Andanzas de mi padre y mías

¡Comparte!

Cuando aquella enormidad penetró mi cuerpo, comprendí lo que sentía aquella señora nueve años antes al tener toda la polla de mi padre dentro. Tardó en correrse, y cuando lo hizo mantuvo su polla dentro hasta que salió sola y sólo entonces se apartó de mí. Después me miró fijamente y dijo, es la primera vez que gozo tanto en mi vida y has sido tú quien me lo ha enseñado.

Mi familia y yo vivimos en un cómodo chalet de una ciudad del Levante español. La primera vez que observé el cuerpo de mi padre desnudo fue cuando llegué desde el colegio a mi casa corriendo porque llovía: entré por el baño que da a la piscina y oí unos gemidos procedentes de la cocina. Me acerqué despacio y desde la puerta vi cómo mi padre introducía una enorme polla en el culo de la señora que hacía la comida en mi casa. Aquel día quedé fascinado por el cuerpo atlético y la forma en que tenía mi padre de follarse a aquella mujer que no era mi madre.

Durante años aquello fue sólo un recuerdo que guardé en mi memoria, pero a la vuelta de mi primer año de estudios universitarios ya había descubierto mi homosexualidad y me atraían los cuerpos bien formados. Al día siguiente de mi llegada, mi madre y mi hermana se trasladaban a Benidorm, mientras que mi padre debía atender la empresa de fábrica de calzados y yo tenía que estudiar dos asignaturas. Por la mañana, todo fue muy rápido, besos y despedidas.. Me quedé desayunando en la cocina y desde la ventana pude observar a mi padre en bañador lanzarse repetidas veces a la piscina y recorrerla nadando de un lado a otro. Permanecí boquiabierto y paralizado ante la ventana. Tenía cuarenta y cuatro años y un cuerpo perfecto, sin señales de la edad o de grasa en sus músculos. Parecía un oso, pues el agua escurría por su pecho y sus muslos peludos.

Nunca había pensado en mi padre sexualmente, pero me pareció el hombre más apetecible que había visto. Subí a la ducha y empecé a masturbarme frenéticamente. Pensaba en su cuerpo y recordaba su enorme polla y más me empalmaba yo. De repente oí que entraba en mi habitación y decía mi nombre varias veces, pero yo no podía parar y no pude contestar. Él oyó el agua de la ducha y se dirigió al baño, abrió las cortinas y me vio corriéndome en ese momento. Venía con una toalla atada a su cintura y más excitante me pareció su cuerpo, pero él sólo atendió a mi polla tiesa que soltaba un chorro de semen. Después me miró y dijo: “¿Qué haces? Dúchate y limpia eso. ¡No tenías otro momento! ¡Pensé que te había ocurrido algo! ¿No me oías?”.

No pude contestar. Dio la vuelta y a los pocos minutos oí la ducha de su habitación. No lo pensé ni un minuto, o era ahora o no era nunca. Caminé o casi corrí desde mi habitación a la suya, entré en el baño, descorrí la cortina y cogí su polla entre las manos. Después -ante su perplejidad- entré en la ducha con él y le empujé hacia detrás hasta que se sentó sin poder reaccionar. Metí su polla en mi boca y comenzó a empalmarse. En ese momento, entre sus primeros jadeos, pudo decir: “¿Estás loco o qué? ¿Qué estás haciendo?”.

Le chupé la polla hasta que la tuvo lo suficientemente tiesa como para él tomar la iniciativa. Se puso de pie y comenzó a follar con mi boca: me cogió la cabeza y la movió al ritmo en que metía y sacaba su verga de mi boca. Finalmente, se corrió gimiendo y gritando como nunca pensé que lo haría mi padre. Sin decir una palabra salió de la ducha, yo me quedé un momento más en aquella posición, arrodillado e intentando pensar lo menos posible que el semen que tenía en mi boca era de mi padre. Después me levanté y salí del baño. Le vi tumbado en la cama con las manos en la cara. Al oír mis pasos me miró y dijo: “¿Qué has hecho? ¿Qué hemos hecho? ¿No sabes quién soy?”.

Le contesté mientras caminaba hacia él: “Si lo pienso, no lo hago. ¿Te arrepientes?”. “Sí, dijo él, pero me ha gustado”.

Subí a la cama y senté mi cuerpo desnudo encima de su estómago, me agaché y besé su boca. Al principio no hizo nada, pero luego comenzó a besarme. Después dijo: “Estoy tragando restos de mi pr

opio semen. Es la primera vez que lo hago”. “Para todo hay una primera vez, papá”, le respondí yo.

De su boca pasé a sus orejas y después besé cada pelo de aquel pecho totalmente cubierto. Llegué a su polla que relamí con dulzura mientras mi padre gemía. Finalmente pasé mi lengua por la cara interna de sus muslos, tan peluda como el resto de su cuerpo. Le hice levantar un poco sus piernas para llegar a su agujerito. Los gritos de mi padre pidiendo más me desconcertaron un poco y opté por follármelo con la lengua. Al rato levanté mis ojos y le vi masturbándose con muchas ganas, pero le cogí la polla con suavidad y le dije: “Guárdala para mí”.

Volví a su boca y a cada punto de su cuerpo antes de que él se colocara encima y metiera en mi boca toda su lengua para entrelazarla con la mía y succionar todo lo que en ella había. Después bajó hasta mi polla y dijo: “¡No estás mal dotado”. “Como tú, papá”, contesté yo. Comenzó a hacer su primera mamada y parecía un profesional, acostumbrado a tener una polla en la boca. Mientras hacía eso, le dije:

“¿Me quieres taladrar”. Me miró, sonrió y dijo: “Pensé que no me lo ibas a pedir. Cogeré un condón”. “No, papá, quiero que me lo hagas a pelo. Quiero que sea diferente y contigo no hay problemas”, le dije. “¿Te lo han hecho antes?”, me preguntó.

“Sí, no te preocupes, no eres el primero”, le contesté…

Me cogió las manos y las llevó a su polla, la magreó entre las cuatro manos y por fin me dio la vuelta. Cuando aquella enormidad penetró mi cuerpo, comprendí lo que sentía aquella señora nueve años antes al tener toda la polla de mi padre dentro. Tardó en correrse, y cuando lo hizo mantuvo su polla dentro hasta que salió sola y sólo entonces se apartó de mí. Después me miró fijamente y dijo: “Es la primera vez que gozo tanto en mi vida y has sido tú quien me lo ha enseñado”.

Permanecimos en silencio más de un cuarto de hora, uno junto al otro, mirando el techo como si fuera un cielo lleno de estrellas. Finalmente, decidí coger su mano y llevarla a mi polla para que me masturbara. Lo hizo fielmente hasta que le miré y le dije: “Te voy a follar, papá. Te la voy a meter por el culo”. “¿Me dolerá?”, fue su única pregunta.

“Seré cuidadoso”, le contesté sonriendo.

Se dio la vuelta y le pedí un condón. Señaló su mesilla de noche y cogí uno. Me lo puse y preparé su culo con mi dedo índice. Cuando por fin estuvo relajado introduje mi polla, pero él casi se desvanece del dolor. Más tarde me pidió que lo intentara nuevamente y de ese modo hasta que lo conseguimos.

Quedó satisfecho. Así continuamos todos los días del verano. Suspendí las dos asignaturas, pero a cambio conseguí que mi padre viniera a Madrid a verme cada dos semanas. Pasamos el día y la noche follando hasta que tiene que volver, pero aún no he encontrado un amante mejor…y mi madre tampoco.

Autor: FERNANDO

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

3 Comentarios

Dejar un comentario
  1. a mí me parece super excitante, me gustaría que me contactasen tanto tú como gente que le vaya el incesto pero solo hombres con hombres

  2. esta padre tu relato y que tierno me hubiera gustado tener una experiencia asi felicidades espero y me contactes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.