CLAUDIA, MI HERMANA

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Las cosas se fueron dando por casualidad, más bien empezó por el abandono de su marido y por ende la baja de su autoestima, ella se sentía poco atractiva y pasada de peso pero en realidad no hacía mucho por mejorar la situación.

Yo paulatinamente y sin ningún interés le fui recomendando que cambiara su forma de vestir por algo más moderno y provocativo, incluso le expliqué que eso aumenta la líbido de tu pareja y si bien me escuchó no hizo mucho caso al respecto.

Todo seguía igual hasta que cierto día y como acostumbra hacer las cosas, muy frontal, me pidió que la acompañara a comprar ropa y algo de lencería por lo cual dejaría a sus hijos con la nana para así poder ir, me ofreció pasar por mí y tal vez comer por ahí.

Sabrán la excitación que esto me dio pues se acercaba a mis fantasías, pero de hecho yo había fantaseado muchos años con hacerla mía para sentir ese poder de macho eyaculando dentro de mi propia hermana haciéndole sentir la cantidad de orgasmos que ella seguramente se preguntaba si o hacía acabar así de bien a las mujeres.

Me masturbé hasta no darme más cuenta que incluso me había llegado a lastimar la piel del pene, pero la idea me mantenía caliente y morboso todo el tiempo, inventaba historias de futuros encuentros con ella, todo para mantener vivo el deseo por poseerla.

El día llegó, fue un viernes a media tarde que pasó por mi cerca del trabajo y partimos hacia el centro comercial ahí estuvimos viendo varias boutiques hasta que encontramos una muy interesante que tenía ropa bastante casual y algunas cosas medio atrevidas para dama.

Le recomendé algunas piezas y mientras ella se las probaba seguí viendo la ropa hasta llegar a la lencería, había unas cosas deliciosas pero lo mejor eran las medias que se retienen a medio muslo y no necesitan ligueros, de esas tomé un par para mostrárselas a Claudia, al salir del probador se veía despampanante con un conjunto blanco cortito que salió a mostrarme, tenía más adentro y la chica me dijo que si quería pasar al probador no había problema, "puede acompañar a su esposa si quiere", dijo, eso me excitó un poco más pues Claudia asintió con una cara de normalidad que me hizo sentir más seguro y cómodo con toda la situación.

Le pasé las medias a las cuales les hizo una cara de aprobación, entramos y se empezó a cambiar pero me pidió darme la vuelta, juro que alcanzaba a oler sus aromas de mujer y el roce de sus ropas, tan solo el sonido de ese roce me hacía enloquecer y tratar de atreverme a voltear y sorprenderla totalmente desnuda en frente mío, pero no podía era más fuerte mi control, hizo le primer cambio y abrí los ojos, era otro conjunto con una falda corta muy bella tableada y tenía las medias que le dí, ¿te gusta?, preguntó, le debe gustar a tu marido, atiné a responder, ¿mi marido? ese bobo… bueno ¿te gusta o no? Repitió y asentí finalmente.

Salimos de la tienda y pagó lo adquirido, traía un par de conjuntos, unos juegos de lencería y … claro, las medias, todo lo había comprado, nos dirigimos a un restaurante. Comimos y charlamos principalmente de su vida marital y de lo infeliz que se sentía últimamente, era claro que no pasaba nada en su vida que realmente la movilizara, sus hijas y punto, ningún otro motivador, abría sus sentimientos hacia mi apelando a mi experiencia por la vida y como tal le aconsejé.

Mira Claudia, te veo infeliz y solo está en ti darle un giro a tu vida, busca nuevas cosas por hacer y busca lo que deseas en realidad, que tu relación no te afecte para ello porque solo tienes una vida.

Me miró y me abrazó, nos abrazamos y nos dijimos te quiero mucho. Casi habíamos terminado de comer cuando creo que inspirado por algunas copas que ambos habíamos bebido le dije sin mayor cuidado: Oye Claudia, ¿porqué no vamos a mi casa y ahí me muestras las cosas que te compraste

?, así nada más, y ella igualmente respondió, vamos, así me dices que te parecen y que tal me quedan pero prohibido hacer comentarios sobre mi peso ¿ok?, ok, dije.

Llegamos y desde el auto al bajar le di la mano como si fuera mi novia y la ayudé a cargar las bolsas, llegamos al departamento y le ofrecí cerveza, mientras se fue al baño, era como una cita con una amante.

Salió, mientras la dejaba sola un rato en la sala, desde el baño le dije que pasara a la habitación si se quería cambiar. Entró y se cambió pero me llamó, y la abracé.

Cerramos la puerta y nos tiramos en la cama a carcajearnos como lo hacíamos de chicos. Verdaderamente la estábamos pasando bien y me animé a abrazarla, se volteó y me miró se sonrió y nos besamos los labios, varias veces, muchas veces y fui tocando su cuerpo, nos levantamos y comenzó a probarse solo para mi cada una de las cosas que había comprado, sin pudor alguno se cambiaba una y otra pieza pero jamás removió su ropa interior, la acerqué contra mi y empecé a bajar su pantaleta minúscula.

La vi ahí frente a mi alta y majestuosa, pude ver sus labios vaginales carnosos, gordos tras esa mata de vellos, me pare frente a ella y la besé en lo labios mientras retiraba mis pantalones, la bajé de los cabellos y sacó de mi bóxer mi pene erecto, lo miró tan cerca y pasó su nariz por todo mi falo oliendo mi sexo de hombre, abrió la boca tan grande y lo metió todo en su boca hasta tocar su garganta, una y otra vez pasaba su lengua y sus labios por mi pene obsceno, de vez en cuando me miraba a los ojos, nos tiramos en la cama haciendo un 69 y abrí sus piernas para comerme esa vagina mojada y carnosa, sentí mientras como ella tragaba mi verga enorme y sus arqueadas de placer al sentir mi lengua recorrer y explorar su ano arremetiendo una y otra vez en el pequeño orificio caliente y seductor.

Ella hizo lo mismo y me probó todo, dejó su saliva y su olor en todas mis partes, su boca olía a mi sexo.

Ya en posición de misionero la seguí besando en los labios mientras mi pene buscaba el orificio de su vagina, sus miradas morbosas y ardientes me mostraban como se retorcía de placer cada que la cabeza de mi miembro hacía leves intentos de entrar en su concha, los besos eran más intensos y mi pene crecía cada vez más y buscaba entrar.

La miré por última vez y poco a poco la fui penetrando al tiempo que sentía sus paredes estrechas y húmedas, era solo la mitad de mi verga que entraba y ella ya me decía que lo quería hacer siempre, trataba con sus piernas de jalarme hacia ella y entonces la embestí por completo entrando todo de un solo golpe, se estremeció y gritó pero no paré seguí bombeándola hasta que mi pene entraba y salía sin consentimiento de ella, giraba la cabeza de un lado al otro y me gritaba cada uno de sus orgasmos…

No pude más y la cargué sobre mi, la senté en mi pene y jalándola de la nuca empecé a besarla al tiempo que la llenaba, la eyaculaba vigorosamente hasta dejar mi pene flácido dentro de ella…

Seguimos besándonos sin decir nada, como verdaderos amantes.

Esto tiene poco tiempo pero a decir verdad no he tenido mejor sexo con ninguna otra mujer, debe ser el morbo, no lo sé.

Autor: William Dove

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Escrito por Marqueze

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