Andrea: la escort de la hipoteca. I- La jodida hipoteca

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I – La jodida hipoteca

 

Unos seis meses antes, en el departamento de préstamos e hipotecas de la poderosa Banca R.:

 

-¿El Sr. Méndez, por favor?

-Sí, yo soy. ¿Con quien tengo el placer …?

-Soy Inés Segarra; me citó usted por carta, pero no comprendo …

-Pase, pase usted, señorita Segarra, y sírvase sentarse … Nos hemos visto obligados a citarla con esta urgencia por un asunto de mucha gravedad para usted y su familia que, a pesar de nuestro deseo de tratarlo con toda delicadeza y más al tratarse de clientes de toda la vida …

-Por favor, vaya directamente al tema. Entienda que cualquier circunloquio me alarme gravemente.

-A ello voy. Lo cierto es que como sin duda conocerá la situación financiera de su familia es muy extrema. Su padre se embarcó en inversiones muy dudosas, hoy lo sabemos, con crédito hipotecario de nuestra Banca; luego llegó la crisis, sus negocios se vinieron abajo y su padre viéndose desbordado por los acontecimientos procedió a malvender sus activos, su negocio, su apartamento en la playa, la casa familiar en La Seo de Urgel y cuanto pudo, pero todo fue poco para sus enormes deudas y la cuantiosa hipoteca. Liquidados esos bienes y agotadas las posibilidades de ayuda por parte de familiares y amigos, a su padre se le ve derrotado y no atiende a nuestros requerimientos, y los impagos se acumulan, ya van tres mensualidades.

-¡Dios mío! Sabía que estábamos mal, pero no me imaginaba que tanto. Pero no entiendo por qué me llaman a mí: la hipoteca grava la mansión de mi familia, los negocios ruinosos eran de mi padre. Es con él con quien deben hablar …

-Y lo hemos hecho, en reiteradas ocasiones, como puede suponer. Pero ya le he dicho que su padre se ve derrotado y superado por la situación y solo nos pide tiempo y nos cuenta irreales fantasías … Está muy mayor … Y el tiempo corre y todo se agrava y el expediente de lanzamiento está ya listo para enviarlo al juzgado. Aquí lo tiene – y le mostró una carpeta de documentos -. Pero a nosotros no nos interesa para nada el desahucio: un caserón muy hermoso, sí, pero invendible de momento, como tantos otros en nuestras manos. Y ustedes, tan hundidos económicamente, ¿dónde irían? Y son clientes nuestros ¡qué pena! En la calle y teniendo que seguir amortizando, porque el lanzamiento solo extingue una parte de la obligación … No, no lo deseamos. Por eso nos dirigimos a usted como último recurso. Usted es joven, y hermosa por cierto, y con su carrera … licenciada en filología clásica griega con un master en preparación sobre Los mitos en la Hélade ¡qué maravilla! Quizá tenga contactos o relaciones o colocación en ciernes que le permitieran, juntándolo a las pensiones de sus padres –escasamente 1000 euros mensuales- hacer frente a la hipoteca y salir del mal paso. ¿Cómo lo ve?

-Pues mire … Me coge desprevenida … Pero sí, denme un margen, por favor, y trataré de encontrar una salida. Seguro que la encuentro … ¿A cuanto asciende la mensualidad?

-A ver. La hipoteca son 2500 euros mensuales mas, habría que añadir unos mil más para su subsistencia. Contando con la pensión de sus padres, necesitarían 2500 a mayores. Mire, tómese quince días y vuelve por aquí con lo que haya encontrado ¿vale?

-Vale, sí, gracias. Muchas gracias.

– A usted. Estamos para servir.

 

Inés marchó preocupadísima. En casa, su padre, desvariando, le habló en su confianza en Dios y en la Lotería. Le habló de un amigo en Oviedo del que Inés sabía estaba tan arruinado como su propio padre. Y se dedicó a patear las calles: dejó curriculi por doquier, se ofreció como sirvienta, como camarera, como vigilante de aparcamientos. Investigó ayudas municipales, autonómicas, del ministerio de Vivienda, de la Iglesia. Pero nada, mucha simpatía, mucha labia, mucha palabrería, pero nada: un empleo temporalísimo de cajera en grandes superficies para cubrir una suplencia por enfermedad: 500 euros mensuales por por seis horas efectivas diarias.

No había transcurrido el plazo y Méndez ya la estaba llamando. Acudió con las manos vacías: bueno 1900 euros/mes entre las pensiones, el puesto de cajera y su beca del master.

 

-No. Eso no es suficiente: es poco y es temporal. Me temo que muy a nuestro pesar el lanzamiento es inevitable.

-Pero ¿qué vamos a hacer nosotros? Mi padre, mi madre: no tenemos donde caernos muertos ni donde ir. Ustedes han ganado mucho con nosotros. No hace ni cinco años mi padre con su empresa auxiliar de construcción se comía el mundo: no puede ser que su único futuro sea la miseria. Tengan corazón, por piedad.

-Yo la comprendo señorita, pero no podemos hacer excepciones ni perdonar deudas: los bancos se rigen por normas duras e inflexibles; les va en ello la supervivencia y el beneficio. Sin embargo se me ocurre una idea que ya ha dado fruto en otras ocasiones y que dadas sus prendas puede irle como anillo al dedo. Vaya a esta dirección: no necesita mencionarnos, ellos nos conocen. Y quizá puedan darle un empleo del nivel adecuado para nuestro problema, no sin sacrificio de su parte porque exige una formación y un entrenamiento severos.

 

Y le entregó una tarjeta que decía:

 

AGENCIA FRINÉ

Selectos servicios de compañía

 

Inés, que antes se había dado por perdida, se agarró como un náufrago a la tarjeta, recuperó el color y, besando entre lágrimas la mano del bancario, abandonó la oficina sin echar ni un vistazo al singular salvavidas.

 

Pero dos días después Méndez tuvo que afrontar la enorme indignación de Inés.

 

-Pero ¿por quien me ha tomado usted? Que mis padres deban dinero a su Banca no le da a usted derecho a ofenderme tan gravemente. ¡Me dirigió usted a un burdel para que me reclutaran como puta! Le denunciaré, acudiré a la prensa, a donde sea.

-Tranquilícese, Inés, no se sulfure. Mire, en primer lugar, ese es un camino a ninguna parte; si usted dijera eso, nosotros lo negaríamos todo y nuestros abogados pondrían de inmediato en marcha el lanzamiento y posiblemente una querella contra usted por injurias, y el resultado sería desastroso para usted y su familia: en muy poco tiempo se verían sin un techo, sin crédito ni medios de subsistencia. Entonces sí que sería posible que usted o tú, si me lo permites, te deslizaras hacia la prostitución pura y dura, a nivel de calle.

En segundo lugar, te explicaré que puestos a buscar una salida económica para salvar vuestro bache y conseguir unos ingresos de 3500 euros mensuales ni tu padre ni tú ni yo fuimos capaces de encontrar nada, – la licenciatura tuya significa poco a efectos prácticos, y tu padre, lo sabes bien, está acabado – en esas condiciones el desahucio y la ruina total estaba cantada, cosa que nadie desea, nosotros tampoco. Y de vuestra parte quedaba poco que ofrecer a cambio, salvo –comprendí de pronto, no en vano soy hombre de mundo- … salvo … tómatelo con calma, por favor … salvo tu juventud y tu hermosura … -Inés hacía ademán de marcharse airada- ¡Calma, calma, Inés, por favor! De sobra sé que esto te ha de parecer duro, pero déjame terminar, y luego haz lo que quieras.

En tercer lugar, confundir hoy la profesión de escort con la esclavitud de una prostituta es un grave error de bulto, sería como equiparar al cocinero de un figón de extrarradio con Ferrán Adriá, Paul Bocuse o el jefe de cocina de Lhardy. La profesión de escort está en alza, y más en un país como el nuestro de turismo y servicios, y trata de profesionalizar el placer de calidad para paladares exquisitos, al nivel que en la Antigüedad Clásica –y tú bien lo sabrás por tu especialidad – tuvieron las heteras o hetairas griegas, acogidas sin recelos y bien consideradas por la alta sociedad de su época. Escort griega fue Friné- de ahí el nombre de la agencia a la que te dirigí-, la amante y modelo de Praxiteles; escorts a su manera fueron madame Pompadour, madame Montespan, Violeta, la Dama de las Camelias, la de La Traviata, y ya en el siglo XX muchas estrellas de la pantalla: Marilyn, Brigitte Bardot, etcétera. En la mayoría de los casos la función principal de una escort consiste en lucirse en compañía de caballeros refinados a los que gusta presumir de pareja sin perder tiempo en la conquista amorosa y sí, como es lógico, se suele llegar al intercambio sexual, por lo demás hoy tan trivializado.

Pero no creas que admiten a cualquiera: en las agencias de escorts, las solicitantes – y les llegan por centenares – son objeto de una selección muy rigurosa en que se sopesa no solo el físico –más fácil de cambiar y mejorar- sino también el carácter y el ánimo. Luego, de ser elegidas, las someten a un entrenamiento severo y meticuloso al tiempo que las moldean tanto física como psicológicamente para que den el máximo rendimiento en su profesión. Quizá un día, en una sociedad más liberada en sus valores, este adiestramiento llegue a alcanzar rango universitario ¿por qué no?

Piénsatelo una semana; considéralo con perspectiva amplia, piensa en cuantísimas mujeres no habrán aceptado un matrimonio de conveniencia, sin amor, sin deseo, para salvar a su familia de la ruina; también hubiera podido hablarse de venta o prostitución de la mujer en esos casos.

Si decides probar suerte no es preciso que llames, nosotros lo sabremos y procederemos a la reestructuración de la deuda, lo que implicará una moratoria de unos seis meses, suficiente para que nos empiecen a llegar tus ingresos como escort, con los que irías saldando la cuenta hasta liquidar del todo la hipoteca. Si no tuviésemos noticia en una semana de tu incorporación a la Agencia no nos quedaría otra opción que proceder al desahucio. Sería una pena. Adiós Inés.

 

 

Salió Inés de la oficina dando tumbos, como sonámbula. No acababa de asumir su situación y todo le daba vueltas. Llegó a casa y dando a sus padres la excusa de estar indispuesta se encerró en su habitación y se metió en cama. Era demencial: le habían colocado entre la espada y la pared, o se hacía puta de lujo para la Banca (con ese cuerpo) o se iba con sus padres y sus trastos a la calle para mendigar y quizá terminar de puta barata (con ese cuerpo). ¡Maldito cuerpo, maldita juventud y maldita belleza que tantos malos deseos y tanta codicia levantaba! Parecía una de aquellas tragedias griegas que tan bien conocía: la Banca, el Capital, el moderno Zeus había sellado su Destino de manera inapelable, apetecía los réditos de su cuerpo y no la permitía más alternativa que ser hetaira, escort, puta de lujo o ser simplemente puta de calle.

¡Huiría, se iría muy lejos de esta insana codicia, donde nadie la conociera ni la pudiera encontrar! Pero ¿y sus padres? Arrojados de su hogar de toda la vida y condenados encima a seguir pagando: no sobrevivirían …

Era imposible. Por más que la avergonzara o la horrorizara, la opción menos mala era la que le indicara Méndez, especialmente para sus padres: habría una moratoria, y luego, ya como escort, si le fuera bien – y lucharía con fuerza para que así fuera – tendría dinero para la hipoteca, para vivir modestamente y quizá hasta para seguir con los estudios. Tendría que tragarse vergüenzas, ascos, dignidad, orgullo y lo que fuera, pero con decisión y coraje lo superaría. Era una putada –qué ironía-; la Banca confiaba más en cobrarse de su cuerpo que de la vieja casa … ¿Qué hacer? ¿Sentirse orgullosa por ello; orgullo de esclava? Es lo que había.

Durante dos días no salió de casa. Creyó volverse loca en su soledad, sin poder desahogarse con nadie, y menos todavía con sus padres. Y al tercer día, sin aguardar a que venciera el plazo de Méndez, se duchó a conciencia, se vistió su ropa más sexy, acudió a su peluquería y se gastó la mitad de su dinero de mano en un tratamiento integral de esteticienne: cabello, uñas, maquillaje completo, y , tras dejar una nota para sus padres, en que les hablaba de una estancia en Toledo con una amiga, se plantó en la Agencia Friné, la de los selectos servicios de compañía.

La Agencia estaba prevenida de su posible incorporación y sin preámbulos procedieron a registrarla como alumna a prueba. Sin demora el aviso llegaría sin duda a Méndez, para su satisfacción, lo que activaría el protocolo de demora de la hipoteca por seis meses. Se había puesto en marcha la maquinaria que convertiría a Inés en una flamante escort, pero aún faltaba mucho para ello, si no la rechazaban antes.

La Agencia se apoderó de Inés y por decirlo en argot latino “la chupó” a tiempo completo durante quince días. Fue una inmersión total en el nuevo ambiente.

La Agencia ocupaba todo un edificio rodeado de jardines en una colonia de Madrid, y era de uso multifuncional. En un ala con entrada independiente estaba la sección abierta al público, que era en realidad un selecto burdel, pero que por otra parte alojaba la academia para escorts, y la propia Agencia que controlaba y gestionaba las citas y los servicios de éstas. Por otra entrada se accedía a una consulta y clínica dedicada a disfunciones sexuales, ginecología y sexología en general, gabinete de psicoterapia y consulta psiquiátrica y unidad de cirugía estética. Una organización compleja y altamente tecnificada dirigida por expertos y dotada de todos los servicios esenciales o complementarios para estos fines: cafetería, restaurante, hotel, sex shop y tienda de lencería sexy, sala de visionado de video, así como servicios de peluquería, maquillaje o estética corporal.

Lo primero a que tuvo que someterse Inés fue a una exhaustiva evaluación. Evaluación médica, física, anatómica, fisiológica, hormonal, sexológica, psicológica … Fue pesada, medida, analizada, interrogada, fotografiada desde todos los ángulos … Y en especial, desde el punto de vista sexológico, todos su órganos sexuales externos o internos fueron examinados a conciencia, sus tres orificios fueron calibrados, medida su capacidad de dilatación y el ritmo de recuperación tras la misma, su capacidad de lubricación, la presión espontánea sobre un miembro ante la penetración y las ondas de transmisión longitudinal de esa presión, la temperatura y la tensión arterial media de la cavidad durante el coito, la fuerza del golpe de pubis y la frecuencia en su movimiento durante el coito, y el resto de medidas que ordenaba el protocolo de los sexólogos de la Agencia, que sería prolijo enumerar.

En cuanto a la encuesta psicológica a la aspirante cabe decir que se centró en determinar su postura general ante el ejercicio del sexo, tendencia o no a la ninfomanía o a la homosexualidad, opinión sobre la masturbación, la promiscuidad, el sexo en grupo, el incesto, el sexo con animales. Sus recelos y repugnancias innatas en materia de sexo …Su experiencia previa, antecedentes anómalos: pederastia, violaciones, sexo en la familia. Y las motivaciones para su pretensión de ser escort.

Todas estas pruebas duraron un día y la mañana del siguiente, y, a la tarde, la gobernanta, el jefe médico y el monitor jefe se reunieron con Inés para informarla en primer lugar que la evaluación había sido muy positiva y que la consideraban apta para su formación como escort siempre que superara algunos prejuicios psicológicos que habían detectado en ella. La gobernanta le explicó que, para seguir, necesitaban una solicitud verbal de su parte ante testigos de ser admitida en el correspondiente Curso de Especialista en Servicios Superiores de Cortesanía. Inés se inmutó ante la posibilidad de dejar nada de esto por escrito que en su día pudiera volverse en su contra, pero Ofelia la tranquilizó y le dijo que era un puro formulismo verbal que legalmente no la comprometía a nada y a la Agencia la dejaba a salvo de una posible acusación de inducción a la prostitución. Así que Inés tomó un papel que la dieron y leyó:

 

-Por la presente solicitud requiero de la Agencia Friné la formación necesaria para llegar a ser Especialista en Servicios Superiores de Cortesanía y acato cuanto dispone el Reglamento del Curso y las Normas Internas de la referida Agencia.

Lo que declaro libremente, sin coacción alguna, en Madrid a siete de Marzo de 2004.

 

Todo lo cual quedó grabado en video del que oportunamente se daría una copia a Inés, quedando otra copia en su expediente informatizado. Todo estaba consumado: Inés sería definitivamente escort, quizá de por vida o al menos por los diez u once años de la jodida hipoteca.

Salieron los hombres y la gobernanta Ofelia se quedó junto a Inés para explicarle el programa de formación y las condiciones de vida en el internado de la Agencia.

 

-Siéntate, rubita – no te llamo por tu antiguo nombre porque tu antiguo nombre ya pertenece al pasado y tú te debes enteramente a la nueva vida que has elegido; para esta nueva vida te daremos un nuevo nombre: Andrea; en lo sucesivo serás Andrea, aspirante a escort, y tallaremos para ti una personalidad nueva edificada sobre bases muy diferentes a las de la antigua- será duro no te lo oculto, pero sin duda merecerá la pena: las scorts acceden a la crema de la sociedad como antiguamente lo hacían las cortesanas y las heteras. Pero vamos a lo concreto: si todo va bien, tu formación durará unos seis meses a partir del día de tu registro; hemos empleado dos días en tu evaluación y los siguientes hasta quince serán de adiestramiento intensivo: diez horas diarias en dos bloques de cinco, mañana y tarde. Los cinco meses y medio restantes serán de prácticas intensivas de burdel: cinco horas por la tarde y dos de noche, y por la mañana dos horas de formación teórica o práctica: es preciso pasar por la fase de puta para acumular la experiencia imprescindible para una escort, por otra parte con tus ingresos como prostituta la Agencia se resarcirá en parte de la inversión en tu equipamiento y formación.

Pero vayamos a los aspectos económicos. La Agencia te proveerá de todo: manutención a pensión completa en estos quince días, estancia, ropa de trabajo interior o exterior, sobre todo interior, atención médica, formación, maquillaje, cosmética, peluquería, preservativos, lubricantes, afrodisiacos, etc.; a cambio la Agencia, durante esa primera quincena te retendrá el 80% de tus ingresos por servicios de burdel durante los seis meses de formación; quiere esto decir que durante este periodo en que cobrarás cincuenta euros por servicio, para ti quedarán diez, por lo que calculando unos ocho servicios diarios entre tarde y noche aún te quedarán ochenta euros diarios si te lo curras bien. Para esto es preciso ponerse las pilas y echar vergüenzas y escrúpulos por la borda, para eso estará nuestra formación.

Y a ello vamos desde ya. Levántate –Inés (Andrea) lo hizo mecánicamente – aquí tenemos buena calefacción ¿no te sobra ropa? – Andrea alucinaba -. Anda quítate todo menos los zapatos y las medias. ¡Vivo! ¿Estás pasmada? – Andrea, con mucho apuro, hizo lo que la pedía – dame tu ropa y despídete de ella; la meteremos en una taquilla y te la devolveremos cuando acabe tu periodo de instrucción, mientras tanto no pisarás la calle, así que de momento este que llevas ahora será tu mejor uniforme; bueno te daremos alguna lencería fina y provocativa y la batita semitransparente oficial de la casa: no necesitas más. Pero siempre sobre tacones ¿Alguna pregunta, Andrea?

-Bueno, no. Si usted me lo ordena así. Pero me va a resultar algo embarazoso, comprenda: no he hecho ni top less en la playa, y soy de natural vergonzoso …

-Inés era de natural vergonzoso; Andrea no se lo puede ni se lo vamos a permitir. Toda la formación que vas a recibir va contra el recato, el pudor y la vergüenza. A partir de ahora son palabras tabú que deben dejar paso al descaro, el impudor y la desvergüenza. A ver, en ese armario hay aceite lubricante; tal como estás te tumbas en esa camilla y te masturbas ahora delante de mí sin dejar de decir “soy una puta sinvergüenza que se toca el chichi” ¡Vamos!

– Soy una puta sinvergüenza que se toca el chichi.

– Soy una puta sinvergüenza que se toca el chichi.

– Soy una puta sinvergüenza que se toca el chichi.

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…………………………………………………

…………………………………………………

–         Soy … una … puta … sinvergüenza … que … aaaaaaay!

-Así está mejor, pero no es todo. Por supuesto te quiero sin pudor y sin vergüenza, pero además, desde ya mismo hasta que te gradúes vas a estar, sin excusa ni pretexto, a disposición de quien te quiera follar, hombre o mujer, desde el jefe médico hasta el jardinero. Vas a estar en oferta permanente, de día y de noche, y nunca te negarás a una demanda de este tipo, salvo que medie intento de violación con violencia física, cosa que me comunicarías, y sobre lo que yo habría de juzgar. Esto es norma de esta Agencia para todas las internas aún no graduadas y fuera de sus horas de formación, pero sí que cuentan los servicios de burdel; el personal lo sabe y suele aprovecharse. Y tú no solo no has de negarte –tal cosa te contaría negativamente- sino que incluso puedes y debes provocar a quien te parezca con tus dotes de seducción, entre otras cosas porque esto es parte de la formación y se puntúa … y se cobra, aunque con un descuento del 20%, es decir, habrás de cobrarles 40 euros por adelantado, 8 para ti… En este bolsito que te doy y que siempre llevarás contigo van tres cosas: aceite lubricante, condones y este cuaderno para que anotes tú quien te folla y tu pareja su firma y, si le parece, su puntuación, y en este bolsito, sujeto como todo a mi inspección, guardarás tus ganancias del día, que liquidarás conmigo por la noche. El número de coitos válidos anotados y cobrados así como la diversidad de los amantes –valen más tres coitos con diferentes amantes que cinco con el mismo – será fundamental para la graduación. La pobreza de resultados puede prolongar en meses la duración del periodo de burdel.

Ah, y más cosas: los polvos se ejecutarán allá donde prefiera tu pareja, donde te pille o donde le apetezca y generalmente a la vista de todos: impudor, impudor, impudor. Vuestros dormitorios son salas corridas partidas por biombos semitransparentes y carecen de puertas; se recomienda dormir desnudas. A mí me tratarás de usted y me llamarás señora o doña Ofelia; yo siempre te tutearé y te daré órdenes que serán inapelables ¿entendido?

-Siiií, si señora; doña Ofelia.

-Vamos. Te enseñaré tu cama y tu taquilla.

 

Una sala corrida con muchos biombos que encuadraban espacios de descanso de 4×5, una cama, un armario metálico o taquilla, una mesilla y un perchero. Ofelia metió los vestidos en la taquilla y pretendió llevarse a Andrea al comedor para la cena.

 

-Señora: yo preferiría acostarme ya, no tengo ganas de cenar; han sido muchas cosas hoy y estoy algo aturdida …

-El hierro se ha de trabajar en caliente. Salvo que estés muy mal, y entonces te llevaría al médico, debes cumplir la rutina diaria. Así que vamos y de esta manera conocerás a tus compañeras.

-Pero ¿así, como voy? …

-Vas como tienes que ir, pero que no se diga, ven conmigo a vestuario y te daré una bata, elegante, bonita pero  escasa. Hay que enseñar hija, hay que enseñar; si no ¿cómo vas a ligar clientes?

 

Le dio a escoger de entre varias de  un perchero y Andrea quedó semidesnuda, pero elegante.

 

En la mesa corrida del comedor Ofelia le presentó a cinco compañeras, todas guapísimas y todas tan ligeras de ropa como ella. La que más llevaba un mes y estaba ya en periodo de prácticas de burdel, la que menos, Zafiro, había llegado un día antes que nuestra Andrea. Todas se mostraron cariñosas y la besaron en la boca con regodeo, a estilo prostibulario, que Andrea desconocía, pero que no rechazó, y hasta le resultó agradable. Terminada la cena, las cuatro más antiguas marcharon para el burdel a atender el turno de noche; Zafiro, que aún no se había iniciado, volvió con Andrea al dormitorio e insistió en compartir cama con ella.

-Las primeras noches son duras, querida, y se agradece dormir en compañía de una amiga. Mañana por la tarde me inicio en el prostíbulo y estoy algo nerviosa …

-Si, si; te lo agradezco, nena. Pues si quieres, yo adelanto la mía y así empezamos juntas, que a mí me urge salir de dudas y empezar a ganar algo.

 

Y así, desnudas e inocentemente abrazadas trataron de dormir y darse ánimos las dos futuras putas. El dormitorio nunca se oscurecía del todo y Andrea, aún al calor de su amiga, no conseguía conciliar el sueño; eran demasiadas cosas: lo extraño del lugar y de la situación, y el temor a verse requerida en medio del sopor se lo impedía. Y su temor cobró cuerpo: sobre las cinco, una linterna y una voz queda:

 

-Pero qué veo: dos hermosas putitas novatas durmiendo como bolleras, y yo sin catarlas todavía. A ver, pinto pinto gorgorito ¡me quedo con la rubita! Tú lárgate a tu cama, que si no me destroza ésta ya iré a por ti más tarde – las dos jóvenes se desperezaron; Zafiro se fue y Andrea inquirió:

– Y tú quien eres ¿se puede saber?

– Y a ti que te importa. Sea uno o sea otro tú has de estar disponible. Soy el vigilante de noche, entérate.

– Vale, vale, bien que vigilas, pero primero los cuarenta euros y toma un condón.

– Como éstos y me la chupas.

– Lo voy a hacer muy mal porque aún no lo he aprendido. Llegué anteayer. ¿No te daría igual un polvo normal?

– Mejor me la mamas, así aprendes, que es de lo que se trata.

– Sssssss. Follar o no pero no joder, que tengo sueño … -protestó una voz agotada.

– Dame mi dinero, rubia, que esa largona se va a enterar de lo que vale un peine.

 

Y así perdió Andrea a su primer cliente en brazos de la compañera somnolienta.

El resto de la noche la pasó en vela aunque el lujurioso vigilante la dejó tranquila. La incertidumbre sobre si alguien vendría a importunarla sin previo aviso era inaguantable: en qué pasos se veía; pero si nadie la requería sería peor, necesitaba los puntos y necesitaba el dinero por poco que fuera. En todo caso, pensó, debería buscar una manera de que estos polvos llegaran regularmente y en abundancia, pero bajo su control. Y la mejor manera, se le ocurrió, sería provocándolos ella por medio de la coquetería y la seducción en lugar de que dependieran del capricho del macho de turno. En cualquier caso vería de convencer a Ofelia para que el asedio rijoso cesara durante las pocas horas de sueño.

Se levantó zumbada y tras remojarse un poco marchó en busca de su desayuno, pero al pasar junto a la cocina el cocinero la vio y se vino a ella.

 

-Caramba, rubita, te estaba esperando, que me dejaste enamorado ayer cuando te vi en el comedor. Ven aquí al salón que nos lo montamos en un pispas, guapetona.

-Vale, vale, pero si suelto un bostezo o dos me disculpas, que he pasado la noche en vela, viendo quien venía a violarme.

-Ese es el vigilante de noche, que no tiene respeto por el sueño de mis niñas, pero yo regalo croissants y madalenas a mis hermosas putitas.

Solventaron el pago, y el cocinero la atacó por la vagina desde atrás sobre un diván. Estaban en el asunto cuando acertó a pasar Ofelia, que puso el grito en el cielo

 

 

-¡Ah, no! Encima del diván del salón, no, que me lo vais a poner perdido.

-Pero señora ¿no estamos en lo de aquí te pillo aquí te mato?

-Sí, pero el salón me lo dejáis quieto, que es la pieza de más respeto de la casa.

 

Y se tuvieron que ir a otra parte. Tenía mala suerte Andrea con su estreno. Al final el cocinero remató la faena sobre unas sacas de harina. Luego le firmó el polvo y le dio tres puntos sobre cinco. Y así fue, tan de andar por casa la luna de miel de Andrea con la profesión.

 

Esa mañana se dedicó entera a la estética de Andrea: baño, depilación integral y definitiva de axilas y pubis, depilación parcial de cejas, piercing y tatuaje como quedan dichos, tratamiento dermoestético, peluquería, esculpido de uñas y maquillaje completo de cara, ombligo, pezones y areas del pubis, todo bajo la dirección atenta de la gobernanta Ofelia y según su criterio, para resaltar la lascivia natural del cuerpo de Andrea.

Luego en la sex shop le eligió hasta tres equipaciones de lencería íntima, de puro infarto, en negro, en rojo y en malva, tres juegos de medias musleras negras, tres pares de zapatos de realce, guantes negros de seda hasta medio brazo, pezoneras de parche y de estrella, unas lentillas de color azul claro para cambiar en su caso el color de los ojos, un consolador de buen tamaño para la masturbación ante el público, una horma para ir dilatando el trasero y unas bolas chinas para entrenar la sensibilidad vaginal. Del botiquín cogieron un bote de pastillas afrodisíacas bastante potentes – para usar con prudencia – y una caja de Viagra por si el cliente sufriera un gatillazo.

 

-Todo esto se te carga en cuenta y lo irás pagando con tu trabajo, como lo demás. Esta tarde estate dispuesta porque para las siete hemos anunciado la puja por tu iniciación y la de Zafiro; eso, para unas novatas es siempre algo muy excitante, ya verás.

 

Tras la comida, Ofelia dirigió la elección de atuendo. De dentro a afuera Andrea se colocó unas pezoneras rojas de parche con colgantes, se calzó medias musleras y zapatos de tacón muy alto y se vistió el conjunto de lencería malva, tanga y bustier, y encima la vestimenta de la taquilla, blusa azul sin mangas y minifalda muy corta, a ras de molletes. Zafiro algo muy semejante en azul por el interior, chaquetilla muy corta, poco más que el bustier y minishorts muy ajustados. Y ambas con su bolso de oficio, con el contenido habitual. Y se las llevó hacia el salón-bar del burdel, donde se había situado un estrado bajo un juego de focos.

Ofelia las aleccionó para que hicieran un strip lento y voluptuoso contra una barra vertical allí dispuesta, primero Zafiro y una vez subastada ésta, Andrea. Como no tenían aún experiencia alguna les sugirió como debían contonearse al tiempo que intercalaban gestos procaces como levantar los pechos con las manos o acariciarse el coño y chuparse a continuación los dedos y otras porquerías mientras los clientes pujaban a partir de la cuota básica: cincuenta euros. Lo hicieron ambas muy desmañadamente, pero su juventud y su indudable belleza lo suplía con creces. A Zafiro se la llevó un sesentón por 100 euros y Andrea salió en compañía de nuestro conocido, Ginés, que subió hasta los 150. Todo un éxito para una novata.

 

Y con esto enlazamos con el capítulo II. Y se continuará en el III.

 

[CONTINUARÁ]

 

EL FILÓSOFO

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