Cachondeada en el metro y cogida por un jovencito

Sexo con Maduras, Milfs. Hola, es la primera vez que escribo un relato de este tipo, así es que espero hacerlo bien y les resulte interesante.

Bueno, mi nombre es Eréndira, tengo 52 años, mido 1.75 m, peso 70 kg, soy una mujer voluptuosa, eso significa que estoy nalgona, chichona y piernuda, tengo el pelo lacio y largo hasta una altura intermedia entre mis senos y mis nalgas. Soy de piel blanca, ojos castaños y pelo castaño claro.

Después de describirme físicamente, voy a decirles que trabajo en Liverpool del centro y vivo en la colonia Industrial, al norte de la Ciudad de México, así es que diario tomo el metro para ir y regresar a mi casa.

Diario uso un uniforme consistente en un traje sastre de falda y saco, la falda siempre la uso mini cortita a medio muslo, unos zapatos con tacón alto de aguja de 10 cm ya sea sandalias o zapatillas y medias con liguero o pantimedias transparentes, sólo en los meses de mucho calor voy al trabajo sin medias para andar más fresca.

Bien, voy a contarles mi experiencia del viernes 23 de diciembre de 2016.

En la noche ya para ir de regreso a mi casa, me subí en la estación Zócalo, la cual estaba a reventar de gente, a mi la verdad no me gusta viajar en los vagones de mujeres pues ahí viajan muchas lesbianas que nada más la van manoseando a una y si de manoseos se trata prefiero que sea un hombre quién me meta mano y no otra vieja, perdón, pero a mi no me gustan los homosexuales ni las lesbianas, yo me considero muy hembra y por eso no tolero que otra vieja me toque, por eso siempre viajo en los vagones de los hombres, aunque esto implique que a diario algún tipo me manosee.

Bueno, pues esa noche en el andén rodeada de hombres sentí como un tipo se me recargaba por atrás sin recato alguno, yo volteé a mirarlo y vi que era un escuincle como de 18 años que me miraba con tanta lujuria que me hizo simplemente quedarme quieta y dejarme hasta que llegó el tren. Cuando esto sucedió ese chamaco me rodeó por la cintura recargando fuertemente su verga entre mis nalgas y después me empujó hacia dentro hasta llegar a las puertas del otro lado, donde me sujetó de nuevo por atrás, se acomodó bien para recargar con fuerza su verga en mi culo; al avanzar el tren este escuincle empezó a embestirme con su verga parada y sentí como metía sus manos por debajo de mi falda para acariciar mis piernas por adelante y por atrás para luego levantar mi falda hasta arriba y sobar mi pepa restregando mi rajada con sus dedos, eso me hizo estremecer y empecé a moverme hacia atrás apretándole su verga.

Así pegados llegamos a la estación de correspondencia Hidalgo, yo me bajé con rumbo a la linea 3 para tomar la dirección Indios Verdes y noté como este escuincle caminaba todo el tiempo justo atrás de mi; al llegar al andén caminé más o menos hasta la mitad y sentí como de nuevo ese chamaco se me recargaba con insitencia, yo lo dejé porqué la verdad me gustaba mucho sentir entre mis nalgas la verga parada de un muchachito lujurioso y morboso como él. Al llegar el tren se repitió la historia, el chamaco me rodeó por la cintura, me empujó para adentro y se me recargó muy rico en mi culo mientras metía sus manos por debajo de mi falda para acariciar mis piernas y sobar mi pepa.

Al ir en el tramo entre la estación La Raza y la estación Potrero me preparé para bajar, pero como en esa estación se abren las puertas del otro lado me di la media vuelta para quedar de frente a la puerta correcta, pero también quedé de frente con el escuincle quién de inmediato recargó su verga en mi pepa, metió sus manos bajo mi falda y me la levantó hasta arriba picando mi culo, me susurró al oído “no te bajes, vente conmigo a mi casa”. Al escuchar eso me quedé atónita, ese chico, que bien podría ser mi hijo me estaba pidiendo que me fuera con él.

La verdad me sorprendí mucho pero no tanto por la propuesta del muchacho, sino por mi propia reacción, estaba muy caliente, sentía la verga parada de ese chico raspando mi pepa, sus manos, una acariciando mis piernas y la otra picando mi culo, estaba mojada y con muchas ganas de tener esa verga dentro, así es me dispuse a no desperdiciar la oportunidad que se me presentaba y me quedé pegada a él y me fui con él hasta la estación Indios Verdes.

Al llegar a la estación terminal, el chamaco me rodeó por la cintura y caminamos juntos hacia la salida, salimos por donde está el paradero del ADO y caminamos entre puestos de ambulantes hasta llegar a una vecindad, entramos a una vivienda de la planta baja ubicada en un extremo, entramos y vi una gran habitación muy sucia y regada, había un baño también muy sucio, todo estaba muy regado y olía mal, pero ni tiempo tuve de protestar porque enseguida se me recargó de nuevo por atrás, sentí como metía su verga entre mis nalgas y como sus manos acariciaban mis piernas y sobaban mi pepa, además sentí como apachurraba con fuerza mis chichis, después se tendió en el piso boca arriba colocándose entre mis piernas y debajo de mi falda, me acarició las piernas en toda su longitud y me dijo de que color eran mis pantaletas y luego me bajó las pantimedias junto con las pantaletas, me tendió en un camastro que había ahí en un rincón de la habitación, me colocó de nuevo mis sandalias de tacón alto en mis pies, me levantó la falda hasta la cintura y me abrió las piernas, vi como se quitaba un pantalón de esos para correr, debajo no traía calzones, así es que quedó al descubierto su verga, era una gran verga, muy larga y muy gruesa, me acarició de nuevo las piernas, me las besó a todo lo largo, luego se acomodó en medio y sentí como hacía contacto la cabeza de su verga con la entrada de mi pepa, cuando me estaba tocando con la punta de su verga me miró y me dijo: “prepárate ruquita, vas a sentir como si tu hijo te estuviera cogiendo” y sin decir más me ensartó con su verga metiéndomela de dos embestidas.

Me tuvo así ensartada un largo rato embistiéndome con fuerza, frotando frenéticamente su verga dentro de mi pepa, diciéndome toda clase de cosas sucias, morbosas y ofensivas, me decía que yo era su puta, su perra, su pendeja, la puta que abría las piernas para que él me metiera toda su verga en mi pepa. La verdad en lo absoluto me molestó ni me ofendió lo que me decía, comprendí que todas esas cosas me las decía por estar tan caliente y tan lujurioso y es que para un chico de 18 años una mujer de 52 como yo es para volverse loco.

Al fin se vino dentro de mi, sentí como arrojaba dentro de mi pepa abundantes chorros de liquido blanco, espeso, viscoso y muy caliente, me encantó sentir como mi pepa se inundaba con sus mocos blancos, espesos y calientes. Él se quedó un rato acurrucado conmigo escondiendo su cara en mi pelo, después besó mi boca y mi cuello y me dijo “gracias ruquita puta por hacerme venir tan rico, hacía mucho que quería ensartar la pepa de una hembra tan buenota y tan puta como tú”, sacó su verga de mi pepa, yo me levanté y noté como enseguida los mocos comenzaban a escurrir por mis piernas hasta llegar a la planta de mis pies, me puse las pantaletas, me acomodé la falda pero ya no me puse las medias, ese chamaco y yo nos dimos un beso y nos despedimos, para mi fue una experiencia inolvidable.

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