Bailarín de Ballet llama la atención por sus enormes testículos.

¡Comparte!

Bailarín de Ballet llama la atención por sus enormes testículos.

Soy bailarín de ballet desde que era un niño. Tengo 18 años de edad y mis compañeros de la academia me apodan “miura”, que es una raza de toros, en clara alusión al tamaño de mis testículos.

En un ensayo de baile fui agredido por otro chico que pensaba que yo estaba saliendo con su chica. En una sala solitaria nos encontramos los dos. Al no estar familiarizado con el ballet, le sorprendió verme vestido con unas mallas blancas, ajustadas como es lo normal.

Sus primeras palabras hacia mi fue preguntarme que si siempre utilizo esas mallas de gay ajustadas en la que se marcan “las bolas”.  Refiriéndose a mis testículos. La realidad es que mis testículos son muy gordos, exageradamente grandes.

Aquella manera de dirigirse a mí no me gustó. Sabía que él deseaba pelear conmigo. Me sentía intimidado.  Cuando estoy a punto de marcharme, él me bloquea la salida e inmediatamente me pegó con todas sus fuerzas una patada en mis testículos. El tío estaba utilizando de ese tipo de botas que traen la punta de acero para proteger el pie. Nunca había recibido un golpe en mis genitales y menos de esa magnitud.  Fue un golpetazo sumamente solido. Pensé que me había explotado los testículos. Caí al suelo agarrándome mis genitales. Me retorcía del dolor por todo el suelo y comencé a llorar. No entendía por qué me había hecho aquello. Intentaba ponerme de pie para defenderme pero no podía por el dolor intenso que sentía además que mis mallas me hacían resbalar en el suelo haciéndome imposible poder incorporarme.

Al no poder quitar mis manos de los testículos se me hacía imposible levantarme pues el dolor era terrible. Por mucho que lo intentaba, mis piernas me resbalaban en el suelo. Como mucho logré varias veces arrodillarme pero en posición fetal y volvía a perder el balance y caía nuevamente al suelo, retorciéndome con aquel dolor espantoso y sin poder dejar de llorar. Sé que me arrastré por todo el suelo. Sentía que me iba a desmayar. Traté de gritar para pedir ayuda. Solamente lloraba y me retorcía por el suelo desesperadamente. Él continuaba pegándome patadas, con sus botas, en mis piernas, mis glúteos, la espalda.  Se fue al suelo sobre mi y con su fuerza logró quitar mis manos de mis genitales y me pegó con sus rodilla nuevamente en mis testículos. Sé que me decía que dejara en paz a su novia o me iba a ir peor la próxima vez. Recuerdo que logré decirle: “por favor no me pegues más. No sé quién es tu novia. Yo no le he hecho nada, por favor no me pegues más”.  El me soltó los brazos y se incorporó. Lo último que recuerdo es que una vez de pie, agarró una de mis piernas y volvió a patearme entre mis testículos y mi ano. Ya el dolor era tan fuerte me quedé mareado.

En hospital, hice una gran amistad con el enfermero que me asistió.

Después de un tiempo me invitó a su casa donde vivía con su novia, la que conocí también en el hospital, pues era enfermera.  Ella no se encontraba en el hogar pues había salido de viaje hacia otro Estado.

Cenamos, tomamos alcohol y nos fuimos a la piscina de su casa para refrescarnos un poco, pues el calor era intenso.  Como yo no había ido preparado para estar en la piscina, él me prestó un bañador, de los muchos que utilizaba. Por el estilo del bañador apenas cubría mis genitales.  Pero como estábamos solos y tomados, no le presté mayor importancia a eso.

Entonces me comenzó a contar que la noche cuando llegué al hospital sintió mucha tristeza por mi al verme con tanto dolor y llorando. Las mallas que eran blancas estaban muy sucias por lo mucho que me arrastré por el suelo por el dolor. Me estaba quejando, continúo diciéndome, del dolor en los genitales, en mis glúteos y en el cuello. Y me dijo que para revisarme el área genital, él tuvo que cortar con unas tijeras mis mallas. A renglón seguido me dice que le sorprendieron lo gordo de mis testículos. Que nunca había visto a nadie con unas “bolas” tan grandes. Le dije que estaba exagerando. Me dice que no. Me aseguró que eran las más grandes que había visto. Sé que son grandes pero tanto como “las más grandes”, pues no sé. Mido seis pies de alto y él cinco pies con siete pulgas y veinticinco años de edad.

Me dice: “claro, con lo alto que eres tienes los testículos enormes”. Lo cierto es que fuimos entrando en confianza a tal nivel que ambos comenzamos a tener erección de nuestros penes. El se acercó a mi y me tocó los genitales y comenzó a besarme.

Se sentía rico y hermoso lo que me estaba sucediendo. Nunca me había besado con nadie. El comenzó a besar mi cuello, las orejas. Me introducía la lengua en mis orejas y eso me excitaba demasiado. No sabia que eso pudiese producir tanto placer. Nos salimos del agua.

Su enorme pene de nueve pulgadas y muy ancho se le había salido del bañador. No estaba circuncidado.  Yo le toqué también sus genitales y noté que sus testículos eran muy pequeños pero su pene enorme. Contrario a mi que mi pene es pequeño y circuncidado. Totalmente erecto me mide cuatro pulgadas. Yo le agarré el pene y comencé a acariciárselo. Le quité el bañador y quedó completamente desnudo. El seguía besando mi cuerpo, el pecho, mis tetillas y siguió bajando con su lengua tibia por mi obligo hasta llegar a mi pene. Lo besaba mientras que quitaba mi bañador. Yo sentía pena porque no tenía el pene como él y se lo dije que mi pene era demasiado pequeño. Me dijo que no fuera tonto, que era lindo mi pene y mis gordos testículos. Le gustaba de mi pene no solo el tamaño y que está circuncidado sino que además no se marcan esas venas exageradas que tienen otros chicos en el pene. Y comenzó a chuparme el huevo. Nunca había sentido algo igual. Intentó meter en su boca mis dos testículos pero no podía por el tamaño de los mismos.

Siempre había sentido complejos por el tamaño de mis testículos y mi pene.  Y ahora, que estaba teniendo mi primera relación sexual en la que otro chico me estaba viendo completamente desnudo y excitado, me sentía súper feliz por las palabras que me estaba diciendo. Le gustaba el tamaño de mi “huevo” y me decía que aquella noche en el hospital lo volví loco cuando vio mis “bolas” tan grandes y gordas y ver que todo mi cuerpo estaba depilado y bien formado. Eso me hizo sentir bien. Aunque no niego que me sentía un poco acomplejado por el tamaño enorme se su pene comparado con el mío. Además que como él era más bajo de estatura que yo, pues pensaba que debería tener su pene normal, quizás más grande que el mío pero no tanto como realmente era. Después de chuparme el pene y las bolas siguió por mis piernas y llegó hasta los pies y me chupó cada dedo de los pies. Se sentía rico. Yo le pedí que me dejara hacerle lo mismo a él. Y así comencé por su cuello, sus orejas, su pecho, tetillas, ombligo, pene y ahí me quedé mucho rato. Se sentía bien chupárselo. No podía meterme todo su pene en mi boca como él se metía todo el mío en la suya. Eso me hacía sentir un placer enorme. Sabía que no tenía la habilidad de él pues era mi primera relación, pero traté de hacerlo lo mejor que pude. Seguí chupando sus piernas, sus pies y sus dedos.

 

Estábamos demasiado excitados y decidimos entrar a la casa para continuar en la cama lo que habíamos comenzado en la piscina, pero no pudimos llegar.  Nuestros penes totalmente erectos, por explotar. El caminaba detrás de mi y una vez en la sala de la casa, me detiene, se arrodilla y comienza a lamerme mi ano.  Era la primera vez que sentía ese enorme placer.  Fue tan intenso que no aguanté más y comencé a eyacular a borbotones.  Nunca me había salido tanta esperma de mis testículos.  Entonces mientras estaba eyaculando y gimiendo de placer, él intentaba penetrarme con su enorme pene pero no pudo pues mi ano no estaba dilatado, nunca me habían penetrado, lo que hizo que él comenzara a eyacular también. Una vez finalizamos nuestra eyaculación, me confiesa que le excitó demasiado la forma en que me salen los gemidos de placer. Me pidió que no me ofendiera pero que gemía de placer como las chicas.  A mi eso no me ofendió. Nunca lo había notado cuando me masturbaba, pero ésta era mi primera relación sexual con otra persona. A él le gustó mucho mis gemidos.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa