CARTA A MI SUEGRA

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Debo comenzar por decir que tengo poco tiempo de casado y aunque conozco a mi pareja de hace años, jamás llegué a desear a mi suegra tanto como desde hace unos meses. Ella es hermosa, tiene cincuenta años y aparenta menos edad pues siempre luce impecable (sus manos, su cabello, los cuidados a su piel la hacen lucir hermosa) cambia de corte de cabello constantemente, es de piel blanca mide aproximadamente 1,65mts tiene unas piernas hermosas y unos senos grandes y firmes que despiertan los más bajos deseos. Su espalda es suave y con algunas pecas y su voz dulce y ronca a la vez encanta al más experto de los hombres.

No voy a contarles sobre su personalidad y otras tantas cualidades que tiene porque pensarían que aparte de lo mucho que la deseo además estoy involucrado (y lamentablemente aún no es así no porque yo no quiera sino porque no he tenido la oportunidad de envolverla en mis caricias y enseñarle todo un mundo que desconoce).

No voy a mentirles (como muchos hacen aquí) inventando que han pasado cosas o que me ha dicho cosas que aún no ocurren. Lo que voy a leerles a continuación es una declaración; la declaración mezclada con la fantasía que quisiera cumplir con ella.

Sueño con el día en que con tu dulce y pausada voz converses a solas conmigo, te acerques a mí, acaricies mi espalda como lo has hecho con cariño en reiteradas visitas y vayas hipnotizándome y relajando toda la resistencia que siempre te ofrezco para evitar dejarme llevar por mis deseos hacia ti.

Que no se de que forma tu conversación nos lleve a que abras tus sentimientos y me cuentes que quisieras sentirte deseada como mujer, que a veces sientes algún vacío en tu rutina y que aunque estás feliz con tu vida de esposa ejemplar, de madre ejemplar, de trabajadora ejemplar y de excelente ama de casa; en algún momento te planteas inquietudes.

Se que eres muy reservada, que tu moral te inspira el mayor respeto hacia mí aunque te confieso que quisiera que me vieras como hombre y eliminaras cualquier barrera creada por nuestro parentesco. Me gustas, me gustas clásica y moderna a la vez. Con ese aire de mujer madura mezclado con la mas firme elegancia que despierta en mí el más mortal y silencioso sentimiento que ahogo cada vez que estoy cerca de ti: El Deseo.

Si, aunque lo he callado muchas veces hoy quiero decirte que te deseo, que no te veo como suegra sino como mujer. Que me enloqueces cada vez que con tanta elegancia coincidimos en una fiesta o reunión familiar. Que no logro quitarte la mirada mientras mi mente viaja imaginando que me tomas de la mano y te marchas conmigo a un lugar solo, donde pueda acariciar tus labios con los míos, donde pueda explicarte mis sentimientos con mis manos y no con palabras.

Un sitio romántico, donde luego de beber un poco de vino y de haber apartado las copas pueda acercarme a ti y susurrarte tantas cosas que se que quieres oír aunque te ruboricen. No voy a decirte que no temas, ni pienso abordarte con planes o explicaciones, pues pienso que hay cosas que simplemente se viven.

Contigo quiero vivirlo, quiero vivir ese espacio en el que entre besos y caricias voy desvistiendo tu cuerpo y alejando ese elegante vestido negro con escote brillante que acelera mi pérdida de control. Acariciar tu espalda y sentir tus senos grandes y firmes contra mi pecho mientras mis manos recorren tu cuerpo hasta encontrar tus piernas.

Deseo mucho que te dejes llevar, que me dejes besar todo tu cuerpo y acariciarte hasta que nos fundamos en un solo cuerpo. Sentir como me recibes y me dejas entrar en ti, mientras a la par de tu humedad tu respiración aumenta; el ritmo que antes era lento ahora acelera y se mantiene constante; mientras el ambiente se confunde en una mezcla de sudor, besos, jadeos y caricias.

Quiero que seas mía. Quiero que sientas escalofríos en esa noche de entrega. Que no te detengas ni me permitas detenerme. Que liberes todos los prejuicios y que pierdas el control. Que explotes en infinitos orgasmos y que te fundas en el mundo de placer que tengo reservado para ti.

Una vez que todo eso ocurra, me encantaría poder inundar tu cuerpo con mis caricias y hacer que te duermas entre mis brazos y que al amanecer estés junto a mí. Que sonrías al verme a tu lado

y entiendas que nuestra vida juntos apenas comienza y que no ha sido sólo sexo, sino entrega de sentimientos.

Que no fue casual, sino que ocurre porque finalmente era imposible seguir frenándolo. Que me mires a los ojos y me digas que te sientes bien a mi lado y que nuestros encuentros seguirán ocurriendo.

Que al llegar a tu trabajo veas un ramo de rosas que no tiene tarjeta no por clandestinidad sino porque simplemente no la necesita. Llámame, no sólo cuando recibas las rosas el día después de nuestro primer encuentro, sino cuando leas este relato.

Cuando leas este relato llámame e invítame a desayunar a solas un fin de semana (no me des motivos adicionales en tu llamada pues no hacen falta). Aunque no tengas certeza, mi corazón latirá tan fuerte como el tuyo al escuchar tu invitación, porque será el inicio para esa conversación en la cual sin saber cómo, vas a abrir tus sentimientos y me contarás que quieres sentirte deseada como mujer, que a veces sientes algún vacío en tu rutina y que aunque estás feliz con tu vida de esposa ejemplar, de madre ejemplar, de trabajadora ejemplar y de excelente ama de casa; ahora tienes inquietudes.

Esa conversación que te llevará (por fin y como tanto deseo) a mis brazos.

R1

Autor: R1

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Escrito por Marqueze

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