Clases muy particulares

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Chupando una pija que palpitaba bajo su lengua, sintió como la penetraban en su concha. Al rato, intercambiaron posiciones, todas fueron ensayadas, su orto se abrió por turnos, para dos, insaciable porque la potencia de dos no requiere de interrupciones, ojos azules, se derramó en ella. Cálida fue emanando su leche. Nada fue desperdiciado, incluso los huevos fueron lamidos y…casi besados.

Nunca nadie sabe cómo ni por qué suceden las cosas. Sólo suceden y más vale acompañarlas y hacerles honor, porque los momentos nunca se repiten. ¿Cómo es que lo previsto muta y se transforma en extraordinario? ¿Cuándo es que se forma la fisura imperceptible que hace que lo casi intrascendente se eleve al status de experiencia memorable?

Una clase particular, una de muchas. Un lugar, un horario y un temario a desarrollar. La práctica docente tantas veces practicada. Y allí va, la profesora, con su ropa de siempre, su peinado de siempre, su andar de siempre, sus libros de siempre, sus tacos de siempre. Pero no será como siempre. Será como nunca, como nunca más.

Un alumno cualquiera que hizo el contacto y organizó el encuentro. Una clase de apoyo, una profundización de los temas. A última hora, el llamado solicitando incluir un compañero que tenía la misma necesidad –urgida- de aprehender. Un alumno típico, uno de tantos, que no logró generar una imagen o un recuerdo específico. ¿Era morocho o castaño? ¿Era alto o de estatura normal? ¿Usaba el pelo largo o se había rapado? Seguramente era bien joven, Era alumno.

Al abrirse la puerta y al transcurrir los saludos de rigor y las frases estipuladas y el acomodarse de las cosas y las personas para la “situación de clase”, irrumpió un hecho inusual, levemente turbador aunque no por ello molesto, un hecho de los que solemos categorizar cómo “fuera de contexto”: una mirada penetrante e iluminada, lanzada con llamativo vigor desde unos ojos increíblemente azules y bellos. Esa fue la primera llamada de alerta, la que inauguraría una nueva e impensable sucesión de las cosas.

Ya la actitud nunca fue la misma. Y como todo está en la cabeza (aún aunque no se sepa) los movimientos, los gestos, los ires y venires se fueron suavizando, se hicieron –de a poco- más sensuales. Se personalizaron las miradas, se enlentecieron las explicaciones de saberes reiterados a la vez que se agudizaban las nuevas preguntas de los que nada conocen y todo lo quieren ya. Se movió el tono de voz de los discursos, las palabras pronunciadas ya sonaron a otra cosa. Y así, de a poco, se erotizó profundamente hasta al aire que se respiraba. Y así el aroma del deseo urgente se hizo inesperadamente presente. ¿Qué está saliendo distinto hoy? Porque se me cuela un despliegue de seducción con intención donde nunca debe pasar nada? Pensaba la profesora mientras miraba cómo sus alumnos fingían concentrarse sobre el papel para responder a sus consignas.

¡Sus consignas! Eso era lo que ahora le molestaba. Que poco comprometidas con lo que verdaderamente importa, con lo que vale la pena, con lo que merece ser dicho o conocido.¿ Que les había querido preguntar a sus alumnos antes de conocerlos?  Lo de siempre, la rutina básica para desempeñar luego el rol que tanto conocía: hacer de cuenta que a ellos les interesa y les importa lo que se tiene para decirles. ¿Y si hoy no fuera así? ¿Y si, increíbles ojos azules y su ocasional compañero no merecían, por esa única vez, otra cosa? ¿Que otros aprendizajes les podría regalar?

¿Que pensarán las profesoras cuando ejercen esa vigilancia muda mientras nosotros simulamos que trabajamos?  La idea distrajo fácilmente al alumno de mirada provocadora. Y entonces, ella se jugó por la única vida que se recordará, por la que merece ser vivida y cambió, para siempre, el devenir de aquella clase particular y de aquella tarde. Inesperadamente comenzó a crear, ahora para ellos dos, otras consignas, otras preguntas, otras indagaciones, con el inconfesable fin de probar y probarse que podría seducir a quien se propusiese. Y así lo hizo, retiró bruscamente  el papel que aburría a sus alumnos y, compulsiva e ininterrumpidamente comenzó a escribir las otras preguntas. Esta vez le interesaban en serio las respuestas.

Cuando les dio el nuevo papel a cada uno lo hizo al mismo tiempo, para no generar preferitismos. Es que ya casi no los había. Se cruzó de piernas frente a ellos, encendió un cigarrillo y esperó. ¿Sorpresa? ¿Enojo? ¿Desconcierto?  El fin abrupto de la clase? Qué era lo que podía esperar de la reacción de ellos? Había que jugarse y ya estaba en el juego, en ese juego de riesgo, vertiginoso, al que su deseo -ya irreversiblemente encendido- la había conducido.

¡No se puede creer, lo que ha escrito esta mujer! ¿En serio me pregunta esto? ¿En serio quiere que le conteste, que le contestemos? Que quiere hacer? A dónde quiere llegar? Esta haciendo un estudio sobre las preferencias y costumbre sexuales de las nuevas generaciones?  Esto es increíblemente raro. ¿Y que hace mi amigo?  Pensar que yo le presente a la profesora, yo le hable bien de ella, por eso esta acá. ¿Que va a hacer? ¿Se va a ir? Pero el amigo del alumno de ojos azules, con una inconfundible sonrisa perfilada y mirando sin disimulo las piernas sugerentemente mal cruzadas  de la profesora, espió su bombacha y se puso a responder a las nuevas preguntas.

Elegir una situación erótica y describirla?  En mi laburo, con una compañera. ¿Cómo es una mujer “ideada”?  Morocha obvio, buenísima. ¿Si lleva medias negras o anda con la piel desnuda?   Y, desnuda mejor. ¿Cuál es mi posición preferida?  ¡En cuatro, lo más! ¿Dónde me gustan los besos?  Acá…  En la pija, Profe, ¡en esta pija! ¿Si prefiero disfrutar yo o encender al otro?  Prefiero verla recaliente y que pida más- Para eso está mi amigo que veo, sabe lo que elige.

¿Cómo me imagino el sexo oral?  Ahora, en un rato, con mucha lengua, mirándola a los ojos, ¿y en materia de orificios?  ¡Si me da ese orto me muero! Finalmente, ¿dónde y cómo acabar? En tu cara,  sos increíble, exigente y hermosa. ¿Esto es lo que quería saber esta mina? ¡Que bueno porque se las voy a contestar todas!

Este segundo alumno, que ya no quería serlo más, se levantó con su papel en la mano y se acercó a la profesora, como suele hacerse al entregar un examen. Parado a su lado no intentó disimular de ningún modo que estaba fantásticamente excitado, que tenía su pija totalmente dura y parada, y que estaba invitando a esa mujer desconocida, a conocerla. Hasta ese instante la profesora había dudado, no tanto de lo que ella por fin  quería hacer con esa tarde de su vida, sino más bien de cómo es que reaccionarían estos dos chicos, tan lejanos en edad, en visiones del mundo, en situaciones de vida.

La verdadera duda sobre si era deseada se desvaneció, con cabal evidencia, en el segundo aquel en que, primero sobre el pantalón y luego debajo de él, tocó, acarició y se deshizo con fervor sobre la pija de su alumno nuevo. Solo un hombre y una mujer.

¿Y el otro?

To be continued…

Ojos azules no podía creer hacia adonde se había conducido esa clase. ¿Que tenía que hacer? ¿Que tenía ganas de hacer? ¿Que se esperaba que hiciera? ¿Irse discretamente? ¿Retirarse de ese incendio que se avivaba cada vez con más intensidad? ¿Que quería su amigo? ¿Intimidad? ¿Que los dejara solos? ¿Que quería la profesora? ¡Que caliente se la veía! ¿Que quería él? Que bien parecía que la chupaba, con que pasión se dedicaba a darle placer a su amigo. Un segundo duró esta ráfaga de dudas. ¿Y por que no? En el fondo él había generado el encuentro. Ella no parecía tener problema en que la viera comiéndose una verga. Es más… Le dio la sensación que, fugazmente, lo miraba sugerentemente, mientras usaba su lengua sobre otro cuerpo.

Entonces entendió. Se acercó lo suficiente como para que ella notara que también a él lo había puesto a mil. La profesora, sin prescindir de lo que estaba haciendo, con una mano se cercioró del poder que había ejercido también sobre su otro alumno, e  inició el descender del cierre del pantalón hasta liberar aquella otra pija que le prometía la duplicación del placer. Ensayando con maestría movimientos coordinados con la mano y con la boca, la profesora, por primera vez en su vida, tuvo la certeza de estar dando placer por partida doble. Y eso la colmó de orgullo. Los alumnos iniciaron un diálogo entre ellos como si ella no estuviera.

Casi monosílabos de aprobación, a veces gemidos, ambos se mostraron infantilmente cómplices y se aprobaron entre sí. ¡Vamos a darle entre los dos! ¡Que bien lo hace! ¡Que puta que es! Tácitas o explícitas esas eran las palabras que sonaron o se sobreentendieron en el aire.

De repente la profesora se detuvo. Con suavidad, entre ambos la condujeron por un pasillo que desembocó en un cuarto, en una cama. Rápidamente, mientras uno la besaba en profundidad, el otro buscaba velas… y vino.. y forros.

¿Y ahora? ¿Como sigue esta clase? La profesora se encontró frente a sí misma. Había generado un momento para el que no tenía ni teoría, ni práctica ni saberes previos. Pero era la docente, la mayor, la que se tenía que hacer cargo. Cargo de sus alumnos, que aún así lo seguían siendo, de sus alumnos a los que tenía que enseñarles cómo es que es el sexo de a tres. ¿Y cómo es? ¿Cómo se inicia, desarrolla y culmina? ¿Cómo puede una mujer desdoblase, multiplicarse, ofrecerse por dos y compartirse? Dejarse llevar por su instinto, que la naturaleza femenina la gobierne, que la femineidad en toda su majestuosidad la invada. Y así hizo.

Tomando la iniciativa, acomodó a uno de sus, ahora compañeros, boca abajo sobre las sábanas, se sentó sobre sus espaldas y comenzó a brindarle masajes, suaves, pero a la vez,  nada ingenuos. El otro, que era, por supuesto, ojos azules, se sentó a su lado, la mi e inició otros masajes, éstos deslizados sobre sus curvas, que aún, rondando las cuatro décadas, permanecían marcadas y sugerentes.

Poco después, el alumno -que estrenaba afectos por las manos de una mujer que presentía ajena y que había imaginado lejana- se dio vuelta, la trajo hacia sí y la besó, y la acarició y la tocó. Y la pensó suya y cercana. Con algo de inexperiencia, no precisamente por no haber estado con variadas chicas, sino por no haber tenido entre sus manos a una que ya no lo es, intentó con urgencia desprenderla de la ropa que llevaba. La profesora sintió ahora sí, la fragilidad de su desnudez y se resistió. Ojos azules, tal vez con alguna intuición mayor, le fue, de a poco, sacando la remera, y más de a poco, los zapatos y las medias negras. Le subió la pollera (que solo retiraría mucho después) y le señaló un espejo, en el que se reflejaba su imagen, aún deseable y a sus dos jóvenes compañeros.

Esa visión espectacular, que desdibuja lo “real”, generó el punto de inflexión en la cabeza de ella.  Confianza en sí misma y una sabiduría ancestral que la poseyó fueron los condimentos que desbarrancaron los goces en un tiempo sin tiempo. Uno por delante y otro por detrás fue lo primero que ensayó. Chupando una pija que palpitaba bajo su lengua, sintió, finalmente. como la penetraban en su concha mojada y deseosa. Al rato, intercambiaron posiciones.

Arriba, abajo, en cuatro, arrodillada, parada, todas fueron ensayadas con ansia, Su orto se abrió una y otra vez, por turnos, para dos. Recibiendo sin saber de quién, se volvió insaciable porque la potencia de dos no requiere de interrupciones. Pidiendo casi permiso, ojos azules, que estaba ocasionalmente gozando en su boca, se derramó en ella. Cálida y húmeda fue emanando su leche. Nada fue desperdiciado, incluso los huevos fueron lamidos y…casi besados.

Un segundo después su otro alumno liberó su semen acuciante y lo desmayó sobre su espalda.

Relax, éxtasis, risas, la felicidad de un ratito. Caricias y mimos desperdigados por la cama.

¿Ambos al mismo tiempo? Nadie sabe quien lo propuso. Tal vez ojos azules, que parecía querer regalarle algo más a su profesora. Entonces le regaló una doble penetración.

Tal vez continuara…

Autora: Sonia Bragueta

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Escrito por Marqueze

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