Belle de Jour a mi gusto 23. La opcion c2) o el burdel de Manolo

c2)

 

Antes de que el sol rabioso hiciera inútil la protección de las cremas se enderezó, buscó y ajustó el top y, tras de recuperar el capazo con sus cosas, caminó hacia la terraza más próxima en la playa; se acomodó en una tumbona cubierta por una amplia sombrilla y pidió una bebida de verano con su chorradilla de alcohol. Había un morenazo – quizá gitano – que no le había quitado ojo en toda la mañana, ella tampoco a él, y eso le dio ánimos – que en todo caso parecía que nunca le faltaban para estos tratos – y se vino a ella, y ocupó una tumbona a su vera.

 

-¿Qué pasa, rubia? Si los ojos tuvieran dientes ya no quedarían de mí ni los huesos – le soltó en un pintoresco francés de playa.

-¿No eres para mirado, morenazo? Nunca dejo pasar un tío macizo, que mirar es gratis; pero tú tampoco te quedas corto, que no hay cachito de mis tetas y otras partes que no te hayas comido con los ojos ¿y qué tal?¿aprobada?

-Sobresaliente, muñeca. Así me gustan a mí: hermosas y sin vergüenza – para entonces ya había juntado su tumbona lo suficiente para pasarle el brazo por la cintura e iniciar con la otra mano un suave magreo.

-Tranquilo, tranquilo, galán, que una es mujer fácil pero tiene sus tiempos; además, tú, aparte de la fachenda ¿qué aportas al trato? Porque una lo vale, y hombres no faltan.

– O sea que puta, como me imaginaba. Puta franchute elegante, en tierra extraña y con síndrome de abstinencia; se veía a la legua. Pues para las putas como tú yo tengo buen sexo, trabajo y si se ponen chulas un par de leches.

-¡Pues vaya oferta! Mejor me voy a un convento con cilicio y cinturón de castidad. Mira, si tienes una oferta mejor esta es la tarjeta de mi hotel. Pregunta por Alice Soubirous. Y por el sexo cobro …

-¡Anda ya! Mira si quieres algo de mí te pones tus arreos de puta y te vas a esta dirección, y si trabajas bien y me das el 30% te follo, y si no te las piras. Que por el sexo y la protección mis putas trabajan para mí …

-Pues te sientas mientras esperas, so chulo.

-Me lo has de pedir de rodillas, so puta.

 

Severine no lo podía evitar, fuera arrepentimientos, vida renovada: fuera castidades. La nueva iniciación, forzada, peligrosa, humillante, la ponía a cien con sólo imaginársela. Pero podía acabar mal, muy mal … y ese riesgo aún la excitaba más.

Esa misma tarde buscó una zona de alterne y en ella una puta de una talla más o menos como la suya. Se dirigió a ella y la propuso contratarla por la tarde entera.

 

-Lo siento, nena. Con mujeres no lo hago; busca a la Menchu que andará por ahí.

-No es por eso. Mira, trabajo en el cine; voy a hacer de puta y necesito ropa. Quiero que me acompañes a elegirla, te pago la tarde y el regalo de boutique que quieras.

-Estupendo. Aguarda un instante que lo diga a mi chulo y vuelvo. Soy Ángela.

 

Volvió Ángela y tomaron un taxi que las llevó a la ciudad vieja, a la dirección que indicó Ángela. Pararon en una callejuela y entraron en un semisótano mal iluminado por tubos de neón.

 

-Que hay, Ángela, maja. ¿Cómo por aquí?

-Mira, Antonio, te traigo una compañera francesa que necesita ropita para el oficio. De todo. Desde el tanga a la minifalda.

-Pues llega justo a tiempo porque tengo cosas monísimas y sexy que te cagas. Voy sacando. ¿Qué pasa preciosa: cambio de aires?

-No. Estoy de vacaciones. El capricho de un amigo, que no se me tira si antes no me ve hacer de puta.

-Hay gustos para todo.

 

En media hora, después de probarse media tienda, compró Severine dos equipos para quita y pon. Bastante vulgares, pero realmente provocativos. Luego acompañó a Ángela a elegir su regalo y la pagó generosamente. Al final, ya confiada, le preguntó por el sitio que le indicó el gitano. Ángela puso cara preocupada y la previno:

 

-¡Los de Manolo Jiménez “El Reviráo”! Ten cuidado, de esos dicen que a veces trafican con blancas. Te descuidas y te encuentras, si vales, en el harén de un jeque y si no en un burdel de Marruecos.

-Pues no lo puedo evitar: me mata la curiosidad y tengo que documentarme.

-La curiosidad mató al gato. Ándate con mil ojos.

-Lo haré, maja. Un beso.

 

Severine trabajó duro el asunto esos tres días. Contrató con una agencia de detectives para que vigilaran el asunto: cada día tenía que contactar con ellos para certificar que todo iba bien; si fallaba un solo día debían poner en marcha una investigación y un protocolo de rescate según las instrucciones que les dejaba selladas bajo sobre; sobre que no deberían abrir más que en ese caso, para cuya emergencia les dejaba fondos según acuerdo. Con tiempo pidió hora para el martes siguiente en la esteticien que le recomendaron como la mejor de Ibiza, para un tratamiento integral especial para novias, aduciendo que se casaba ese día. Tan segura estaba de conseguir plaza en la casa de placer.

 

Y el lunes, vestidita de puta con los atuendos que compró con Ángela, se presentó en el burdel de Manolo y pidió verle. Llegó el gitanazo parsimoniosamente y al llegar ante ella, Belle, sin aguardar que se lo pidiera, se hincó de rodillas ante él y le suplicó humildemente:

 

-Manolo, por favor, quiero que me dejes trabajar de puta para ti: te lo pido de rodillas.

 

Manolo, como primera providencia le soltó una leche de esas que dan los chulos: humillante, pero sin dañar la mercancía.

 

-Así me gusta, rubia, que vayas aprendiendo donde está tu sitio, y quien es el amo. Y ahora me la chupas.

 

Pero Belle, serena, sin inmutarse, se levantó.

 

-Bien, Manolo, ya te he halagado el ego como querías. Te paso la bofetada y mantengo mi oferta en la que tú tienes más que ganar que yo. Pero antes de seguir adelante me debes conocer algo más. – Y acto seguido se quitó la ropa y quedó en tanga y top.- Estoy buena ¿no? Pues esto no es nada porque además sé joder; sé joder como pocas y por eso en París se me disputan los mejores burdeles. Y otra cosa que debes saber es que yo no necesito hacer de puta para vivir: soy una burguesa de clase alta a la que no le falta nada y hago de puta porque me gusta, disfruto dando placer y encelando a los tíos, lo que quiere decir que si el trato que me dan no me agrada, si no se me considera, me doy el portante y tan amigos. Recibo por los tres agujeros o entre las tetas, y siempre con condón. Cobro directamente al cliente porque eso es lo que más morbo me da y doy al establecimiento el 50% de la recaudación, que me parece un trato justo. Y en vez de chulo tengo un contrato con una agencia internacional de detectives que me protege, y hasta ahora lo han hecho muy bien, de maltrato, rapto, trata de blancas, etc., y en lo demás no se meten. Y tienen agencia en Ibiza, faltaría más. Por lo demás, como soy puta de clase y estoy de vacaciones, con dos o tres servicios por la mañana, de once y media a dos y media, y dos o tres por la tarde, de cinco y media a ocho me va bien. Y librar los jueves todo el día y el viernes por la mañana. Las tarifas las fijas tú según veas …

-¿Has acabado ya?¿Pero tú que te has creído, furcia? Aquí eres una zorra más y ahora mismo te voy a enseñar lo que vale un peine. – E hizo acto de sacarse el cinturón. Belle le paró en seco.

-Aguarda, Manolo, y no eches a perder un buen negocio por una cuestión de orgullo; yo no soy una de esas pobres que no tienen quien las valga. Si me tocas un pelo mañana tendrás encima de ti a la policía española y al consulado francés, aparte de mis detectives: no sería la primera vez. Pero si nos avenimos, en las dos semanas que aún esté por aquí vas a ganar una pasta gansa conmigo, porque lo valgo. Puedes llamar a tus mejores clientes y ofrecerme como escort de alto caché. Y si no te lo crees llama al mejor catador que tengas y que me pruebe. No eches a perder todo por un desahogo. ¿Quieres que me humille otra vez? Pues me humillo, no me importa. ¿Quieres que te la mame? Te la mamo (pero con condón). ¿Quieres insultarme? Llámame lo peor si eso te calma. Pero el negocio primero, Manolo, majo, por las buenas me tendrás como una malva, me podrás echar viejos, tíos barrigones, lo que quieras. Y les cobramos una pasta gansa por la francesa golfa que folla como Afrodita.

 

Manolo, más calmado, le soltó un zurriagazo a un sillón, que casi lo destroza, y la dijo.

 

-Vale, rubia, vale de momento. No sé, quizá lo mejor sería que te perdieras por ahí, pero me has picado la curiosidad y quiero ver qué maravillas son esas que ofreces. Te voy a catar yo, ahora mismo; nadie mejor. ¿Cuál es tu especialidad?

-Como te he dicho lo trabajo casi todo, menos guarradas con excrementos, orina, etc. Pero lo que más me suelen elogiar es la follada vaginal conmigo encima. Pero todas las vaginales se me dan bien.

-Haremos la del misionero: “siempre él sobre ella y nunca ella sobre él” es mi norma de macho.

-Sí, ya veo que vas de macho; no importa, me gustan los machos, pero no sabes lo que te pierdes conmigo.

 

Ya en el catre, y tras de un breve magreo y mordida de pezones, Manolo fue directo al grano, la embadurnó bien de lubricante, se lubricó él mismo y directamente la empitonó. Belle lo encontró algo tosco y primitivo, algo apresurado, pero al poco era ella la que marcaba el ritmo y empezó a aplicar sus refinadas habilidades de “pressing” vaginal, con contacto pleno, en un vaivén estudiado de velocidad adaptada al creciente deseo de su “partenaire” sexual, al tiempo que sus manos exploraban con picardía las zonas erógenas de aquel macho elemental. Manolo le aguantó poco y se le fue en un pispas con un gruñido de oso.

 

-No está mal, rubia, pero no para tantos humos. Como este tuyo, los tengo por docenas – mintió, bastante mal, el gitano; como si Belle no supiera apreciar el efecto causado; una puta de experiencia lo sabe bien y Belle no tenía en esto pelo de tonta, y además iba depilada.

-Está bien, si no te convence lo dejamos, o si prefieres echamos otro a mi manera y te dejo hacerlo sin condón, estarás limpio ¿no?

-¿Contigo encima? Eso es una mariconada.

-Pero bueno ¿quieres probar el género que contratas o no? ¿Cómo vas a saber qué cobrar a los clientes si no sabes lo que vendes? El negocio es el negocio, y tú obligación es catarme ¿vale? No le tendrás miedo al dragoncito ¡eh?

-Miedo yo. Venga pues, si te empeñas …

 

Belle lo limpió y le hizo tenderse boca arriba en la cama. Ejecutó ante él una serie de posturas y contoneos para encelarlo y pareció que el pajarito resucitaba; le inició una mamada lenta, perezosa, ceñida, y pronto estuvo de nuevo a punto. Entonces lo lubricó de nuevo y se encaramó sobre él dispuesta a dejarlo grogui; atrapó poco a poco todo el pito en la vagina y ya no lo soltó, pero ahora era ella la que manejaba los tiempos, y fue lenta muy lenta y ceñida, arriba abajo, una y otra vez con el vergajo preso en su húmeda cárcel, como una paja vaginal. Belle sentía crecer la excitación del órgano y de su dueño y actuaba sabiamente, acelerando o parando, según el estado de él; pronto, él fue incapaz de disimular y empezó a gemir, pero ella seguía dosificando el tormento y haciéndolo eterno ¡cómo sufría (gozaba) el condenado!; él, en ese combate de amor propio, trataba de aguantar sin correrse, pero la espiral de la tortura ascendía imparable, y Belle no le daba tregua. Por fin el tipo estalló de manera horrible después de tanta contención y, con un alarido espantoso, quedo inerte sobre la cama. Belle no se había corrido, pero nunca había disfrutado tanto en una lucha sexual como aquella. Se sintió triunfadora de aquel macho rijoso y cavernario, como si se hubiera zafado del abrazo de un oso.

Cuando Manolo se hubo despabilado la encontró ya vestida, y ya no tuvo valor de menospreciar a Belle. Zanjó su machismo derrotado con un sonoro bufido.

 

-Está bien, rubia. Vente mañana a las cinco. Puedes venir “más discreta”,  que pienso llamar a gente elegante y pienso presentarte como burguesa golfa y buena folladora, pero no profesional; ya te diré lo que les cobramos. Valen tus condiciones y deja a tus detectives en paz; si ves algún jeque no temas que no te voy a vender, aunque ganas no me faltan, que valdrías un pastón. Por cierto ¿cómo te llamamos?

-Belle de Jour, es mi nombre de guerra y ya suena, ya suena, pronto me has de ver en algunas portadas golfas.

-Vale, Belle, Rubia. Mañana te espero.

 

Al regreso al hotel Severine telefoneó a la agencia: –“premier lundi des roses rouges”.

 

El martes Severine empleó la primera hora de la mañana en comprarse ropa para el evento. Se trataba de mostrar la elegancia de su clase de procedencia – nada que ver con el chocarrero atuendo de puta de su encuentro del día anterior con Manolo -, por ello buscó una boutique selecta en el centro de Ibiza y compró un conjunto de falda y chaqueta en color crema claro y una camisa de seda con gorguera rizada de grandes lunares fucsia sobre fondo negro. Todo muy chic y hasta cierto punto recatado – la incitación la reservaba para el interior. Compró también un par de zapatos negros, de tacón estilizado, y sin embargo relativamente cómodos y, en la ropa interior, volcó toda su fantasía de seducción en dos colecciones, una en blanco y otra en rojo, de braguitas y top de tipo “frutero”, de los que dejan al aire los pezones, un escueto tanga y medias a juego … y un body en base a correas de cuero negro que por una parte sostenían y por otra dejaban a la vista todas las partes incitantes. Entre unas cosas y otras se le iba a ir un pico, pero mejoraba notablemente la autoestima corporal.

A las doce tenía hora en la esteticien. Después de dejarlo todo en el hotel, marchó a la dirección indicada. Buscaba un maquillaje profesional, cándido, pero seductor a la vista de todos; provocativo pero en modo alguno vulgar en lo íntimo.

 

-¿Cómo lo quieres, por favor?

-Pues verás, como ya te dije, me caso esta tarde, y quiero algo especial, integral, cuerpo, cara, pelo, uñas. Debo impresionar a los invitados, especialmente a la familia de él, gente cultivada, pero conservadora; por lo cual el aspecto externo debe ser deslumbrante, pero discreto salvo en algún punto atractivo: matices suaves, colores hermosos, pero no agresivos. Sin embargo, el maquillaje íntimo debe ser todo lo contrario: mi futuro es bastante golfo, mi problema es que está acostumbrado a la estética de burdel y, si no me ando lista, en un pis pas me lo encuentro volviendo a las andadas – no veas las cosas que me pide que le haga. Así que por dentro debo ir de puta, no hay otro remedio: colores vivos, agresivos en pezones y areolas y hasta en los labios del pubis, y tratamiento corporal a tope, salvo depilación y tatuajes, que ya me los hice en su día.

 

Sobre esto Severine se mostró exigente con la maquilladora hasta que el resultado la dejó realmente complacida. Eligieron un naranja azafranado para pezones y areolas, a juego con los labios de la boca, aunque en tono más vivo que en éstos; y un color fresa para los labios vaginales. Con ello y un perfume acorde con sus propósitos quedó lista para arrasar “chez Manolo”, también llamada, de forma un poco hortera, “El Oasis”.

 

Andaba Severine realmente excitada por la expectativa de retomar su anhelada inmolación diaria a tanto el polvo. Después de una comida ligera y un breve descanso metió en una bolsa sus trebejos: ropa interior de repuesto, condones, lubricante, perfume, estuche de maquillaje y, sobre todo, un amplio billetero para la cobranza, y a las cinco de la tarde, una Belle irreconocible, entraba en el burdel. El portero, pensando en una equivocación dudaba en dejarla pasar, y ella tuvo que invocar a Manolo para salvar el equívoco.

 

-Caramba, Rubia … Belle, has echado el resto. Vale, vale, habrá que retocar el caché al alza. Pasa, que te enseñaré el cuarto que te hemos asignado, y así dejas la bolsa. Aún no han llegado todos los clientes que cité, así que cuando entres te presentaré a los que haya y vais charlando e intimando, porque hay que esperar que estén todos ya que he imaginado hacer subasta ¿te va?

-¡Ah! Me encantan las subastas. ¿Con strip? Pienso que no, porque hemos apostado por el toque de clase. Mejor un poco de alterne y coqueteo quedón y luego la puja. Así vemos a donde llega el caché de hoy. Que me acompañen algunas chicas; elígelas bien, que a lo mejor me descargan de trabajo. Recuerda, no más de tres esta tarde; cuatro si hay mucho compromiso. ¿Cuál va a ser la base de la subasta?

-Por ser tú, diez mil. La mayoría de las chicas se mueven entre seis y ocho. Veremos que pasa.

-No me conocen. Espero que el “toque francés” y una, que no está mal, eleven la puja.

 

El cuarto estaba bien. Tenía luz del día a través de un amplio ventanal velado por unas cortinas de color púrpura sobre visillos blancos; cuarto de aseo con lavabo, ducha y bidet; y lo más importante: una cama redonda cómoda y funcional solo con sábana bajera de ajuste elástico sobre un protector de humedades y muchos cojines para facilitar todo tipo de posturas. Abundaban por la habitación los espejos, que permitían ver a los amantes desde todos los ángulos, y remataba el mobiliario un mueble de tocador y un par de sillas. Manolo afirmó que era la suite del burdel, el mejor cuarto. Belle lo aprobó complacida: mejoraba el de casa Anaïs, sin ser malo aquel.

 

Manolo la condujo al bar y la presentó a los tres clientes que aguardaban; faltaban dos más. Curiosamente Belle conocía a uno de los presentes: era el su primer ligue en Ibiza, opción c1, tras el episodio del exorcismo. Manolo la presentó como “artista invitada”, de vacaciones en Ibiza, pero que, muy profesional, no quería descuidar su forma y, habiéndola reconocido él, después de un reciente encuentro en Paris, donde ella tenía un alto prestigio, se apresuró a invitarla y le ofreció su establecimiento para seguir ejercitando su arte, y complacer de paso a la selecta clientela nacional o internacional de la isla. Aunque no obstante, desdichadamente,  su estancia sería breve. Belle departió distendidamente con los clientes presentes e hizo gala de refinada cultura y  buen gusto, y se mostró afable y coqueta con todos, aunque manteniendo de momento las distancias. Poco a poco fueron llegando los que faltaban y se unieron tres bellezas del establecimiento, ya conocidas por casi todos.

 

Belle se vistió para la puja, mejor dicho, se desvistió. Quiso poner todo a la vista se ciñó el body de aros y correas negras que enjaezaban sus hermosas domingas, con pezoneras de bronce y pezones como joyas color carmín, y dejaban a la vista sus sugerentes tatuajes, a los que Manolo añadió en el muslo los procaces reclamos que se ven:

 

me pone ser puta

 

fuck me, baby, please … and pay

 

y en el brazo

 

follo que doy gusto, ummm!

 

Completaba el atuendo con guantes de medio brazo de lycra negro, peluca en rubio lacio y casquete de plumas de vedette de revista; y en el anca una calcomanía de la boca lujuriosa de Warhol. Flanqueaban a la hermosa ramera sendos rótulos en rojo intenso con su mote francés y su traducción libre y rijosa al castellano. No hubiera hecho falta propaganda alguna, tan soberbio cuerpo se vendía solo: la subasta a oferta única en sobre cerrado arrojó un ganador claro que subió hasta las 50.000 pesetas por parte de un tipo algo estirado que, por su conversación, parecía ser un contratista de obra pública. Los demás no llegaron a tanto: 25.000, 20.000 y dos de 15.000. Se acordó que, salvo el ganador, que pagaría su oferta, los demás disfrutarían de la bella por la módica tarifa de 15.000 pesetas. Se dudó si asistiría Belle a todos o dejaría alguno para otro día, pero Belle, con buen ánimo, aceptó excepcionalmente servir a todos.

Aún hizo Belle nueva transición de atuendo para su amante mejor postor: liberó el pubis, se pasó a la melena rubia, labios y pezones naranja y sostén frutero de nylon fino y negligé de seda en verde. Una vez así aviada cogió Belle a su constructor del brazo y lo condujo hacia el cuarto al tiempo que acentuaba su coqueteo y se  dejaba magrear sin ñoñerías, a placer del cliente y correspondiendo. Y no fingía: lo había estado añorando con impaciencia. El cliente, en creciente excitación, pudo advertir el patente deseo de la hermosa:

 

-O sea, que es cierto que a ti hacer de puta te gusta, como me habían dicho. Qué pasa ¿eres ninfómana acaso?

-No, mi amor, ni lo hago por el dinero en sí, que no me hace falta. Lo que me pone a mí es vender mi cuerpo, o sea, mis servicios sexuales. Lo que me gusta a mí es ser puta por ser puta: lo que estoy haciendo ahora contigo. Pongamos que esto fuera un ligue gratuito: pues me dejaría fría. Pero si me pagan, si me vendo entonces me entrego a tope y me vuelco en que el cliente disfrute, como lo vas a hacer ahora, cariño. Por eso es tan importante que el cliente me pague directamente a mí: me pone a cien.

 

Al tiempo que decía esto Belle iba desnudando su cuerpo sensacional, con sus tatuajes y pinturas y su sostén-frutero que mantenía erguidos sus firmes pechos. Era realmente una meretriz digna de tal precio, y aún mayor. Pasado el primer arrobamiento, el cliente, al que llamaremos C, quiso pasar a mayores, pero Belle le contuvo diciendo:

 

-Faltan todavía dos requisitos, corazón: que me pagues y que me dejes ponerte un condón.

-¡Qué pena! Pensé que eras una diosa, pero si lo quieres toma.

 

Y tras de abatirla por sorpresa sobre la cama derramó desde lo alto una nevada de billetes de banco de 500 y 1000 pesetas sobre el cuerpo desnudo de la hetera.

 

-Esta si que es una lluvia de oro. ¿No querías tu precio? Pues ahí lo tienes, recógelo zorrita.

 

Belle, a cuatro patas sobre la cama y la alfombra se puso a recogerlos uno a uno mientras C le azotaba las posaderas:

 

-Coge tu precio, puta; recoge tu salario, guarra; uno a uno ¡ja, ja, ja!

 

Le llevó a Belle casi diez minutos la cosecha, diez minutos que C, divertido empleó en zaherirla. Una vez bien contados los guardó en su billetero.

 

-Gracias, gracias, mi amor, ha sido fabuloso, he disfrutado como una auténtica perra ¿Cómo lo quieres ahora, por favor?

-Como ha sido tan cansado me voy a tender pito arriba y tú me lo haces todo con esa prodigiosa vagina, según me han contado.

-Ahora verás que no han exagerado. Disponte a gozar a tope.

 

Le enfundó el condón desenrrollándolo sólo con los labios, y luego procedió según el arte que ya se ha descrito. C aguantó todo lo que pudo la tortura vaginal de Belle y no pudiendo más se corrió entre atroces gemidos. Belle lo dejó descansar mientras se aseaba, repasaba el maquillaje y se volvía a vestir. Luego lo ayudó a lavarse las partes y colgada de su cuello lo despidió.

 

A partir de ese polvo, habiéndose corrido que Belle disfrutaba si la trataban como a una puta, Belle experimentó sin hartarse su ración de menosprecio al tiempo que crecía su fama como folladora extraordinaria, lo que, unido a su belleza, juventud y fina desvergüenza, hizo subir muchos puntos su cotización. Todos los clientes salían tan satisfechos que Manolo ya consideraba la conveniencia de subir fuertemente la tarifa. Pero eso no sería antes del día siguiente.

 

Belle hizo un esfuerzo y atendió a los cinco clientes. El último fue su antiguo amante ocasional, F. F le espetó:

 

-Te dije que eras puta y acerté. Buena vista la mía.

-Pues no, buen mozo. En aquella ocasión estaba yo por el amor libre; te escogí y te ligué no por otra cosa que por haber visto que eras un saco de lujuria insatisfecha, y me apetecía tu deseo espeso para saciar  a tope la mía propia. Me gustan los tíos con ganas de follar, nada de romanticismo. Pero no te cobré, aunque seguro que con las ganas que me tenías me hubieras pagado con gusto. Fue un ligue fogoso, pero no fue prostitución. Prostitución va a ser esto, amor, en cuanto me pagues. Me querías puta y me vas a tener puta, ya verás la diferencia. Ahora lo que yo sienta no va a tener importancia, sólo vas a importar tú, “mon petit chou chou”. Anda, cielo, suelta la guita.

 

F le dio las 15.000 y Belle lo subió al paraíso.

 

La recaudación de ese primer día ascendió a 110.000 pesetas, que Manolo y Belle se repartieron religiosamente por mitad. Belle repartió propinas de 5.000 pesetas a las compañeras que la habían asistido, y todavía le quedaron 40.000 “para sus gastos”. Manolo estaba muy satisfecho, tenía una fuente de ingresos segura entre las manos, que pensaba aumentar al paso en que el boca a boca, la mejor publicidad, divulgase la buena nueva del bombón francés que follaba como los ángeles y tenía cara de tal.

 

“Le premier mardi, orange marigold”, sentenció al teléfono Belle su primer día de lenocinio en el burdel de Manolo. Mucho morbo, pero sin incidentes desagradables. Belle se sintió más que compensada después de tantos días de “sequía”, y Severine más y más convencida de que la opción c2 era la suya. Cada vez más Belle de Jour y menos Severine Serizy.

 

Aquella noche Severine se la pasó soñando que la pagaban y los follaba, pagaban y follaba, pagaban y follaba … y disfrutó tanto en sueños que le vinieron todos los orgasmos que inhibió en el burdel.    Y se supo muy puta y se sintió contenta.

 

Al día siguiente Manolo la recibió muy cariñoso, y subió la tarifa a 20.000. Atendió a cuatro por la mañana y tres por la tarde: 140.000 en total, 70.000 para cada parte.

 

“Le premier mercredi, citrons jaunes”.

 

 

El jueves libraba y lo dedicó a la playa, donde se exhibió a tope en “top less”. Dos chavales de dieciséis o diecisiete años se la comían con los ojos. Belle los llamó.

 

-¿Qué pasa, chicos? No me digáis que aquí en Ibiza no estáis hartos de ver tías buenas.

-Pues sí, pero tú estas superguay, y además no te cortas.

-Total, que os vienen los malos pensamientos. Pues no os reprimáis, colegas. A ver, vosotros ¿sois ya hombrecitos?¿os lo habéis hecho con alguna chica o estáis vírgenes?

-Bueno, yo sólo algún beso y algún achuchón, pero mojar, mojar …; pero éste dice que una vez lo intentó, aunque creo que lo dice por fardar …

-Pues hoy puede ser vuestro día de suerte si os atrevéis, porque me encontráis de talante caprichoso y me apetecería montármelo con dos novatillos ¿hace? No os preocupéis, que sé lo que hago, estoy limpia y os puedo enseñar muchas cosas ¿vale, valientes? Que no se diga … O no os apetece.

-Mujer, apetecer, apetecer …

-Ea, que la suerte no pasa dos veces. Y no os voy a pedir nada; es sólo por ver la carita que pondréis cuando os suba al cielo …

-No sé, Javi. ¿Tú que crees?

-No sé, vale; la tía está tan buena …

-Pues hecho. Todo corre de mi cuenta.

 

Los invitó a un refresco, los metió en un taxi y se fueron a Casa Manolo. Allí tuvo Belle que pagar la habitación, que Manolo no pasaba ni una. A los chicos se les abrían los ojos como platos al ver corretear por allí a las compañeras semidesnudas. Después Belle tuvo que hacer de instructora, de maestra, de puta y hasta de madre. Pero fue encantador: tuvo que enseñarles todo, a acariciar, a sobar, a magrear, a joder. A correrse, no, que se corrían solitos; lo primero fue entrenarlos en controlar la eyaculación precoz, porque se le iban con sólo mirarla en cueros, pero, eso sí, eran inagotables y se reponían en seguida. Hasta la segunda o la tercera no consiguió que llegaran a penetrarla sin irse antes, pero al fin pudo hacerles el numerito suyo y ver la cara que ponían, que era inenarrable. Después al uno le hizo una felación y al otro una cubana, para crear leyenda; estaba segura que lo recordarían toda su vida. Cuando quedaron exhaustos, se asearon y Severine los invitó a comer en un buen restaurante. Los chicos la miraban deslumbrados. Y Belle les dijo:

 

-Ha sido un placer, pimpollos, pero aquí se acaba la historia. Si otro día me veis, yo no os conozco ni vosotros a mí. Espero, como caballeros que sois, que guardéis bien el secreto: no quiero andar en boca de la gente. Si tenéis que fardar, fardad, pero sin señalar. Tengo vuestra palabra. Y ahora adiós.

 

Y se despidió con dos castos besos en las mejillas de cada uno.

 

“Le premier jeudi, bleu véronique”.

 

El viernes por la tarde atendió solo a dos, 50.000 pesetas, y le supo a poco. El maquillaje, la “pose” descaradamente procaz: ligueros, bragas y “top” bajo, que dejaba los pezones turgentes al aire, y los propios pezones todo en malva suave, mucho trabajo para solo dos servicios. Pero ella no dejó de disfrutarlo

 

“Le premier vendredi, bleuet indigo”

El sábado se desquitó con creces: de rubia platino con solo medias, areolas, pezones y labios a tono, entre fresa y naranja, crema, muy suave. Siete servicios, tres de ellos muy fogosos; uno, retorcido y vicioso, le exigió una cubana – la única modalidad en que ella no exigía preservativo – y la dejó perdida de semen, lo que la obligó a ducharse y volverse a maquillar, un asco. 185.000 pesetas, porque al asqueroso le exigió 35.000. Ella se llevó 80.000 y repartió el resto de su parte en propinas entre sus compañeras.

“Le premier samedi, violette”

EL FILÓSOFO

[CONTINUARÁ]

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *