Colgando cuadros

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Cuando mi estómago tocó su espalda, me paré un poco para que se fuera habituando, mis manos jugaron con sus pezones. Los acaricié, cogí con la mano entera su pecho. Y ella empezó a moverse. El mete y saca duró un poco ya que estaba tan excitado que me corrí dentro mientras que ella me decía palabrotas, excitadísima. Resoplando se la saqué, viendo como el semen caía por sus piernas.

“Cuñado, a ver cuando vienes a ayudarme a poner los cuadros, que mi marido es un inútil.” Esa fue la llamada telefónica que recibí hace unos días. Mi mujer me decía:”Anda, porque no vas mañana por la mañana que libras y así le pones los cuadros…”. En fin, que superé mi pereza y fui.

Al entrar me sorprendió mi cuñada (treintaitantos, con un buen culo, tetas de tamaño medio limón a medio melón yo duritas, con un buen par de piernas macizas) llevando una blusa larga que apenas le llegaba un poco por debajo del culo. “Perdona que te reciba así, pero es que estaba haciendo limpieza en la cocina y me he puesto algo cómodo.” “Anda, ya que estás aquí, echame una mano que me voy a caer de la escalera y me voy a matar…” Yo ya estaba empalmado. Siempre había sido muy recatada por lo que verla así me puso a cien. Y no estaba su marido.

La seguí como un perro en celo, con los ojos clavados en las cachas de su culo que asomaban por debajo de la blusa. Ella iba dejando un rastro perfumado, dulzón. Qué extraño, se había perfumado para limpiar la cocina…uy yu, yuí…
Al entrar ella se dirigió a la escalera que tenía arrimada a los muebles y mirándome desde los primeros escalones me dijo: “sujeta la escalera, y no mires mucho.” Ya, sí, no iba a mirar,…tardé milésimas de segundo en mirar hacia arriba y ver sus piernas morenas, su braguita…coooño, su tanga negro…uf, esto ya era demasiado fuerte.

Mientras que limpiaba se movía de lado a lado, dejando ver de vez en cuando algunos pelos de su coño apenas tapado por la raja de ese tanga que ya me había puesto frenético. Un poco más alto de mi boca tenía ese manjar que se abría y cerraba delante de mi lengua. Olía a sexo, un olor dulce, jugoso,…mi poya reventaba bajo el pantalón vaquero. Los huevos me dolían.

No pude más, subí mis manos por las piernas, masajeando las cachas y metiendo un dedo para separar el tanga. Le metí la lengua por el espacio libre, saboreando el rico sabor…Mi cuñada se giró: “Ooooooye, ¿que haces?” “¿Que hago?, saborear este higo…” Y teniéndola ya de frente, le volví a meter la lengua hasta el fondo…Me importaba una mierda que se enfadara. No había marcha atrás, y prefería tener que disculparme media vida a arrepentirme media vida por no haberlo hecho.

Ella se resistió un poco, pero si en algo era bueno era comiendo coños. Se me ha dado siempre estupendamente. Mi lengua supo dónde rozar, donde chupar, donde acariciar, profundizar, juguetear. En un momento su sexo estaba húmedo por mi saliva y su excitación. Mis manos la agarraron por el culo apretando su vientre en mi cara. Ella intentó separarme tirando del pelo.

“Bueno, ahora lo dejo, perdona, pero dejame un poco más, vale, ya lo dejo,…” le dije mientras que seguía como un poseso chupando sus labios con los míos, pero sus gemidos cada vez más fuertes, su mano apretando mi cabeza entre sus piernas me indicaron que no era lo que ella deseaba.
Así, viendo que le estaba gustando, introduje un dedo en su sabroso coño, entrando lubricado. Dejó escapar un gruñido de satisfacción.

Metí un segundo dedo y empecé sin parar de chupar, a meter y sacar los dedos. Apenas se podia mantener en la escalera ya que sus piernas temblaban, agarrándose con sus manos a la parte superior para no caerse. Un tercer dedo entró en su culito después de que me lo chupara como una viciosa. Por allí no estaba estrenada y por un instante su respiración se detuvo pero al sentir ese nuevo placer se dejó llevar. Sólo se oía sus gemidos, sus grititos y el chuperreteo…cuando le vino el orgasmo la acompañé en el movimiento de cadera cada vez más rápido hacia adelante y hacia atrás sin dejar de meter los dedos por todos los agujeros. “Sigue, sigue, sigue cabrón, sigue, joder que bien me lo estás comiendo…cuñadoooo”.

Se dejó resbalar por la escalera quedando enfrente de mí. Le metí un morreo y al sentir el sabor de su propio sexo se echó atrás, pero mi lengua quería jugar con la suya y la apreté contra mí. Mi poya dura ya pedía a gritos un favor.

“Si crees que hemos terminado vas lista, date media vuelta y apoya las manos en la escalera…” Le metí un par de dedos untados con mi saliva en su coño y los saqué más lubricados aún. Le metí un dedo primero en el culo y después conforme se iba dilatando le metí otro hasta notar que ya había un poco de sitio para encularla.

“No lo hagas, nunca me la ha metido mi marido por ahí.” “Pues ya va siendo hora…” Le puse la punta de la poya y poco a poco fui empujando hasta llegar a fondo. Cuando mi estómago tocó su espalda, me paré un poco para que se fuera habituando. Mis labios recorrieron su cuello y mis manos jugaron con sus pezones, duros, largos, muy largos para sorpresa mía. Los apreté, los acaricié, cogí con la mano entera su pecho. Y ella empezó a moverse.

El mete y saca duró un poco ya que estaba tan excitado que me corrí dentro mientras que ella me decía palabrotas, excitadísima. Resoplando se la saqué, viendo como el semen caía por sus piernas. Ella se fue al baño a lavarse y después le eché otro polvo en la cama corriéndome en su boca.
Al regresar a mi casa, mi mujer me dijo: ” Vaya cara que traes de cansado. Si qué debes haberle puesto muchos cuadros…”. “No, solo he podido ponerle unos cuantos pero faltan dos que he encontrado una viga y con mi taladro no he podido hacerle un agujero bien hecho, así que cuando compre una broca nueva volveré”. “Que suerte tiene mi hermana con un cuñado tan apañado”.

Sí, sí, no lo sabe bien.

Espero que os haya gustado mi experiencia.

Autor: Johnmonday

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Escrito por Marqueze

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