, y metió suavecito los dedos, que se hundieron por completo. Cuando los sacó los metió en su boca y saboreó todo el licor de la joven vagina.
Siguió hurgando en el sexo, y Maite comenzó a excitarse nuevamente. Solo unos minutos más y llegó el orgasmo. Ambas estaban cansadas, así que se quedaron tendidas hasta casi el anochecer.
Tomaron la ducha y decidieron salir a cenar. Así transcurrió durante mucho tiempo la vida de estas mujeres, que se encontraron por casualidad y que no tenían casi nada en común al principio.
Les agradezco desde ya cualquier crítica o comentario.

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Escrito por Marqueze

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4 Comentarios

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  1. AMANDA NO PUDO DESIR OTRA COSA QUE FABULOSO TU RELATO MERESE UN 10 Y NOSE SI ME QUEDO CORTO TE FELIZITO Y SEGI PONINDO RELATOS SI TE INTERESA EN ALGUN MOMENTO PODEMOS INTERCANVIAR MAIL BUNO SURTE Y CUIDATE UN BESO CASANOVA

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