Atenea mi dulce amante

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Lentamente colocó cada una de sus piernas sobre mí, ya era una necesidad escuchar sus gemidos tan acrecentados, no tardé prácticamente nada cuando un chorro caliente y dulcí amargo inundó mi boca al grado de no poder tragarlo, tomé un momento para contemplar sus vellos púbicos humedecidos con pequeñas gotas de su orgasmo, vi su ano, y una perversión más pasó por mi mente.

Este relato me ocurrió estando de comisión en la ciudad de México, Distrito  Federal. Por mi trabajo he viajado a diferentes ciudades y he tenido la fortuna de encontrarme con mujeres insaciables, esta vez hablaré de Atenea.

Ella es una mujer de 30 años de estatura media, de senos maternales y mirada penetrante, todo empezó una tarde, recién llegado a la ciudad, necesitaba  comprar equipo y provisiones, pues con la premura del tiempo no pude hacerlo antes de salir de viaje, explorando  por los alrededores encontré un establecimiento de artículos militares, fui  en busca de unas playeras, y fue cuando la vi.

En un principio no le di mucha importancia, mis gustos son más dirigidos a las mujeres altas y esbeltas, pero hubo algo en su mirada que me hizo regresar varias ocasiones con el cliché de comprar equipo.

Una  tarde decidí en una note de remisión escribir una pregunta; ¿y usted sale a pasear? tanto inocente como directa, no tardó nada en regalarme una sonrisa y escribir su nombre y número, en  cuanto salí del comercio le envié un mensaje directo; deseo  conocerte más allá del mostrador.

La respuesta realmente me sorprendió, así  empezó el juego, cada día durante una semana me encargué de llenar su deseo con mensajes calientes, en ellos describía que haría con ella, como  la dejaría extasiada de mi, su respuesta fue cada vez más intensa, tanto como mis mensajes.

Pactamos un dia para vernos, fue un jueves, ella escaparía de su trabajo para vernos, ya todo estaba dicho y claro, yo cumpliría mi palabra de darle un sexo memorable, llegamos a un hotel, muy lujoso, pero eso no importaba tanto, yo deseaba hacerla mía, era algo indescriptible el deseo que sentía por esa mujer que apenas hace una semana conocí, y comenzó el infierno.

Reproduje  música y comencé a bailar para ella, poco a poco me quité la ropa, en ocasiones me ayudó con sus manos pequeñas, cuando quedé en bóxer quise tocar su entrepierna, jamás  había sentido una vagina tan húmeda, sus jugos escurrían por las comisuras de tu diminuta pantaleta, esto fue como quitarle el grillete al diablo, uní sus piernas con uno de mis brazos mientras con mi mano izquierda desgarré de un solo jalón su prenda, un aroma a hembra en celo inundó la habitación, sus ojos reflejaban miedo y deseo, con mi misma mano izquierda le ayudé a quitar su sostén sin soltar sus piernas, la levanté como si fuese una muñequita y contemplé si diminuta vagina de colores claros y vellos rizados y oscuros.

Tomé sus tobillos y abrí sus piernas, intentó detener mi rostro encaminado a su sexo, pero no pudo, fue casi obligarla, sentía mi pene explotar, comencé por descubrir su clítoris pequeño y excitado, le di besos suaves, intensos, su excitación era elevada, lo que empezó como un ligero gemido se estaba convirtiendo en gritos de delirio, necesité tapar su boca, la hice venir con mis labios, con el jugueteo de mi lengua sobre su vagina, sentí una descarga hirviente de jugos, quedó desfallecida, pero aun faltaba yo, la tome por el cuello, como queriendo hacerle daño, pero con precaución y le ordené abrir los ojos, le dije, ahora quiero que pongas tu entrepierna en mi boca, levántate y hazlo, por un instante lo dudó, afirmé mi petición con más fuerza, disfruté tanto su cara de sumisión…

Lentamente colocó cada una de sus piernas sobre mí, ya era una necesidad escuchar sus gemidos tan acrecentados, no tardé prácticamente nada cuando un chorro caliente y dulcí amargo inundó mi boca al grado de no poder tragarlo, se echó hacia enfrente quedando  con sus piernas abiertas para mí, tomé un momento para contemplar sus vellos púbicos humedecidos con pequeñas gotas de su orgasmo, vi su ano, y una perversión más pasó por mi mente.

Me coloqué un preservativo, justo cuando iba a articular su primer palabra dejé ir mi miembro en su vagina tan dilatada convirtiendo su voz en un grito desgarrador, en ese momento pensé que llamarían al cuarto, pero no fue así, comencé a mover mi cadera en círculos, arriba, abajo, después comencé a sacar mi miembro de su vagina, penetrándola cada tercio a veces todo, a veces solo el glande, era como torturarle, noté su ano abrirse y cerrarse, escupí en el para que fuera dilatándose, no dejaría a esa mujer sin penetrarle su culito, comencé a moverme cada vez más rápidamente alcanzando una buena velocidad.

Con mis manos tomé su cadera con más fuerza y me incliné hacia su oído, una de las condiciones era no marcar su cuerpo, entonces comencé a rugir, cada vez más fuerte, para cuando nos venimos la apreté con más fuerza hacia mi propio cuerpo y sentí como su dispositivo anticonceptivo picó mi glande, exploté en chorros que hacían temblar nuestros cuerpos, mí  vista se nubló. Entonces nació su pregunta, ¿que eres? ¿Quien eres tú?

Solo la miré con intensidad y cerré sus labios con un beso tierno que poco a poco fui acrecentando, mis manos no quedaron quietas, la recosté boca arriba y empecé a acariciar su vagina pequeña y caliente, hundí mi dedo índice en su vagina buscando su punto g, mientras con mi pulgar daba pequeños masajes a su clítoris, volvió a venirse, pero no fue suficiente para mi, esta vez introduje dos dedos más, no supe si le hacía daño, pero el morbo me tenía preso.

¿Recuerdan que mencioné sus senos maternales? su cuerpo ya no tenía control, era tanto su éxtasis que sus propios senos escurrían ese líquido blanquecino y delicioso, comencé a besar sus pezones y al mismo tiempo comer de su leche, mi pene estaba listo de nuevo, no supe si volvió a venirse pues ya era un río su lubricación, retiré lentamente mis dedos y la senté en un mueble curvo con una mesa redonda enfrente, le dije, me has marcado con tus jugos, los he comido, así como tu leche tan caliente, ahora me toca a mi darte tu propia leche…

Tomé su cabeza y la dirigí a mi pene, comenzó con tanto frenesí, una vez más comencé a jugar con su vagina, esta vez con más suavidad, sentí en dos ocasiones sus gemidos en mi pene erecto y caliente, para cuando decidí venirme detuve su rostro y dejé ir en su garganta chorros calientes a tanta presión que sentí la abertura de mi glande desgarrarse, fue delicioso…

Tras cargarla como a una princesa la recosté un momento en la gran cama de la habitación, para que su cuerpo se relajara, ni por un momento dejé de acariciar sus senos, sus nalgas, piernas y vagina, tomé sus muñecas y comencé a morderlas con suavidad.

Noté que su respuesta era igual a la que producía mi boca en su vagina, me detuve, le acaricié el rostro y la llevé al baño, jugué con la temperatura del agua, de caliente a fría, disfruté ver sus pezones contraerse y dilatarse por los cambios, lavé su vulva, y de nuevo la llevé cargando a la cama, comencé por besar su cuerpo, dando especial atención a sus muñecas, su espalda, toqué su vagina y una vez más, estaba húmeda, estaba recuperada y estrecha de nuevo…

Separé sus piernas y comencé a penetrarla, movía sus piernas a mi antojo, apretaba sus pechos y ligeros disparos de leche cubrían su rostro, no me olvidé de su ano, le di vuelta y la puse en cuatro, seguí penetrando por su vagina, en la primer oportunidad separé sus nalgas y comencé a escupir en su ano que ya se veía dilatado, retiré mi pene de su vagina y aun bañado por sus jugos la penetré con lentitud y firmeza, entré de un solo golpe…

Cuando mi pene venció su espacio comenzó a gritar con más intensidad, y así mismo comencé a bombear con ira, con lujuria, nuevamente me incliné a su oído y rugí, mientras apretaba sus pechos y la leche corría entre mis manos, no tardé mucho en eyacular sobre su ano, me separé de el y contemplé como palpitaba aun, durante 2 horas más hicimos el sexo dejándonos enfriar y calentándonos más cada vez…

Y aún me quedan 20 días más en esta ciudad…

Autor: Feroz

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. La verdad es que si algun dia te toca viajar a la isla del encanto, Puerto Rico, tu experiencia sera muy satisfactoria… Creeme, las boricuas si que te haran enloquecer

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