Mi odontóloga

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La besé en sus hermosos labios hasta sentir que ella cedía, entonces comencé a meter mi lengua y ella soltó la suya y comenzó a besarme desaforadamente, acariciaba mis piernas y yo palpaba sus senos, tal vez íbamos demasiado rápido, ella se apartó con la excusa de lavar la loza y se dirigió a la cocina, sentía mi raja arder y mis pezones duros, deseaba a aquella chica ahora mismo.

Recibo bastante correspondencia y todas por absurdas y groseras que sean las contesto, así he abierto y mantenido amistad con varias personas de diferentes sitios, clases y condiciones; me llamó la atención una comunicación de una chica del DF, odontóloga, de casi 30 años, bisexual igual que yo, quien me describía sus gustos y remitía su dirección y algunas fotos, muy hermosa por cierto.

Ella se llama Martha y es una profesional independiente y vive sola, su consultorio queda muy cerca de mi oficina de trabajo, chateábamos bastante y aquella chica compartía los mismos gustos míos, yo también le remití mis fotos, quería que nos conociéramos, la llamaba a su trabajo o ella al mío y nos calentábamos diciéndonos lo que nos haríamos cuando nos viéramos, en más de una ocasión terminaba masturbándome en el baño, luego de oír todas las cosas excitantes y morbosas que ella me decía por teléfono.

Cierto día llamé a su consultorio y solicité una cita con su secretaria bajo otro nombre, quería comprobar primero como era realmente ella, acudí a mi cita y ella me atendió, por temor o desconfianza no le dije quien era realmente, ella es una mujer hermosísima, alta, de pelo negro, ojos enormes, un cuerpo muy lindo, una cara divina y lo que más me llamaba la atención eran sus senos, dos bellezas grandes y paraditas; ella se encontraba con su uniforme odontológico, una bata azul clara, me revisó la dentadura y cada vez que se acercaba a mí notaba el aroma exquisito que emanaba su cuerpo y la delicadeza con que me trataba, quería decirle quien era, pero no me atreví, al cabo de media hora salí de allí directo a mi casa a acariciarme en la soledad de mi cuarto imaginándome como sería estar con aquella mujer.

El domingo en la noche no pude contenerme y la llamé a su celular contándole de mi visita a su consultorio, ella no podía creerme y se disgustó un poco al no haberle dicho quien era, pero igual, ella tampoco me reconoció pese a tener mis fotos; durante el transcurso de la semana continuábamos con nuestras llamadas telefónicas, calentándonos cada vez más y al fin acordamos una cita en su casa para el viernes en la noche, esperaba que fuera sin pantys.

El viernes acordado, salí temprano del trabajo y me dirigí al salón de belleza a fin de arreglar mi cabello y mis uñas, quería causar una buena impresión a aquella linda mujer, me puse un vestidito corto de lycra negra, medias veladas igual, sujetas con un liguero muy sexy y zapatos de tacón alto sin nada de ropa interior como le había prometido, encima me puse un abrigo verde oscuro pues no podía salir a la calle con ese vestidito tan vaporoso, llegué a su apartamento hacía las 8 de la noche, previamente había avisado a mis padres que me reuniría en casa de una amiga y que me quedaría a dormir allí. Martica me recibió de beso muy cerca de mis labios.

Continuamos conversando de nuestras cosas y luego de un rato sirvió una exquisita cena, la cual casi no probé. Volvimos a la sala y ahí estuvimos platicando, bebiendo, terminé sentándome junto a ella, demasiado cerca, me acerqué todo lo que pude a ella, y la besé en el cuello y en sus hermosos labios, comencé a besarlos, suave, tiernamente, hasta sentir que ella cedía, entonces comencé a meter mi lengua y ella soltó la suya y comenzó a besarme desaforadamente, empezó a acariciar mis piernas y yo a palpar sus senos, tal vez íbamos demasiado rápido, ella se apartó con la excusa de lavar la loza y se dirigió a la cocina, sentía mi raja arder y mis pezones duros contra mi vestido, no pude contenerme, deseaba a aquella chica ahora mismo…

Me encaminé a la cocina y me acerqué a ella pegando mi concha contra sus nalgas y agarrando sus senos la besé en el cuello muy suavemente, ella cedió a mis caricias, se volteó y me ofreció de nuevo su exquisita boca, nuestras lenguas se unían desesperadamente mientras su mano se apoderaba de mis nalgas, así besándonos nos encaminamos a la sala de nuevo, entonces sentí como toda su mano se apoderaba de mi entrepierna deslizándose suavemente, estaba empapada, luego de pasar unas cuantas veces su mano por entre mis piernas y empezar a lamerme la espalda haciendo que se me pusiera la piel más erizada todavía, metió el dedo por debajo de mi faldita y empezó suavemente a recorrer mi sexo.

Yo apegada a su lengua masajeaba suavemente sus senos, sintiendo el contacto de sus pezones sobre la delicada tela de su vestido. Con su mano izquierda me levantó la mini y empezó a masturbarme violentamente restregando sus dedos en mi clítoris, ella se paró, me dio vuelta en forma delicada y me metió la lengua en la boca mientras me tomaba las nalgas con ambas manos acariciándolas, a veces con las dos, y a veces una se desviaba y se me metía entre las piernas como si quisiera levantarme por el aire, cosa que casi logra. No tuve más remedio que abrazarla por el cuello, sino corría el riesgo de caerme.

Nos sacamos los vestidos, quedando completamente desnudas, yo conservé mis medias y mi liguero y nos fuimos a su recámara, besándonos por el camino, nos acomodamos en una cama inmensa y con espejos por todos lados y comencé a besarla toda, sus senos eran maravillosos, grandes con unas aureolas oscuras y coronadas por unos pezones rosados y duros, pasaba la punta de mi lengua por su pezón erecto y ella se revolvía en la cama, fui bajando, comencé a besar su vientre, deteniéndome en su ombligo, ella me ponía sus manos en mi cabeza, empujándola hacia abajo, abrió sus piernas, y prácticamente metió mi cabeza entre ellas, yo estaba en el cielo.

Tenía un coño exquisito, con muy poco vello púbico y unos labios enormes y gorditos, comencé a chupar su delicado clítoris muy suavemente, rodeándolo con mi lengua como si se tratase de un pequeño pene, ella gemía y gemía, metí mi lengua en su húmeda vagina y sintiendo la viscosidad de su raja ardiente, pasaba mi lengua por su clítoris y sentía como se estremecía, comencé a meter un dedo en su vagina, la exploré, busqué sus puntos de placer, comencé a jalar humedad hacia su ano comencé a jugar ahí, ella solo me decía: así, así, así, así, le metí dos de mis dedos en su vagina y comencé con el mete saca, sin apartar mi lengua de su botoncito, sin descanso, resbalaba completamente, estaba empapada, comencé a sentir como se contraía su vagina y teniendo los dedos adentro, los abrí mi sexoestaba empapado.

Se puso de rodillas al borde de la cama, levantó mis piernas arqueando las rodillas, y empezó a lamerme los muslos. Fue bajando con su lengua por mis piernas, hasta que llegó nuevamente a mi sexo. A esta altura mis jugos vaginales corrían por mi vagina hacia abajo, se paraban en mi ano y empapaban la sábana. Realmente estaba dejando un verdadero charco en la cama. Ella separó con mucho cuidado mis labios vaginales. Con su mano izquierda separó los labios que recubren el clítoris y empezó a darme pequeños toques con la punta de su lengua. Recuerdo que yo saltaba de placer.

Tomó mi clítoris con el labio inferior de su boca mientras que con la lengua lo levantaba y lo acariciaba. Lo tenía aprisionado, luego tomó mi clítoris entre ambos labios y los apretó, como si quisiera mordérmelo, y en forma frenética empezó a mover su lengua de izquierda a derecha a una velocidad alucinante. Empecé a retorcerme en la cama, sentía mi vientre como si estuviera hinchado, y lo que tenía en la vagina eran verdaderas convulsiones.

Cada vez que sentía los espasmos, ella seguía jugando con su lengua y me hacía pegar saltos en la cama, y luego violentamente ella me acomodaba a su gusto y antojo para seguir chupándome. El calor era insoportable, la sábana estaba empapada con mi sudor y mi jugo, así que ella decidió que me pusiera de rodillas, mirando hacia la pared. Esta vez me tenía agarrada de las nalgas y tiraba hacia los costados abriéndomelas, lo que me producía un fuerte dolor, pero gustoso. Sentí como con su dedo mayor de la mano derecha acariciaba en círculos mi ano como si quisiera meterme el dedo, pero sin hacerlo, hasta allí había llegado mi jugo, y esa zona era una rara mezcla de sudor y jugo.

Me tenía aprisionada, cada orgasmo que me dejaba dando saltitos promovía que ella me sujetara con más fuerza como para no dejar de lamer mi sexo en forma ensañada. Me pidió que me cambiara de lugar, y a su vez que empezara a hacerle las mismas cosas que ella me hacía a mí. Me incorporé, me di vuelta, apoyé mi sexo nuevamente en la cara de ella, y ella con sus manos empujó mi cabeza hasta su sexo. Con su mano izquierda pude ver como se separaba la carne para que su clítoris quedara al descubierto. Con la derecha empezó a acariciarse y me dijo que así debía hacerle yo con mi lengua.

Pude ver que su jugo, era blanco y espeso. Estaba tanto o más mojada que yo. Puse mi cabeza tratando de tomarle el clítoris con mi boca, y hundí mi nariz en su sexo lo que me aterró porque con sus jugos se me tapó la nariz y no podía respirar. Sé que Martica tuvo un orgasmo, y lógicamente yo tuve otro. Entonces me colocó sobre la cama boca abajo, tomó una almohada y la puso a la altura de mi pelvis. Me dijo que metiera mi mano entre mis piernas y que me tocara, hasta sentir lo que ella me había hecho sentir.

Yo metí mi mano entre la almohada y mi vientre y empecé a masturbarme, mientras sentía como Martha me separaba las nalgas y empezaba a jugar en círculos con al agujero de mi ano. Ella dobló la almohada a la mitad para que mi culo quedara aún más arriba, y cada vez hacía más presión, por un lado separando mis nalgas y por el otro con su lengua, la que totalmente recorría mi parte trasera más íntima y de a poco se metía dentro de mí.

Lo cierto es que siempre me ha gustado el sexo anal y estaba por venirme otro orgasmo, ella metía y sacaba su lengua de adentro mío, me estaba penetrando con la lengua, instintivamente metí mi mano entre la almohada y mi concha acariciando mi clítoris mis dedos acariciaban sus pezones, mientras uníamos la punta de nuestras lenguas y susurrábamos palabras cariñosas…

Martha saltó de la cama y me dijo si quería ver su armario secreto, desconociendo lo que contenía me paré y nos dirigimos a un mueble bastante grande, al abrirlo casi no puedo creer lo que había allí: lo menos 100 pelis xxx de todo género, látigos, esposas, mascaras, consoladores de todos los tamaños y colores, mini tangas y ropa de cuero, cremas, lubricantes, aquello parecía una tienda de sexy shop, me preguntó que si me gustaba algo en especial y mi vista se fijó en un gran consolador marrón de látex de esos de amarrar a la cintura mediante correas.

Aquella verga plástica me fascinaba, debería medir unos 25 cms de larga y 6 de grosor, la tomé y la pasé sobre la comisura de mis senos y sobre mis pezones que al contacto respondieron de inmediato, Marta captó mis deseos y allí mismo me hizo colocar en cuatro patitas sobre el suelo mientras se colocaba el aparato, sacó un lubricante y frotó con él toda su extensión, voltee a mirarla y aquella vista me paralizó, era como si estuviese viendo a un hombre masturbarse su cosota, se arrodilló y embadurnó su mano derecha de lubricante y colocándose detrás de mí, metió sus dedos en mi concha lubricándola aún más.

Tomó posición agarrándome por las nalgas no sin antes golpear con su aparato varias veces mis glúteos, sin más aviso introdujo de un solo golpe casi la mitad de aquella enorme polla haciéndome pegar un grito y por poco caigo de bruces sobre el piso, de inmediato comenzó su mete y saca de una forma cadenciosa, el placer de aquel aparato dentro de mi vagina me electrizaba, sentía sus manos aferradas a mi cintura atrayéndome hacia ella e introduciéndome aquel falo plástico, sus movimientos se aceleraban más y mis nalgas se contoneaban sobre aquélla cosota.

Martha me cogía como si fuese un hombre, luego de varios minutos mi concha ya se había adaptado al tamaño de aquélla verga y su sensación era cada vez más deliciosa, mientras ella me cogía por mi concha sentí el lubricante caer sobre mi ano y un dedo de Martita penetrándome, sabía lo que se proponía y me encantaba la idea, sacó su polla de mi concha y comenzó a restregar la protuberancia del glande sobre mi ano, haciendo presión con una mano logró introducir la cabeza plástica, el dolor para mi sorpresa no era tanto como pensaba, tal vez por lo alicorada y excitada que estaba.

El caso fue que al cabo de unos segundos aquella enorme verga ya se encontraba totalmente alojada en mi interior anal, los movimientos de Martha unidos a sus besos hicieron que en cuestión de segundos tuviese un maravilloso orgasmo, sentí los últimos espasmos de esa polla dentro de mi agujero y caí rendida al piso, Martha cayó sobre mí apretando mis senos y ofreciéndome su deliciosa lengua, no se cuanto tiempo permanecimos así abrazadas y besándonos, luego nos fuimos de nuevo a su alcoba donde nos acostamos en medio de caricias y observándonos en aquellos espejos.

Autora: Carolina

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Escrito por Marqueze

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