Belle de jour a mi gusto 6. Fase 2: Conciencia del efecto del propio cuerpo sobre los hombres

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2ª fase.- Toma de conciencia del efecto de su cuerpo-aún pasivo-sobre los varones.

 

Esta fase será algo más dura por cuanto la obligará ya a la confrontación con sus partenaires naturales: los varones. Es una fase que consiste en la exhibición de su belleza y tomar constancia del efecto que produce en los hombres. Y nada más. Sin descararse ni encararse ni devolver las miradas; solo encelar con su presencia física, su maquillaje, sus perfumes y su vestimenta.

Deberá ser atrevida en esas cuatro cosas ropa sexy y ajustada de manera que realce lúbricamente sus encantos, maquillaje acusado aunque no chocarrero –quizá profesional- y lo mismo en peluquería, manicura, uñas, etc., perfumes bien elegidos para las distancias cortas y, lo más importante, la belleza dinámica: andares ondulantes -altos tacones-, contoneos provocativos y gestualidad sugerente. Y todo esto aparentando fría indiferencia ante los efectos más o menos arrolladores de esa estrategia. En esta fase quedan prohibidas cualesquiera respuestas al interés despertado: ni de palabra ni de gesto ni de mirada y mucho menos de contacto físico. Pero usted irá tomando nota mental del efecto conseguido – si alguien se sobrepasara, usted le despediría con frialdad y aplomo. Al final de esta fase es optativo un ejercicio de strip tease. Le daré una tarjeta de un local de este tipo que admite aficionadas y si se atreve sería muy bueno como terapia, si no, no pasa nada, le propondría ejercicios alternativos y menos agresivos.

Severine estaba dispuesta a todo – si él supiera – y así se lo prometió cuando le dio la tarjeta. Y empezaba la nueva terapia.

Y fue difícil, como no, no tanto por dejarse ver muchísimo más provocativamente de lo habitual en Severine – fuera del burdel, claro-, que también, como por tenerse que aguantar las ganas de responder a las miradas ardientes, los suspiros, los rugidos y las palabras incitantes, a veces soeces; era peor que en casa Anaïs, allí los hombres iban a lo que iban, sabían que no iban a tener dificultad –solo iban a necesitar dinero- para lograr lo que quisieran y no gastaban pólvora en salvas a no ser que eso los excitara; aquí, en plena calle o en la barra de un bar o sala de fiestas, ven alguna que se exhibe y eso desata sus bajos instintos, pero la incertidumbre del resultado final les lleva a una mayor agresividad: como mínimo miradas que la desnudan entera, como máximo intentos de sobar la mercancía. Y era complicado provocar y no tener apenas armas para detener la lujuria incitada. Severine elegía bares de alterne o salas de fiestas de barrios alejados del suyo, aunque siempre burgueses y por allí y lugares aledaños se exhibía, no sin riesgo al forzar la máquina de la lubricidad.

Y a ella misma, por otra parte, que no era precisamente de piedra y que, con la práctica de las mañanas estaba acostumbrada a pasar con facilidad de las posibilidades a los hechos, le resultaba de lo más frustrante no rematar las incitaciones con el habitual magreo y un buen polvo. De manera que luego en casa se tenía que desahogar  con una sesión de mano en la bañera. Pero no era lo mismo y al día siguiente el primer cliente recibía con placer las ansias contenidas de la hermosa.

Y no era para menos; nunca hasta ahora se había exhibido tan a conciencia, a conciencia de ser puro objeto sexual mostrado ante sus potenciales depredadores en un peligroso juego de excitaciones, como al descuido, como pasivamente, a lo ingenuo, a lo perversamente ingenuo; y poco a poco percibir las señales del ascendente acaloramiento de todo un cortejo de machos que se cocían en su propio deseo, a punto de perder las formas y abalanzarse sobre ella para tomar violenta posesión de lo que la falsa ingenuidad tan manifiestamente les ofrecía. Pero llegados a ese punto ella, gentilmente, sabía zafarse justo a tiempo dejándoles, como a los toros, con el ardor de las banderillas de la lujuria clavadas en todo lo alto mientras se acogía a algún oportuno burladero. Peligroso arte de caza con su cuerpo como reclamo, del que salió siempre airosa … y con las hormonas a cien.

Y el viernes:

-Ah, sí, la terapia sex del Dr. P. Pasa, guapa, que te vean si das el tipo.

-¿Y si no lo doy?

-Pues te vuelves para casita y que el doctor te mande otra cosa, pero nosotros debemos velar por la fama y el nombre de la casa. Anda, que te vea Melisse.

Melisse la mandó desnudarse del todo. La pellizcó el pezón izquierdo hasta ponerlo duro, la metió el dedo en el coño para masajearla el clítoris y observar la respuesta.

-Bien: depiladita, con dragoncito tatuado y de calentón fácil. Ya sé que vienes a otra cosa, pero si quisieras te ganabas fácilmente unos cuantos miles de francos. Pero vamos a lo nuestro: ¿has hecho strip antes?

-Pues, no.

-Entonces mira, entra a los camerinos, te duchas, te das bien por toda la piel con el aceite corporal que allí encontrarás, te maquillas bien y te preparas con la ropa interior que hayas traído para el strip. La de encima será esta que traes ahora de calle, cuanto más sencilla mejor. Date prisa que vas la tercera. A ver si te da tiempo de ver el espectáculo de alguna compañera antes de entrar, y si no , te las arreglas como puedas. ¿Cómo te llamamos?

– Llamadme Belle.

Pero salió muy bien porque aunque lo hubiera ocultado ella ya lo había hecho chez Anaïs, ante más de un cliente o grupo de ellos. Y el strip le iba como anillo al dedo a su terapia exhibicionista, potenciada por su cuerpo espléndido. La sala se venía abajo a pesar de no ser muy abundante la clientela

Melisse venía contenta:

 

-Belle, encanto, tres clientes de mucha pasta quieren que les repitas el strip en privado. Pagarían mucho, y a la casa le daría prestigio. ¿Cómo lo ves?

-Pero, Melisse, soy una mujer casada y decente … Hago esto dentro de una terapia, ya lo sabes; si recibiera dinero ¿en qué me convertiría?

-Ese es el morbo; por una profesional no pagarían nada. Ellos buscan el capricho y ¿a ti qué más te da? Nadie se enteraría, lo prometo … y te vendría bien para tu terapia … y para pagarla. ¡Ea, nena, no dejes que ese tesoro de cuerpo se marchite sin lucirse, como striper de lujo!

Belle se dejó seducir y dio un paso más por la pendiente “imaginaria”. Marchó a renovar su lencería y a vestirse; a la salida Melisse la aguardaba para conducirla a la suite, donde tres tipos mayores y sebosos se sentaban en sillas alrededor de la cama. Entró Belle erguida sobre altos tacones y tras de rodear a los tipos se subió al lecho. Uno de ellos fijó las condiciones:

 

-Lento, integral y con derecho a sobar.

 

Belle otorgó con un gesto; ya qué más la daba, todo iba camino de la debacle… Empezó a desnudarse despacio con ronroneos de gata en celo y contoneos provocativos; y poco a poco su cuerpo iba revelando los secretos.

Los tíos, inicialmente helados, iban tomando el pulso a la provocación lúbrica. Uno a uno fueron dejando sus sillas y arrimándose a la cama. El cuerpo ya casi desnudo de Belle lucía en su esplendor a la luz de la ventana; y estaba tan cerca de las manos … Y las manos llegaron, y eran seis, con treinta dedos, que acariciaban, apretaban, sobaban: magreaban, en suma. A Belle, tan profesional, le entraban calores .. y eso que no sabía que en una bebida le habían colado un afrodisíaco … Pero los caballeros querían más, claro. Belle lo había visto venir.

 

-No, señores, un trato es un trato y yo ya he cumplido.

 

Uno de ellos le dio lo convenido … y le enseñó mucho más …

 

-¿Y nos vas a dejar así, nena, con la miel en los labios, con lo buena que estás?

-Pero ¿por quien me toman? Soy una honesta mujer casada. Me he dejado tentar, es cierto, por Melisse, pero aquí se tiene que acabar esto. Tengo mi modesta profesión (auxiliar administrativa había dicho), mi familia, mi honor.

-¿Sabes lo que hay aquí? Tu sueldo de dos meses ¿sabes? Y nadie se va a enterar si tú no quieres. Además tú ya te has vendido un poco: estás en cueros delante de tres desconocidos que te han tocado a placer sin que opusieses ninguna resistencia; ya eres una putita, una golfa con unas ganas enormes de joder- le decía mientras le ponía duros los pezones y otro la masturbaba.-Y además este brazalete ¿qué dice? ¡calla, calla! “orgullo de ser puta”,  “Belle de Jour, una puta” ¿nos estás tomando el pelo, furcia? ¿Eres puta y te haces la ingenua para sacarnos más pasta?

-No, no, se lo juro. Melisse me lo prestó para dar más morbo, pero la verdad es la que les he contado.

-Eso lo  vamos a saber en seguida, en cuanto te follemos y desahoguemos este calentón en que nos has puesto, hermosa. Vete abriendo de piernas.

-¡Maldita la hora en que me dejé convencer!-gimoteaba,-¡Oh, no, no, qué malos son ustedes! Yo sola con los tres ¡me van a matar!… Vale, pero siempre con condón y nada por detrás, que me da asco …

-No te preocupes, putón, que te hemos buscado compañera- dio una palmada y entró …¡¡¡Charlotte!!! Belle le lanzaba mensajes con los ojos para que no la delatara; Charlotte los captó y se hizo la desconocida, se fue a ella y la besó apasionadamente en la boca- Charlotte es algo bollera, y como las compañeras de orgía se han de llevar bien vais a empezar a comeros los respectivos coños mutuamente hasta correros.

-Pero yo eso no lo he hecho nunca y además a mí no me gustan las mujeres …

-Y tú que sabes; deja que Charlotte te guíe y seguro que le coges gusto.

 

Y así empezó una noche en que hubo de todo en la cama redonda, amplísima, en que Belle y Charlotte terminaron recibiendo por los tres orificios, y pese a los dengues de la primera, también por detrás. E incluso practicaron la cubana así como innumerables posturas del Kamasutra. Y se llevaron un pastón extra.

 

Pero al que llevaba la voz cantante aún le quedaban cosas dentro. Una vez las chicas se cambiaron, siempre en atuendo de burdel, se las llevaron al bar a tomar una última copa en un discreto velador. Y el fulano, al tiempo que la rodeaba por la cintura y jugueteaba con el pezón más a mano, dijo a Belle:

 

-Ves como te lo has pasado bien, cariño. No había razón para tantos aspavientos: la que es puta lo es desde el vientre de su madre, lleve la vida que lleve, si lo sabré yo que soy putero corrido de muchos años. Tú podrás ser una santa esposa que no se ha comido un rosco en la vida que no haya bendecido el matrimonio, y podrás estar aquí de terapia contra la frigidez o lo que quiera tu psiquiatra, pero por dentro llevas la procesión del deseo que no para un instante, y aquí se ha visto y yo lo noté en seguida. ¡Vaya marcha! Con bandera y banda de música: menudo putón, y lo digo como elogio, nena, y sé bien de qué hablo. Y mira, conmigo te has quedado y esto no ha de quedar así: a mí me gustan las putas guapas y tú vas a ser mi puta preferida, bombón.

-Usted me afrenta, caballero, yo era una mujer decente que hoy, malaconsejada y tentada por las circunstancias, ha tenido un desliz que no se volverá a repetir. No es que no me haya gustado, lo reconozco … una canita al aire. Pero mañana, es decir, hoy, dejo terapia y todo. Usted ha tenido lo que pretendía y estamos en paz. Dejémoslo así.

-Te equivocas, prenda, te equivocas en dos cuestiones. Primero en lo tocante a ti: como ya he dicho tu eres una puta vocacional en potencia, que disfrutas follando por dinero; es así aunque fuera cierto que no lo supieras, que cada vez lo voy dudando más. Basta el más leve empujoncito para llevarte a ello y que estalle tu ninfomanía por encima de convenciones sociales y santos matrimonios. Y el empujoncito puede ser la experiencia de esta misma noche u otra cosita que ahora te diré. Lo segundo en que te equivocas es sobre mí: yo consigo siempre lo que me propongo, con buenas o malas artes, y mira ¿ves este aparatito?-y le mostró una cámara diminuta-. Con ello grabo todas mis orgías, y hoy toda la noche, desde las sesiones de strip hasta el follaje triple y salvaje en que tú has sido una estrella entusiasmada a golpe de orgasmo; y estás tan salida que te vienen por docenas. ¿Qué cara pondrían al ver esta película tu maridito o tus amigas, al verte follando, mamando, corriendote, chillando escandalosa en los orgasmos, recogiendo el dinero del trato junto a otra puta profesional? Estás atrapada en tu propia naturaleza, furcia. Puedes optar por ejercer de puta para mí de manera discreta o por que todo el mundo lo sepa sin lugar a dudas y termines mendigando la entrada en otro burdel como te pide el cuerpo aunque no lo quieras reconocer.

-Madre mía, es usted un completo canalla. Pero no se saldrá con la suya: le denunciaré …

-¿Y qué vas a decir? Que hiciste de puta sin que nadie te forzara; cobraste, y no poco como una cualquiera junto a una puta de oficio ¿verdad, Charlotte?

-Oiga, a mí no me mezcle en esto. Usted me contrató en una casa seria y mi trabajo es legal. Yo a esta señora no la conozco y menos como puta, salvo lo de esta noche.

-No, no va contigo, pero tu compañera esta un poco borde y ella sabrá lo que quiere.

-Lo que quiero es que me deje en paz. ¿Quiere su dinero? Se lo devuelvo todo.

-No, el dinero es vuestro y como zorras os lo habéis ganado bien. Pero a ti Belle te doy un mes para pensarlo. Me lo agradecerás, mujer; verás que golfa tan salvaje se despertará en ti. Aquí tienes mi tarjeta con mi teléfono y aquí tienes la tarjeta de Anaïs modes, donde trabaja Charlotte. En un mes te quiero disfrutar como puta; no creo que Anaïs tenga inconveniente en darte trabajo con estas prendas – y mientras tanto no dejaba de magrearle culo y tetas –¡Qué culito! De perdición, y la mamas muy bien; pero sobre todo tu vagina, TU VAGINA: la manejas como a un instrumento. ¿Cómo pretendes privar a los hombres-que lo puedan pagar, claro-de una fuente tan excelsa de placer como es tu cuerpo? No tendría perdón; al lanzarte al lenocinio me convierto en un benefactor de la Humanidad -pudiente, claro-. Oye y si prefieres otra casa, tú misma; eso sí, prostitución de lujo, que tú lo vales cordera y yo no piso otros sitios ¡puagh!. Así que antes de un mes me llamas para decirme donde trabajas y te prometo ser un cliente fiel … hasta que me canse de ti. Si no me llamas pondré en marcha el plan B, y cuando te hayan arrojado de todos los sitios de tu entorno burgués no te preocupes, buscaré tus cachitos por el arroyo, los juntaré, los lavaré y los llevaré al sitio que más los estimarán: un burdel de lujo. Eres carne a explotar, querida; si a mí me fuera el hacer de rufián, te pastorearía desde ya mismo. Y tú, chitón; que las mujeres estáis para eso y aguantáis las humillaciones como nadie. Pero me conformo con esto. Señoritas, ha sido un placer – y se despidió de la estupefacta Belle con un beso en el pecho más cercano, muy cerca del erecto pezón, que estas cosa a Belle la ponían al borde del orgasmo.

 

Cuando se quedaron solas Charlotte estalló:

 

-¡Qué sinvergüenza y que mal hombre! Me ha dejado sin aliento. ¿Qué vas a hacer, Belle?

-Pues que quieres que haga. Nada. Lo que quiere ya está hecho: ya soy puta de lujo en Anaïs, y lo único que queda es fingir la comedia de que ha sido él el que me ha hecho prostituta, para que se quede tan ancho y se pavonee ante sus amigotes. Un par de días antes del plazo lo llamaré compungida rogándole que no me pierda, que ya me he apuntado con Anaïs, pero que me de un par de semanas para habituarme. Y a Anaïs, lo menos posible: que he conocido a este pesado, que estaba empeñado en follarme en un burdel de lujo y que le he conducido hacia allí para que se desfogue, pero que no quiero que le dé privilegios; que actúe como la severa “madame” que es y le ponga en cola, como todos. Luego trataré de ganármelo y que me dé las copias de la orgía, aunque seguro que se quedará con el original. Que le aproveche. ¡Gilipollas!

Pero desde luego ¡qué lances depara esta profesión!: seguro que si yo no lo hubiera hecho ya por mi voluntad me hubiera puesto en un aprieto: quizá me hubiera visto obligada a hacer de puta ¡Ja, ja, ja! Pero la verdad es que vista no le faltó al caballero, porque puta, lo que se dice puta,…lo soy a tope, ¿no, Charlotte querida?

-No sé si lo has sido siempre, pero lo que sé es que ahora eres una puta como una catedral, Belle ¡ja, ja, ja!, y además te gusta que te lo digan ¿a que sí? Pero lo que más te gusta, putoncilla, es que te follen y paguen por ello ¡si no nos conoceremos ya tú y yo después de tantas horas juntas!

-¡Hala! Partamos pues esto a partes iguales, menos lo del strip privado que es mío. Y mañana, lo primero al banco, no nos vayan a robar el exudado de nuestros jugosos coños.

 

Se vistieron la ropa de calle y como era la hora que era y, al menos Belle, iba muy provocativa por lo de la terapia, cogieron un taxi y Belle invitó a su amiga a su apartamento secreto. Allí, al calor de la intimidad, Charlotte se atrevió a declarar su curiosidad.

 

-Pero dime, eso de la terapia ¿de qué va, guapa?

-Pues verás, ahora en serio, además de buena compañera, ¿tú eres amiga mía, Charlotte?¿me quieres un poco?

-¡No lo dudes, putita pija! Muchas veces no te entiendo, pero te quiero un montón, porque tú, a pesar de tu origen, te das, te abres, te haces querer. Te queremos todas, hasta Anaïs, aunque guarde las distancias. Y a veces nos da pena la angustia que se te nota sin querer.

-Pues ahí voy, y nunca te agradeceré bastante tu amistad y la de todas, pero yo te distingo a ti porque creo que me has calado más, y casi solo te tengo a ti para sincerarme porque en la doble vida que llevo ¿a quien acudir que me entienda mejor? Aunque tu caso sea muy distinto del mío- el mío es de psiquiatra- ¿a quien mejor que a ti puedo abrir mi corazón? La gente de mi entorno no sabe nada de mi problema, empezando por mi marido, y se escandalizarían de mi si lo supieran, Charlotte. Sería una perdida, una renegada, una viciosa ¿cómo me iban a entender, ni a escuchar sin echarme a patadas de su presencia? Eso ya lo sabías, pero no cómo lo llevo. Y si tienes paciencia voy a tratar de explicártelo.

-Sí, Belle, preciosa, pero sólo si te apetece y te desahoga. Y no te preocupes por mí que voy a tratar de entenderte con todo mi cariño- y la abrazó y la besó como a una niña, mientras Severine sollozaba. Cuando se tranquilizó, Belle prosiguió con su confesión.

-Ya te he contado mucho de lo mío: lo mío es adicción, tras la primera experiencia me prometí que no volvería, pero al poco me encontré mendigando el perdón de Anaïs, que me quería dejar en la calle; por conseguir “mi puesto” entre vosotras hubiera sido capaz de cualquier vileza, tal era ya mi vicio, porque no se lo puede llamar de otra manera.

¿Cómo podría explicarse esta conducta mía? ¿Insatisfacción sexual? Ciertamente estaba insatisfecha: mi marido era de esos que distinguen entre las santas esposas, destinadas a la procreación, y las maravillosas putas, variadas, serviciales, sabias para dar placer, comprensivas con tus problemas y discretas si no quieres cháchara sino sexo. Yo no podía tener hijos y además estaba harta del coito clandestino y express, con luces apagadas, con lo cual nos fuimos distanciando, y él, siempre con sus putas. Pero esto no explica mi entrega al emputecimiento; hubiera habido mil maneras de saciar mi insatisfacción mediante amantes más o menos estables o mediante amor variado y libre: Husson sin ir más lejos se me insinuó, pero lo rechacé –hice bien, ya lo conoces-, pero amantes no me iban a faltar. Pero no me llenan … suelen ser arrogantes y posesivos, sobre todo posesivos, y luego llegan los celos, los conflictos.

No es insatisfacción sexual. ¿Es ninfomanía? Creo que tampoco; el placer sexual directo me atrae, pero no me envicia, y en todo caso lo podría satisfacer como ya te he dicho, sin los riesgos para mi imagen social que entraña la prostitución. Ninfomanía, no. Entonces solo queda una cosa: lo que a mí me atrae con sensación de vértigo es ser, precisamente, puta de burdel, esa voluptuosa humillación de entregarse sumisamente por un precio a la satisfacción sexual de un cliente. Podría tratar de explicarlo diciendo que solo allí se encuentra una fuente constante de lujuria, permanentemente renovada porque el que llega allí lo hace urgido por el deseo: esa sería una explicación para una ninfómana, pero no es mi caso. En el burdel yo me siento …

-Yo creo, Belle, que le das demasiadas vueltas a las cosas. Una se hace puta por muchas razones diferentes y luego sigue en ello por rutina o por necesidad o por coacción o por vicio. Por lo que dices tú lo haces por vicio; no creas, más de una he conocido; pues bueno, yo no seré quien te lo reproche. Lo importante es que somos compañeras y amigas y que debemos apoyarnos para que nos sea más leve.

-En efecto, tienes razón, lo mío es vicio, pero déjame desahogarme, que así me conocerás mejor y nos querremos más. Mira, como te decía, en el burdel yo me siento como una potra, una potra hermosa y en celo, a la espera anhelante de ser montada-qué delicioso abandono de mi voluntad, en mí, habituada a mandar en otros y hacer siempre mi capricho -; esas expectantes mañanas en el velador de Anaïs, mientras llega el próximo cliente, que aguardo con húmeda ansiedad al tiempo que charlamos, fumamos, jugamos a las cartas … Y de repente el latigazo eléctrico del timbre que nos pone a todas en guardia-ha llegado un rey de la casa-, y luego la consabida orden de la madame: “Niñas, al salón” que nos enerva y aparta de la perezosa vigilia.

Y desfilamos a nuestro caer, poco vestidas, semidesnudas, desnudas, negligentes, pero siempre insinuantes, mimosas, lánguidas: en lúbrica oferta ante las procaces miradas del recién llegado, que nos mira y remira displicente, sin recato ni respeto alguno, y tras de un lapso eterno, elige. Y por mucho que domine la rutina ese será siempre un momento dramático: en mi caso cuando me eligen siempre siento una súbita descarga de adrenalina y un íntimo sobresalto, me acerco a mi amo, me abandono rendida a su voluntad soberana al tiempo que Anaïs cierra el trato, al que asisto como si no fuera conmigo, pero va ¡ya lo creo! Es el momento cumbre: potra vendida que ve como cruza de manos el precio que compra su voluntad, su cuerpo y su oficio; es tan voluptuoso para mí que muchas veces he llegado a correrme en ese preciso momento, y nunca en el coito; solo por ese instante estoy en esto, solo por ese instante soy puta, y a mucha honra. Lo demás es lo de menos. Aunque excitar al hombre, desatar en él su torrente de lujuria reprimida y que estalle el placer, mediante una técnica depurada, la sabiduría especial de la puta también me pone ¿Me entiendes, Charlotte?¿A que no? Pero yo te lo cuento, amiga, para que lo sepas y tomes nota. A nadie se lo he contado antes, ni al psiquiatra.

Y volvamos al psiquiatra y a la terapia. Pues mira, una vez que asumí que lo que me gusta, lo que me encanta es ser puta de burdel, yo, que siempre he sido muy consecuente, por loca que me veas, me planteé que si había de ser puta habría de hacerlo lo mejor posible. Y así me dispuse a mejorar para el oficio tres cosas: el cuerpo, el ánimo y la técnica de dar placer. Llevo muy avanzada la primera, como habréis notado, porque está a la vista, estoy a la mitad de la segunda, a la que obedece la terapia, que me imparte un buen psiquiatra, y la tercera está en proyecto. Solo te hablaré de la segunda, por la que me has preguntado: me di cuenta de que mi actitud ante los hombres, en este caso ante los clientes, era meramente pasiva: que me dejaba hacer, pero nada más. Ni sabía incitar, ni me sabía exhibir, ni era capaz de coquetear y mucho menos de insinuarme, llevar la iniciativa, ni engatusar. Y en ello estoy, creo que ya me he reconciliado  con mi cuerpo, he aprendido a reconocerlo y apreciarlo; también, y en esas estamos, creo haber aprendido a exhibirlo sin vergüenza alguna ante cualquier hombre; y lo que me falta es superar mi timidez natural, conquistar la desvergüenza para siempre y, finalmente, saber utilizar mi cuerpo, mi desvergüenza, y mis armas de mujer como arma de combate, es decir, aprender a seducir al que me apetezca, a cualquiera, de forma irresistible. Empiezo ya y lo he de conseguir.

-¡Madre mía, Belle!¡Vas a ser la Puta Perfecta!

-Pues, si no eso, lo más aproximado que pueda lograr. Y la guinda que corone el pastel: FIERTÈ D’ETRE UNE CHIENNE: ORGULLO DE SER PUTA, te lo juro por estas, y como colofón, si me atrevo, romper con todo, liquidar mi doble vida y ser únicamente eso: UNE CHIENNE, UNA ZORRA, la Puta Perfecta. Porque me gusta, y a mucha honra. Y ahora, a dormir, querida Charlotte, mi verdadera hermana. –y se abrazaron de nuevo y durmieron juntas como tales.

 

EL FILÓSOFO

 

[CONTINUARÁ]

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