Comenzó como una aventura

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Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete. Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Todo fue intenso aquella noche, desde el encuentro casual, en el pub, hasta el despertar de la mañana.

Yo soy una mujer madura, que tengo muy claro lo que quiero,  y Marta una chiquilla consentida, que buscaba nuevas experiencias y  diversión. Al principio pretendió burlarse pero quedó totalmente deslumbrada por la pasión de una noche.

Ella estaba con un grupo de amigos de su edad, tomando unas copas y bailando. Cuando llegué con unas amigas y nos sentamos cerca de ellos. Yo había ido con alguien bastante cercano aunque no teníamos ningún compromiso formal. El hecho es que les llamó mucho la atención a los jovencitos, vernos bailar juntas y acariciarnos.

Marta me observaba con mucha curiosidad, pero también con una sonrisa burlona. Me gustó desde el comienzo, y al mismo tiempo me fastidió su actitud de manera que decidí darle una lección.

Comencé a mirarla, y sonreírle, hasta que me acerqué, le invité un sorbo de mi copa y comenzamos a bailar. Se puso bastante nerviosa, pues no esperaba mi actitud, pero su juventud y osadía la obligaban a seguirme el juego. Un rato después volvió con su grupo y se notaba de lejos el nerviosismo de sus amigos y los comentarios burlones.

Después de un rato, fue ella quien se acercó y salimos a fumar a la terraza para poder conversar:

Marta – eres muy linda, ¿qué pasó con tu amiga? Clara – nada, en realidad somos amigas intimas pero sin compromisos. Tú eres muy bonita, ¿cuántos años tienes? Marta – tengo 20.

Su actitud era desafiante y provocadora, estaba tan buena la pendeja, que me daban ganas de tomarla ahí mismo. Realmente hacía tiempo que no estaba con una mujercita tan joven y fresca. Yo tengo 50, muy bien llevados, pero son 50 años. En fin seguimos conversando, cada vez más intimas, más cercanas, hasta que nos besamos. Al principio la noté confundida, pero sin dejarla pensar mucho la tomé de la cintura la apreté contra mi cuerpo y volvimos a besarnos. Seguí avanzando:

Clara – ¿Quieres ir a mi casa esta noche? Marta – (perturbada) no sé, debo volver a mi casa.

Noté claramente que su primer impulso fue negarse, pero estábamos tan cerca que sentía palpitar su corazón, de manera que insistí y fui un poco más lejos. Presioné su cuerpo contra el mío y acaricié sus senos. Pude sentir su excitación, y temor. Ella ya no podía controlar la situación.

Se apartó de mi fue a hablar con sus amigos y cuando volvió estaba lista para irse conmigo. Subimos a un taxi, y nos fuimos directo a casa. No habló en todo el camino, pero me dejó tomarle la mano y creo que eso la ayudó a relajarse un poco. Cuando llegamos se apuró a decirme que nunca había estado con una mujer, que no estaba segura de querer hacerlo, pero que se había sentido muy excitada cuando nos besamos. Traté de calmar su ansiedad, tomamos un poco de vino, y conversamos de todo un poco, hasta que ella se recostó en el sofá y me miró como pidiendo que tomara la iniciativa.

Yo no pude esperar, me quité la blusa y puse su mano sobre mis pechos, ella me acarició suavecito. Le pedí que me desabrochara el sostén y pude ver sus ojos mirando mis senos con deseo. Luego subí su falda, le quité su pequeña tanguita, y allí descubrí un hermoso sexo rosado, bien depilado y muy apretadito.

Estaba totalmente sonrojada, le pedí que me dejara ver más, entonces separó sus piernas levemente. Sus ojos estaban cerrados, su cabeza inclinada hacia el costado, pero cuando sintió mi caricia, giró y me miró con sus ojos grandes.

-¿Te gusta? le pregunté.  -Si mucho, no te detengas, me contestó.

Estaba muy buena Martita, estaba mojada, un poco tensa, pero lo mejor de todo era que estaba dispuesta a seguir adelante. Seguí acariciando su sexo, le pedí que se relajara, intenté entrar en su vagina, pero estaba tiesa. Me incliné a besarla, separé más sus piernas. Al primer contacto de mis labios con su clítoris, gritó fuerte, y su sexo se inundó de su leche cristalina.
Seguí acariciando y lamiendo aquella conchita dulce, hasta que tuvo un orgasmo bueno, se abrazó a mi muy fuerte, jadeando excitada.

Nos miramos, y no hizo falta decir nada más. Nos pusimos de pie y nos fuimos a la cama. Nos quitamos el resto de la ropa, tenía unos pezones increíbles grandes y puntiagudos, ya quería sentirlos en mi vagina. Me acosté boca arriba, separé mis piernas, se acostó a mi lado, acariciaba su sexo mojado, mientras me besaba los labios, los senos, el cuello. ¡Mmmmmmm… Que ricooooooo!

Le pedí que fregara sus tetas en mi sexo, y llegué a un orgasmo sorprendente. Nos dormimos entre besos y caricias, fue una noche increíble.

Al despertarme, estaba a mi lado desnudísima, relajada y no pude resistir, comencé a mamar sus tetas hermosas, y ella dormida aún, comenzó a tocarse. Muy suavemente seguí estimulándola, y ella seguía soñando y masturbándose muy rico. El deseo la despertó y al darse cuenta de lo que había pasado, se ruborizó. Tomamos una ducha juntas, sus manos no se despegaban de mi cuerpo, acarició hasta el último rincón de mi cuerpo.

La verdad es que fue una noche tan buena, que no queríamos separarnos, pero debía volver a su casa. Se fue pero me dijo que inventaría una excusa para volver en la tarde. Se fue a su casa y yo a trabajar, pero en la tarde ya me estaba llamando para vernos. Hasta la noche yo estaba ocupada, pero esa tarde me llamó varias veces. En la noche cenamos en casa, y me dijo que quería quedarse a dormir. Yo estaba cansada de manera que se quedó pero nada sucedió. Se sintió decepcionada, pero nada reclamó, se acostó a mi lado y nos dormimos Estuvo bastante inquieta toda la noche, claramente estaba muy excitada, en la madrugada la escuche levantarse y creo que se masturbó en el baño.

En la mañana decidí recompensarle su paciencia, me coloqué un juguete con arnés, es un pene de tamaño regular no muy largo pero un poco grueso. Mientras aún dormía separé sus piernas y coloqué un gel lubricante, comenzó a despertarse pero se quedó muy quieta y relajada. Coloqué un almohadón bajo sus caderas, para dejar su sexo más expuesto, la besé y penetré con dos dedos para probarla. Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete.

Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Durante semanas el romance fue muy intenso, nos amábamos cada instante que podíamos, no me dejaba tiempo para nada. Marta había resultado ser una jovencita ardiente, pero decidí probar sus sentimientos y de paso descansar un poco, durante dos semanas no tuvimos sexo, no la toqué.

Le puse distintas excusas, y fueron pasando los días. Venía a casa casi todos los días, y los fines de semana se quedaba conmigo. Dormíamos juntas, nos duchamos un par de veces, pero no mucho más, yo quería ver hasta donde estaba interesada en una relación. Un sábado a la noche volvíamos de cenar, y venía muy inquieta, trataba de provocarme por todos los medios, pero le dije que no me sentía bien. Se molestó pero no intentó irse, prefirió acompañarme una vez más.

A la mañana siguiente, teníamos que conversar todo había comenzado como un juego, un desafío, pero se estaba tornando peligroso. Yo estaba segura de no querer nada más que un buen sexo, pero aquella niña había descubierto un mundo nuevo. No quería lastimarla, pero tenía que irla desilusionando de alguna forma.

El domingo amaneció hermoso, igual que Marta, allí estaba desnuda sobre la cama mirándome con sus ojos grandes, sus brazos se tendían hacia mí, que la miraba desde la puerta de la habitación. Comenzó el diálogo:

Marta – anda cariño ven conmigo, te extraño tanto. ¡Hace semanas que no me haces el amor! Clara – ahh mi hembrita! No te olvides que soy una mujer grande, que se cansa y que no vive de sexo a diario, igual que las jovencitas como tú. Marta – pero yo te gusto, ¿cierto?, porque tú me enloqueces, nunca había disfrutado del sexo tanto como contigo: cómo me besas, cómo me tocas, ¡cómo me miras! Las primeras veces que salimos, me mojaba toda cuando me mirabas fija y profundamente. Clara – eres una chica muy ardiente, es fácil complacerte. Claro que me gustas, tu piel suave el perfume de tu conchita me fascina. Marta – entonces, ¿porque siento que ya no te intereso? Dime que debo hacer para complacerte, yo quiero ser tu mujer, quiero vivir contigo y poderte amar libremente.

Yo estaba en lo cierto, iba a ser muy difícil terminar aquella relación sin lastimarla, pero tenía que encontrar la forma. Me acosté a su lado y nos besamos un largo rato, acaricié su sexo hasta que mi mano estuvo totalmente llena de sus jugos.  Penetré con mis dedos, mi lengua, y el vibrador que mas le gustaba. Ella estaba extasiada, y yo agotada y vacía. Confirmé con pena, que no sentía nada por aquel cuerpo hermoso, ya ni siquiera me despertaba deseo.

Me levanté, y salí a caminar un rato mientras ella se bañaba y vestía. Cuando volví estaba en la cocina preparando café. Conversamos un largo rato, y finalmente me comprendió. Se fue, y no nos vimos por un mes. Una tarde la llamé para saber como estaba, y afortunadamente todo iba bien.

Autora: Amandaz

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Amanda ¿ que has hecho? le tiraste la carne a los leones, y los leones estan hambrientos.pero estuvistes bien…si la pende no te interesaba dejala y que encuentre lo suyo .

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