Amparo, mi princesa Íbera

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Se le escapó un pequeño grito de dolor cuando la polla penetró su culo, pero el placer y la mezcla con el hilo de dolor hizo que durase apenas un instante. Sentía su humedad caer por sus muslos, sentía como se mezclaba con el sudor y otros líquidos y sentía el placer de los cachetes que caían, al ritmo de las enculadas, sobre sus nalgas. El ritmo siguió así hasta que él se corrió dentro de su culo.

La verdad es que la primera vez que te vi mis pensamientos fueron de lo más dulces, por tu sonrisa, por tu cara y esos preciosos ojos que tienes, pero enseguida se despertó la libido en mi por tu escote, bueno, por tu escote no, por el hueco que quedaba entre los botones, que dejaba ver claramente tu sujetador ocultando tus dulces pechos de fruta divina. Supongo que la mezcla de esas dos sensaciones, la pura y casta y la libidinosa y salvaje fueron el coctel ideal para que me volviera loco por ti.

Desde la primera visita quedó claro que el componente sexual nos era común y que en nuestra relación jugaría una parte muy importante, como era de esperar. Pero no era una sexualidad “convencional” pues ni tú ni yo lo somos y de esa manera nuestra sexualidad sería viva, despierta y… diferente.

De esa manera el primer cachete, el primer pellizco y la primera vez que apreté tu cuello al hacer el amor son elementos que no extrañan, ni extrañaron cuando aparecieron, poco a poco pero de forma inflexible, en nuestra relación. Poco a poco notábamos como la sensación del placer se aliaba con la del dolor, un dolor conocido, controlado y cedido, pero no por eso menos deseoso, menos apasionado y menos sabroso.

La primera vez que tu culo se puso en pompa para recibirme en toda la libertad que tu sumisión me daba, se despertó en mi una llama aún más libre para usar la fantasía y la fuerza con maña y con mesura de forma que tus gemidos, los de mis manos, mis cintos y cuerdas no fueran acallados ni hirientes, más deseados, esperados y dulces.

Es curiosa esa mezcla de dolor y placer que hace que uno y otra deseemos más de ello, como una caricia que hace cosquillas o ese orgasmo inacabable que por deseado y placentero no es menos doloroso.

Con todo, preciosa, quiero que esta fantasía sea para ti recuerdo de experiencias vividas y deseadas, como ejemplo solo pondré el crucero del año pasado y nuestra parada en Malta, cuando llegamos al interior de la isla visitamos una pequeña ciudad amurallada. Usaremos el cepo que había para los presos, aquel que al verlo nos miramos de forma complacida sabedores de lo que insinuábamos y que ilustra esa sensación para mi reina, para mi princesa y mi perra, para ti.

“Ella no sabía bien si debía o no hacer ese viaje, hacía mucho tiempo que no le veía y le daba un cierto miedo saber hasta donde habría estado fantaseando, o investigando en el tema que más les excitaba a ambos. Cerrando los ojos podía verse, siempre había tenido buena memoria, atrapada por el cepo de la calle mayor de aquel pequeño pueblo que como reclamo publicitario usaban los turistas para hacerse fotos.

Ellos habían decidido asaltarlo a altas horas de la noche, de inmediato ella asumió su papel e introdujo cabeza y manos en el cepo que él ató con rapidez inmovilizándola. Sin dar pie a más comentarios él le arrancó la camiseta a ella y con un jirón le tapó la boca. Ella sabía que poco después le taparía los ojos, y así fue, de forma que allí estaba ella, medio desnuda, atada, amordazada y con los ojos tapados en la plaza de un pueblo desconocido. De repente, pensar en esa sensación empezó a excitarla y su sexo se humedeció. Sobretodo después de recibir una serie de cachetes que hizo escocer su bello culo sedoso. Ella esperaba más, estaba acostumbrada a mucho más, sobretodo con mucha más fuerza, pero los cachetes se retrasaban.

Esa sensación era nueva, ¿dónde estaba él? ¿Qué estaba pasando? Y esas dudas, esa indefensión hizo que se excitase aún más. De pronto una nueva lluvia de cachetes cayó sobre ella y su indefenso culo antes de que su sexo recibiera la recompensa en forma de una larga y profunda penetración con la lengua. Ella no podía esconder el placer de sentir su culo ardiendo y su coño invadido por su propia humedad y por la lengua. Cuando estaba a punto de correrse sus gemidos, pese a tener la boca tapada, se hicieron rápidos y continuos, momento en el que la lengua se retiró y de forma brutal y salvaje fue sustituida por una polla que penetró su sexo de forma completa e irremediable.

Ella en realidad adoraba esa sensación, se sentía dolida por los cachetes y le costaba respirar, pero se sentía llena por aquel miembro que le llenaba por dentro. De esta forma no le costó nada retomar el ritmo por el orgasmo, pero al hacerlo este se detuvo, y tras unos segundos y al tiempo, volvió el placer en forma de cachetes en el culo y la polla penetrando su culo de forma metódica, rítmica y salvaje. Ella poco podía hacer. Se le escapó un pequeño grito de dolor cuando la polla penetró su culo, pero el placer y la mezcla con el hilo de dolor hizo que durase apenas un instante.

Sentía su humedad caer por sus muslos, sentía como se mezclaba con el sudor y otros líquidos y sentía el placer de los cachetes que caían, al ritmo de las enculadas, sobre sus nalgas. El ritmo siguió así hasta que él se corrió dentro de su culo. Como si las enculadas y los cachetes no hubieran sido suficientes, él dejó el culo de ella chorreando todo lo que había entrado y desapareció un instante en la parte frontal. Le destapó la boca y enseguida notó el olor y el sabor de su polla mezclado con el suyo propio, el de su humedad, su vagina y su culo, todos mezclados en una amalgama de olores y sabores, sobretodo por que el no dejaba de apretar el pene flácido mientras la insultaba contra la boca para que quedase bien limpio.

Ella se sentía henchida, él se había corrido y la usaba para limpiarse, era una auténtica perra para su amo, pero también deseaba más para llegar ella también al orgasmo. Cuando él estuvo bien limpio la volvió a poner la mordaza y se separó. Ella ansiaba más contacto, cada poro de su piel lo gritaba y su sexo lo marcaba con su humedad. De pronto sintió como algo áspero y frío la penetraba su sexo con dificultad, apenas cabía, pero el ritmo era interminable, y la llenaba, la llenaba entera por dentro. Cuando parecía que todo había acabado empezó el tremendo mete-saca de aquel objeto que causaba placer y dolor y que solo se detuvo para introducir un nuevo objeto, de la misma textura, en su culo mojado.

Al ritmo los dos objetos la penetraban con saña e ignorando sus gemidos. Se sabía puta, se sabía disfrutada y disfrutando pero el dolor de su piel, el de su sexo, y el de su culo la mantenían despierta y multiplicaban el placer. Notó como el ritmo paraba dejando los dos objetos bien dentro de ella, bien dentro de ella, y de inmediato empezó a oír lo que parecía el flash de una cámara.

Al oírlo recordó su posición, recordó donde estaba y recordó lo perra que era obedeciendo a aquel hombre que la torturaba con el placer y el dolor. Se sentía especialmente indefensa, se sentía protagonista de la imagen pero no sabía como acabaría y esa sensación, esas sensaciones la hacían estar aún más excitada…

Esta historia está inventada, en parte, e inspirada en hechos reales, en las aventuras entre Amparo y yo. Ella es una mujer impresionante de larga cabellera rizada y mirada impactante, una de esas mujeres que al verlas se te llevan el ánimo y la respiración. Sus pechos son dulces y generosos al ofrecerse y más dulces y generosos cuando se saborean en una playa o en una noche oscura en el rellano antes de entrar a casa.

Si quieres saber como acaba esta aventura o conocer otras aventuras déjanoslo saber. Hasta entonces un beso y un pellizco…

Autor: Lebret

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Escrito por Marqueze

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