Asi empeze

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Por esta vez leerán algo totalmente real. Bien podría a ponerme a escribir fantasías, ya que tengo buena imaginación y me defiendo bastante bien cuando aporreo las teclas.
Pero esta vez he decidido poner todo tal cual ha sucedido, o está sucediendo, con las cosas buenas y malas, con los aciertos y errores. Con las miserias también.
Siempre fui un chavo tímido. No muy alto, un poquitín rellenito, en fin una medianía total.
A medida que pasaba mi adolescencia, me fui encerrando más y más en mí. Tenía pocos amigos, y para ellos yo era un tonto de primera. Con poca calle, nada avispado. Mi vida eran la tele y los libros.
Sin salir de la casa no se conoce gente. Y mucho menos chicas. Aun así tenía una muy buena amiga. María (todos los nombres serán cambiados para preservar identidades), le decíamos la bruja, por su pelo enredado. Pero hoy por hoy, pienso, que para sus catorce años no era fea. Incluso su pelo rubio era lindo.
María me quería. Incluso hablo con mis padres de cómo hacer para conquistarme. Ellos ya se empezaban a preocupar por mi – para ese momento inicial – encierro y veían con buenos ojos que esta chica sencilla y con viveza me espabilara un poco. Pero, como muchos dicen, las chicas maduran primero, y yo seguía siendo un nene, mientras ella ya empezaba a ser mujer. Juro que durante los dos años que me rondo jamás la vi como algo más que una amiga de juegos inocentes, mientras ella buscaba – y lograba – quedarse en mi cuarto a solas, yo simplemente sonreía y jugaba a las cartas u otras cosas así. Por Dios, hoy lo pienso y creo que me la podría haber tirado allí mismo.
Pero como las cosas no son eternas, y las hormonas llaman, María perdió su interés y le abrió el corazón, y las piernas al vivillo que teníamos en el aula.
Después de eso, ya tarde me di cuenta de que había algo más que juegos. Pero ya María había probado pija y yo, “el taradito” ya no contaba.
Solo después de eso descubrí el “Kamasutra” ilustrado que guardaba mi papa bajo su colchón.
Recordando lo apurado que estaba mi viejo por que debutara con María, me pregunto porque no me lo regalo un año antes?
Cuanto habría cambiado las cosas.
Porque de allí en más, la única persona con quien podía descubrir mi sexualidad, era yo mismo.
Y ese librito fue mi salvación y perdición.
Hijo único, con ambos padres trabajando, estudiando por la mañana, tenía tiempo de sobra para perder. Y una de mis primeras aficiones era la de andar desnudo por la casa.
Horas y horas. Jugaba, a nada en especial, pero lo hacía. Y con ese bendito Kamasutra como compañero.
Miraba las fotos, y con almohadas haciendo de “María” ponía mi pene allí. No más que eso. Mis padres por alguna razón se cohibieron de hablarme de sexo, y no sabía nada más que lo que veía en las fotos.
Luego empezó el problema. Porque empecé también a fantasear en como seria ser también “ella”
Comencé con lo más sencillo. Saqueos a la ropa de mi mama. Corpiños, faldas y trusas. Tímidamente maquillaje.
Así me paseaba por la casa.
Y también empecé a ubicarme en la cama como la chica de las imágenes.
Pero con el tiempo, eso también se volvió aburrido. Faltaba algo, faltaba la otra parte.
Obvio que en ese momento ni se me paso por la cabeza pedirle a alguien que fuera mi pareja, ni en un sentido ni en otro. Ni hombre, ni mujer.
Y tampoco tenía idea de lo que era la bisexualidad.
Solo experimentaba sensaciones. Ni siquiera sabía masturbarme. Pensaba solamente como podría hacer lo que esa pareja del librito hacia.
Para meterla necesitaba algo que se asemejara a una vagina. Rebusque por toda la casa, pero nada.
Pero para meterme cosas, bueno, había para elegir.
Tenía lapiceros, destornilladores, zanahorias, pepinos, hasta una punta de balero.
Probando despacito, como dice el dicho, y leyendo el libro, aprendí que lubricado todo es mejor.
Y así fue que un destornillador se convirtió en mi juguete favorito.
Ahora pasaba horas con él en mi culo. No más que eso. Sentirlo, tenerlo, creo que el morbo de algo que ya intuía era prohibido.
Hasta que un noche viendo una muy mala película de ciencia ficción, vi como una oruga gigante violaba a una mujer (así de mala era) y como se movía de atrás hacia adelante al hacerlo.
Se me prendió la lamparita, y en la primera oportunidad probé a ver qué pasaba cuando movía el destornillador dentro y fuera.
No era la gran cosa, pero se sentía agradable. Y eso creo que fue la perdición. Si lo hubiera sentido desagradable o doloroso, tal vez hubiera dejado de hacerlo.
Pero era agradable, y eso me llevo a seguir probando.
Mas aceite, más relajado, otras posiciones…
Hasta que una tarde, lo agradable se convirtió en algo distinto, algo dentro, no en mi ano, que igual disfrutaba con el roce.
Algo interno, como que se estaba preparando algo. Mi mano movía ese destornillador profundo, y rápido, mi respiración agitada, jadeaba por primera vez.
No, no pase de allí, nada paso mas allá de esa hermosa sensación, cansado me derrumbe en la cama.
Pero ahora sabia lo bien que se sentía.
Más adelante descubrí la masturbación por casualidad.
Así que por años alterne fantasías, masturbaciones, auto-penetraciones, pasaba de imaginaciones heteros a sueños gays.
Mis padres, preocupados por mi falta ahora casi completas de amistades, me hablaban de que no era bueno estar solo.
Y creo que la última posibilidad de una vida “normal” se fue con mi prima Rosaura.
Hoy por hoy creo que era mi amor platónico, linda, diez años mayor que yo, recién divorciada había venido a casa buscando consuelo y un lugar donde quedarse.
Era mi sueño hecho realidad. Para colmo escuche a mi vieja y mis tías hablando, de que su ex hacia un año que no la tocaba.
Mis fantasías mas húmedas del lado hetero me atacaron, estaba allí, durmiendo en mi cuarto en la cama de al lado.
Nos conocíamos demasiado bien, sabía que se sentía mal y triste. Y trate de hacerla reír.
La saque a pasear y la consolaba cuando lloraba.
Era común estar muy juntos, casi al lado.
Hasta que una mañana me recosté a su lado, en su misma cama. Con todo el cuidado posible para no despertarla.
Cuando ella abrió los ojos, el único sentimiento que dejo translucir fue tristeza, como el que uno siente cuando sabe que tiene que hacer algo malo.
Eso me descoloco, no supe cómo reaccionar, estábamos allí, en la misma cama y me quede congelado.
Tartamudeé algo sobre lo bella que era, lo hermosa, cuanto lo quería, pero no sabía cómo tocarla, jamás había besado a nadie, y me quede allí. También creo que ella estaba confundida, tal vez con los mismos sentimientos que yo. Tal vez ambos esperando que el otro tomara la iniciativa.
Lo cierto que los minutos pasaron, y nada, hasta que con un suspiro ella se levanto y se fue a preparar el desayuno.
Segundos después, yo la seguí a la cocina y me senté en la mesa a esperar mi café.
Aun hubo un último turno, al otro día, por la noche, ella se me acerco por detrás. Estábamos en mi cuarto solos y mirando una película subida de tono pero tampoco muy zafada.
“No quieres un masaje” y se puso manos a la obra con ello. Y yo me queje de lo doloroso que era, sin darme cuenta hasta mucho luego que junto al masaje me estaba llevando a SU cama.
Otra vez volví a ser el nene que no entendía las indirectas directas de María…
A los pocos días, se busco un lugar donde mudarse sola, creo porque tal vez la próxima vez que alguno insinuara algo, no nos detendríamos. Ella aquella mañana creo que solo esperaba un roce para liberarse, y también creo que si ella me insinuaba algo, esta vez me haría entender que deseaba en realidad.
Otra vez solo, otra vez solo masturbaciones, y mis juguetes para mi ano.
Otra vez años encerrado, solo yo y mi nueva amiga, la compu.
La Internet llego para terminar de finalizar mi soledad.
En los chat, una vez aprendidas las reglas, me sentía libre. Incluso desenfadado.
Los amigos que no tuve físicamente, los tuve virtuales.
Y descubrí las páginas de encuentros.
Mi perdición final
Inmediatamente me di cuenta que con ellas podría ya solucionar al menos mi soledad física y sexual.
Solo que había una pregunta.
Bajo que rol?
Hombre que busca mujer para acostarse con ella?
U hombre que busca hombre con el mismo fin?
Durante meses esa duda me carcomió, a lo que se sumo otra.
Y si soy gay, que deseaba de un hombre?
Empecé a investigar.
Que clase de gay era yo? Había clases de gays?
Descubrí, que si iba a estar con otros hombres, era para que me penetraran. Miraba mi propio culo por el espejo y no me atraía para nada. Pero pensando en esas sensaciones, lo agradable de sentir los juguetes en mi ano.
Si estaría con otros hombres, seria lo que llaman PASIVO
Si conseguía estar con una mujer, entonces seria el activo, por decirlo de alguna manera.
Ahora resuelta mí duda, que buscaría?
Con treinta años, me sentía avergonzado de no haberme acostado con ninguna mujer, ni saber como seducirlas.
Pero en mis investigaciones descubrí gays mayores que yo, buscando su primera experiencia, eso me alivio mucho, entonces porque no?
Puse mi anuncio, en el que decía que buscaba alguien para mi primera experiencia.
¡Por Dios! Me llovieron propuestas, tantas que me asuste y lo deje allí por un tiempo.
Un mes. Revisando vi la de un hombre mayor, me mandaba su foto. Era más gordito que yo, con panza, pero parecía agradable.
Nos encontramos en un bar, y quedamos para el otro día ir a un hotel. Por fin iba a estar con alguien.
Paso a buscarme en una estación de tren, y desde allí nos fuimos a un hotel. El charlaba animadamente, yo tímido casi no decía palabras.
Llegamos y viendo mis nervios, el trato de relajarme de todas las maneras posibles besos, caricias, hablarme suave.
Yo no terminaba de soltarme, quería esto, pero no sabía qué hacer, decidí que lo iba a dejar hacerme lo que quisiera.
Pero como que a el eso no le gusto, ahora pienso que porque no me creía que fuera mi primera vez tal vez. Me pedía que participe, pero no me decía que hacer.
Nos desnudamos torpemente (culpa mía) y el al fin tomo decididamente la iniciativa. Me besaba apasionadamente, la boca, el cuello, mis tetillas, mientras sus manos me acariciaban las nalgas.
Me acomodo boca arriba, abrió mis piernas y pude sentir la cabeza de su pene en mi cola, como buscaba la entrada de mi ano, lo encontró y empujo. Que dolor, grite para que se detuviera, sentí que me moría, le pide que saliera. Cosa que hizo prestamente, al fin me creía, pienso, que esa era mi primera vez.
Ahora ya con más delicadeza, me acariciaba la cola, sus dedos tanteaban mi ano, reconfortándome del dolor que me había provocado. Me besaba los pezonsitos y me decía cosas agradables. Al fin me volteo y su boca se hundió en mi raja. No me provocaba nada en especial eso, pero sabía que su lengua me estaba lubricando, y luego sus dedos, con mucha calma ahora, me dilataban.
Con suavidad se acomodo detrás mío, sentí su cabeza nuevamente, pero ahora empujaba suavemente, me dolía, pero era mucho más tolerable. Entro un poco a poco, volví a sentir que me partía, pero apreté los dientes y soporte. Rápidamente, a medida que lentamente se empezó a mover entrando y saliendo, el dolor desapareció. No puedo decir que estaba sintiendo algo increíble. Me sentía abierto, lleno indudablemente. Pero creo que la sensación más placentera era la de saber que alguien me estaba cogiendo, un macho, estaba sobre mi resoplando, gimiendo, abrazándome.
Esa es una sensación que me encanto, atrapado, entre el colchón y el. Sin poder escapar, ya que hacia adelante la cama me lo impedía, hacia atrás el me presionaba. Y solo lograba clavarme más yo mismo.
De repente se salio de mi, y me pidió que lo montara, pero como dije el y yo eramos un poquito panzoncitos, así que no nos fue tan bien. Entre risas, me puso boca arriba, y el me penetro arrodillado. Pidiéndome que me mueva para provocar la penetración. Hasta que al final me volvió a poner boca abajo. Me entro con facilidad y me bombeo hasta acabar. Otra vez a pesar de sentirme lleno, avasallado, poseído por un macho, creo que lo que mas me gusto fue el echo de escucharlo resoplando sobre mi nuca, saber que mi culo le estaba provocando todo eso. Me sentí poderoso, y al mismo tiempo necesitado de esa sensación de intimidad con alguien mas. Al fin me clavo a fondo y con sus manos me apretaba el hombro. No, no lo sentí venirse en mi, tal vez porque usaba preservativo. Pero era evidente lo que sucedía. Lo había llevado a eyacular, dentro mio. Después de un ratito se salio de mi, para ponerse a fumar un pucho. Yo me quede boca a abajo, asimilando la situación. El me preguntaba que como había estado el, que como me había sentido, que que tenia pare decir.
No había mucho que decir, por lo menos en ese momento para mi. Le dije bien o si a lo que me preguntaba. El silencio se hizo entre nosotros. El empezó a vestirse, yo igual. Me alcanzo hasta donde podía tomar un taxi hasta mi casa. Le dije que me llamara, a lo que el me grito que yo lo llamara.
Nunca mas lo vi. Pero al menos ya había estado con alguien.

Continuara…

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