Aquí se folla si quieres II

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Hetero, Milfs, polvazo. Con el juego que estaba dándole con mis dedos, suavemente por su espalda y por sus glúteos, de ella solo salían gemidos suaves, por tanto me estaba indicando que le gustaba, aunque no tuviera ni fuerzas para decírmelo, por tanto, seguí jugando, pero sabía ella que yo estaba deseando entrar por su agujero negro, y por eso mis dedos fueron a jugar con su entrada.

También es verdad que ella se había tumbado boca abajo, con las piernas abiertas, ya que necesitaba que el poco aire fresco que teníamos en la habitación, le refrescara sus labios, que desprendían un calor intenso, de todo lo que lo habíamos hecho antes. Con eso, yo tuve la gozada de estar tocándole los labios abultados, y notar como salía de ella todo el semen que le había metido dentro, y eso hizo que pudiera estar lubricándole su agujerito, ya que sabía que tarde o temprano, ese agujero seria mío, bueno, seria de mi polla, por tanto, estuve metiendo dos dedos míos entre sus labios, mientras los sacaba y los iba rociando y moviendo alrededor de su entrada trasera.

Le gustaba, porque ella no hacía nada por impedírmelo, es más, volvía a gemir solo al sentir mis dedos estaban preparando la entrada final del día, y además, como buen amante, le besaba la espalda, dulcemente para que se relajara.

Ella solo pudo decirme:
– Eres un buen amante, sabes cómo hacer sentir caliente a una mujer. Sigue, por favor, que me estas calentando de nuevo, y ahora voy a ser yo la que va a gozar de ti, más todavía.

Y claro, uno se implica en todo lo que hace para que una mujer, goce y se sienta deseada a mi lado, por tanto, en un momento de ese masaje anal, le introduje con la mezcla de mi semen y del suyo, dentro de su ano, y no tuve ninguna resistencia, al contrario, se lo trago rápidamente, por tanto, empecé a moverlo lentamente, para lubricarlo bien en la entrada.

Sacaba el dedo, y lo metía de nuevo en su cuevecita para que me impregnara los dedos, que ya iban siendo tres, índice, corazón y falange, para así, poder ir metiendo distintos tamaños y profundidades en su ano, y ella, seguía gimiendo, y su ano, se los tragaba perfectamente, por ello, en uno de los movimientos, metí a la vez tanto el índice como el corazón, y no se quejó, estaba relajada, por ello empecé el movimiento lento de ir follandola con los dedos, y empezó a mover su cadera, como signo de que le estaba gustando, tanto, que solo me dijo:
– Métemela ya y deja de jugar con tus dedos, que ya me has calentado lo suficiente, y no me vas a dejar que me recupere, así que, follame ya el culo, cabron, que quiero sentirte dentro.
– Y no pares hasta vaciarte, que sé que quieres hacérmelo, pero eso sí, no seas brusco, que quiero tener el culo bien para estos días, luego ya veré como me sentare el resto de la semana, que hijo, que pedazo de grosor tienes y que bien sabes moverla.

Y no le hice esperar a que lo repitiera.

Me subí encima de su culo, apunte mi capullo entre sus labios. Moje todo, con lo que todavía le salía de su cuevecita, y apuntando en su ano, me deje caer lentamente dentro de ella.

No sé si sabrán algunas mujeres lo que los hombres sentimos cuando entramos dentro de vosotras, pero para haceros una imagen es bien fácil. Entramos en un sitio apretado, por tanto nos está apretando en todo momento. Nos oprime, y eso, nos gusta. Nos estimula la presión. Pero además, sentimos ese calor interno de la mujer, y eso nos da mucho más placer.

También, el saber que estamos entrando en un sitio antiguamente prohibido, en donde os tenemos a nuestra merced del placer.

Pues con todo esto, hice que entrara toda, hasta el fondo, y cuando llegue a ello, ella chillo, si, y de dolor, porque claro, hay penes que son iguales, tanto en el capullo como en el tronco, pero en mi caso empieza con la cabeza normal y el tallo o tronco va aumentando en grosor, por tanto, ella estaba cuando yo se la metí entera, totalmente abierta, y por ello chillo de dolor, aunque me hubiera gustado que hubiera chillado de placer, pero sabía que le estaba doliendo, por eso, hice el ademan de salirme, pero ella, agarrando mi culo con una mano suya, me dijo entre las sabanas, en donde tenía puesta su cabeza, que no se la sacara, que esperara a que se acostumbrara, porque si, era una puta y estaba siendo enculada por la mejor polla que nunca le habían metido, y quería darme placer, como yo antes se lo había dado, así que, me quede parado, quieto, esperando que ella se acostumbrara al grosor dentro de ella, y cuando me dijo que ya estaba bajándole el dolor, fue cuando empecé un vaivén lento, hasta ir empezando a aumentar, lentamente, y fue cuando salieron de su boca gemidos, y palabras no muy entendibles.

Seguía follandola lentamente, pero a la vez sin parar, porque me estaba gustando la sumisión que me estaba ofreciendo, y por ello, empecé a acelerar, y con los movimientos, su culo se movía al son de las embestidas.

Note que su ano vibraba, pero yo seguía dándole, porque ahora yo estaba sintiendo como ella estaba gozando, tanto, que le agarre del cuello, y echando todo mi cuerpo compensando entre su culo y su cuello, acelere.

Apenas podía respirar bien, pero saco fuerzas de su cuerpo, y levanto su espalda, para así, poder respirar.
Yo seguía follandola más rápido, hasta tal punto, que note que me iba a ir rápidamente, y baje el ritmo, porque quería estar más tiempo dentro de su agujero oscuro, y con ello, ella pudo poner sus brazos rectos, así que, le agarre del pelo, y tirando hacia mí, le pregunte:
– ¿Quién es la puta de este cabron?

Y ella, entre gemidos, me contesto:
– Yo soy tu puta. Soy la puta de ti. Eres mi cabron que me está dando placer por mi culo. Soy tu puta, y quiero que me llenes el culo, cabron mío.

Y con esas palabras, la empecé a follar fuerte su culo, como si fuera su coño, y no pare hasta llenarle de nuevo su cuerpo, solo que ahora era en su culito, y cuando empecé a darle embestidas, ella chillo y ahora era de placer, porque solo sabía decir:
– Ahhhhhhhhhh me corrooooooo, cabron, que gusto, follate a esta puta. Dame duro, cabron. Sigue, Ohhhhhh que bueno. Sigueeeeeee que ya no siento dolor. ¿Eres mi cabron y me vas a violar?

La verdad es que en ese momento, no me di cuenta de la pregunta, porque estaba tan caliente, tan excitado que solo sentía mis convulsiones dentro de su culo, al correrme dentro de ella, y cuando acabe, me eche encima de ella, con lo que ella cayo de nuevo en la cama, y sin salirme dentro de ella, estábamos los dos, recuperando la respiración.

Cuando mi pene se aflojo, tras la gran corrida, se fue saliendo de su agujero y ella se quedó con una buena abertura, porque si empezó a salir el espeso semen y fue cuando me eche a un lado, abrazado a ella, notando como el aire nos refrescaba, pero ella recuperando la respiración solo supo decirme:
– ¿Siempre follas así a las divorciadas o casadas que te metes en tu cama, o es que conmigo estas sacando tu lado salvaje? Por qué me acabas de abrir el culo, ya que nadie me lo ha follado como tú, y que sepas, que quiero ser tu puta, para cuando quieras, porque te lo juro por mi sangre, de todos los hombres que me he follado, ninguno a tenido la delicadeza que has tenido tú, con mi culo, bueno, con mi cuerpo.
– Pero ahora una pregunta, ¿te gustaría violarme?

Y claro, ahora si hoy perfectamente la pregunta, a lo que yo le respondí:
– ¿Violarte? Si lo hago no será una violación, porque ya lo deseas, sería más bien una violación consentida, o dicho de otro modo, seria follar, que es lo mismo que hemos hecho ahora, solo que creo que quieres decirme que te lo haga sin que te lo esperes y forzándote, ¿no?
– Sí, quiero que me uses, cuando quieras, como quieras y por donde quieras. ¿Te apetece?
– Mujer, eso es pedirme casi el paraíso. Pero no pienso violarte, porque como te he dicho antes, seria consentido por ti. Lo que si voy a hacer, es utilizar tu cuerpo para mi placer, y por eso, ahora me la vas a comer, me la vas a limpiar de tu culo, y pónmela bien dura, que vas a cabalgarme, y te la meterás por donde tú creas que me gustara.
– Que cabron eres. Ya me has excitado de nuevo. ¿Cómo lo haces?
– No lo hago, es lo que tú deseas, y yo te lo doy. Deja de hablar, y empieza a limpiármela.

Y así fue. Se la metió toda dentro de su boca, chupaba, succionaba, y lamia toda la polla, hasta los huevos, y se la tragaba entera, con una garganta profunda, pero claro, yo la tenía flácida, por ello, podía hacer la garganta profunda.

Se dedicó un buen rato a darme una de las mejores mamadas que nunca me han hecho, y cuando me la puso de nuevo dura, me miro a los ojos, y me pregunto:
– ¿De verdad que puedo metérmela donde a mí me de la gana, sabiendo que a ti te va a gustar más que a mí?
– Si, hazlo, puta.
– Mmmmmmm dios como me gusta que me lo digas.

Y con eso, se puso a horcajadas encima de mí y se la metió de nuevo en su cuevecita, y se la clavo entera, de tal forma que no se veía nada de mi polla cuando se la metió, y de repente note en todo mi tronco, como sus músculos vaginales, empezaban a contraerse.

Me miro y me dijo:
– Te voy a hacer una paja con mi coño, como nunca nadie te lo habrá hecho. Goza de tu puta, porque quiero serlo para siempre, ¿si quieres, claro?

Y azotándole sus pezones, al principio lentamente y luego más fuerte, le dije:
– Haz lo que te salga de tu coño, pero cállate y empieza a hacer lo que te gusta, puta mía. ¿Te excita que te azote los pezones fuertes, verdad?
– Mmmmmmmmmmmm como sabes poner a una perra caliente, y a una mujer que llevaba años sin sentirse puta, como una de las mejores damas en la cama. Azota lo que te dé la gana, pero que sepas, que te voy a vaciar los huevos.
Y con ello, empezó a mover sus músculos por dentro de su coño, y casi podía notar como contraían mi polla, eso fue algo que hacía años que no me habían hecho, por eso, se aplicó bastante, tanto que ella misma, con ese movimiento interno suyo con mi polla dentro, se corrió, porque se estimuló tanto, que no pudo controlar su orgasmo.

Me pidió perdón cuando se corrió, pero me indico que estaba tan caliente que no pudo aguantar dicha excitación que le estaba produciendo en su interior.

Le dije que siguiera, que gozara, que para eso estaba allí, para gozar.

Pero ella me dijo que quería darme placer.

Le agarre de su melena, la atraje hacia mi boca, y besándola metiéndole la lengua le dije:
– ¿Con que tíos has follado, que no te hayan agradecido lo que me estás haciendo? O mejor dicho ¿Por qué no te voy a permitir que te corras cuando me estás haciendo una paja con tu coño?, Andaaaa, sigue follandome o haciéndome esa paja, y te corres todas las veces que quieras, que eso es lo que me hace gozar, notar que tus orgasmos son por mi culpa.
– Pero tú no te corres tan rápido como otros hombres, por tanto, que placer te estoy dando? La verdad, tienes un aguante que no entiendo, o que ningún hombre me lo ha demostrado nunca. ¿O ya estas seco? Jajajaja
– Puta eres, jajajaja, anda, sigue follandome, que ahora veras el aguante que tengo. Te van a doler los muslos durante una semana, porque no vas a parar de follarme hasta vaciarme los huevos.

Y siguió masturbándome con su coño, de tal manera, que ella volvió a tener varios orgasmos, algunos encadenados.

Se la notaba que estaba cansada de tanto cabalgarme y de tantos orgasmos que había tenido, por tanto, yo con mi polla dura, y con una excitación superior a todo lo que había sentido con ella, pero sin llegar al orgasmo, le dije:
– Estas cansada. Vamos a descansar, y ya me sacaras la leche en otro momento, que tenemos 3 días más para ello, cielo.
– Nooo, aunque me agote o me desmaye del cansancio, tu puta te va a seguir follando, hasta que consiga sacar toda tu leche, cabron mío.
– Mira, te lo he dicho amorosamente, pero ahora te lo ordeno. Deja de follarme, y vamos a descansar, que estas agotada.
– Que no, que soy u puta, y las putas obedecemos a nuestros cabrones que nos llenan y dan placer.

Le di un bofetón en su cara, pero no por nada, porque no soy de pegar, sino porque estaba viendo que estaba agotada, y apenas sus movimientos eran ya coordinados, así que, la cogí de su cuello, y la tire hacia mí, sacando mi polla de su coño, completamente bañado de sus orgasmos, y la obligue a que se tumbara, a mi lado, de espaldas a mí, abrazándola.

Ella gemía, y su cuerpo temblaba, de tantos orgasmos que había tenido. Su coño, era un horno, aparte de irritado que lo tenía, pero ella no me dejaba, forcejeaba para darme ese placer, hasta el punto, que tuve que sacar mi lado masculino y agarrándola, la deje inmovilizada, para que descansara.

Cuando ya no se podía mover, rodeada por mis brazos y piernas, me pregunto:
– ¿Por qué no quieres que te de placer? No quieres a una puta que te de placer? No te entiendo, eres de los pocos hombres que mira por mi placer, por mi descanso, y por mí, ¿Dónde te has metido tanto tiempo, sin estar a mi lado?

Y yo, sin responderla, la empecé a mecer, para que se relajara. Note que ya no oponía fuerza, y entonces, la deje de apretar, para así, seguir meciéndola. Hasta el punto que ella se durmió, de cansancio, y yo, me quede dormido junto a ella, abrazado y apoyando mi barbilla a su cabeza, ya que la había puesto del otro lado, con su cabeza en mi pecho, y así, nos quedamos dormidos, aunque pude ver por la ventana, que entraban unos rayos de sol, bastante intensos.

Supongo que serían las 10 de la mañana, aproximadamente, porque a esa hora, todos los días, por mi edificio, pasa el camión de la basura, y lo escuche como hacia su trabajo con los contenedores.

Nos despertamos, abrazados. Hambrientos. Desnudos y oliendo a sexo, a orgasmos.

La bese en la boca, y le dije:
– Buenas tardes, bella dama. ¿Desayunamos o follamos?
– Follame y luego desayunamos.
– Jajajajaja pero que puta eres, cielo. Anda, vamos a recuperar fuerzas, comiendo algo.
– Jajajaja que cabron eres, sabes que me tienes otra vez mojada, solo con eso de que volvamos a follar, verdad? Pero también sabes que me muero por comer, que menudo ejercicio hemos hecho. ¿Cuánto hemos dormido?
– Creo que hemos dormido desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde, porque ya han salido los peques del colegio, hace horas, así que, levanta ese cuerpo, que tenemos que darle de comer. Y mi polla no es ese alimento, que te veo la intención, zorra, jajajaja.

Ella se fue al baño. Yo mire la hora en el móvil. Eran las 7 de la tarde. Estaba bien. Me fui a la cocina, y empecé a preparar algo para alimentarnos.

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