Mi chica está orgullosa de su mejor amiga

chica orgullosa

Trío, Parejas liberales, En “Mi chica ya no está tan preocupada de su mejor amiga” les relataba que después de una sesión de sexo apasionado y de varios orgasmos de mi chica, por fin decidí acabar, bañando con semen su cara y sólo entonces nuestra amiga se acercó admirada de lo que acababa de ver.

Las acogí en un abrazo a ambas, aún recuperándome del gran esfuerzo físico, para comentar entre los tres lo que acabábamos de hacer. Mi chica quiso ir a lavarse pero le pedí que sólo se limpiara con sus manos y lengua, pues daba morbo verla así.

Compartíamos cómo habíamos sentido cada momento y nos alabábamos de lo bueno que había estado. Mi chica me decía que cuando estaba gozando al hacer el 69 y yo me cambié de posición para penetrarla desde atrás mientras le hablaba al oído, ella había entrado en un espiral creciente de placer que le llevó a un orgasmo enorme.

“Sí” comentó nuestra amiga, y mirándome continuó “entonces fue que tú te subiste a la cama y continuaste aún más fuerte, sin dejarla que se repusiera”. Y a mi chica: “tus gritos eran increíbles, desgarradores”, “tanto puedes gozar?” , “eres multiorgásmica!!”.

Yo les comentaba que me sorprendió cuando después de su gran orgasmo mi chica no se dio pausa y se subió sobre mí para continuar gozando.

Continuamos conversando, riendo, haciéndonos cariño y bromas. Nos terminamos la botella del Carmenere y comimos algunos frutos secos. Mientras descorchaba la segunda botella le pregunté a mi chica si podía preparar una tortilla de camarones, que le queda de maravillas. Ella se puso un delantal, dejando sus grandes tetas a medio tapar y el culo al descubierto. Su amiga y yo, también fuimos a la cocina a ayudar y conversar.

El espectáculo era maravilloso, mi chica cocinando así “vestida” y su amiga desnuda con su cuerpazo ayudando a preparar algo para reponer fuerzas.

Comimos, bebimos y pasamos un agradable rato, tenía mis necesidades básicas cubiertas: rica comida, excelente vino y el mejor sexo.

Terminamos recostados en el sofá, yo sobre los cojines y ambas apoyadas en mi pecho. Mientras hablábamos yo jugaba con sus tetas, comparando las generosas y redondas de mi chica y las levantadas y en punta de la amiga. A su vez ellas me acariciaban mi torso y jugaban haciendo dibujos con sus dedos en mis abdominales.

Mi pene que descansaba zigzagueando sobre mi muslo, comenzó a reaccionar a la situación, enderezándose y comenzando a mostrar sus venas. En un momento mi chica lo notó y se sonrió. Su amiga entonces también lo vio y me miró asombrada, “con todo lo que pasó vas a querer más??”

Mi respuesta fue diplomática: “bueno, no soy de madera, estando con estas dos bellezas es imposible que no”.

Mi chica mientras conversaba comenzó a acariciar mi pene haciendo que este comenzara a ponerse cada vez un poco más duro. Yo tomé la mano de la amiga para que se sintiera en confianza de hacer lo mismo, así que se la dirigí a mis bolas, las que comenzó a acariciar lentamente.

En poco rato ya estaba más duro y se levantaba sin apoyarse sobre mi muslo, por lo que mi chica se deslizó hacia abajo para poder comenzar a lamerlo y besarlo, pronto ya metía el glande en su boca para acariciarlo con su lengua.

Yo gozaba con lo que sentía y tome a nuestra amiga para comentarle lo que estaba haciendo mi chica y cómo me gustaba ello. Ella me indicaba que no entendía cómo podía entrar tanto en su boca, ya que en ese momento mi chica ya se esforzaba para tragar más de la mitad de mi pene. Yo le explicaba que al principio le había costado pero con el tiempo había aprendido a tragarlo y que ella podía aprender también practicando conmigo o con consoladores.

“Vamos, anímate. No es necesario que lo tragues todo hoy, ya irás aprendiendo”, y la impulsé para que se uniera a mi chica, quien tomándolo desde la base se lo ofreció. Ella lo besó tímida y abrió su boca poniendo sus labios alrededor del glande, me miró y ante mi gesto afirmativo abrió al máximo su boca y metiendo toda la cabeza en su boca. “Bien!” le dije, “déjalo ahí y mueve tu lengua”. “Uuuuuuhhhhh!” le dejé  saber que lo estaba haciendo bien.

Mientras esto hacía mi chica recorría el tronco con su mano, por lo que con tanto estímulo mi pene ya estaba duro e hinchado.

Un rato después, la amiga me miró e intentando una sonrisa intentó tragar más, primero lo logró metiendo un par de centímetros, retirarse y volver adelante, pero debió retirarse con una fuerte arcada. “No te preocupes, es normal” la tranquilicé. Cerró los ojos, tragó saliva y volvió a intentarlo, alcanzó a meterlo hasta donde había llegado anteriormente y al tratar de tragar más volvió a tener arcadas.

Yo le agradecí el esfuerzo y para compensarla me levanté y la puse de rodillas en el sofá, apoyada en el respaldo, buena posición para contemplar su trasero redondo y duro y también para comenzar a acariciar con mis manos y luego con mi lengua su vagina. Ella se estremeció con lo que sentía y a medida que continuaba tocándola, lamiéndola y estimulándola su respiración se fue haciendo cada vez más intensa. En un momento respiró profundo y dijo fuerte “que riiiiiiico!, que bueno estoooooo!!”.

Yo notaba además cómo su cuerpo vibraba, su vagina se lubricaba y a ratos daba saltitos  y grititos de placer.

Había llegado el momento de seguir avanzando y yo pensaba cómo hacer para que esta mujer gozara al máximo, no como la primera vez que la noté cohibida y frenada.

Me levanté, recorrí con mis manos desde su estrecha cintura hasta sus marcados hombros, hice a un lado su largo pelo y acariciando su rostro le hablé al oído diciéndole que la iba a penetrar, que se dejara llevar por mí y que disfrutara sin ningún tipo de recato.

Ella cerró los ojos y asintió levemente. Yo comencé a pasar mi pene a todo lo largo de su vagina, adelante y atrás, varias veces. La tenía tomada de sus costillas que se marcaban en esa posición con la espalda curvada, mi pene resbalaba  por sus lubricados labios y cada vez que me hacía hacia atrás y comenzaba a avanzar podía sentir cómo los labios se abrían para recibirme.

Bastó un pequeño cambio de ángulo para poder estar en posición de empujar y comenzar a entrar  en ella. “Ah!” fue su pequeña demostración que ya sentía que comenzaba a entrar la cabeza. Un poco de presión más y ésta ya estaba adentro,

Su respiración comenzó a sentirse forzada y al comenzar a moverme lentamente comenzó con cortas exclamaciones: “¡oh!”, “!ah!”, “!si!”,…, en cada una de mis estocadas. Yo recordaba que la vez anterior, cuando dejé que fuese ella quien controlara el ritmo y cuánto penetraba, había entrado sólo un poco más de lo que ya tenía adentro cuando ya tuvo su orgasmo y se retiró.

Entré más y pude sentir cómo a sus carnes estrechas les costaban recibirme e inmediatamente sentí un chillido acompañado por un pequeño salto, para después poner su mano en mi cadera como para controlar lo que yo hacía. Le retiré su mano, dejándola atrapada tras su espalda y le hablé tranquilizándola “está todo bien, voy a entrar lentamente, ya verás que te gustará, déjame ir entrando, relájate, confía en mí, ya está entrando, no te dolerá, …”.

Mirando a mi chica le indiqué que me ayudara acariciándola. Esta se acercó tomando su rostro entre sus manos y acomodando su cabello.

Yo seguí con un ritmo lento, entrando casi hasta la mitad y sin parar me acerqué a besar en los labios primero a mi chica y luego a su amiga.

Cuando veía que me recibía bien y su nivel de pasión se elevaba yo aprovechaba para entrar un poco más, lo que provocaba nuevos grititos y su resistencia, por lo que debía volver a tranquilizarla y estimularla. De esa forma ya logré ir penetrándola cada vez más hasta que entró entero. Seguí con el mete saca suavemente y ella se aferraba al respaldo del sofá con fuerza mientras bufaba sonoramente.

Mis entradas ya eran sin resistencia, a pesar de lo apretado que se sentía, por lo que aumenté la velocidad y con esto nuestra amiga comenzó a gemir cada vez más fuerte. Sin embargo yo veía que sus gemidos eran reprimidos y no eran acorde al goce que yo veía que estaba teniendo.

De pronto, al igual que la primera vez, llevó sus manos a su boca y detuvo un grito que acompañaba la llegada de su orgasmo. Entonces yo le propiné una sorpresiva y fuerte nalgada que provocó en ella un gran grito y que sacara sus manos de la boca, así que yo aproveché de cogerle ambas manos y con ellas atrás de su espalda comencé a bombearle fuerte. Esto provocó que continuara saliendo fuertes gritos de su boca,  que su orgasmo se intensificara y continuara por largo rato, durante el cual yo continué a un ritmo intenso.  Con mi mano izquierda la tomé de su largo cabello haciendo un lazo con este y la levanté hacia mí para seguir bombeándole mientras con mi derecha acariciaba sus pechos y luego su clítoris.

De esta forma logré que su excitación volviera a niveles altos, con su cuerpo mostrando sus músculos en tensión, con las venas de su cuello hinchadas y su rostro enrojecido. Sus gemidos eran intensos y ya pasaban a ser gritos.

Un nuevo orgasmo recorrió su cuerpo y ella instintivamente llevó sus manos a taparse la boca, pero esta vez las retiró sin que yo hiciera nada para ello. Un largo “Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii” fue el anuncio de que estaba gozando, pero su cuerpo también lo demostraba con una respiración agitada y movimientos involuntarios en sus piernas.

Sin darle tiempo de opinar o resistirse, la giré y empujé para que su rostro quedara a nivel de los cojines y su cola levantada, de esta manera continué con mi intenso mete y saca, lo que provocaba que ella continuara también con sus fuertes gemidos y un constante “siii, siii, siii”. Al rato le tumbé de costado en el mismo sofá, le levanté su torneada pierna y  pude acomodarme tras ella para continuar al tiempo que le decía que era excelente, que me gustaba como gritaba, que podía sentir cómo vibraba y cómo estaba disfrutando. De esta forma no tardó en tener otro orgasmo, esta vez más intenso y más largo que los anteriores, también más gritado y más expresado.

Durante todo ese rato yo continuaba bombeando pero ya estaba a punto de volver a eyacular, por lo que debí esforzarme ya que quería prolongar lo máximo su goce, así que un par de minutos después me retiré y me puse frente a su cara lanzándole un gran chorro en su cara, ella sorprendida y no acostumbrada se retiró girando a un lado, por lo que un segundo chorro cayó en el sofá, ante esto y rápidamente mi chica reemplazó a su amiga metiendo mi pene en su boca para recibir en ella los últimos chorros.

En forma espontánea terminamos en un gran abrazo triple, besándonos, riéndonos, acariciándonos y diciendo lo bueno que había sido. Felicitando a nuestra amiga por la forma que había gozado, soltándose de sus cohibiciones y dando rienda suelta a su capacidad de disfrutar.

Mi chica, aún con semen en las comisuras de su boca, tomó con ambas manos la cara de su amiga y le dijo: “estoy feliz y orgullosa de ti” y le dio un gran beso en su boca que la sorprendió pero no rechazó.

Después de eso, ya eran como las 03:00 am y cansados nos acostamos en mi dormitorio los tres juntos abrazados. Mi chica, en un acto que yo interpreté como para dejar en claro las cosas, se acomodó con mi pene fláccido adentro de su vagina a dormir.

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