Amor prohibido

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Samantha separó sus nalgas para darle entrada a mi pija, apunté hacia la entrada y al entrar la cabecita le tapé la boca para que no gritara, luego se la fui clavando. Estaba tan estrecho y caliente que me sentía en el cielo, por fin le cupo todo, me di cuenta que con ella no había que tener consideración, después de un ratito ya no había roce, estaba lubricado y comencé a cabalgarla.

Me llamo Daniel Velásquez y tengo 20 años, vivo en Caracas, Venezuela. Lo que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 18 años, vivía con mi mamá y mi primo, que tenía mi misma edad, él tenía una novia que se llamaba Samantha y tenía 18 años también, desde que nos conocimos, me impactó la chica, está muy buena, es bonita y bien agradable.

Desde que nos conocimos tuvimos una muy buena relación, de momentos pensé que la chica me estaba sacando cuadros, pero preferí pensar que me lo estaba imaginando, a veces salía con ella sin mi primo, nos hicimos muy buenos amigos. Todo comenzó en mi cumpleaños 18, hice tremenda rumba, jodimos hasta el amanecer, ya casi todos se habían ido, mi primo estaba demasiado borracho y se había dormido, Samantha también estaba tomada, todos los demás se habían quedado dormidos, sólo quedamos ella y yo bebiendo y hablando en la sala.

Esa noche había más gente, pero ya estaban dormidos o desmayados de la borrachera, yo le digo que voy a buscar dos kurdas más, y me voy a la cava que está en la cocina a buscar dos cervezas, cuando voy de regreso, está Samantha en la puerta de la cocina viéndome de una forma muy extraña.

– Daniel, ¿tú probaste la torta? – No, le respondí extrañado por esa pregunta tan fuera de lugar… – Porque está muy rica – Me dijo mientras mordía una fresa sensualmente – Ah, que bien, la pruebo mañana…

Tomó una fresa de la torta, le puso un poco de la crema y vino hacia mí, abrí la boca y me la comí, luego tomó otra y me dijo que se la diera en la boca, como estaba mareado no capté la indirecta y lo hice, por un momento me chupó la crema que me quedó en los dedos, ahí reaccioné y vi por donde venía la cosa.

– Está deliciosa, dame más – me dijo más provocativa que antes – Mira Sam, no creo que esté bien que nos estemos dando de comer fresas en la boca porque, tú sabes, que…

Me calló metiéndome otra fresa en la boca, me llenó los labios de crema y descaradamente comenzó a lamerla con su lengua, eso era más de lo que yo podía soportar, la agarré por la cintura y comenzamos a besarnos recostados del mesón, de repente recordé que no podía ser tan rata con mi primo y me separé de ella.

– Sam, no, tú eres la novia de mi primo, no podemos hacerlo, está prohibido. – No sabes como me excita que me digas eso, el saber que estamos haciendo algo indebido me calienta. – Acaso no quieres a Alexander, ¿por qué haces esto? – Claro que lo quiero, pero tú me gustas demasiado, eso no cambia nada, él no se entera, y todos quedamos felices, yo sé que tú también me deseas. – No, no sería como antes, no podría verlo a la cara sin recordarme de que lo traicioné. – Por favor Daniel, déjame darte tu regalo de cumpleaños, déjate llevar, o es que acaso no te gusto, ¿te soy repugnante? – No Sammy, tú eres muy bella, y sí me gustas y te deseo, pero es imposible, no puedo hacerle esto a Alex…

Volvió a besarme, lo hacía tan rico, succionaba mi lengua mientras la masajeaba con la suya, que volví a perder el control, la recosté de la pared y comenzamos a meternos mano, su suave olor, su pasión, sus bellos ojos, todo me volvía loco por ella, me dejé llevar y ahora era yo el que la besaba, mientras deslizaba mis ansiosas manos bajo su faldita.

Me fue llevando hacia el cuarto de lavandería, allí nos encerramos y dimos rienda suelta a la pasión, la monté en la secadora y le subí la blusita y comencé a mamar esos deliciosos senos, ella estaba excitadísima, me rasguñaba la espalda, me tomó por los cabellos y volvió a besarme, yo comencé a lamerle el cuello, ella chupaba mis pezones y mi pecho. Ya tenía el miembro durísimo, hasta levantaba mi pantalón, comencé a agarrármelo, mientras chupaba mi cuello y me mordía la oreja, metí mi otra mano bajo su falda y sentí que ya estaba mojada, le subí la faldita y le halé el pequeño hilo blanco que llevaba, comencé a olerlo, su aroma íntimo me enloquecía, tenía la conchita rasurada y rosadita, tan exquisita como siempre me la había imaginado.

Metí la mano y le agarré la concha, la tenía caliente y mojada por sus fluidos, le pasé los dedos y me los chupé, me encantó el sabor, así que me arrodillé y metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a lamerle la rajita, lo que la hacía retorcerse mientras se aferraba a la lavadora para no gritar, luego le metí la lengua y comencé a penetrarla y a mover la lengua en su interior, con esto la hice tener un orgasmo.

Después le dije que era su turno, me recosté de la lavadora y comencé a sobarme la verga bajo el pantalón, ella se arrodilló y me desabrochó el pantalón, me lo bajó y me dejó sólo con mi pequeño interior negro levantado como una carpa, también me bajó el interior, yo tomé mi erecto aparato y comencé a cachetearla con él y a pasárselo por la cara, el cuello y los senos, luego ella lo agarró y me dijo:

– Lo tienes un poco más grueso que Alex, parece que los hombres de esta familia están muy bien dotados. – Eso te lo podemos demostrar cuando quieras.

Al recordar que estaba a punto de hacerlo con la novia de mi primo Alexander, en vez de arrepentimiento, me excitó más la idea de que ambos nos gozáramos a la misma mujer, tomé a Sam por los cabellos indicándole que comenzara, ella entendió, dejó de masturbarme y comenzó a darme besitos en la cabecita de la pija, lo que me hacía temblar de placer. Abrió la boca y le metí mi palpitante y venuda verga, cerró los labios alrededor, me apretó las nalgas y comenzó el movimiento, siguió mamándomela por un rato, la idea de que me la mamara como se lo hacía a mi primo, siguió calentándome, también me chupaba las bolas, chupaba vergas como una verdadera puta, ya debía tener mucha experiencia, no pude aguantarme más y le dije:

– Nena, ya me vengo, me estoy viniendo mamita. – Dame toda tu leche, quiero ver si sabe igual que la de Alex. – Tómate tu lechita caliente nena.

Finalmente me vine en un impresionante torrente de blanco y caliente semen en su boca, ella se lo tragaba, pero era demasiado y escurría de sus labios y caía en sus pechos, lo recogía con los dedos y se relamía de gusto, yo me encontraba débil y tembloroso por mi brutal eyaculación, volvió a engullir mi pedazo de carne y lo limpió perfectamente de los restos de semen. Luego se levantó y me dio un tremendo beso francés, su boca aún sabía a mi semen, yo nunca lo había probado, pero no estuvo tan mal, me agarró la verga y comenzó a magreármela, la miré a la cara y le dije:

– Que rico me mamaste el pene mami, ¿sabes?, ya Alex me había contado lo buena que eres en la cama, y desde entonces cada vez que te veía, me imaginaba haciéndote el amor, aunque sabía que estaba prohibido. – Tú me comenzaste a gustar desde que Alexander nos presentó, en realidad los dos son tremendos machos y me excitan mucho, y mi mayor deseo es que hagamos un trío sexual y yo sea la “víctima” de los hombres de ésta familia.

La sola idea de un trío volvió a parármelo igual o más duro que antes, me di cuenta de lo vagabunda que era Samantha y me decidí a darle lo que más le gustaba, la sujeté fuertemente contra la pared y comencé a besarla violentamente mientras mis dedos penetraban sin piedad su conchita, estaba sumida entre el placer y el dolor.

Me volví como un animal salvaje, la olía, la lamía y la manoseaba hasta casi hacerle daño, mis manos dejaron marcas enrojecidas en su suave y blanca piel, a ella parecía excitarla, pues me pedía más, me dijo que mi primo y yo éramos igual de salvajes y sádicos en el sexo y que le gustaba sentir dolor y placer al mismo tiempo. Nos fuimos deslizando por la pared hasta el piso, donde había un montón de ropa limpia, la acomodamos para improvisar un lecho y nos acostamos, ella estaba sobre mí, me besaba, me mordía y me rasguñaba, luego yo la volteé y era yo el que la besaba, en vez de tirar, más bien parecía que estábamos peleando.

– Ya Daniel, no aguanto más, quiero sentirte dentro de mí, quiero que el primo de mi novio me haga su mujer, hazlo, cógeme.

No aguanté dos pedidos, le separé las piernas, me puse en medio y de un sólo empujón se lo metí completamente, ella ahogó un grito que evité tapándole la boca, ella comenzó a chupar mi dedo pulgar, comencé a moverme, tenía sus piernas alrededor de mi cintura y me apretaba para que le diera más duro, así lo hice, comencé a embestirla brutalmente, sin importarme si la lastimaba.

Yo me senté y ella se sentó sobre mí y la seguí cabalgando, ella me halaba de los cabellos y se esforzaba por no gritar, unas lágrimas se escurrían por sus mejillas, las lamí y seguí con mi faena, se movía deliciosamente, era como una serpiente, lo que me daba más placer, tratamos de aguantar los gemidos, en cambio sólo se escuchaba la respiración acelerada y el rítmico impacto de nuestros cuerpos.

Así intentamos varias posiciones, hasta que me encontraba pegándomela sobre la lavadora, sentía la presión de mi semen subiendo desde mis bolas, le di unas brutales arremetidas finales que la hicieron quejarse y quedé convulsionando sobre ella mientras descargaba toda mi excitación, segundos después ella también tuvo un orgasmo al sentir mi leche caliente dentro de sus entrañas.

Sin embargo mi verga no había decaído después de eyacular, seguía tan tieso como antes, aunque me dolían un poco las bolas, ella estaba tirada en el piso recuperándose de su orgasmo, estaba débil, a mí no me importó, ahora quería clavármela por ese culito tan lindo que siempre me había provocado.

La levanté, aún se encontraba adolorida y extasiada, la recosté de la lavadora dejando su trasero y mi disposición, separé sus preciosas nalgas y pude ver su pequeño y rosado huequito, mi machete estaba a millón, me metí dos dedos a la boca y luego se los metí en el culo, dio un pequeño salto y luego comenzó a gemir.

– Sí Daniel, quiero que me bombees por detrás, rómpeme el culo. – A eso voy mami, me voy a disfrutar este precioso culito, ya vas a saber lo que es sentir un macho por detrás, prepárate.  – Si lo haces como tu primo, será mejor que me abra bien, o podrías partirme mi culito.  – ¡Maldita sea!, deja de compararme con Alexander, el que te va a clavar soy yo, no él, además no es lo mejor que lo esté recordando mientras me cojo a su novia.

Ya me había hartado de que me comparara con mi primo, estaba tan molesto que le di una nalgada que le arrancó un gemido, luego otra, y otra, al final estaba azotándola, para que aprendiera a respetarme, debía tener un castigo por portarse mal.

– Me gusta que me pegues Daniel, hazlo, me porté mal, castígame. – Fuiste mala y eso merece un castigo – Sí, lo merezco, nalguéame más, haz que me arrepienta.

Después de un rato de estimulante sadomasoquismo, sus lindas y duras nalguitas estaban enrojecidas por mis nalgadas, ya yo estaba demasiado excitado y Samantha también, ella misma separó sus nalgas para darle entrada a mi pija que estaba tan dura como nunca antes. Apunté hacia la entrada y la fui introduciendo, al entrar la cabecita le tapé la boca para que no gritara, luego poco a poco se la fui clavando. Estaba tan estrecho y caliente que me sentía en el cielo, por fin le cupo todo, ella comenzó a moverse, me di cuenta que con ella no había que tener consideración y comencé a metérsela y sacársela, después de un ratito ya no había roce, estaba lubricado y comencé a cabalgarla de nuevo.

Ella se masturbaba con sus dedos mientras me la pegaba por la puerta trasera, luego le sujeté las manos para que no pudiera moverse y gozara más intensamente, no aguantábamos las ganas de gemir, de gritar, pero no podíamos, me tumbé sobre ella y comencé a chuparle el cuello y la espalda, ella apretaba las nalgas, lo que me volvía loco de placer. Seguimos un rato hasta que comenzó a retorcerse por un orgasmo y yo bañé en leche su cálido culo, sus nalgas y su espalda, ella se lamió todo el semen y yo la obligué a que me limpiara la herramienta con una mamada.

Aunque estaba cansada, adolorida y débil, lo hizo tan bien como las anteriores, nos medio limpiamos, nos vestimos y salimos, aún estaban todos dormidos, a Sammy se le notaban tremendos chupones en el cuello, que yo le había hecho, así que fue al baño a limpiarse, si Alex le preguntaba, le diría que se los había hecho él en la noche. Yo fui a darme una ducha, cuando terminé, me vestí y salí, estaba Sammy durmiendo con Alexander en el sofá-cama, me parecía increíble que Samantha y yo hubiéramos hecho el amor, era una mezcla extraña entre alegría, culpa, rabia, amor, había de todo un poco. Me fui a acostar, cuando amaneció, ya algunos se habían levantado, yo estaba en la cocina haciendo un café.

Llegó Samantha, se paró en la puerta de la cocina, esta vez sin la pose y la mirada provocadora, me dijo:

– Daniel, estoy muy apenada por lo de anoche, yo estaba borracha y no sabía lo que hacía, pero yo amo a Alex y no quiero que esto cambie las cosas.  – Claro que no Sam, por mí no va a salir nada, además tampoco me conviene.  – Bueno, espero que seamos amigos como antes, yo te quiero mucho y no quisiera que por un momento de locura…

Al ver la torta por la que había comenzado todo, Sam y yo no pudimos aguantar la risa, le dije:

– Sam, por favor, yo sé que tú no estás ningún apenada, tú crees que yo soy tonto, tú estabas tan consciente como yo.  – Es verdad, pero no recuerdo como se me ocurrió lo de la torta y las fresas. – Fue una buena idea, tumbaste mis defensas de una sola vez.  – No vale, en serio, vamos a dejar las cosas así y a seguir como siempre, no podemos dejar que Alex, se dé cuenta que pasó algo entre nosotros. – Claro, por mí no hay rollo, pero eso no quita que de vez en cuando haya otro momento de locura, ¿verdad? – Ahhhh, ¡cómo puedes insultarme de esa forma!, crees que yo voy a seguir engañando a Alex cada vez que tú quieras. – Bueno, perdóname, es que yo creí…  – Era jodiendo, ja, ja, ja, claro que eso no quita que cuando haya otra oportunidad, podamos repetirlo.

Tomó una fresa con crema de la torta, me la dio en la boca y se fue, ya no me sentía tan culpable como antes, pensé que el sexo era solo eso, mientras que ella lo amaba a él y yo amaba a mi novia, aunque estuviéramos peleados. Más tarde se levantó Alexander, me notó los chupones del cuello y los rasguños, me dijo:

– Entonces, primo, la noche como que se puso buena después que me dormí ¿no?, ¿Quién fue la víctima ésta vez? – Ahhhh, ehhh, una chica, sí, una chica. – Por supuesto que es una chica, pero cual, ¿la conozco? – No, llegó después que te dormiste, es la prima de Ángela, la chica que estudia conmigo.  – ¿Y que tal es?, ¿está buena? – Si vale, está de rechupete, si hubieras estado despierto te la hubieras vacilado. – ¿Despierto?, ¿no le viste los chupones a Sammy?, se los hice anoche y no me acuerdo de nada en lo absoluto.  – ¿En serio?, si parecía que te la ibas a comer ahí en el sofá.

Así seguimos Samantha y yo, tirando de vez en cuando, cuando teníamos oportunidad, Alexander nunca se enteró, pero terminó con ella unos meses más tarde porque quería a otra, entonces yo me la cogía sin ninguna restricción y todos terminamos felices.

P.D. (Sí, llevamos a cabo lo del trío, pero esa es otra historia).

Autor: Daniel

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Escrito por Marqueze

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