CARITA DE ANGEL II

Luego de la follada descomunal que tuvimos la noche anterior Susana me llamó por teléfono. Tenía algo que contarme. Nos vimos al atardecer. Nos encontramos en una cafetería. Cuando llegué casi me caigo de espaldas con la sorpresa. En la mesa estaba Susana y sus hermanas.

¡Eran Trillizas! Susana, Graciela y Cristina. Exactamente iguales. No supe cual de las tres era Susana. Una de las tres se levantó y me dio un beso apasionado ante la risa de las otras dos. Cualquiera podía ser Susana. Desde de esa tarde todo cambió. Susana se volvió insaciable. Esa tarde después de la nochecita que habíamos tenido volvimos a hacer el amor. Ella me pidió desesperadamente que le hiciera otra vez el culo. Volví con el procedimiento de la noche anterior. Susana gritaba como una loca. Me corrí en su culo, en su boca, en su cara… su cara de mujer hermosa… hermosamente puta. Era verdad se estaba convirtiendo en una viciosa empedernida. Pero me encantaba follarme una viciosa empedernida.

Al día siguiente volvimos a encontrarnos. Otra vez estaban sus hermanas. Me sonreían como si supieran algo que yo no sabía… las tres eran hermosas. Hermosamente iguales. Hermosamente putas Volvimos a follar esa noche. Otra vez me pidió que le hiciera el culo. Otra vez repetí el mismo procedimiento y otra vez Susana gritaba como una poseída… Era insaciable. Volví a correrme en su culo, en su coño y en su pelo… su pelo de un rubio hermoso… hermosamente puta. Durante cerca de un mes estuvimos follando todos los días. Varias veces por día. Ya no daba más. Era demasiado. Estaba agotado. Había perdido mucho peso y no hacía otra cosa que follar. Me sorprendía que ella no se cansara… Fue entonces que se encendió “mi lamparita”: se me ocurrió algo. Pero…no podía ser… Era muy fuerte… ¿y si me estaba follando a las tres hermanas? ¡No podía ser! Aunque cabía la posibilidad.

Las mujeres son muy putas cuando se lo proponen y el juego entre las tres hermanas era muy morboso y muy excitante. Estas chicas ricas estaban buscando acción y la habían encontrado… ¿y si era así? ¿Que haría? Pensé en una estrategia… algo para descubrirlas. Por ahora era solo una sospecha. Tracé entonces un plan para salir de dudas. Esa tarde volví a la cafetería y me encontré con las trillizas. Me fui con una de ellas. Suponía que era Susana. Mi “Susana”. Follamos como siempre… apasionadamente… no dejando hueco por visitar. Fue un encuentro apasionado. Tan apasionado que dejé una marca en un costado de su ombligo: el derecho. Un soberano moretón producto de un buen chupón de mi boca.

Al día siguiente repetí la operación. Para mi sorpresa, la “Susana” con la que acababa de follar no tenía marca alguna en el ombligo. Le dejé entonces una marca idéntica a la del día anterior, pero del lado izquierdo. Al día siguiente volví. Antes de salir le pedí a la “Susana” de ese día, que me mostrara el ombligo. Me lo mostró y no tenía marca alguna. Entonces volví a la mesa donde estaban las otras dos “Susanas”.

Con las tres hermanas delante de mí les pregunté a que jugaban. Se miraron entre las tres. La “Susana” de turno me dijo: “No jugamos a nada… no pasa nada… ¿que estás pensando?” Le dije entonces cual había sido mi estrategia y les demostré que cada una tenía una marca a derecha e izquierda del ombligo, menos la “Susana” con la que me iba a acostar esa tarde. Se miraron entre ellas y solo dijeron: -“¡Nos descubrió!” Eran unas mujeres hermosas… hermosamente putas. La “Susana” de esa tarde, era la verdadera. Me explicó que le había gustado tanto follar conmigo, que no había podido ocultarlo a sus hermanas. La noche que lo hicimos la primera vez llegó a su casa emocionada y casi llorando de felicidad. Con esa felicidad que siente una mujer cuando tiene una experiencia memorable y una satisfacción que empieza en sus entrañas.

Cuando les contó a las hermanas lo sucedido, ellas dijeron que querían conocerme y probarme. No podía ser tan egoísta con sus hermanas así que las dejó que me cogieran… ¡Total! todo quedaba en familia. Las tres iban a cogerme. Entonces idearon ese plan, que no era la primera vez que lo ejecutaban. Cada día foll

aba con una distinta. Eso las llenaba de excitación y morbo a las otras dos que ese día esperaban. En un primer momento me enojé, pero después me lo tomé con humor e ironía. Llegué a la conclusión que ya no tenía una puta para mí… ¡sino tres! ¿Por qué no disfrutar de las tres, si ya habían comido todas del mismo palo? Decidimos festejarlo con una pequeña orgía. Les propuse acostarme con las tres juntas.

Al principio se negaron porque les gustaba jugar, pero no eran tan putas para ver como una follaba con la otra… les insistí, pero no tuve mucho trabajo. Enseguida nos fuimos los cuatro a follar a su casa. Mientras follaba con una, le comía el coño a la otra. La tercera miraba y se masturbaba. Estaba exhausto. Ya me había corrido dos veces y la polla no se endurecía ni con almidón. Le propuse que hicieran algo para motivarme. Entonces se miraron entre si y sin mediar palabra empezaron un trío donde se chupaban el coño la una a la otra. Me daban un espectáculo lésbico gratuito con el que enseguida me puse al palo de nuevo. Las deje así y mientras se chupaban el coño y se metían sus dedos, les iba dando por el culo un poquito a cada una. Ya ni me acuerdo las veces que lo hice.

Me confesaron que estaban muy satisfechas conmigo, pero que sabían que no iba a durar mucho. Me dijeron también que les gustaba más coger que respirar y que siempre habían compartido las pollas de los diferentes novios que cada una habían tenido. Hermosamente putas. Les dije entonces que me dejaran pensar en un plan. Que no se preocuparan que cuando quisieran rabo yo se los iba a conseguir. Esa noche fui al Pub de Aníbal y le conté lo que me había pasado. Ya no pensaba en el amor. Solo en el sexo. Aníbal me sugirió que les consiguiera tipos. Conocidos. Que con lo buenas que estaban se iban a matar por echarse un polvo con ellas. Que… ¡claro! Por el servicio debería cobrar unos…”honorarios”.

La llamé a Susana y le conté la idea. Le parecía un poco fuerte, pero creía que las hermanas no se iban a oponer. No se opusieron… al contrario: la idea les encantó (a las tres). Con Susana llegamos a un acuerdo. Ella follaría conmigo solamente. A las hermanas les iba a conseguir con quien follar. De paso les cobraría. O sea que me convertiría en el chulo de mis propias cuñadas. Las muy putas se tiraron a todos mis amigos del pub. Cobrándoles yo…¡Claro! La fama de las trillizas superó el barrio, la ciudad, e incluso la Argentina.

Juntos ganamos mucho dinero. Yo con mis contactos y ellas con su físico. Alguna vez dejé que alguno se follara a Susana, aunque era mejor así, ya que, por lo menos de ese modo, cobraba. Era mejor así. Sino lo habría hecho gratis… eran las tres muy putas… hermosamente putas. Con el paso del tiempo se casaron. Yo seguí viendo a Susana. Hoy son tres mujeres honorables ya que están las tres casadas con gente de mucho dinero… como ellas. Las tres se han casado con jugadores de polo. De ese modo nunca serán llamadas putas, sino señoras de la alta sociedad… que más o menos quiere decir lo mismo.

Sé que Susana alguna vez cambió su rol de amante esposa, con las putas de sus hermanas, follando con sus cuñados ¡Una fiesta en familia! Sé también que de los hijos que tienen las tres, alguno es mío. Siempre me quedó la duda de cual de las tres era la Susana verdadera. Que más da… para mi siempre me follé a la misma ¿Quién querría discutirlo?…

Las tres siguen siendo lo que fueron siempre: unas mujeres hermosas… hermosamente putas.

Autor: TROLOMEN

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Escrito por Marqueze

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