Andrea: la escort de la hipoteca – V – Más escort y más puta

V – Más escort y más puta

 

4. La sorpresa de papá

Adelantó la pierna hacia la izquierda mientras miraba, muy puesta, al público hacia su derecha; hizo luego lo propio hacia el lado contrario, mientras miraba al público hacia su izquierda. ¡Y entonces lo vió! ¡¡Su padre!! Y cómo la miraba, muy turbado, mientras se levantaba para irse.

La había pillado en bragas, o peor, en un tanga precioso pero mínimo y unas pezoneras de colgante a juego, cubiertas ambas prendas, si es que aquello era cubrir, con un picardías también negro pero totalmente transparente. Aquel era día de desfile porque a la Agencia le había prestado una colección bastante atrevida –pero hoy ¿cuál no lo es?- su diseñador para que se la exhibieran las deslumbrantes escorts del establecimiento. Así que algo antes, su padre la habría visto en traje largo de noche, con una transparencia pectoral que permitía ver las mismas pezoneras y un escote dorsal vertiginoso, desde el pescuezo a la vista por el peinado alto hasta el arranque del canalillo entre glúteos-en donde Andrea se había tatuado algo sugerente-: una monada especialmente seductora; y luego con un traje de cocktail para lucir piernas largas más allá de la abullonada minifalda y el tetamen sobre el top “frutero” creado por el diseñador para la “caza con reclamo”. ¡¡¡Su padre la habría visto así!!! Claro que peor hubiera sido que la hubiera sorprendido en sus trabajos de burdel.

Saltó de la pasarela, le pidió – casi le arrebató- la bata a una compañera y corrió y corrió por el pasillo para dar alcance a su padre.

-Espera, papá, espera. No te vayas así; tengo que explicártelo …

Le dio alcance al final del pasillo, antes de llegar al vestíbulo. Su padre, como primera providencia, le largó dos sonoras bofetadas.

-Explicarme …, explicarme ¿qué? No me ha gustado nada ver a mi hija semidesnuda exhibirse ante extraños. ¿Qué me vas a explicar? – y sofocó un sollozo. Andrea (Inés) también se secaba las lágrimas …

-¡No es justo, no es justo! Es mi trabajo: con ello saco la familia adelante, conseguí un aplazamiento de la hipoteca, y ya la estoy empezando a amortizar, la cosa va bien …

-Pero no a este precio, es casi como si fueras bailarina de estrip tease …

-¡No, no es así! Ya has visto: era un desfile de modas, como te dije. Y la moda es muy atrevida: lencería íntima, transparencias, amplísimos escotes con que mostrar y seducir. Las señoras lo ven en las modelos como yo y compran ¡ya lo creo que compran! En el fondo quisieran ser ante su marido y sus relaciones tan elegantes y tan jóvenes como nosotras, que la ropa les sentara como nos sienta a las modelos. Es un embeleco, pero vende. Y eso nos da trabajo.

-Pues tendrás que dejarlo y buscarte otra cosa. Mi hija no debe exhibirse así.

-No puede ser, papá, ya lo intenté y con esta crisis no logré nada. Mira que no se trata de que yo viva o malviva; para eso con 500 o 600 euros al mes sería suficiente. Pero es que si yo dejo este trabajo –por el que muchas matarían, y que tengo, no lo olvides, gracias al Banco, y a mis buenas prendas, todo hay que decirlo- no podría sacar más de 500 al mes, de camarera, limpiadora, dependienta o cosa así – del los estudios mejor olvidarse, porque los empleadores no quieren para nada mis conocimientos de la Grecia clásica-. Con eso y tu pensión juntaríamos 1.500 ¿con qué iríamos a pagar la dichosa hipoteca? ¿De donde iríamos a sacar los 2.500 que nos faltaran? En un mes estaríamos desahuciados los tres, y en la miseria, y yo, tu hija, Dios sabe donde, que el de las jóvenes sin dinero es un destino bien incierto. ¡Bendito sea este empleo de modelo, y que no me falte!

-Pero, hija …

-No puede haber peros, papá. Este es hoy un empleo de lujo, mientras me dure. Puede que con ello hasta reanude mis estudios, que tuve que dejar colgados por nuestros apuros. Lo que tú tienes que hacer es olvidarte de lo que has visto, y no decirle nada a mamá. Y para que no sucedan otra vez estas cosas debes avisarme si quieres ver como es mi trabajo. No vuelvas a seguirme ni a irrumpir de este modo en mi trabajo; ahora tendré que dar explicaciones y no quiero que me señalen por nada. Depende mucho de ello.

– Sí, sin duda tienes razón hija. Lo siento. Tendría que estar besando tus pies- mucho más asentados en el suelo que los de tu padre- y en su lugar te doy de bofetadas. Son los prejuicios, los prejuicios de clase bien, que se compaginan mal con la ruina a la que nos ha conducido mi incompetencia en los negocios, y la crisis.

-No digas eso, papá. Lo pasado, pasado está. Y mientras podamos ir tirando qué importa esto o aquello.

“Pobre papá”-pensó Andrea (Inés)- “si supiera … Pero así son las cosas, y a mí me ha tocado pagar el pato, me pusiera como me pusiera; y ni protestar puedo, ni quejarme ni sincerarme con nadie, que no sea del oficio”. “Pobre padre, has estado a unos milímetros de la verdad, de mi verdad, de la verdad de cómo me gano la vida, de como excito y doy placer a quien me paga. Te hubieras muerto de vergüenza, pero yo asumo esa aparente indignidad sin vergüenza alguna. Es mi trabajo, y lo voy comprendiendo: dar e inducir a placer, y con mi propio cuerpo, pero ¿no fue hecho mi cuerpo para eso? Funciona muy bien para eso. ¡Qué contentos se ponen! ¿Qué es entonces lo malo? ¿Qué no lo hago por amor? Procuro hacerlo, procuro dar cariño, además de mi cuerpo, procuro darme entera a cuantos me desean. ¿Que cobro por ello? Sí, lo hago, y el escritor da trozos de su espíritu por dinero, y el actor, y el panadero, y la maestra, y el médico, lo mejor de su oficio. Y yo doy el placer de mi cuerpo, de mi juventud, de mi belleza por dinero. Soy puta, padre, y al fin empiezo a entender mi oficio y ya no tengo vergüenza, no tengo vergüenza, tengo orgullo, padre. Pero tú nunca lo entenderías: vive tus últimos años sin saberlo”.

Y retornó al desfile tras de farfullar ante Ofelia una apresurada excusa.

5. Lena o la perversión de una esposa

 

Andrea, a medida que iba tomando oficio iba también templando su carácter. Ofelia empezaba a apreciar en ella, a más de sus dotes físicas y profesionales para el oficio, su seriedad y aplomo, su talante reflexivo, y su sensatez en la toma de decisiones. Y empezó a contar con ella como ayudante en la administración del complejo negocio. Y sucedió que aquella mañana, muy en contra de sus costumbres, hubo de ausentarse un par de horas y, en esa naciente confianza, dejó a Andrea a cargo del burdel y el tráfico de escorts.

Y empezó una nueva rutina para nuestra cortesana. El ordenador lanzó un pantallazo de aviso. Alguien había elegido a Rebeca, una morenaza elegante y con experiencia, del menú de la web de la Agencia: Andrea la llamó por el interfono.

-Internet, tía. Que vayas ya a Ponzano, xx 6º izda. Madurito con santa de vacaciones y él, de rodríguez. Se ruega discreción y elegancia por fuera y desmadre volcánico por dentro, tanga rojo y pezoneras de colgante. Suerte y euros, guapa.

Lo siguiente desbordaba sus competencias: pedían un volquete de putas (media docena mínimo), por las insinuaciones, para celebrar “pelotazo” urbanístico  en Majadahonda, en palacete de esa distinguida villa, sin límite de tiempo a partir de las ocho, y dispuestas a todo. Andrea tomó los datos, confirmó el servicio y lo dejó a expensas de que Ofelia dispusiera los detalles.

Pero lo que vino después la dejó grogui, y trajo larga cola. Apareció una pareja de clase media alta, ella menudita, pero muy mona, con una cara de susto que daba pena, casi al borde del síncope; él, arrogante, dominante, de buena presencia y bigotillo de otras épocas. Andrea pensó en algún extraño capricho del caballero, alguna perversión o manejo erótico al que arrastraba muy a su pesar a su pareja. Y lo era, pero mucho más allá de lo que ella hubiera podido imaginar, pese a su ya no demasiado corta experiencia.

-Ustedes dirán en qué podemos servirles.

-Tengo entendido -dijo él- que aquí se da formación para el oficio de escort ¿es así?

-Así es en efecto. Esta Agencia es uno de los centros de formación de escorts más acreditado.

-Bien. En tal caso, es mi deseo que mi esposa, aquí presente, reciba una formación completa en las artes de las escorts.

Andrea por un momento quedó tan sorprendida que se inmutó; luego, recuperó su aplomo habitual, pulsó el botón disimulado que, bajo el mostrador de recepción, ponía en marcha la grabación de video. Y retomó el diálogo.

-Perdone mi sorpresa, pero no es una situación habitual. ¿Podría repetir su demanda?

-Puedo, pero creo que la he formulado con claridad. Deseo que mi esposa sea formada como escort en esta Agencia ¿no es eso lo que hacen aquí?

-Por supuesto, y no hay inconveniente, yo misma me he formado aquí como tal, pero perdone que insista en algunas circunstancias: la formación como escort es tanto teórica como práctica, sobre todo práctica, lo que implica que su esposa deberá realizar inexcusablemente todo género de ejercicios sexuales reales, en modo alguno simulados, frecuentemente con clientes reales, con lo que esto conlleva. ¿Han considerado ustedes esta cuestión?

– Quiere usted decir, hablando claro, que mi esposa va a tener que hacer de puta por algún tiempo. Pues claro, es de lo que se trata, a ver si de una vez por todas se cura de la mojigatería que está arruinando nuestra relación. Sí, señorita: la quiero golfa, la quiero puta, sé que lo lleva dentro y quiero que se lo saquen, al precio que sea.

-Bueno, no soy la más indicada para ponerle peros, y además, por mi profesión, estoy muy a la vuelta del mal concepto que la sociedad tenga de ello. Sin embargo, comprenda que tenga cautela, para que su pretensión no fracase, así que les formularé tan solo dos preguntas más; la primera es sobre si han tratado su problema con un sexólogo o psicólogo especializado; la segunda se refiere a que el plan no puede llevarse a cabo si ella no está por la labor ¿lo está?

-De sicólogos y sexólogos estamos hasta el moño y no nos han resuelto nada, se limitan a escuchar y a cobrar. En cuanto a mi esposa, si hemos llegado hasta aquí es que ella está conforme; no crea que ha venido a rastras.

-Perdone, pero es que es vital. ¿Desea usted, señora, recibir la formación de escort? Respóndame, se lo ruego.

-Yo, yo … s…í. Bueno, yo … – y rompió a llorar mostrando una vergüenza infinita.

-No se lo ha debido preguntar de forma tan directa – reprochó el marido- le ha hecho brotar de nuevo la mojigatería. Indíquenos un reservado donde tratar esto entre nosotros.

Andrea los llevó a un pequeño cuarto destinado a “voyeurs”, ahora desocupado. Desde allí le llegaban las expresiones dominantes del marido y los gimoteos de la esposa. En esto volvió Ofelia y Andrea le puso al tanto.

-Tú déjalos, mujer, – dijo la “madame”-. A nosotras qué más nos da; mientras paguen … Si el marido quiere hacer puta a la esposa y la convence, nosotras la pervertiremos a tope aunque fuera Santa Casta en persona. Y luego el marido que la disfrute por los tres orificios, se la preste a los amigos o cierre negocios con ella como prenda. Quizá no sea justo pero así es la vida.

Volvió la mujer delante del marido e iba secándose los rastros del llanto con un pañuelito.

-Miren, les presento a doña Ofelia, la gobernanta de la Agencia – dijo Andrea – ella les orientará mejor.

-Encantada – dijo Ofelia -.¿Qué, señora? La veo ya más animada a darnos su confianza. Ya verá, esto, que vulgarmente llaman escort y yo prefiero llamar ESSCort (Especialista en Servicios Superiores de Cortesanía), tiene muchos más lados buenos de los que pudiera pensarse: nada menos que saber seducir y dar y recibir placer de calidad. Debería enseñarse en los institutos. Bueno pues ahora, para que no queden dudas tontas, no le vamos a pedir una solicitud formal por escrito, pero sí que le pido señora que lea en alto el contenido de este tarjetón.

La esposa a pervertir tomó el tarjetón y tras echarle una ojeada miró apurada a su severo conyuge sin atreverse a verbalizarlo. Pero un gesto del adusto semblante de éste la impulsó a ello. Y así, con voz apagada pero audible, dijo:

-Por la presente solicitud yo, Camila R., requiero de la Agencia Friné la formación necesaria para llegar a ser Especialista en Servicios Superiores de Cortesanía y acato cuanto dispone el Reglamento del Curso y las Normas Internas de la referida Agencia.

Al terminar el recitado, la cara de Camila era todo un poema: amargura, humillación, desolación, pero para quien hubiera sido capaz de observarlos, tras los hechos consumados, en sus ojos hubo un fugaz brillo de rabia y determinación. Ofelia se adelantó hacia ella y, para su sorpresa, la besó sensualmente en los labios.

-Esta es, entre las escorts, el saludo que marca el oficio. Bienvenida, Camila, hermana; pronto tendrás otro nombre, otros hábitos y otra forma de ver las cosas. Ahora, no obstante, trataremos de nuestro asunto. La formación para escort que damos aquí está encaminada a formar las cortesanas que luego han de ejercer para la Agencia; éste no es el caso de Camila. Nuestra formación dura seis meses: quince días de internado y el resto de prácticas sexuales con clientes. Esto está pensado así para que la inversión no sea gravosa para las pupilas, que no tienen que hacer desembolso alguno sino que incluso cobran una pequeña proporción de la tarifa desembolsada por los clientes. Pero repito con Camila podemos acortar los plazos a cambio, eso sí, de una financiación de su parte. De esta forma las prácticas se reducirían al mínimo que se juzgue necesario. Sería una formación hiperintensiva pero tutelada. Me explico: Camila pasaría su periodo de internado de quince días, tendría su exploración y evaluación iniciales, asistiría a las teóricas, pero en las prácticas, dada su especial psicología, las haría tutelada permanentemente por una escort de experiencia, que podría ser Andrea, a la que ya han conocido ustedes, ella buscaría a los monitores o clientes adecuados y la asistiría en todas sus dudas y vacilaciones, como una amiga. En general, salvo que ella prefiriera otra cosa, no tendría tráfico sexual más que con aquellos o aquellas que Andrea le sugiriera. El tratamiento no va a ser barato, implica una dedicación casi exclusiva de Andrea por el tiempo, de quince días a un més, del proceso más los costes de estancia, servicios, vestuario, maquillaje, etc. imprescindibles. Serán … 20.000 euros, salvo que hubiera un rechazo insalvable por parte de ella, en cuyo caso la Agencia solo cobraría 5.000 euros. A cambio la nueva escort podrá quedarse íntegros los ingresos que en ese periodo consiga de los clientes, y debe ser así porque esa apropiación es fuertemente pedagógica. De ese presupuesto el 50%, o sea 10.000 euros deberá devengarse por ustedes a principio de curso. Piénsenlo bien antes de primeros del mes que viene, en que se inicia el curso para una nueva promoción de escorts. ¿Les parece bien?

-Caro – dijo él -. ¿Y si hace el proceso normal de seis meses?

-Pues mire usted, me temo que, aunque en efecto les saliera aparentemente gratis, que no es así, porque en realidad su esposa se lo tendría que ganar en nuestro burdel durante cinco meses y medio, a pesar de todo quizá no nos conviniera a nosotros. Mire usted, le voy a ser franca, nuestra formación está muy solicitada: formamos para escorts no para putas, y las escorts son la creme de la creme de la cortesanía de lujo. Por esa razón no admitimos a cualquiera sino que sometemos a nuestras aspirantes a una criba muy rigurosa; y para esa criba quizá su esposa, por sus problemas de adaptación, no diera la talla. Pero además, tenga en cuenta que formamos escorts para nosotros mismos, y que en buena parte nos resarcimos por su ulterior trabajo en nuestra organización; y ese tampoco es el caso de su esposa. Piénsenlo, piénsenlo y si se deciden nos dan respuesta en este mismo mes.

El arpón había quedado bien clavado, y las cosas si cuestan se aprecian más. Y así a la semana la pareja volvió y el marido depositó la cuota requerida. Hay que ver lo que son capaces de hacer algunos por emputecer a su propia esposa y poder acostarse a diario con su propia puta en lugar de con una beata, que reza mientras la follan. Aunque como se verá más tarde ese marido, Anselmo F., no fuera otra cosa que una versión erótica del Curioso Impertinente de Cervantes.

Hechos los trámites de matrícula Ofelia entregó la novicia a su tutora Andrea y rogó a Anselmo que abandonara la Agencia y no se acordara de su esposa al menos durante la quincena de su internado, ya que era notorio que su presencia habría de cohibir profundamente a Camila, de manera que la menor comunicación con ella pudiera poner en riesgo toda la operación. Era esto tan obvio que el marido aceptó sin objeciones.

Entonces fue Andrea la que solicitó de la gobernanta que la dejaran a solas con su pupila, antes incluso de la sesión de reconocimiento. Necesitaba un tú a tú con ella antes de aceptar definitivamente la tutela. Ahora la sorprendida fue Ofelia, pero aceptó de buen grado. Pupila y tutora marcharon a un reservado y la conversación fue poco más o menos así:

– Camila: yo necesito que me digas que deseas de verdad ser una escort y que no lo haces contra tu voluntad, coaccionada por tu marido o por otra amenaza cualquiera. Porque si tú no desearas de verdad dar este paso yo no he de colaborar en ese plan, y diré a Ofelia que elija otra tutora para ti.

-¡¡¡No, no, no, Andrea!!! No digas eso. Te aseguro que sí quiero seguir con este plan. Yo quiero a mi marido y sé mejor que nadie la desesperación en que está, por culpa de mi frigidez y mi fobia hacia el trato sexual, especialmente en lo que se refiere al coito. Llevamos intentando luchar contra ello desde que nos casamos, hace ya más de un año, y aún no ha conseguido penetrarme ni una sola vez, ni por las buenas ni por las malas ni con la verdad ni con engaños. Hemos ido a sexólogos, a psicólogos y hemos cosechado decepción tras decepción. Hasta que a Anselmo se le ocurrió esto, a la desesperada, como cura de caballo, y a mí esto me produce pánico, pero sé que es nuestra última esperanza, aunque parezca disparatado y a lo peor no sea ni siquiera solución. Pero peor es que mi marido se tenga que ir de putas para desfogarse, y que yo viva en la más completa frustración. Haré lo imposible por vencer estas fobias mías, no lo dudes.

-Eso me basta. Si tú lo deseas, me volcaré en que salga bien. Seré tu tutora, tu amiga, tu hermana y tu sombra. –Y Andrea besó por primera vez a Camila, en la boca, sensualmente, como le explicó era costumbre ritual en la hermandad de las putas, en la que ella deseaba entrar. -Y quizá resulte bien; esto de la prostitución (en especial la de lujo) no es tan malo como lo pintan los moralistas; solamente se trata de dar placer a quien lo ha de menester… y se lo puede pagar, claro. ¡Hala, y ahora a pasar los exámenes físicos, sexológicos y psicológicos de rigor! Esta casa es muy seria y rigurosa. Yo te guío.

Y pasándole el brazo por la cintura la llevó al consultorio para su evaluación. Andrea la acompañó a lo largo de todo el proceso excepto en el examen psicológico y sexológico del Dr. Lotario G., en que éste exigió quedarse a solas con la novicia, sin perjuicio de enviar copia del informe a la tutora. Lo que aprovechó Andrea para comprar alguna lencería para uso de la neófita así como objetos de sex shop y farmacia. Recogió de nuevo a Camila para llevarla a la cafetería y al comedor e irle presentando a compañeras y al personal. A Camila le sorprendió la vestimenta, o mejor dicho la falta de ella, de las aspirantes a escort, que no llevaban más que un minúsculo tanga visible bajo la escueta aunque elegante bata transparente.

-Es la norma aquí, una vez que eres definitivamente aceptada tras de la evaluación. Se trata de dejar bien claro que estás sexualmente disponible para cualquiera y a cualquier hora, en constante oferta. – Camila puso cara de susto-. No temas: tu caso es especial, tú eres de pago. Y nadie te tocará un pelo sin permiso mío. Para eso estoy contigo. Pero las demás deben someterse a ello, como me sometí yo en su día, y no será raro que veas que sin ningún recato alguno se las folla sin importar el sitio ni la hora: los vigilantes nocturnos son para ello de cuidado, y se aprovechan.

En todo caso –  y ya hablaremos de ello más largamente- bueno será que te hagas a la idea de ir entrando en el asunto, tanto del exhibicionismo como del follaje, más pronto que tarde. Una escort es una experta en dar placer y debe aprenderlo bien, y no sólo en las teóricas. A follar bien solo se aprende follando, follando y follando, si yo te contara, que claro que te lo contaré …

-Por cierto que el psicólogo-sexólogo se ha dado el lote conmigo con la excusa de medir mis agujeritos, que si capacidad, que si resistencia a no sé qué, que si ritmos coitales … y creo que hasta me ha iniciado una masturbación, me ha dado sofoco, Andrea.

-¡Ah, Lotario! Menudo pájaro. Eso sí, de las mujeres, y de como funcionamos lo sabe todo y de eso se vale: no solo es psicólogo y sexólogo, también actúa como monitor en muchas prácticas y ¡cómo folla! … un maestro; he tenido el placer de hacerlo con él en varias ocasiones y es … no sé como explicarlo, te sabe encontrar tu punto débil y te lleva al séptimo cielo en un pis pas. Se le tiene aquí y en otras partes como el mejor follador conocido. Además es proxeneta: llegó a “pastorear” hasta media docena de putas que trabajaban para él, colgaditas de su buen hacer; ahora creo que solo tiene una. Yo creo que su secreto no es más que, cuando coge a una mujer, se centra en ella y solo en el placer de ella y a ello dirige con gran aplicación su conocimiento y su buen hacer sin preocuparse del placer propio; igual que hace una buena escort, pero en hombre. Lotario, merece la pena. Y por lo que me dices a ti a estas horas ya te tendrá catalogada, medida, pesada, evaluada y ya tendrá la fórmula que te puede volver loca: ojito con él. Claro que sarna con gusto no pica, dicen. Me muero por ver su informe, pero, claro, tú no lo debes conocer, es solo para la tutoría.

Las evaluaciones siguieron aquella tarde. Fueron rápidas, porque solo estaba Camila, así que sobre las siete acabaron, y la gobernanta, el jefe médico y el monitor jefe, el ya citado Lotario, se reunieron con la solicitante y su tutora y les informaron de que Camila había sido admitida como aspirante a escort en régimen de tutoría intensiva. Que los términos del análisis habían sido positivos, que físicamente estaba en condiciones suficientes para la práctica profesional del placer sexual, aunque, desde el punto de vista psicológico se había detectado un fuerte bloqueo emocional ante el coito, debido quizá a su formación conservadora y misógina, y el carácter autoritario y patriarcal del entorno familiar. Que este no era un obstáculo insalvable pero que requeriría de una terapia especial, que se encomendaba al especialista Dr. Lotario G. y una monitorización constante por parte de la tutora Srta. Andrea, a cuya dirección debería someterse en todo caso la aspirante. Todos felicitaron a Camila con el sensual y ya habitual beso en la boca al que Lotario añadió la confianza de una palmadita en las nalgas, pero depositada de tal manera que transmitía alegría sin malicia; Camila lo recibió como el cachetito de cariño que se da a los niños y que apenas la soliviantó. Lotario citó a Camila junto con su tutora Andrea para el día siguiente a las diez en su consulta para estudiar su respuesta a estímulos y obtener un mapa de zonas erógenas.

Andrea se llevó a su pupila a una pequeña habitación.

-Este va a ser nuestro cuarto por bastante tiempo. Es lo único que he podido conseguir: aquí las aspirantes duermen en sala corrida en espacios separados por biombos y abiertos a las visitas “espontáneas” de los salidos o los clientes; carecen por completo de intimidad y privacidad. Así que esto es un verdadero privilegio, y muy especial: está normalmente dedicado a los voyeurs. Mira – y descubrió una mirilla disimulada; Camila miró y por la lente pudo ver a una pareja en pleno cachondeo-. Y de este otro lado, si levanto el estor tenemos un amplio espejo, pero con truco: si apago nuestra luz vemos la cafetería con toda la caterva de clientes, y si la enciendo ellos nos ven a nosotras. Es muy útil para strip tease o espectáculo porno, por ejemplo si ahora te desnudaras ellos verían como lo haces ¿te atreves? No. Bueno, ya te atreverás, a eso y a cosas mayores, vete haciendote a la idea. De momento es nuestro “hogar” compartido, y como solo cabe una cama tendremos que dormir juntas: ¡vamos a ser pareja de hecho! No te asustes antes de tiempo, no soy lesbiana, solo soy bisexual; casi todas las escorts lo somos, tenemos que ser capaces de dar placer tanto a hombres como a mujeres. Ya lo iremos probando; a lo mejor te gusta.

Pero todo a su tiempo y por orden. Primero tu nombre de guerra; toda escort ha de llevarlo, no solo para proteger la identidad sino, sobre todo, para ir creando una nueva personalidad en que instalarse de modo que se eludan las comunicaciones entre la vida de origen y la adoptada; eso y otras cosas facilitan la coexistencia de ambas formas de vida. Pongamos que te llamamos Lena –es el nombre que he pensado (por María Magdalena, la santa prostituta que amaba a Jesús), y que como madrina tuya te voy a poner, salvo que tengas algún inconveniente grave-. Pues desde ahora eres Lena y solo Lena, aspirante a escort, a golfa, a sinvergüenza; Camila ya no existe. Así que ¿cómo te llamas?

-L-e-n-a.

-¡Más alto!

-¡¡LENA!!

-Y ¿qué quieres ser?

-ESCORT.

-Y ¿qué más?

-GOLFA.

-Y ¿más?

-SINVERGÜENZA.

-Bien. Muy bien. Venga, ahora un beso de puta, con regodeo y lengua.

Y Andrea y Lena se besaron, Lena desmañadamente y con reparos que Andrea compensó con su estudiada lujuria. Desde el bar estaban aplaudiendo ante la ventana no protegida por el estor.

-Ves. Esos ya nos tienen a ambas por putas, aunque a ti te falte todo. Pero vamos a lo nuestro –y bajó el estor-. Mira lo que te he comprado con cargo a tu cuenta. Creo que hay de todo: lencería – si algo no te gusta se puede cambiar-, estuche de maquillaje, lentillas de colores, pestañas, pezoneras, cajita de condones –fundamental-, pildorillas para ponerse cachonda –una y solo una cada día-, aceite lubricante, unas pelucas … y un consolador ¿qué tal? No pongas esa cara, Lenita, son las herramientas del oficio; luego hay que aprender a usarlas.

Paso número dos, que te va a tranquilizar. Vamos a conseguir que no te conozca ni la madre que te parió y a cambiar esa cara bonita de ratita que no ha roto un plato en su vida por la de una hembra provocativa y sinvergüenza que va pidiendo guerra a gritos.

Andrea empezó sacar de la bolsa de compras y a transformar la cara de Lena.

-Ojos: maquillaje de párpados y cejas, pestañas de realce y finalmente unas lentillas castañas a lo Penélope Cruz. Descubramos un poco el espejo ¿qué tal?¿donde fueron a parar tus preciosos ojos grises, cándidos e inocentes?

Labios: rojo pasión.

Peluca: rubio platino a lo Mae West o Marylin.

Maquillaje: mofletes rosa, sienes en verde suave.

He aquí a Lena, la nueva golfa: así es imposible tener vergüenza, ha llegado el Carnaval y ha llegado para quedarse; y en Carnaval –o Carnes Tolendas, es decir, carnes licenciosas, desmadradas- todo es inmoral o amoral. Así que nena Lena, te quiero en pelota picada, yo también. Que vamos a bajar a cenar solo con los uniformes de aspirantes: tanga y pezoneras bajo la bata transparente. Venga, no me pongas caras que vas enmascarada, te llamas Lena y eres un putón ¿sabes? Nos vamos a desnudar ¿subo el estor o lo bajo?

-S-ú-b-e-l-o.

-¡Más alto!

-¡¡SÚBELO!!

-Así me gusta: strip tease gratis para mirones.

Y se desnudaron las dos al mismo compás y se calzaron tangas y pezoneras y zapatos de tacón muy alto. Y se casi cubrieron con las respectivas batas indiscretas, y se dieron otro beso lascivo para regocijo de mirones que remataron con sendas reverencias ante el respetable. A Lena se la veía por el momento divertida.

La cena dio a Lena la oportunidad de conocer a las compañeras de otros turnos, de sentirse una sinvergüenza más entre ellas y olvidar su personalidad mojigata. Luego pupila y tutora durmieron juntas, desnudas, abrazadas y Andrea observó como en el sueño las inhibiciones de Lena se relajaban y se apretaba a ella buscando su calor y quizá el refugio para su sexualidad. En sueños, Lena besó a su amiga apasionadamente, acarició sus pechos, su pubis para adentrarse en su gruta e iniciar una sensual masturbación; se diría que esta actividad no le era extraña. Andrea la dejó hacer y empezó a responder a sus caricias. Con ello Lena progresó rápidamente en su excitación, aún dormida –quizá el sueño la había liberado de inhibiciones-, hasta que despertó en medio de un orgasmo desmesurado, violento, turbador que desembocó en un preocupante estertor y en un aullido. Andrea con ello también logró culminar el suyo, pese a la preocupación por la reacción de su amante, y se abrazó más fuerte a ella y la besó en la cara, los ojos, acunándola como a una niña:

-Lena, Lenita, tranquila, no pasa nada que no debiera pasar. Te aseguro que esto es muy sano, amor. Las escorts debemos practicar también el sexo con mujeres, y si encima nos gusta, miel sobre hojuelas. A mí me ha dado mucho gusto ¿y a ti? ¿era la primera vez?

-Nunca lo había hecho con una mujer, ni con un hombre, casi. No soy virgen, pero nunca tuve un orgasmo ni sabía lo que era. Y es tremendo, Andreita. ¿Seré lesbiana?

-No necesariamente; un solo episodio no marca tendencia, y además, estás viviendo experiencias insólitas para ti. Yo tampoco lo soy, pero no me importaría repetirlo; tiempo habrá si no te ha disgustado.

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[CONTINUARÁ]

EL FILÓSOFO

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