Cogiendo en el laburo

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Me dejó en llamas. Le dije que no me importaba nada y que me la meta de una vez. Me penetró despacito, aumentó la intensidad y luego me introdujo todo su pene en el ano. Primero lloré de dolor, pero después lloré de placer. Ya les conté que Rubén volvió a poner activo mi culo y ahora no sólo me gustaba, sino que deseaba que lo haga todo el tiempo.

Hola de nuevo. Soy María, la empleada municipal que conoció a Rubén, un periodista que vino a cubrir un conflicto laboral y con quien me acosté varias veces. La última vez fue en mi casa, aprovechando que no estaban mis hijos. Ahí corté mi sequía de sexo anal y volví a disfrutar de esa manera. Lo que quiero contarles es otro encuentro que tuvimos y en un lugar poco común: la oficina donde trabajo. Pero antes un poco de historia…

En la oficina (que no voy a decir dónde es) tuve un conflicto con mi jefe, que como castigo me mandó a trabajar durante enero en una oficina lejana a mi casa. De más está decir que yo estaba furiosa, porque debía trabajar en enero en medio del calor insoportable y, para colmo, totalmente sola. Pensaba que iba a aburrirme, pero después se me ocurrió una idea. Siempre tuve la fantasía de hacer el amor en mi lugar de trabajo.

Ahora que tenía un amante, pensé que eso podría hacerse realidad. Hablé con Rubén y le pregunté cuándo salía de vacaciones. El me dijo que en enero. ¡No saben cómo me cayó esto, iba a tener la posibilidad de cumplir mi sueño pero nos íbamos a cruzar en las fechas!

Pero esa contrariedad se fue en el mismo diálogo minutos después, cuando Rubén me contó que le habían ofrecido hacer un programa de radio durante enero y él aceptó. Le dije que iba a tener una oficina para mí sola durante todas las mañanas para que hagamos lo que quisiéramos. El se prendió, pero me aclaró que sólo podía verme desde las 10. Le dije que no había problema y planeamos nuestro primer encuentro.

Esto pasó un lunes. Abrí a las 8 y me senté, ya que no había nadie quien venga ni nadie quien me llame, pues todos mis compañeros estaban de vacaciones. Para no aburrirme, sintonicé el programa donde estaba Rubén. Cuando terminó a las 10 no veía la hora de que viniera. Unos 20 minutos después lo ví tocar la puerta. Le abrí y después de cerrar, dejé un cartelito que decía “No Molestar”. El quería besarme, pero le dije que primero pasemos a una oficina que ya había armado para que estemos tranquilos.

Cuando pasamos, cerré la puerta y allí le dí el gusto. Nos besamos y apretamos bastante. Me puso contra la pared y me besó la boca, el rostro, el cuello y las orejas, lo cual me dejó encendida. Me dio vuelta y me apoyó su linda pija en mi cola. Yo me restregaba contra su bulto. Luego comenzamos a sacarnos la ropa y a acomodarnos en un pequeño sofá que había en la oficina. El se quedó solamente vestido con un boxer, que yo le quité mientras le acariciaba el pene. Después se lo besé y él me tomó de las manos, lo que me hizo tomar su pija con la boca, sin ayuda.

Debo admitir que mi fuerte es el sexo oral, porque le di una gran mamada, a tal punto que casi lo hago eyacular. Cuando me dijo esto dejé de chupársela y le pedí que él lo haga. Cumplió y me hizo gemir como loca. Después de varios minutos, le pedí que me la metiera. Lo hizo de un tirón y me hizo gritar de dolor primero, pero luego de que encontramos el ritmo disfruté como loca. Luego me puse encima de él. Mientras me cogía, me metió un dedo en el ano: era el anuncio de que quería mi cola.

Mientras yo me preparaba poniéndome en cuatro patas, ocurrió algo insólito: sonó mi celular. Me había olvidado de apagarlo. Cuando vi el número, no podía creerlo: ¡era mi hijo mayor! No podía ignorarlo. Le pedí a Rubén que espere y atendí el teléfono, desnuda y en cuatro. Mi hijo me preguntaba si quería que fuera a visitarme para que no me aburriera. ¡Si supiera que no me estaba aburriendo para nada!

Le dije que no, que no se preocupe, que había llevado un libro y que estaba todo bien. Mientras hablaba, el hijo de puta de Rubén me abrazó, me acarició y me besó por todas partes. Eso me puso a mil y a duras penas podía concentrarme en lo que mi hijo me decía.

Finalmente corté y miré a Rubén. Le dije que estaba loco, que casi me hace deschavar. Entonces me preguntó si mi hijo no se imaginaba que a su mami estaban por hacerle la cola. Eso me dejó muda y caliente. Después de unos segundos le dije que no y lo besé.

El me hizo volver a ponerme en cuatro y me metió dos dedos en el ano. Mientras me preparaba el culito para penetrarme, me decía varias cosas. “Tu hijo no sabe que su mami es reputa?”, “Tampoco sabe que le gusta que le hagan la cola?”. “Qué haría si supiera que a su mamá le gusta coger como una trola cualquiera?”.

Eso pudo ofender a cualquiera pero a mi me dejó en llamas. Le dije que no me importaba nada y que me la meta de una vez. Me penetró despacito, aumentó la intensidad y luego me introdujo todo su pene en el ano. Primero lloré de dolor, pero después lloré de placer. Ya les conté que Rubén volvió a poner activo mi culo y ahora no sólo me gustaba, sino que deseaba que lo haga todo el tiempo.

No sé por cuánto tiempo estuvo jugando así con mi culo, hasta que acabó dentro mío. Ya me empezaba a gustar que me cogiera así.

Terminamos los dos desnudos y empapados en sudor. Nos higienizamos en un pequeño baño de la oficina y nos vestimos. Como era la hora de cerrar, nos fuimos a casa y prometimos volvernos a ver al día siguiente.

Fue un mes infernal, no solo por el calor que hacía afuera, sino por todas las cosas “hot” que hicimos con mi amante en la oficina. ¡No saben cómo sufrí cuando tuve que dejar ese lugar cuando terminó enero! Igual, con Ruben seguimos haciendo varias cositas chanchas otras veces.

Ya les contaré…

Autora: María

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Hola María, muy lindo tu relato, se lo fuerte que es estara cogiendo en la oficina gastando adrenalinade que te puedan encontar o llamar.

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