Como dejar de fumar

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Dominación (BDSM) La siguiente es una historia de ficción, producto de muchas de mis fantasías, aunque debo aclarar que también muchas de las situaciones que describo son reales y las he vivido (con mucho placer) personalmente.

Queda al lector decidir cuales son fantasías y cuales son experiencias (aunque debe tener cuidado, quizá te equivoques).

Aclaración: he intentado utilizar un castellano neutro para evitar utilizar términos locales y por lo tanto, no comprensibles para algún lector (por ejemplo, bragas, bombacha, etc. a las que me he referido simplemente como “ropa interior”).
Capítulo I – Fumador Empedernido

Antes de comenzar a contarles como ha cambiado mi vida durante el último año, creo que es mejor presentarme de tal forma que ustedes puedan tener una idea de quien soy, como soy y como era mi vida hasta hace muy poco tiempo.

Les cuento, soy un hombre casado de cierta edad ya, vamos a decir que alrededor de 50 años, delgado, de contextura pequeña, todavía conservo mucho cabello y suelo usarlo largo y atado en una cola de caballo, por otro lado, debo confesar que soy un fumador empedernido y si bien traté muchas veces de abandonar el tabaco, nunca pude conseguirlo por mas de dos o tres días.

Mi trabajo no ayuda para que pueda abandonar este vicio, suelo trabajar en mi casa desarrollando bases de datos y estoy acostumbrado a sentarme en mi estudio durante horas tomando café y fumando.

Vivo solo con mi mujer, quien trabaja como jefa de departamento en una importante empresa y tiene casi mi misma edad, así como yo tengo problemas con el tabaco, ella tiene problemas con la comida, suele vivir luchando para controlar su peso, constantemente tentándose con algún postre o dulce y sufriendo con una dieta tras otra y consiguiendo un éxito tan relativo como el mío con mi vicio.

Para que tengan una idea completa de mi vida tengo que contar algunas intimidades de mi vida sexual junto con mi mujer, se puede decir que en general somos una pareja abierta sexualmente hablando y que estamos siempre dispuestos a experimentar con algo nuevo, algunas cosas nos han gustado y las repetimos con cierta frecuencia, mientras que como podrán imaginar, otras me gustaron a mi (y suelo pedirle a ella hacerlo) y otras le gustaron a ella (y suele pedirme a mi repetirlas).

Algunas de las cosas que solemos hacer con frecuencia implican el uso de juguetes sexuales, a ella le fascina y le produce un orgasmo tras otro que yo juegue con un vibrador en su clítoris, otra cosa que la excita mucho es cuando le practico sexo oral y no son pocas las veces que he pasado mucho tiempo alternando mi lengua y un vibrador en sus genitales.

Por otra parte, yo disfruto mucho de la estimulación anal y casi diría que es una práctica común que ella juegue con un rosario anal colocándolo y retirándolo lentamente mientras realizo sexo oral, y no son pocas las veces que la he penetrado mientras tenía un plug firmemente introducido dentro mío.

A ella le gusta además, como forma de castigo (normalmente cuando me pide hacer algo en la casa y yo intento dejarlo ara mañana) atarme a la cama, colocarme el plug y masturbarme muy lentamente hasta que yo termino completamente desesperado, rogándole que me permita tener un orgasmo.

Así era nuestra vida hasta que una noche me desperté con un acceso de tos, era tal la forma en que tosía que tuve que levantarme e ir a la sala, tomar un poco de agua y sentarme esperando que se normalizara mi respiración. Estaba entonces yo sentado, desnudo en la sala cuando veo que ella se despierta por el ruido que estaba haciendo y viene al lado mío.

– Bueno Carlos, creo que definitivamente vas a tener que hacer algo y abandonar el tabaco de una vez por todas.

– Fácil decirlo, pero es como si te dijera que hicieras dieta, cuantas veces lo has intentado. Hay veces que pienso que algunas cosas nos superan y simplemente tenemos que dejarlas pasar.

-Claro, hasta que mueras o que muera yo, si seguimos así esto se transforma en una competencia para ver quien llega primero al cementerio.

– Y que otra alternativa tengo? Cuantas veces intenté dejar el tabaco? Cuantas veces intentaste hacer régimen y controlar tu peso?

– Es cierto, sin embargo, el otro día me encontré con María en la oficina, no sabes que cambiada está y ella tenía mas problemas que los dos juntos, exceso de peso y no podía dejar de fumar.

– Y ahora?

– Bueno, estaba muy entusiasmada con un nuevo tratamiento que estaba haciendo, dice que es una doctora fantástica y que casi sin esfuerzo empezó a controlar su comida, dejó de fumar y que incluso ahora está mucho mejor con su pareja.

– María? Ahora estaba recordando quien era, una antigua compañera de trabajo que solía fumar en exceso y comer en exceso, además de discutir permanentemente con su marido, hasta tal punto que solíamos no invitarlos a nuestras reuniones para evitar el espectáculo de una discusión sin sentido por cualquier motivo.

– Exactamente, está cambiadísima, mucho mas delgada, dejó el tabaco además y luego fuimos a tomar un café con ella y su marido y puedo asegurarte que la relación entre ellos es completamente distinta.

– Bueno, por lo que me estás contando, mas que un consultorio médico parece que fue a ver a un hechicero.

– No, es una mujer, una médica psiquiatra, me dió su tarjeta, dice que en realidad trabaja con una combinación de psicoterapia, hipnosis y alguna medicación para reducir la ansiedad. No te parece que podríamos al menos intentar?

– Bueno, si no es muy cara la consulta…

– Siempre el mismo miserable, si no tenemos problemas con el dinero, vamos al menos a intentarlo. Yo me encargo de todo y te aviso cuando tenemos la consulta.

– Está bien, vamos a intentarlo, le dije sin saber que con esa frase estaba sellando mi destino para el resto de mi vida.

– Bueno, vamos a dormir, me dijo.

– Enseguida, fumo un cigarrillo y ya me voy a acostar.

– Sos imposible, mañana mismo consigo una entrevista.

Quedé un rato en la sala, pensando en nuestra conversación mientras fumaba y luego de un rato fui a acostar con la intención de dormir.

Grave error el mío, en cuanto me acosté ella me tomó una muñeca y con un juego de esposas que tenemos en nuestro cajón de juguetes me amarró a la cama.

– Me despertaste preocupada a mitad de la noche, estuvimos conversando sobre nuestros problemas, acordamos tratar de hacer algo al respecto y parece que estuviera hablando a una pared, lo primero que haces es ponerte a fumar.

– Ahora por lo menos vas a tener que hacer algo para relajarme un poco, y ya te adelanto que te vas a quedar con las ganas como castigo, continuó diciendo.

Acto seguido, fue hasta nuestro cajón de juguetes, tomó un plug anal y luego de lubricarme y mientras me masturbaba muy lentamente, fué introduciéndolo dentro mío.

– Ahora ayúdame a liberar la tensión, dijo al mismo tiempo que, estando yo acostado boca arriba, se montó sobre mí y dejó su vagina justo frente a mi boca.

Ya sabiendo lo que esperaba de mí, comencé a lamer su clítoris con entusiasmo, mucho entusiasmo, intentando que se calmase un poco y odiándome a mi mismo por haberla provocado.

Bastante tiempo después, creo que después que ella tuviera al menos tres orgasmos y se hubiera calmado un poco, se recostó al lado mío y se dispuso a dormir.

– Y yo? le pregunté.

Por ahora nada, te quedas con las ganas por haberme despertado y preocupado para nada.

Y así fue, quedé ahí, con el plug dilatándome, esposado a la cama y con poca libertad de movimientos, mas que excitado, enloquecido y sin siquiera poder tocarme.

Finalmente me quedé dormido y al despertar veo que ella ya se había levantado y había salido hacia el trabajo, dejando las llaves de las esposas sobre su almohada, así que las tomé, me liberé y casi sin pensarlo, comencé a masturbarme.

Que placer, tengo que confesar que ese es otro de mis vicios, masturbarme, lo hacía con frecuencia en aquella época y por supuesto, en ese momento, luego de la noche que había pasado, con la excitación que tenía y sintiendo la agradable presión del plug dilatándome no duré mas de cinco minutos antes de tener mi merecido orgasmo.

El resto del día transcurrió con normalidad, me vestí con lo primero que encontré, preparé un café, encendí un cigarrillo y fuí a trabajar al estudio respondiendo correos y verificando los sistemas que tenía que entregar en la semana.

A la tarde me llama mi mujer y me dice entusiasmada:

– Listo ya nos conseguí una entrevista para mañana a esta hora.

– Que entrevista? Yo pensando en otras cosas ni siquiera sabía de que me estaba hablando.

– De la médica que hablamos a la noche, a ver si nos puede ayudar.

– Ahh, cierto, cuando?

– Ya te dije, mañana a esta hora tenemos turno, a veces parece que no me escucharas.

– Bueno, quédate tranquila, mañana vamos.
Capítulo II – La Entrevista

Al día siguiente ella salió temprano a su oficina y cuando llegó el horario nos encontramos en la puerta del edificio donde la Dra. Martinez tenía su consultorio.

Al ingresar nos encontramos con una amplia recepción con cómodos sillones y la primera de las sorpresas en la forma de la recepcionista.

Creo que ustedes también estarán acostumbrados a ver que la mayoría de las recepcionistas son mujeres jóvenes de veinti tantos años, delgadas, muy bonitas y al mismo tiempo, vestidas de una forma que podríamos llamar poco llamativa o conservadora.

Bueno, este caso era completamente todo lo contrario, pero es imposible describir mi sorpresa al verla así que todo lo que puedo hacer es describirla a ella, esperar hacerlo correctamente y que usted lector, use su imaginación y entienda lo que me pasó a mi en ese momento.

En principio era una mujer algo mayor que yo, de unos 55 o 60 años que parecía salida de una película de los años 50, cabello negro, por encima de los hombros, con un peinado elaborado, un maquillaje en el que no había ahorrado base, ojos delineados y con tres tonos de sombras en los párpados, maquillados de forma tal que parecían estirarse hacia afuera, pestañas postizas, unos labios pintados y delineados con un color rojo intenso y oscuro.

Cuando pude dejar de mirar su elaborado peinado y su maquillaje, me dí cuenta que tenía un collar de perlas rodeando su cuello y una blusa blanca, de mangas largas de un material que parecía seda.

En este momento mi vista se fijó en su busto, decir que era al menos generoso, ayudada por un modelo de soutien muy de moda en los años 50, armado y terminando en punta (creo que le llaman torpedo), era evidente además que tenía una especie de corset que reducía su cintura, al levantarse para darnos la mano (la primera vez que la recepcionista de un consultorio médico me recibe así), veo que tenía varias pulseras en sus muñecas y que las uñas eran igualmente llamativas, largas y pintadas en el mismo tono que sus labios.

Completaba su atuendo una pollera tubo de color negro, muy entallada, que resaltaba sus glúteos y que llegaba unos cinco centímetros por encima de sus rodillas, un par de medias negras con costura (hasta ahora solo las había visto en películas viejas) y un par de zapatos negros de tipo stiletto con un tacón de al menos diez centímetros.

Personalmente debo reconocerme a mi mismo como un fetichista empedernido, y esta mujer representaba justamente todos los fetiches que me enloquecen, las medias con costura, los zapatos de tacón alto, la falda marcando sus caderas y glúteos, el busto amplio y con un soutien armado, la seda de su camisa, el maquillaje intenso y resaltando sus rasgos, las uñas largas.

Incluso a pesar de su edad parecía exhalar una sensualidad o mas bien, no era sensualidad, parecía un depredador sexual, ese tipo de mujeres que se encuentran dispuestas a cumplir cualquier perversión que uno les proponga y que luego son capaces de aportar una o dos ideas mas.

– Mucho gusto, soy Enriqueta, la asistente de la Dra. Martinez.

– Encantada Enriqueta, nosotros somos el matrimonio Rodriguez, Ana y Carlos Rodriguez. Dijo mi mujer.

– Por favor, tomen asiendo mientras les tomo los datos.

Comenzó una serie de preguntas sobre nuestro nombre, edad, domicilio, etc. que ella completaba en la computadora de su escritorio. Cuando finalizó, comenzó a imprimir dos juegos de formularios que luego nos alcanzó, diciendo:

– Completen estas fichas por favor, cuando hallan terminado la enfermera les hará una serie de exámenes y luego los recibirá la Dra.

Nos sentamos en dos cómodos sillones frente a su escritorio y mientras completaba el formulario no podía evitar mirar sus piernas por debajo del escritorio, hay como me excitaba ver esas medias negras con costura, esos zapatos con ese tacón de diez centímetros, incluso llegaba a entrever su ropa interior mientras ella cambiaba de posición.

Traté de desviar la mirada para no ser tan obvio y entonces casi sin darme cuenta estaba mirando fijamente a su busto, por favor, era enorme, y lo lucía con orgullo.

Claro, esta atracción no podía pasar desapercibida para mi mujer, que sabiendo de mis fetiches además, estaba muy atenta a mi reacción.

– Podrías ser un poco mas disimulado. Me dijo al oído.

– Discúlpame, sabes que tu eres el amor de mi vida, pero no puedo resistirme a mirar, además, creo que le gusta que la miren así, sino se vestiría de otra forma.

– Típico de los hombres. Me respondió, ahora la culpa es de ella y vos no tenés nada que ver en el asunto.

Para evitar problemas traté de enfocarme en el formulario para así completarlo de una vez. Comenzaba como un cuestionario típico de cualquier médico, con una serie de casilleros en los cuales debía marcar la respuesta correcta.

* Alergias Si No
* Cirugías Si No Cuales

Y así a lo largo de una página completa, lo que me sorprendió fue que al pasar a la página siguiente me encontré con un encabezado que decía “INFORMACION PERSONAL” y era en realidad información muy personal, se trataba de un cuestionario del tipo “marque lo que corresponda”, intentaré reproducir las preguntas y las opciones que marqué:

Cuan Frecuentemente Practica el Sexo?
1 Vez a la Semana
2 Veces a la Semana
3 Veces a la Semana (*)
Todos los Días

Utiliza Juguetes Sexuales
Si (*)
No

Ha tenido experiencias con personas del mismo sexo?
Si
No (*)

Disfruta dando sexo oral?
Si (*)
No

Disfruta recibiendo sexo oral?
Si (*)
No

Ha practicado sexo grupal (mas de dos personas)
Si
No (*)

Disfruta de ser estimulado analmente
Si (*)
No

Disfruta de estimular analmente a su pareja
Si (*)
No

Cuales de estas prácticas ha realizado o le gustaría realizar
Juegos de Rol (*)
Dominación – Sumisión (*)
Ataduras (*)
Travestismo
Servidumbre
Adoración del Cuerpo (*)

Y así continuaba una lista que parecía una enciclopedia de las prácticas sexuales, yo estaba concentrado respondiendo cuando veo que Ana (mi mujer) se levanta y se dirige hasta el escritorio de la asistente de la Dra., movido en parte por mi curiosidad, en parte para acompañarla y también en parte para poder contemplar a Enriqueta desde cerca, yo también me levanto y la acompaño.

– Discúlpeme Enriqueta, estaba mirando el cuestionario que me dió y no puedo evitar pensar que son preguntas demasiado íntimas, la verdad siento un poco de vergüenza al responderlas.

Yo mientras tanto contemplaba con el mayor descaro a Enriqueta, una vez mas, no sabía porqué me atraía de esa forma, esa aura de depredadora sexual que emanaba, la reunión en una misma persona de todos mis fetiches, me estaba excitando de una forma que no conocía hasta ese momento y mientras mi mujer hablaba con ella, yo soñaba con estar con las dos al mismo tiempo en la cama.

– No se preocupe Ana, la voz de Enriqueta me volvió a la realidad. Se trata en realidad de una serie de preguntas que le darán información a la Dra. para poder conocerlos mejor, en estos casos siempre respondo lo mismo. No se olviden que la Dra. Martinez es también psiquiatra, y por lo tanto no solo necesita conocer sus antecedentes médicos sino que también debe conocer íntimamente los deseos, fantasías y aspiraciones de sus pacientes.

– El completar este cuestionario honestamente le permitirá a la Dra. ahorrar mucho tiempo de tratamiento ya que luego de estudiarlo sabrá muchas cosas de ustedes sin necesidad de preguntarles directamente.

– Además para su tranquilidad, como pueden ver el cuestionario solo tiene un número de protocolo, no los identifica de ninguna forma, es la Dra. la única persona que tiene acceso al sistema de pacientes y que puede obtener información a partir de sus nombres.

Algo incómoda todavía mi mujer aceptó la explicación y volvimos a sentarnos en los sillones para finalizar el cuestionario. Mientras íbamos caminando me dijo:

– Otra vez. Sos imposible, te levantaste solo para verle los pechos a la Asistente. No te das cuenta que es una persona mayor?

– Bueno, mayor o no, cualquiera que se vista así va a llamar mi atención.

Durante los próximos 20 minutos estuvimos ambos concentrados respondiendo el cuestionario de forma individual, cuando lo completamos se lo entregamos a Enriqueta.

– Gracias. dijo la Asistente, aguarden un momento por favor que ya viene la enfermera para realizarles algunas pruebas y cuando la Dra. tenga toda la información van a entrevistarse con ella. Mientras tanto, si desean abonar la consulta.

– Si como no, dijo mi mujer. Cuanto es?

– Esta es la primera vez y como la Dra. tiene que dedicarles mas tiempo, la tarifa es de u$s 1.000.- cada uno.

Me mordía la lengua por quejarme, mil dólares cada uno, un total de 2.000 dólares. Mas vale que el tratamiento diera resultado en un máximo de una sesión porque de otra forma no contarían conmigo.

– No pensé que fuese tan costoso, dijo Ana.

– Es la primer entrevista nada mas, luego pueden pactar honorarios con la Dra. de acuerdo a sus posibilidades, pero piense que al ser la primera vez ella estará con ustedes prácticamente toda la tarde.

– Pasen ahora al consultorio número 2, allí los está esperando Jorgelina que es la enfermera, allí les hará una serie de estudios y luego van a ver a la Dra.

Fuimos por el pasillo y golpeamos la puerta que nos habían indicado, casi inmediatamente nos abrió la puerta la enfermera.

Ana pasó primero, de forma tal que no pude ver a Jorgelina en un primer momento, pero cuando entramos y la ví, lo único que puedo decir es que empequeñeció la imagen que me dió Enriqueta, así que, una vez mas, intentaré describirla.

En este caso se trataba de una mujer mucho mas joven, aproximadamente 30 o 35 años, el cabello y el maquillaje parecían calcados de lo que era la recepcionista, un peinado elaborado, con algún tipo de permanente, en este caso con el cabello de color rubio, maquillaje intenso, donde prevalecían los tonos rojos, labios delineados, pestañas que eran evidentemente postizas, con los ojos alargados de forma tal que hacían recordar una gata.

Sin embargo, aquí terminaban las similitudes, tenía una bata blanca que hubiera parecido profesional si no fuera por dos razones, la primera de ellas era un busto mas que prominente, sus pechos casi parecía que iban a saltar de su escote, y el otro factor era la longitud de la bata, sumamente corta, y me encontré a mi mismo pensando como haría para sentarse sin dejar sus glúteos al descubierto.

Como decía, la bata era muy entallada y corta, hecho que resaltaba aún mas su escote, las uñas, al igual que las de Enriqueta eran muy largas, rojo oscuro, haciendo juego con su maquillaje.

No pude evitar bajar la mirada y creo que mi corazón perdió un par de latidos cuando vi las que hasta ese momento me parecieron las piernas mas hermosas que había visto, enfundadas en un par de medias blancas y rematando el conjunto zapatos blancos como corresponde a una enfermera, pero con un tacón de al menos 10 centímetros también.

Nos saludó dándonos la mano y presentándose y a continuación nos invitó a que nos recostáramos sobre dos sillones reclinables que había en el consultorio. Mientras lo hacíamos ella se dirigió hacia un armario buscando algunos elementos y yo casi me caigo del sillón cuando estaba intentando al mismo tiempo recostarme y mirar sus glúteos mientras se agachaba.

Obviamente que nada de esto pasó desapercibido para Ana, quien en ese momento tenía esa mirada que decía “ahora no quiero armar un escándalo pero ya vas a ver cuando lleguemos a casa”.

Los eventos que sucedieron a continuación fueron por decir lo menos, sumamente extraños, mas allá de la apariencia de Jorgelina, yo suponía que el examen sería mas o menos rutinario.

Cuan equivocado estaba, durante todo el examen, que incluyó tomar mi presión arterial, obtener una muestra de sangre, examinar mi ritmo cardíaco, etc., parecía que ella se estaba insinuando en todo momento.

Cuando por primera vez rozó uno de sus pechos contra mi brazo, lo retiré pensando que se había tratado de un accidente, pero luego no perdió oportunidad para tener algún tipo de contacto conmigo, apoyaba su pelvis contra mi hombro mientras examinaba mis ojos, luego al tomarme la presión arterial, decidió hacerlo usando mi otro brazo, lo que la obligó a virtualmente apoyar sus pechos contra mi rostro, al extraerme sangre, casi podría decirse que acariciaba mi brazo.

Mientras tanto, yo miraba a Ana y notaba como su cara se transformaba con cada uno de estos roces “involuntarios”, o al menos involuntarios de mi parte. Recuerdo que pensé en ese momento “hay que escándalo me espera cuando lleguemos a casa”.

Sin embargo, estaba equivocado porque al realizar las mismas prácticas con ella, tuvo exactamente la misma actitud, rozaba “involuntariamente” sus pechos contra los de ella, acariciaba su brazo, en un momento pensé que Jorgelina incluso estaba por jugar con sus manos en la entrepierna de mi mujer.

Ella al principio se mostró desconcertada y me miraba como diciendo “que le sucede a esta mujer?”, yo por supuesto feliz, primero por el espectáculo Jorgelina casi acariciando y seduciendo a mi mujer me había excitado en extremo, y también me permitió relajarme porque ya tenía el argumento perfecto “no fui yo, fue ella, hizo lo mismo con vos y no has podido impedirlo”.

Cuando ya había terminado su examen, Jorgelina fue hasta un gabinete que se encontraba en el rincón del consultorio y preparó dos agujas hipodérmicas, cuando tomó mi brazo y estaba a punto de inyectarme le pregunto:

– Que es eso?, sucede algo?

– No para nada, no tiene que preocuparse, es solo un sedante suave que ayudará a la Dra. a inducirles un trance mas profundo si es que decide recurrir a la hipnosis.

Luego de inyectarme realizó el mismo procedimiento en Ana y cuando ya nos estábamos levantando dice:

– Ana, por favor puede ir al consultorio 1 que la Dra. la está esperando? Mientras tanto usted Carlos puede aguardar un momento en la recepción?

– No vamos a ir juntos? Pregunté

– La Dra. prefiere entrevistarlos primero por separado para evitar que alguno de ustedes pueda influenciar al otro.

Mientras Ana entraba en el consultorio 1 yo me dirigí a la recepción, me senté nuevamente en la recepción, tomé una revista y me dispuse a pasar el rato hasta que llegara mi turno.

Sin embargo fue poca la atención que pude prestarle a la revista, Jorgelina vino también a la recepción y se puso a charlar con Enriqueta, sin embargo, parecía que la charla era solo una excusa para que ambas se exhibieran ante mí.

Jorgelina se recostaba contra el escritorio, postura que como se imaginarán hacía que sus nalgas apuntaran directamente hacia arriba, que expusiera parte de sus glúteos, mostrando que por debajo de la bata blanca, lo único que la cubría era un corset blanco, con un portaligas que ajustaba sus medias blancas.

Además, al estar recostada, sus pechos parecían querer saltar de su prisión, sumado al hecho que quedaban a apenas diez o quince centímetros del rostro de Enriqueta, no sabía si ahora estaba jugando a seducir a su compañera de trabajo, estaba exhibiéndose para mí, o quizá (lo mas probable), las dos cosas juntas.

Mientras tanto, Enriqueta no se quedaba atrás, constantemente cruzaba y descruzaba sus piernas, permitiéndome ver con perfección su ropa interior negra.

Blanco y negro, que hermoso contraste tenía ante mí.

Sin embargo, toda esta escena está también un poco confusa en mi memoria, sentía que estaba excitado, incluso en algunos momentos, casi estoy seguro que me miraban directamente antes de realizar alguno de estos movimientos, parecía casual, pero al mismo tiempo parecía perfectamente ensayado, casi diría que fue un show exlusivamente montado para mí.

Pero como les decia, tampoco estoy muy seguro de ello, no era mareo lo que sentía, era mas bien un estado de confusión, me costaba concentrarme, me sentía profundamente relajado y miraba con atención el espectáculo que ambas me estaban brindando y poco me importaba que se dieran cuenta. En ese momento atribuí este estado mental tan particular a las drogas que Jorgelina me había inyectado.

Incluso hubo dos o tres momentos en los que casi comienzo a masturbarme delante de ellas, estaba mas que excitado con el show, y sumado a la falta de inhibición producto de las drogas, poco faltó para que comenzara yo mismo un show para ellas, sin embargo, con el resto de voluntad que tenía pude contenerme. Aunque no fuí completamente inmune a sus provocaciones, en varias oportunidades yo también cruzaba y descruzaba mis piernas, dejando alguna de mis manos en la entrepierna y con ello, obtenía algo de placer al dejar uno de mis brazos entre las piernas y rozar mis genitales.

Sin embargo, casi podría jurar que en esos momentos ambas mujeres se percataron de lo que estaba haciendo y justo en ese instante pasaban sus lenguas por sus labios, casi, casi, como relamiéndose.

Luego de un tiempo indeterminado, Ana salió del consultorio y sentándose al lado mío me dice:

– Ahora te toca a vos, es muy amigable, te va a encantar.

Entro en el consultorio y me recibe la Dra. Martinez, ella me produjo una impresión completamente distinta a la de sus asistentes, si bien vestía con lo que parecía ser el mismo código en el consultorio, de alguna forma era mucho mas elegante.

Una bata blanca sin cerrar que dejaba ver por debajo un vestido negro clásico y muy entallado, revelando una figura que envidiaría cualquier mujer, el vestido con un escote cuadrado y un busto atractivo sin llegar a ser tan extremo como la de su secretaria o su enfermera.

Por supuesto, medias color natural y unos stiletto de tacón alto. Un maquillaje mas suave aunque muy elaborado, en varios tonos y unos lentes clásicos de carey le daban un aspecto profesional y al mismo tiempo muy atractivo y sensual.

Extendí mi mano, pero ella la ignoró y me saludó con un beso en la mejilla.

– Hola Carlos, ya vi tu ficha y el informe que hizo Jorgelina, también estuve conversando con Ana, pero me gustaría ahora conocer tus puntos de vista.

– Si como no, como mejor te parezca.

– Recuéstate en ese sofá mientras yo te hago unas preguntas, me dijo.

Me recosté en el sofá, apoye mi cabeza y sentí una profunda relajación, mientras que ella se sentó en un sillón que estaba justo a un lado y a la altura de mi cabeza.

– Ya las drogas que te inyectó Jorgelina deben estar en su máximo potencial, así que para ahorrar tiempo directamente voy a inducir un trance hipnótico y te haré algunas preguntas en ese estado.

Dicho esto, activó un interruptor y una pantalla que tenía delante mío comenzó a emitir destellos de luces, lo último que recuerdo es a la Dra. Martinez cruzando sus piernas mientras yo pensaba “que hermosas piernas, muero por esos zapatos de tacón”.

Tres, Dos, Uno

Fue lo siguiente que escuché al despertarme.

– Bueno Carlos, fue una sesión mas que exitosa, pero antes de continuar, vamos a llamar a Ana y nos encontramos en mi escritorio.

Me levanté lentamente, estaba ya completamente despierto, pero al mismo tiempo me sentía muy relajado, cuanto tiempo había pasado? No tenía la menor idea.

Seguí a la Dra. hasta su escritorio, allí me encontré con mi esposa quien nos estaba esperando, nos sentamos en dos sillones y la Dra. Martinez se sentó detras de un amplio escritorio de vidrio que me permitía contemplar sus hermosas piernas enfundadas en medias de nylon.

– Bueno, nos dijo, los resultados han sido mas que prometedores, tengo aquí además la encuesta que completaron y los informes de Jorgelina y de Enriqueta y no encuentro ningún problema para comenzar un tratamiento con ustedes y con muchas posibilidades de éxito debo decirlo.

– Los informes de Jorgelina y Enriqueta, no sabía que ellas también informarían sobre nosotros, le dije.

– Si, no es muy usual pero me gusta tener un panorama completo, muchas veces los pacientes se presentan ante mi de una forma, con muchas inhibiciones y mis asistentes están entrenadas para evaluar el comportamiento de las personas.

– Por ejemplo, continuó diciendo, por los reportes que tengo aquí de Enriqueta veo que ustedes no tienen inconveniente en dialogar entre sí, que comparten sus opiniones aunque eso a veces signifique tener una pequeña discusión.

– Por otro lado, Jorgelina ha podido detectar que Ana es una mujer muy celosa y posesiva y que le molesta bastante cuando Carlos resulta atractivo para otra mujer.

– Al mismo tiempo, Ana tiene cierta tendencia a controlar las situaciones mientras que Carlos, podría decirse que busca siempre una especie de área de confort en la cual no existan conflictos.

– Toda esta información fue también me sirvió de guía en la exploración hipnótica que realicé con ustedes, la cual debo decir, confirma el reporte de mis dos asistentes.

– Antes de continuar, Tienen alguna pregunta? Nos dijo la Dra. Martinez

– Bueno Dra. Martinez, dijo mi esposa.

– Raquel, mi nombre completo es Raquel Martinez y si vamos a comenzar un tratamiento de cierta duración, es mejor hacerlo en un ambiente mas relajado.

– Muy bien Raquel, en realidad yo me siento muy entusiasmada con el tratamiento y creo que Carlos también, pero nuestra preocupación es en realidad sobre como costearlo, nos es imposible abonarle esta suma de dinero.

– No se preocupen, hoy ha sido un día especial ya que cuando tengo pacientes por primera vez, practicamente cierro el consultorio para poder dedicarles todo el tiempo que se merecen, además, al no haber público, Enriqueta y Jorgelina pueden prestar mas atención a su conducta. Pero normalmente mis honorarios no son tan elevados, digamos que con un tratamiento como el de ustedes, viéndolos dos veces por semana, cien dolares la consulta es un precio adecuado.

– Serían doscientos dólares por semana, se nos hace un poco difícil. Dije yo.

– Bueno eso lo veremos mas adelante, piensen que el tratamiento incluye también la medicación y además, siempre existe la posibilidad de conversarlo, de hecho, también pueden si se da el caso, trabajar aquí y con ello, reducir los costos.

– Por ejemplo, Enriqueta es una ex – paciente mía, y luego del alta cumple cuatro horas diarias durante tres días a la semana como una forma de compensación económica.

– Perfecto dijo Ana, como continuamos entonces.

– Bueno, ya empezamos, si bien la sesión de hoy fue una exploración, también aproveché la oportunidad para implantarles algunas sugestiones leves sobre los problemas que encontré. De aquí en adelante nos veremos dos veces por semana, los martes y jueves y comenzaremos a trabajar de firme. Para nuestra próxima reunión tendré preparados además unos archivos de audio que me gustaría que escucharan durante las noches al ir a dormir, les permitirán descansar mejor y además actuarán como refuerzo del tratamiento.

Entonces llamó a Jorgelina a su escritorio y le dijo: – Trae por favor dos dosis de los compuestos H23 y F12 para ellos por favor.

– Que es eso le pregunté?

– Simplemente una medicación que les ayudará a relajarse, están diseñadas para ustedes dos en particular, de acuerdo a los resultados de sus exámenes, por ejemplo Carlos tiene la presión un tanto elevada, mientras que Ana debe cuidarse con el colesterol.

– Esta es una combinación de medicamentos, continuó diciendo, que he hallado muy efectiva en casos como los de ustedes, además, tienen un reforzador hipnótico que los hará mas susceptibles durante nuestras sesiones.

– Nos vemos el jueves entonces, se levantó y nos dió un beso en la mejilla a cada uno.

Cuando salíamos también nos encontramos con Jorgelina y Enriqueta, quienes se despidieron de nosotros de la misma forma. Aunque no pude evitar un momento de excitación, cuando, en el momento de despedirnos, Jorgelina rozó su busto contra mi cuerpo y del otro lado, sentía la falda y la pierna de Enriqueta rozar contra mis pantalones.

Cuando salimos del edificio vimos que en realidad había pasado mucho mas tiempo del que había pensado, entramos a las 15:00 horas y ahora era de noche, consulté mi reloj y ví que eran casi las 22:00. Habíamos pasado allí dentro casi siete horas, obviamente, la sesión de hipnosis duró mucho mas de lo que había supuesto.

Le comenté esto a Ana cuando subíamos al automovil rumbo a nuestro departamento y ella me dijo.

– No se, la verdad que no me di cuenta del tiempo, pero es cierto, pasamos allí cerca de siete horas.

– Yo no supe cuanto tiempo has estado en tu sesión, creo que por efecto del hipnótico que nos aplicó Jorgelina, estaba como mareado, desenfocado, con muchas dificultades para concentrarme.
– Luego que salí, a mi me pasó lo mismo. Me dijo Ana

– Sin embargo, continuó, ver a Jorgelina y Enriqueta fue todo un espectáculo, parecía que lo estaban haciendo para provocarme, se rozaban una contra la otra, Enriqueta se cansó de mostrarme su ropa interior cruzando una y otra vez las piernas y Jorgelina mostraba sus pechos o se agachaba de forma tal que sus nalgas quedaran expuestas y apuntando hacia mí.

Ese es uno de los momentos en los que he aprendido a llamarme a silencio, sabiendo que si le contaba que a mi me había sucedido lo mismo se pondría histérica, decidí callar y simplemente preguntarle.

– Estás segura? Comportarse así en el consultorio?

– No te hagas el tonto que se muy bien que las dos te excitaron. Sin embargo, no puedo estar completamente segura, parece todo como producto de un sueño, aunque podría jurar que en un momento ví como se estaban besando en la boca.

Llegamos entonces a nuestro departamento y dada la hora simplemente pedimos comida, yo pensando en no demorarme mucho ya que en un par de días tenía que entregar unos proyectos y hoy no había trabajado casi nada.

Cuando terminamos de cenar, ambos tomamos la medicación que nos había entregado Raquel, Ana fue a acostarse mientras que yo me dirigí al estudio para trabajar un poco.

Luego de un par de horas de trabajo me fui a acostar e inmediatamente quedé dormido, para despertarme después sintiendo como Ana estaba terminando de colocarme las esposas inmovilizándome una vez mas.

– Pero, que pasó, alcancé a exclamar.

– Pensaste que te dejaría pasar todo lo que hiciste hoy? Es cierto que te estaban provocando, pero no hiciste ningún esfuerzo para resistirte, tenías la boca abierta de tal forma que creía que en cualquier momento las moscas harían nido.

– Al menos, por respeto a mí, tendrías que haber intentado disimular un poco. Decía mientras ya con mis manos esposadas a la cama, tomaba un trozo de cuerda y amarraba mis piernas a cada uno de los pies de la cama (quedé entonces con mis brazos y piernas extendidos).

– Vamos a probar algunas cosas nuevas hoy, la mayoría se me ocurrieron mientras te contemplaba totalmente desesperado por un par de pechos. Ahora vas a tener tu castigo.

Empezó como muchas otras veces, tomó un plug del cajón de los juguetes y luego de lubricarlo, comenzó a insertarlo lentamente dentro mío, mientras me escuchaba gemir y con la mano libre, comenzaba a masturbarme hasta que alcancé una total erección.

– Ahora no te muevas (como si pudiese hacerlo) y espera un momento que voy a prepararme.

Me dejó ahí, inmovilizado, ya estaba excitado luego de los sucesos del día y ahora mas todavía. No se cuanto tiempo estuve así, y aunque les parezca imposible, ya estaba empezando a quedarme adormecido cuando Ana volvió a entrar al cuarto.

Aquí si que comenzaron a cambiar las cosas, a ella nunca le gustó vestirse de forma elegante o sensual, era mas bien informal en su estilo y siempre decía que la gente tenía que valorarla por lo que ella era y no por lo que ella aparentaba. Esto también tenía su correlación en la intimidad, ya que siempre se había negado a utilizar lencería mientras hacíamos el amor, decía que le resultaba incómodo, que la hacía distraerse, etc., siempre tuvo excusas para no utilizar lencería, incluso sabiendo que de mi fetichismo.

Sin embargo, en este momento era todo lo opuesto, cuando entró, tenía el cabello amarrado en una cola de caballo, un soutien que destacaba su busto, medias negras y un par de botas negras, altas casi hasta la rodilla y con un tacón de 10 centímetros de altura.

Recuerdo perfectamente esas botas, se las había regalado hacía casi dos años y estaban todavía si, estrenar, nunca las había usado argumentando que esos tacones eran incómodos, que no podía usarlas durante mas de diez minutos, que yo era un egoísta ya que como me gustaba a mi, poco me importaba lo incómoda que se sintiera ella.

En fin, las excusas siempre fueron frecuentes en este sentido, pero ahora parecían haberse desvanecido mágicamente, incluso se había pintado los labios con un tono oscuro color vino (ella también raramente se maquillaba).

– Te gusta verdad? Como ves, esto es en parte castigo por tu comportamiento de hoy y en parte también un pequeño premio por haber accedido a ir a la consulta.

– Pero no te va a ser tan fácil, continuó diciendo, vas a ver que tengo unas cuantas sorpresas mas todavía.

Dicho esto montó sobre mí, de forma tal que su rostro miraba hacia mis piernas y luego de posicionarse me dijo:

– Hoy contestaste que te gustaba el sexo oral, y también el sexo anal, bueno, ahora tienes la oportunidad de combinar las dos cosas. Quiero que me lamas el culo, quiero sentir tu lengua bien dentro de mi culo, vas a realizar sexo anal con tu lengua.

Dicho esto, se desplazó de forma tal que su ano quedaba justo delante de mi boca, yo comencé a lamerlo con la mayor de las voluntades y a introducir mi lengua lo mas profundo que podía.

Mientras tanto, ella tomó un vibrador y comenzó a masturbarse con el, mientras que al mismo tiempo, con su mano libre, puso un poco de crema humectante en mis genitales y comenzó a masturbarme a mi muy, pero muy lentamente.

Ahora entendía lo que me había dicho, sentía sus medias rozando contra mis piernas, el plug dentro mío dilatándome deliciosamente, sus manos acariciando lentamente mi pene y mis testículos y al mismo tiempo oía el vibrador estimulando su clítoris, mi lengua muy dentro de su ano.

Ustedes pueden imaginarse el grado no ya de excitación sino de locura que tenía en ese momento, era un paso mas allá de lo que habíamos hecho hasta entonces, y me encantaba, por supuesto, ella además se cuidaba de llevarme hasta el borde del orgasmo y luego, cuando estaba casi a punto de eyacular, dejaba de lado mi pene y comenzaba a acariciar mis testículos.

Realmente no se cuanto tiempo estuvimos así, ocasionalmente mi mente se perdía y luego volvía al presente cuando la tensión en mis genitales reclamaba mi atención, una vez mas nunca me había sentido así antes en mi vida, mis testículos casi dolían de la tensión, estaba desesperado por tener un orgasmo, rogaba que Ana no me hiciera lo mismo que la noche anterior y me dejara sin ningún tipo de alivio.

Por otra parte, creo que ella ya había perdido la cuenta de los orgasmos que había tenido.

No sabía que hora era en ese momento, pero ya estaba amaneciendo cuando me dijo:

– Que estarías dispuesto a hacer para que te deje terminar?
– Cualquier cosa, solo dilo, lo que quieras.

– Estás seguro? Puedo pedir cualquier cosa realmente? Por mas perverso que te parezca?

– Por favor, cualquier cosa, lo que quieras.

– Bueno, pero recuerda que tu lo pediste.

Dicho esto, se puso un poco mas de crema en las manos y continuó masturbándome. Que sensación deliciosa, lo hacía lentamente, disfrutando de darme el orgasmo y al mismo tiempo, controlar el ritmo y hacer que lo deseara con toda mi voluntad.

Finalmente, y dejándome exhausto, el orgasmo llegó, creí que nunca terminaría de salir semen de mi pene, hacía mucho tiempo, quizá desde mi juventud que no eyaculaba esa cantidad.

Entonces se da vuelta, libera mi rostro de su ano, y veo que había conservado casi todo mi orgasmo en la palma de su otra mano.

– Bueno, ahora quiero que te lo tomes todo.

– Como? De que estás hablando?

– Ya me escuchaste, te vi todo el día con la boca abierta, deseando a esas dos prostitutas y dejándote seducir, este es tu castigo.

– No, no puedo hacer eso, es demasiado.

– No me importa, hace cinco minutos me prometías cualquier cosa para tener un orgasmo, ahora es el momento de cumplir lo que prometiste.

– Si, pero nunca imaginé que me pedirías eso, cual es el placer que te da verme hacerlo.

– El placer de castigarte luego de lo que hiciste hoy, además dijiste que no te importaba lo perverso que fuera mi pedido.

Mientras lo decía, acercaba su mano llena con mi semen a mi boca.

– Vamos, sabés que te lo mereces

Tímidamente, extendí mi lengua y comencé a lamer la palma de su mano, poco a poco tomé absolutamente todo el semen que ella me ofrecía.

– Viste que no fue tan malo, me vestí para vos, tuviste tu orgasmo y también tu merecido castigo, ahora vamos a dormir.

No tuve la voluntad de discutir, ni de pedirle que me liberara o que sacara el plug de mi ano, simplemente me dejé llevar y dormí como un niño, mas, en el último instante antes de dormirme un pensamiento vino a mi mente “desde que salimos de la consulta de la Dra. Martinez no he fumado en ningún momento”.

Al día siguiente cuando me desperté, recordaba vagamente haber tenido algunos sueños extraños, imágenes mías bebiendo semen, a no, eso había sido una experiencia real, pero otras imágenes de Enriqueta realizando sexo oral, llevándose mi pene a sus labios hasta que eyaculaba dentro de su boca y luego se levantaba para besarme mientras me decía “viste que delicioso que es el semen?”

Otras imágenes eran de Jorgelina retirando una de sus medias, y utilizándola como guante, masturbarme con ella hasta que mi semen manchaba toda la media y entonces me decía “así no puedo usarlas, mejor usalas tu”.

Estaba una vez mas terriblemente excitado y recuerdo que lo primero que pensé fue en buscar la llave de las esposas que Ana me dejaba siempre sobre la almohada, liberarme y masturbarme.

Sin embargo, lo único que encontré sobre la almohada fue una nota de ella que decía:

– Gracias por una maravillosa noche, me excitó mucho verte beber, no te muevas de la cama que a la hora del almuerzo paso a visitarte.

Como? Tenía que quedarme así, todavía con el plug dentro mío, hasta las 12:00 o 13:00 horas, cuando ella saliera del trabajo para el almuerzo.

Y mi trabajo? Y mis clientes? Estaba atrasado con varios proyectos pero nada podía hacer.

El tiempo pasaba, por momentos dormitaba y volvían las imágenes de mis sueños, imágenes que tampoco podía recordar perfectamente cuando estaba completamente despierto, hasta que finalmente escucho la puerta del departamento y veo a Ana que entra el el cuarto.

– Buen día, como dormiste?

– Perfectamente, aunque tengo mucho trabajo atrasado, liberame así podemos comer algo.

– Todavía no, compré algo para vos.

En ese momento rodeó la cama y la ví directamente desde que entró. Estaba cambiada, se había maquillado, los labios pintados y sombra en los ojos, muy suave, pero para ella era inusitado.

Por otra parte, había abandonado la ropa holgada que solía usar y tenía puesta una camisa ajustada, pantalones también ajustados y las mismas botas que había utilizado por la noche.

– Que cambio, le dije, estás hermosa.

– Gracias, dijo mientras me daba un beso y aprovechaba para acariciar mis genitales con una mano.

– Pero ahora quiero jugar un poco antes de darte tu regalo. Dijo mientras me liberaba.

– Dejame ver como te masturbás mientras yo me quito estos pantalones.

Yo comencé a tocarme y masturbarme mientras contemplaba como se desvestía delante mío, lo hacía muy sensualmente, mostrándome sus nalgas, de una forma muy provocativa. Igualmente quedo con la blusa y las botas puestas cuando se acercó a mi.

– No te gustaría penetrarme? Dijo mientras se ofrecía para que la penetrara por detrás.

– Pero no quiero que eyacules, avisame cuando estés por hacerlo.

Yo la penetré por detrás y comencé con un ritmo pausado hasta que finalmente sentí que el orgasmo estaba creciendo dentro mío.

– Ahora estoy por llegar, le avisé.

Entonces se retiró, se da la vuelta y comienza a besar mi pene, luego lo introduce por completo dentro de su boca, justo en el momento en que eyaculo.

Ella bebe todo lo que soy capaz de dar y entonces (tal como en mi sueño) se acerca y en el momento en que me besa, me doy cuenta que no lo había tragado sino que lo conservaba aún en su boca, y al besarme, empuja con su lengua todo el contenido dentro de mi boca.

– Viste que no es tan feo, vas a terminar acostumbrado.

– Se supone que ese era mi regalo, le dije mientras tragaba.

– No es este, me dice abriendo su bolso y retirando un paquete, cuando lo abre me lo muestra.

– Que es eso? No reconociendo de que se trataba.

– Hoy luego de salir para almorzar, me di cuenta que estás aquí solo todo el día, que en realidad podrías hacer lo que quisieras, que tienes demasiada libertad, así que compré un dispositivo de castidad para vos.

– Como? Y cual es el sentido de eso?

– Me gusta la idea de que no puedas ni siquiera tocarte sin mi conocimiento, se bien que cuando estás solo sueles masturbarte, y me excita pensar que estás excitado y no puedes hacer nada hasta que yo te libere.

– Vamos a ponerlo, me dijo dando por hecho mi aceptación, y mientras tanto comenzó a colocarlo.

Se trataba de un anillo de plástico que se colocaba por detrás de los testículos, mientras que otra pieza se colocaba a lo largo de mi pene, al unirse ambas resultaba imposible retirar el artefacto y la única forma de separar ambas piezas era con una pequeña llave que por supuesto, guardaría Ana en su poder.

Luego que el dispositivo de castidad estuvo colocado ella puso la llave alrededor de su cuello como si se tratase de un colgante.

El resto del día no merece ser contado, tenía mucho trabajo atrasado así que estuve todo el tiempo en mi estudio trabajando, cuando ella llegó a la noche, cenamos y luego continué hasta que todo los proyectos pendientes estuvieron al día.

Cuando me fuí a acostar, tuve otra vez el mismo pensamiento:

– Hoy no fumé en todo el día.

A la mañana siguiente me despertó Ana con un beso mientras me decía:

– No te olvides que hoy a las 16:00 horas tenemos la entrevista con la Dra. Martinez.

– Casi lo olvido, mejor me levanto ahora (siempre me ha gustado dormir por las mañanas) así adelanto algo de trabajo.

Cuando me fuí a vestir no encontré mi ropa interior.

– Querida, no has visto mi ropa interior?

– Está toda para lavar, creía que tu lo harías.

– No, no tuve tiempo, fue una semana de locos.

– Que no tuviste tiempo? Si estás en casa todo el día, solo sales para visitar algún cliente una o dos veces por mes.

– Si, pero estoy trabajando todo el día.

– Claro, y no tienes tiempo de ir hasta la lavadora y apretar un botón y esperas que lo haga yo. Ponte esto entonces. Dijo mientras me alcanzaba una de sus prendas.

– No voy a usar ropa interior tuya.

– Porqué no, mira es bastante amplia y la única diferencia con la tuya es el material, usa esto o tus alternativas es usar una tuya sucia o andar desnudo todo el día con el dispositivo de castidad.

– No voy a ir así a la consulta tampoco.

Ella por única respuesta me dió un beso y salió diciendo, – Nos vemos hoy en la consulta.

Me resistí, por lo menos un buen tiempo me resistí, di vueltas desnudo con el dispositivo de castidad puesto, me higienicé, lavé los dientes, tomé el desayuno, pero me encontraba incómodo hasta que finalmente me decidí y me puse su ropa interior.

Debo decir que me resultó agradablemente cómoda, el roce era mucho mas suave que el de la mía y poco a poco me fuí acostumbrando a ella, poco a poco me fuí excitando cada vez mas también pero no podía hacer nada al respecto, Ana tenía el control absoluto en ese sentido.

El día transcurrió con normalidad y una vez mas, cinco minutos antes de la hora indicada me encontré con mi mujer en la puerta del edificio donde Raquel tenía su consultorio.

Entramos y nos recibió Enriqueta, no había nadie en la sala de espera y se levantó para saludarnos, yo extendí la mano pero ella me tomó por un brazo y me saludó con un beso, beso que apenas por un centímetro no fue en el medio de mi boca.

La situación comenzaba extraña una vez mas, es cierto que a veces estas cosas pueden suceder, uno quiere dar un beso en la mejilla, la otra persona justo en ese momento mira hacia un costado, da vuelta el rostro involuntariamente y casi termina dando un beso en la boca.

Pero en este caso sentí como si en realidad ella hubiera intentado darme el beso en la boca y hubiera fallado, además como dije antes, me tenía tomado por un brazo, casi como reteniéndome cerca de ella, y su prominente busto estaba rozando contra mi pecho, era demasiada familiaridad para la asistente de una doctora.

Miré nervioso a un costado para ver como se lo tomaba Ana, pero o no percibió lo que había sucedido o no le importaba.

– Caramba, te he pintado la cara. Dijo Enriqueta mientras con un dedo limpiaba los restos de pintura labial que habían quedado justo en el borde de mis labios.

– Hola Ana, dijo Enriqueta, que gusto que volvieran, y mientras decía esto saludó a mi mujer de la misma forma, tomó su brazo, se acercó, sus pechos se rozaron y casi, casi le planta un beso en los labios.

– Como estoy hoy, te he pintado a ti también, dejame limpiarte.

La imagen era surrealista, Enriqueta estaba con un atuendo igualmente fetichista y rozando los pechos de mi mujer, mientras la sostenía con una mano, con la otra limpiaba la pintura labial y por la expresión de Ana, podría asegurar que se estaba excitando al sentir el busto de la recepcionista y el roce de su mano acariciando sus labios.

Mientras trataba de entender que era lo que estaba sucediendo, aparece Jorgelina y nos invita a pasar al consultorio de la doctora.

Allí nos recostamos en los mismos sillones reclinables en los que nos habían realizado el examen físico y la enfermera nos preparó una vez mas con una inyección a cada uno de nosotros.

Quedé inmediatamente adormecido y no pude conversar con Ana de lo extraña que había sido la recepción de Enriqueta, a los diez o quince minutos entró Raquel, se sentó delante nuestro y directamente nos dijo:

– Vamos a comenzar a trabajar y luego conversamos. Dicho esto, accionó un interruptor y la pantalla que estaba delante nuestro comenzó a emitir una serie de destellos de luz e inmediatamente perdí la consciencia.

– Cuatro, Tres, Dos, Uno, despierten ahora.

Abrí mis ojos, y todavía algo mareado por efecto de las drogas que me habían aplicado y como resultado de la hipnosis, ví a Raquel frente nuestro, sentada con las piernas cruzadas y una semisonrisa en su boca.

– Bueno, la sesión de hoy a sido sumamente productiva, además de explorar sus conflictos pude implantar algunas sugestiones en ambos y reforzar el trabajo que habíamos comenzado la sesión anterior.

– Como se sienten? Preguntó la Dra.

– Bien, respondió Ana, sorprendentemente relajada y tranquila, aunque también tengo que confesar que me siento sexualmente excitada, es normal Dra.?

– No te preocupes, es normal luego de una exploración mas profunda como la que hemos realizado hoy. Y tu Carlos?

– Las palabras de Ana se aplican a mi también, relajado y tranquilo, pero también, excitado, en realidad he estado excitado desde la sesión anterior.

– Como les dije, es normal, además, creo que ustedes saben que hacer en estos casos, verdad?

Ana y yo no supimos que contestar ante esta obvia alusión a nuestra actividad sexual, aunque cuando nos miramos, si teníamos muy claro que haríamos cuando llegásemos a casa.

– Les he preparado además unos archivos en mp3 que deberán escuchar por las noches antes de dormir. Servirán para reforzar las sugestiones que hemos trabajado durante la sesión, nos dijo Raquel mientras nos alcanzaba dos reproductores a cada uno.

– Es un archivo para cada día hasta nuestra próxima sesión, verán que como efecto secundario, tendrán un sueño muy relajado.

Cuando salimos del consultorio, nos encontramos con Enriqueta y Jorgelina que estaban esperando para despedirnos, en esta oportunidad no hubo ningún error posible, Enriqueta me tomó por un brazo, pasó su mano alrededor de mi cintura y directamente me dió un beso en la boca.

Sentí como su lengua se abría paso a través de mis labios y comenzaba a explorar dentro de mi boca hasta encontrar la mía. Que momento excitante, el cuerpo de esta mujer estaba apoyado contra el mío, podía sentir sus pechos contra mi tórax, sus piernas enfundadas en nylon rozando contra las mías hasta que finalmente me liberó, de no haber sido por el dispositivo de castidad mi erección habría sido increíble.

En algún sentido extraño, esta despedida me parecía también natural y no me sorprendió ver que Jorgelina estaba haciendo lo mismo con Ana, la tenía tomada por la cintura mientras le plantaba un beso en la boca y también jugaba con su lengua.

Cuando salimos del consultorio, ninguno de los dos comentó nada al respecto, como dije antes, estaba convencido que este tipo de despedida era algo natural entre la asistente de una doctora y el paciente, igual actitud tenía frente al beso que había recibido Ana.

El único comentario al respecto fue cuando estábamos en el elevador que Ana al mirarme me dijo:

– Enriqueta te ha pintado tus labios, dejame que te limpie. Y dicho esto, comenzó a limpiar los restos de lapiz labial de mi rostro.
Capítulo III – Llegando a Casa

En cuanto cruzamos la puerta del departamento, Ana se avalanzó sobre mí, en realidad, nos avalanzamos uno sobre el otro ya que mi excitación era terrible, había estado excitado todos estos días y a pesar del aumento en nuestra frecuencia en las relaciones sexuales yo lo atribuía al hecho de estar impedido de masturbarme tal como era mi costumbre.

Pero hoy, luego de la despedida de Enriqueta, directamente estaba enloquecido y por lo visto, Jorgelina había dejado a mi mujer en igual estado.

Así que como les estaba contando, fue solo entrar que nos abalanzamos uno sobre el otro, besándonos y comenzando a sacarnos la ropa mientras nos manoseabamos mutuamente.

Finalmente, yo quedé parado frente a ella, vestido tan solo con la ropa interior de ella (que había estado usando desde la mañana) cuando ella por primera vez me ve y me dice:

– Es la primera vez que te veo así, me gusta como te queda.

– Gracias, pero si ahora me liberas con esa llave que tienes colgando del cuello podemos seguir con lo nuestro y después hablamos.

– No espera, realmente me excita verte así. Y mientras lo decía daba vueltas alrededor mío, acariciando mis glúteos y rozando mis genitales que todavía estaban encerrados en el dispositivo de castidad.

– Tengo una fantasía, y quizá si me la cumples, yo te libere.

Siempre había sido casi una condición en nuestra relación, que cualquiera fuese la fantasía de alguno de los dos, lo hablaríamos y veríamos la forma de cumplirla, en todo caso, si a alguno de nosotros no le agradaba, no se volvería a hablar del tema, pero, al menos debíamos hacer el esfuerzo por escuchar al otro.

– Ahora, justo en este momento, porqué no lo hablamos después y lo hacemos mañana, le dije.

– Por favor, es solo un momento y creo que te va a gustar.

– Está bien, de que se trata.

– Ya estaba excitada cuando entramos, pero ahora al verte así me excita mas todavía.

– Si, y entonces.

– Bueno, me gustaría que usaras toda mi ropa interior, que también te pusieras un soutien y un par de medias.

En el estado en que estaba yo, cumpliría cualquier pedido de ella para que me quitara el dispositivo y liberara mi pene, así que por supuesto accedí.

– Bravo !!!, espera que voy a buscar las cosas.

Dicho esto fue hasta nuestro cuarto y volvió al poco tiempo, ya se había quitado su ropa y estaba tal como ayer, medias negras, las botas de tacón alto, un soutien que realzaba su busto, el cabello amarrado en una cola de caballo, se había retocado el maquillaje y sus labios lucían de un rojo intenso.

Traía en sus manos un soutien que hacía juego con la ropa que yo tenía puesta, y un par de medias color natural.

Me senté en una silla y comencé a ponerme las medias, luego ella me ayudó con el soutien y cuando estuve listo me avalancé sobre ella pidiéndole por favor que me liberara.

– Espera un momento, todavía falta algo. Suéltate el cabello.

Recuerdan que les conté que yo solía usar el cabello largo y amarrado en una cola de caballo, así que lo solté mientras ella fue hasta la despensa, oí algunos sonidos, agua corriendo y pensé, Y ahora que está haciendo?

Cuando volvió, traía en su mano dos globos que había llenado parcialmente con agua, los colocó dentro del soutien como relleno, dió un paso atrás y me contempló.

– Así está mucho mejor, con el cabello suelto y el relleno en el soutien, casi pareces una mujer, te delata por supuesto tu entrepierna y el cabello en tus piernas.

– De cualquier forma me excitás mucho así, ahora apoya tus brazos en la mesa, como una buena chica.

– Chica? le dije.

– Dejate llevar, estás vestido con mi ropa interior, medias, el soutien tiene relleno simulando un busto, tienes el cabello largo y suelto, y además, es mi fantasía.

– Está bien, pero por favor liberame.

– A su debido tiempo, ahora apoya los brazos sobre la mesa, así, mmm, que linda con tu cola parada, cada vez me excitas mas.

En ese momento mientras me acariciaba la espalda, comenzó a introducir el plug dentro de mi ano. Dios mío, no aguantaba mas, ahí estaba yo, caracterizado a medias como mujer, mientras ella me acariciaba y dilataba (deliciosamente debo decirlo) mi ano.

Cuando el plug estuvo por completo dentro mío, me di vuelta y le dije: – Ahora si por favor, liberame, no puedo mas.

– Todavía no, primero cómeme un poco. Y mientras decía esto, se sentó en un sillón, abrió las piernas y descubrió sus genitales.

Yo me acerqué y entonces ella me dijo. – Así, no, quiero que vengas de rodillas, acercándote así puedo ver como tu busto se balancea.

Y efectivamente, al acercarme hacia ella en cuatro patas, sentía como el peso de los globos con agua se desplazaba y me daba la sensación de tener un busto real.

Cuando llegué a ella, comencé a lamer su entrepierna hasta que llegué al clítoris, ella empezó a jadear y me pidió que estimulara su ano también.

Comencé entonces a lamerla mientras jugaba con un dedo dentro de su ano, introduciéndolo y sacándolo, hasta que tuvo su primer orgasmo.

– Ahora si te ganaste tu libertad, tomó la cadena de su cuello y liberó a mi pene de su prisión.

Así como estaba en el sillón, procedí a penetrarla mientras mi busto artificial rozaba contra el de ella.

Poco faltaba para que yo tuviera mi orgasmo cuando me dice: – Espera un momento.

Me retiré y entonces comenzó a masturbarme hasta que eyaculé en la palma de su mano, ella la acercó a mi rostro y me dijo: – Ya sabés lo que tenés que hacer.

Ya me había acostumbrado a este juego y sin decir nada, comencé a lamer su mano tomándome todo mi semen mientras ella decía: – Que linda nena, como toma todo.

Cuando terminamos, quise quitarme la ropa y me dice: – No quedate así que me gusta, lástima todo el cabello que tienes en el cuerpo.

Simplemente para complacerla, me dejé la ropa puesta y así nos fuimos a dormir, yo con soutien, relleno en el busto, el plug anal colocado, de nuevo el dispositivo de castidad puesto, medias y escuchando el primero de los archivos de la Dra. Martinez.

No me preguntes estimado lector que era lo que decía porque no recuerdo absolutamente nada, solo una música suave, una sensación de paz y unos sueños, muy, muy extraños.

A la mañana siguiente vuelvo a despertarme con los besos de Ana, ella estaba recorriendo mi cuerpo con besos, acariciando mis glúteos, jugando con mi dispositivo de castidad, obviamente intentando excitarme (y consiguiéndolo).

– Te gustó lo de ayer?

– Mucho, usa esa llave mágica que tienes alrededor del cuello y lo repetimos.

– Ahora no, tengo que ir a trabajar, pero si quieres podemos repetirlo esta noche, con una condición.

– Que condición? Preguntaba simplemente por saber, ya que estaba convencido que pidiera lo que pidiera, yo accedería.

– Lo único que rompía la magia ayer a la noche eran esos cabellos que tienes en el cuerpo, si te depilas y me esperas con las mismas ropas, te prometo darte una sorpresa.

Con la excitación que tenía en ese momento al rozar mis medias contra sus piernas le habría dicho que sí a cualquier cosa, y por lo tanto contesté:

– Bueno, es un trato, yo me depilo y me visto con tu ropa y medias, y cuando regresas liberas mi pene de su injusta prisión.

Dicho esto, ella simplemente me dió un profundo beso en la boca y fue a su trabajo, yo en cambio quedé en la cama decidiendo que hacer, o como hacerlo en realidad, debería usar alguna crema depilatoria?, cera?, busqué información en internet y finalmente me decidí por una crema depilatoria.

Me vestí, aunque por debajo de mis ropas masculinas aún tenía la ropa interior de ella y las medias puestas, fuí hasta un local cuya dirección había encontrado en internet y con la clásica excusa de estar comprando para mi mujer, adquirí la crema depilatoria.

Luevo volví a nuestro departamento, tomé una ducha y apliqué la crema en todo mi cuerpo, rostro, torso, glúteos y piernas, dejando tan solo un pequeño triángulo alrededor de mis genitales. Aguardé el tiempo que indicaban las instrucciones del envase y volví a ducharme.

Siempre tuve poco bello corporal y los resultados fueron excelentes (las instrucciones aclaraban que en algunos casos podía ser necesaria una segunda aplicación pero no fue este el caso).

Así que me vestí, primero el plug anal, detalle que sabía que a ella le gustaría, luego la ropa interior, el soutien y el relleno (incluso puse un poco mas de agua en los globos para simular un busto mas grande).

Dejé mi cabello suelto y lo peiné no hacia atrás, sino hacia el costado, en un estilo que me pareció mas femenino.

Como pude, traté de seguir mi rutina diaria, me senté frente a la computadora y traté de avanzar en mis proyectos con un éxito que podría llamar relativo.

Entiende por favor como me sentía yo en ese momento, ya estaba excitado por la mañana y los sucesos del día no habían hecho otra cosa que excitarme mas, el plug anal dentro de mi recto, dilatándome, la suave sensación de mis piernas, completamente depiladas, enfundadas en un par de medias, rozando una contra la otra, me excitaba mas todavía (cruzaba y descruzaba las piernas constantemente, solo para sentir ese agradable roce).

Cuando se aproximaba la hora de su llegada ya no podía soportarlo mas, cualquier sonido tenía como efecto que me asomara del estudio, examinando la puerta del departamento para ver si era ella que estaba llegando.

Hasta que finalmente, oí la puerta abrirse, me levanté apresuradamente para ir a recibirla con uno de los mas apasionados besos, la tomé por la cintura e introduje mi lengua en su boca, y mientras, ella acariciaba mis glúteos, hasta que me dijo:

– Pero que bonita, no sabes como me excitás así vestida, y veo que también te has arreglado el cabello y tienes puesto el plug, muero por ver esa cola dilatada.

– Usa esa llave por favor y te muestro todo lo que quieras.

– No tan rápido, no quieres ver tu sorpresa?

– Mejor después, ahora la mejor sorpresa es que me dejes comerte la entrepierna, el ano, lo que tu quieras.

– Espera, un poco de paciencia. A propósito, no puedo llamarte Carlos con esa apariencia, será mejor que te llame Carla cuando te vistas así para mí.

– Carla, ahora tengo un nombre femenino?

– A mi me pareces mas Carla en este momento que Carlos, además es un juego y sabes que me excita, o no te excita a ti también?

– Bueno, si, la verdad es que estuve excitado todo el día.

– Excitada, si no quieres seguir con el juego todo bien, pero no tendrás la llave.

– Bien, la verdad es que estuve excitada todo el día esperándote.

– Ves? Con un poco de práctica serás mi amante lesbiana. Ahora quiero mostrarte lo que traje para vos.

Dicho esto, me dió una bolsa cuyo contenido descubrí al abrirla.

– Un par de botas, son para mí.

– Si por supuesto, te ves hermosa, pero así sin calzado falta algo en la ilusión, vamos póntelas.

Me senté en una silla (con cierto placer al sentir que el plug se metía mas firmemente en mi ano) y me puse las botas, eran un par de botas con un tacón de tres centímetros aproximadamente y casi hasta la rodilla.

Me levanté, dí unos pocos pasos inseguros y ella me dijo:

– Tienes que aprender a caminar con tacones, pero antes hay algo mas que tenemos que hacer.

– Mas todavía? No te basta lo que he hecho para complacerte?

– Solo un poco mas, unos toques finales. Ven sientate en esta silla.

Cuando me senté, tomó de su bolso una serie de cosméticos y comenzó a maquillarme. No fue un maquillaje realmente elaborado, simplemente me pintó los labios al mismo tono que ella, un poco de sombra en los ojos y delineador.

– Así está mucho mejor, casi podrías salir a la calle, claro que no en ropa interior.

Me tomó de la mano y me llevó hasta un espejo de cuerpo entero que teníamos en el cuarto, y allí vi mi imagen.

Todavía algunos rasgos me delataban pero mi imagen era bastante femenina, el cuerpo completamente depilado, el busto falso, las medias, el calzado, el cabello largo y el maquillaje, cuando me ví en el espejo, abrazado a ella, me excité pensando que eramos dos lesbianas.

– Hoy serás mi puta, me dijo, estás dispuesta?

– Si lo que quieras.

– Bueno, entonces comienza a ganarte tu paga y cómeme la entrepierna.

Aquí empezamos un juego que se prolongó durante bastante tiempo, en el cual yo le comí a ella sus genitales, su ano, la penetré también y finalmente, hizo que me arrodillara sobre la cama, me pusiera en cuatro patas y mientras me metía la lengua en mi ano, me masturbaba, hasta que finalmente, tuve otro orgasmo sensacional.

Demás está decirte que como ya se había hecho costumbre terminé bebiendo todo mi semen, mientras me preguntaba, Como puede ser que cada vez eyacule mayor cantidad?
Capítulo IV – Nueva etapa en el tratamiento

Durante el próximo mes no hubo ningún nuevo acontecimiento digno de mención, salvo que nuestra rutina siguió por el mismo camino, yo mantenía mi cuerpo depilado, me vestía todos los días con ropa femenina y la esperaba para tener a su llegada un sexo cada vez mas satisfactorio, nuestra frecuencia había pasado de dos o tres veces a la semana a al menos una vez por día, salvo los fines de semana que era común que lo repitiéramos dos o tres veces por día.

Por otra parte, ella todos los días traía una nueva sorpresa para mí, a veces era ropa interior, cada vez mas provocativa, a veces era un set de maquillaje, o simplemente un par de medias o pantymedias, ocasionalmente algún juguete sexual con el que ella me estimulaba, pero en general no hubo grandes cambios.

Fue mas bien un camino que fuimos recorriendo, claro que como te imaginarás, al final del mes, yo estaba vestida constantemente como Carla, usaba vestidos o al menos falda y blusa y el único momento en el que me vestía de hombre era para ir a la consulta de la Dra. Martinez.

En nuestras sesiones de terapia parecía que habíamos llegado a una meseta también, llegábamos, Enriqueta y Jorgelina nos recibían con un beso, beso que nosotras ahora esperábamos con ansiedad y que en muchas ocasiones estaban acompañados por una caricia en los glúteos o un roce en la entrepierna.

Con la Dra. Raquel también, ahora tomábamos naturalmente que ella nos recibiera también con un beso en la boca, mas luego, nos sentábamos las dos en el sillón, ella activaba el interruptor y luego mi consciencia se desvanecía.

Si, no puedo dejar de mencionar que ya hacía casi dos meses que había abandonado mi vicio, y que Ana había también cambiado por completo, ahora estaba mucho mas delgada, parecía no estar luchando con su dieta, se vestía de una forma mas provocativa, con faldas cortas, blusas que mostraban su escote, no salía de nuestro departamento sin maquillarse y parecía haber tomado gusto por los zapatos de tacón alto.

Hasta que un día, la Dra. Martinez nos dijo:

– Creo que hoy es el momento adecuado de iniciar una nueva etapa en el tratamiento, estimo que los dos están preparados para el siguiente paso.

Ana y yo nos miramos sin saber en que consistía esta nueva etapa en el tratamiento y ella se lo preguntó.

– Verán, dijo la Dra. Martinez, alguna vez se preguntaron porqué Carlos fumaba, o porque Ana tenía problemas con la comida y con su peso.

– En realidad asumí que se trataba de una forma de controlar el stress, de manejar la tensión que los problemas en el trabajo nos ocasionaban, respondí yo.

– En parte es cierto, me dijo Raquel, mas yo tengo la teoría que este stress se ocasionaba en un conflicto interior, algo que ustedes desean, algo que quieren hacer, y que sin embargo no se permiten hacerlo.

– No entiendo, dijo Ana, porqué no nos permitiríamos hacer algo?

– Porque interiormente ustedes están convencidos que socialmente es incorrecto, respondió Raquel.

– Si, pero entonces salvo que fuera un crimen, porqué no podríamos hacerlo en la intimidad? Le pregunté yo.

– No se, respondé a eso vos mismo, dijo Raquel, porqué Ana no te propuso usar ropa interior femenina hasta recién de comenzar el tratamiento.

– Que?, Como? Fue lo único que pude responder, sintiendo que me desmoronaba, que se estaba develando mi secreto mas íntimo.

– Si Carlos, en nuestras sesiones de hipnosis, lo único que hice yo fue derribar ciertas barreras, permitir que ustedes dos aceptaran deseos que hasta ese momento no podían ni siquiera reconocer y durante las sesiones también, ustedes dos relataban cuales eran las cosas que hacían para satisfacer esos deseos.

– Por ejemplo, continuó diciendo, se que en este momento tienes tu cuerpo totalmente depilado, te has puesto un plug anal, ropa interior femenina, pantymedias y que en la intimidad agregas un vestido y te haces llamar Carla.

– En realidad fue todo una fantasía de Ana que yo quería cumplir, intenté defenderme.

– Y que no hubieras cumplido, o al menos no hubieras seguido adelante, si no te gustara, me respondió.

Ana permanecía en silencio, contemplandonos a los dos como si se tratase de un partido de tenis, y casi diría gozando viendo como yo perdía cada uno de los puntos de la discusión, hasta que Raquel le dijo:

– Y tu Ana, no te sientes mas segura de ti misma?, incluso has cambiado tu forma de vestir, ahora tienes puesta una falda, zapatos de tacón, maquillaje, cosas que antes nunca usabas.

– Si, es cierto, antes nunca me sentí cómoda con este tipo de ropa, ahora en cambio, no pensaría en salir a la calle vestida de otra forma.

– Y acaso, pregúntate a ti misma, quien te excita mas Carlos o Carla.

– Bueno, Carlos me excita y me gusta, pero cuando se va Carlos y llega Carla, directamente me enloquece y no puedo contenerme.

– Estas son las barreras que hemos derribado en la terapia, que acepten cosas que antes no se permitían a si mismos aceptarlas, que las disfruten sin culpas. De hecho, escuchen los audios que les dí, ahora en crudo sin la distorsión de la música.

Accionó un interruptor y comenzó a escucharse en el sistema de audio su voz diciendo:

– No tienes nada que temer

– Aprovecha la vida

– Los demás no pueden decir como tienes que vivir

– Siempre hay alguien que te criticará, pero tu eres mejor que eso

– Vive plenamente

– No te averguences de tus gustos sexuales

Y así seguía, durante un tiempo.

– Como pueden ver, continuó diciendo la Dra., no existe ninguna instrucción u orden hipnótica mas allá de impulsarlos a vivir su vida plenamente y sin temores.

– Dra., dijo Ana, usted había dicho antes que hoy comenzába una nueva etapa en la terpia, a que se refería?

– Antes de continuar, permítanme contarles una historia, ustedes conocen a Jorgelina.

– Si por supuesto, contestamos Ana y yo al unísono (aunque mientras contestaba, recordaba su amplio y generoso busto).

– Bien, continuó Raquel, hace cinco años, Jorgelina era en realidad, Jorge, mi marido. Debo confesarles que la vida con el era imposible, alcoholico, violento cuando estaba bebido, perdí la cuenta que de las veces que retornó a casa, totalmente borracho, acusándome de ser una prostituta, de seducir a sus amigos, etc., sus celos eran enfermizos.

– Incluso en varias ocasiones intenté separarme y volví con el en parte por miedo.

– En aquella época yo trabajaba en relación de dependencia para una compañía farmacéutica, en el área de investigación y desarrollo, explorando las posibilidades de nuevas drogas hipnóticas.

– Un día, como era costumbre, retornó bebido, y luego de maltratarme se acostó a dormir, yo no sabía muy bien que hacer, aunque sí tenía la certeza que tenía que hacer algo porque de otra forma terminaría severamente lastimada, y de pronto tuve la loca idea de inyectarlo con las drogas hipnóticas que estaba experimentando, mi idea en ese momento fue la de simplemente implantar una sugestión hipnótica que le impidiera beber.

– Así que mientras dormía la borrachera, cargué la hipodérmica, aguardé que hiciera efecto y luego empecé a interrogarlo, esperando el momento de implantar la sugestión hipnótica. Sin embargo lo que encontré fue exactamente lo mismo que he encontrado en todos estos años de práctica clínica, una gran frustración, una violencia producto de no poder expresarse y una cantidad inmensa de barreras que le impedían ser quien en realidad deseaba ser.

– Cambié de idea y entonces fui recorriendo un camino similar al que has recorrido tu Carla con Ana, poco a poco, día a día fuí derribando esas barreras hasta que Jorgelina aceptó su verdadero ser interior.

– Luego de un par de meses de este tratamiento heterodoxo, Jorge se había transformado en Jorgelina, aunque debo reconocer que aún no tenía el amplio busto que tan orgullosamente luce ahora, pero el hecho es que nuestra vida había cambiado completamente, ya no era el macho abusador, ahora era una compañía dulce y atenta a mis necesidades, con quien era un placer conversar, salir de compras, compartir una cena.

– Aunque les parezca extraño, me enamorué de Jorgelina, de sus atenciones, del placer que me daba sexualmente. Sin embargo, yo todavía seguía trabajando para la misma empresa farmacéutica, estancada en un empleo en el cual simplemente cumplía horario y no pude menos que preguntarme “que es lo que te sucede a vos Raquel, cuales son tus barreras?”

– Fue bastante arriesgado en ese momento, pero me dispuse a experimentar conmigo misma, grabé unos archivos de audio que básicamente contenían las mismas instrucciones que oyeron ustedes hace un momento, preparé la hipodérmica con las drogas hipnóticas y le pedí a Jorgelina que me inyectara antes de irme a dormir, esos fueron los primeros pasos de Jorgelina como mi enfermera.

– Debo decirles que el tratamiento autoadministrado fue totalmente efectivo, luego de dos meses, había renunciado a la empresa en la que trabajaba, abrí mi propio consultorio, y con Jorgelina como mi enfermera y asistente, comencé poco a poco a hacerme un nombre y una clientela dispuesta a resolver sus problemas a través de la hipnosis.

– Todo transcurrió perfectamente durante el año siguiente, la clientela seguía aumentando, lo suficiente además como para financiar la operación de Jorgelina para aumentar su busto, nuestra vida sexual era excelente, mi seguridad había aumentado y la convivencia con mi ex – marido, ahora esposa no podía ser mejor.

– Hasta que un día apareció el padre de Jorgelina, en mi consultorio, totalmente fuera de sí, exigiendo saber que le había hecho a su hijo, también un tanto bebido y bastante violento, como pude, lo calmé y le ofrecí una taza de café para que pudiéramos conversar, por supuesto, el café tenía una importante dosis del hipnótico con el que ya venía trabajando hace un tiempo.

– Fue necesario poco tiempo para que Enrique entrara en trance y comenzara a explorar los motivos de su frustración y su violencia, no me sorprendió que fueran muy similares a los de Jorge y comencé también a derribar barreras, en este caso con la ayuda de Jorgelina quien me asistía para aplicarle las drogas, reproducir los archivos de audio, etc.

– Un año después, hace de esto ya casi tres años, Enrique se había transformado en Enriqueta, y ahora ya no eran padre e hijo sino madre e hija, ambas trabajando en mi consultorio y ayudándome como mi asistente y mi enfermera.

Me quedé sin palabras, esas dos depredadoras sexuales, quienes habían estimulado mas de uno de mis sueños y fantasías, hasta hace unos pocos años, eran padre e hijo, los dos eran hombres?

– Y ese (continuó diciendo Raquel) es el camino que hoy recorrerás Carla.

– Yo, no se si quiero llegar tan lejos, respondí.

– Por supuesto, hasta donde llegas es una decisión tuya, al igual que el camino que has recorrido hasta ahora junto con Ana.

– No puedo creer que hasta hace poco eran hombres, dijo Ana, y realmente ha mejorado tu vida sexual?

– Tengo que confesarte un secreto, dijo Raquel, verás, ellas están tomando el mismo compuesto que hasta ahora ha estado tomando Carla (continuaba refiriéndose a mi persona en femenino), contiene una serie de hormonas femeninas para suavizar sus rasgos y su aspecto físico, el componente hipnótico, cierta cantidad de hormonas masculinas para estimular su excitación y pequeñas dosis de viagra que garantizan que siempre estén listas y dispuestas, con erecciones que perduran durante toda la noche.

– Y yo que he estado tomando? Preguntó Ana.

– Tu compuesto era mas simple, un hipnótico y pequeñas cantidades de hormonas masculinas para incrementar tu deseo sexual.

– Porqué ese interés de incrementar el deseo sexual de todos? Preguntó otra vez Ana.

– Porque he encontrado que es la motivación mas importante, ve por ejemplo tu caso con Carla, ella está desde hace dos meses en un estado de constante excitación, y seguramente en muchas oportunidades ha cedido a un deseo tuyo simplemente para tener la oportunidad, de tener un orgasmo.

– Si es verdad, siempre ha cedido a partir de la promesa de tener un orgasmo.

– Quieres ver una demostración? Preguntó Raquel.

– Por supuesto, me encantaría.

En ese momento Raquel llamó al consultorio a Enriqueta y Jorgelina, y les dijo:

– Chicas, pueden hacerme un favor? Quisieran lamer mi entrepierna y la de Ana mientras conversamos.

– Por supuesto Raquel, será un placer, dijeron las dos al unísono, mientras se arrodillaban y colocaban su boca en la entrepierna de la Dra. y de mi mujer.

Y ahí estaba yo, sentado en un sillón, mirando como Jorgelina la estaba comiendo a su mujer y como Enriqueta comía la entrepierna de mi mujer, lejos de molestarme, tengo que confesarles que me excitaba ver ese espectáculo, mas aún cuando las dos me estaban mostrando sus glúteos (se que era producto de las hormonas que me estaba administrando Raquel pero poco me importaba).

– Si quieres podemos dar el siguiente paso, le preguntó Raquel a mi mujer.

– No se cual es, pero estoy segura que me gustará.

– Chicas, pueden llevar a Carla y prepararla tal como conversamos previamente, mientras tanto Ana y yo conversaremos un poco mientras nos preparamos.

– Si Raquel, dijeron ambas al unísono, se levantaron, me tomó cada una de ellas de un brazo, mientras Enriqueta me decía:

– Vamos querida, tenemos que ponerte hermosa para tu mujer.

Fui con ellas hasta otro cuarto que no había visto nunca hasta ahora, una puerta al fondo de un pasillo con un cartel que decía “PRIVADO”, al entrar, había una serie de armarios recorriendo que iban desde el piso al techo del cuarto y que ocupaban casi todas las paredes, solo quedaba libre una apertura para la puerta que recientemente habíamos transpasado, en el centro de la habitación, que tendría unos cinco metros por cinco, había una silla modificada.

Digo modificada porque a primera vista parecía una silla común, de respaldo alto, mas, luego de una segunda y mas atenta mirada, se podía ver que del centro de la misma sobresalía un pene de látex de generosas dimensiones, aproximadamente 25 centímetros de longitud por 5 o 6 centímetros de circunferencia. Dicho artefacto, estaba ingeniosamente fijado por su base de forma tal que formaba una sola pieza con el resto de la silla.

– Desvestite querida por favor, me dijo Enriqueta.

Mientras me desvestía, le alcanzaba mis prendas a Enriqueta, quien las guardaba dentro de uno de los roperos, al mismo tiempo, vi que Jorgelina se estaba dedicando a lubricar el pene artificial que se encontraba en la silla.

Cuando estuve completamente desnuda, desnuda? Ya estaba comenzando a pensar en mi misma en femenino?, como les decía, cuando estuve completamente desnuda, Enriqueta, mientras acariciaba mis glúteos y decía – Que linda cola, algún día me la vas a dar para que la coma, retiró el plug que tenía puesto y me dijo:

– Sentate en la silla que es toda para vos, Jorgelina ya te la dejó lista.

Traté, con algún esfuerzo de sentarme sobre tamaño genital ya que era bastante mas grande que todo lo que había acomodado dentro mío hasta ese momento. Mientras tanto, sentía como Jorgelina y Enriqueta, cada una a mi lado acomodaban una mano en mi espalda y la otra sobre mis hombros animándome a recibir por completo la prótesis.

Cuando finalmente estuve sentada, Enriqueta me dice:

– Ahora relajate que vamos a comenzar a prepararte.

No tenía muchas opciones, así que me limité a observarlas mientras traían varios objetos, abrían y cerraban puertas y preparaban todo el material.

– Primero vamos a cortarte el cabello, lo tenés largo pero no tiene un corte definido y femenino, así que te vamos a preparar para usar una hermosa peluca como la que tenemos Jorgelina y yo, me dijo Enriqueta.

Acto seguido, Jorgelina tomó una máquina de cortar cabello, de esas que permiten regular la longitud del corte, y a recorrer toda mi cabeza con ella, hasta dejar todo mi cabello de un largo uniforme de aproximadamente un centímetro.

Luego, cada una de ellas se dedicó a una tarea diferente, Jorgelina trajo un set de manicura y comenzó a hacerme las manos, para luego comenzar a aplicar uñas postizas de aproximadamente unos dos centímetros y medio de longitud, y después a pintarlas de un rojo intenso y oscuro.

Cuando terminó, mis manos eran completamente distintas, mucho mas femeninas por las uñas, lo único que me impidió comenzar a masturbarme fue que tenía el dispositivo de castidad puesto.

Mientras tanto, Enriqueta había comenzado a trabajar en mi rostro, primero depiló parcialmente mis cejas a fin de darles una línea mas fina y femenina, luego aplicó una capa de base y empezó a trabajar sobre mis ojos, sombra en los párpados, delineador, pestañas postizas.

Pasó después a mis labios, los cuales delineo a fin de hacerlos parecer mas gruesos y pintó del mismo tono que Jorgelina había aplicado en mis uñas.

En ese momento me hacen poner de pié, justo cuando ya me había acostumbrado a sentir ese hermoso pene dentro mío, y Jorgelina va otra vez hacia una de esas puertas mágicas y retorna con un corset negro, fuertemente armado, entre las dos me lo colocan y mientras Enriqueta me sostenía de las manos y me pedía que liberara el aire y contuviera la respiración, Jorgelina lo ajustaba un poco mas, y luego otro poco.

Este proceso se repitió varias veces, hasta que finalmente mi cintura quedó reducida a un tamaño que resultó del agrado de mis dos amigas.

– No te preocupés que a medida que pase el tiempo, tu cuerpo se irá modificando, dentro de unos meses verás que podemos ajustarlo mucho mas todavía, hasta que consigas lo que se denomina “una cintura de avispa”, me dijo Jorgelina.

En ese momento retorna Enriqueta de otra de las puertas, y en sus manos trae un soutien de generosas proporciones y unos pechos artificiales de látex que sencillamente eran descomunales.

– Estas eran las prótesis que usaba yo antes de operarme, así que por ahora vamos a usar estas, al menos hasta que tengas las tuyas.

Jorgelina me ajustaba el soutien en la espalda, mientras Enriqueta acomodaba las tazas y las prótesis en su lugar.

– Sientate por favor, me dice Jorgelina y una vez mas se repite el proceso de auto penetrarme con ese hermoso pene mientras ellas me ayudan empujándome levemente.

Claro, mi apariencia en este momento era si, bastante distinta de la primera vez que me había sentado, ahí estaba yo, con un busto descomunal, un corset que reducía mi cintura casi a la mitad de sus dimensiones normales, con el rostro maquillado, el cabello corto, y unas uñas rojas hermosas que contrastaban con el negro del corset.

Se acercan entonces las dos, cada una de ellas con una media en sus manos y comienzan a colocármelas, hasta que el puño llega casi a mis muslos y entonces proceden a sujetarlas con los seis broches que a tal fin tenía el corset.

Me hacen poner de pié una vez mas y ahora Enriqueta trae un plug de mayor tamaño que el que tenía puesto al entrar y me dice:

– Tenemos que ir dilatándote de a poco para que estés preparada para tu graduación.

– Graduación, que graduación? pregunté.

– No te preocupés, no será hoy, pero si es importante que te vayas entrenando para alcanzar buenas dilataciones, ya Raquel te explicará mas tarde.

Luego de instalar firmemente el plug en mi ano, Jorgelina me ayuda a ponerme una nueva ropa interior, esta vez de un material tipo lycra, bien ajustado, que ayudaba a mantener el plug en su lugar.

Enriqueta trae entonces un par de zapatos tipo stiletto, muy finos y con un tacón de diez centímetros, de color negro, exactamente iguales a los que estaba usando ella. Me ayuda a ponérmelos y si bien yo me había acostumbrado a usar tacones durante este último mes, nunca de esta altura.

Tomándome de la mano me hace dar varias vueltas a la habitación hasta que me siento segura caminando con ellos y mientras me dice:

– Tienes que practicar, acostúmbrate a usar tacones altos y a tener tu ano bien dilatado.

Cuando ya me siento un poco mas segura me hace practicar un poco mas mientras me contempla, veo que se pasa la lengua por los labios, que acaricia sus pechos con una de sus manos, al darme vuelta veo que Jorgelina está haciendo lo mismo, relamiéndose como si fuese un niño frente a un dulce, una de sus manos acariciando su entrepierna y la otra jugando con uno de sus pezones entre sus dedos.

Yo misma me doy cuenta que producto de los tacones y el plug que deliciosamente juega dentro mío, estoy caminando casi como si fuese una gata en celo, dispuesta a ofrecerme a cualquiera de las dos.

Abren una vez mas esas puertas y Enriqueta trae una blusa blanca y una falda de color negro, mientras me ayuda a colocármela, Jorgelina trae una peluca de cabello rojo, que tenía también un peinado complicado, esos estilos armados y elaborados que tan de moda estaban en los años cincuenta.

Jorgelina entonces acomoda la peluca y la fila mientras me dice:

– Ves, mucho mejor y mas femenino que el peinado que tenías antes.

Luego, traen una serie de accesorios, pulseras, collares, pendientes, y por supuesto, el infaltable perfume.

Cuando ya terminaron de acomodarme, Jorgelina va hacia una de las puertas y abre dos de ellas por completo, revelando un espejo en el cual me veo por primera vez.

Estaba ahí parada contemplándome, Enriqueta al lado mío y parecíamos hermanas, casualmente (o quizá por decisión de Raquel), estábamos vestidas exactamente igual, blusa blanca, falda muy ajustada y de color negro, medias negras con una costura detrás, zapatos de tacón negros.

El maquillaje, los labios gruesos y de un rojo intenso en los labios, haciendo juego con uñas largas, pestañas postizas, la sombra de los ojos en varios tonos, simulando los ojos de una gata, en ambas era el mismo.

Las dos con una cintura muy pequeña que resaltaba nuestro mas que prominente busto y un peinado elaborado, parecíamos dos bibliotecarias viciosas salidas de una película pornográfica de los años cincuenta.

La única diferencia que su cabello era negro y el mío pelirrojo.

– Que lindas que están las dos, espero que algún día Raquel nos deje jugar juntas. Dijo Jorgelina.

No se porqué, pero creo que no tendremos que esperar mucho para eso, pensé en ese momento.

– Vamos, dijo Enriqueta mientras abría la puerta, Ana y Raquel nos deben estar esperando.

Avanzamos las tres hacia la puerta del consultorio que habíamos abandonado un tiempo antes, yo escuchando con placer el ruido de mis tacones contra el piso, y sintiendo una agradable presión del nuevo plug enterrado dentro mío.

Nos detuvimos frente a la puerta y entonces Jorgelina, luego de abrirla tan solo unos centímetros dice:

– Ya estamos listas, podemos entrar?

– Adelante, dijo Raquel.

Jorgelina y Enriqueta entraron primero y luego se hicieron a un lado para que entrara yo, al hacerlo, vi a dos mujeres que eran el sueño de cualquier fetichista, ambas con el mismo atuendo solo que Raquel en rojo y Ana en negro.

Vestían un corset extremadamente apretado y ceñido que les daba a ambas una cintura sumamente pequeña, acompañado con un soutien que realzaba su busto y dejaba la mitad de sus pechos al aire, pareciendo que estaban a punto de escapar, ropa interior de látex, guantes de látex altos casi hasta el hombro, medias con costura, botas altas hasta la rodilla y con un tacón de seguramente doce centímetros, ambas con el cabello recogido en una cola de caballo y maquillaje acorde, pestañas postizas, labios delineados, sombras oscuras en los ojos.

Creo que quedé paralizado al verlas, si ya estaba excitada, ver a mi esposa con ese atuendo directamente hizo que enloqueciera, creo que ella tuvo una reacción similar a la mía ya que pude ver en sus ojos esa mirada de depredador sexual que había visto antes en Enriqueta y Jorgelina.

Se acercó lentamente hacia mí y cuando estuvo al lado mío, comenzó a acariciarme el busto mientras frotaba su cuerpo contra el mío como su fuese una gata, se para detrás mío y mientras con una mano comienza a jugar en mis glúteos presionando el plug, con la otra me toma por el cuello, acerca su boca a mi oído y dice suavemente:

– Que linda que estás, me gustan las mujeres de pechos grandes y dispuestas a satisfacer mis necesidades.

– Puedes contar con que haré absolutamente cualquier cosa que me pidas, le respondí.

Raquel se había acercado también en este momento y me dice: – Parece que esta etapa de la terapia comenzó sin contratiempos.

– Absolutamente ninguno, le respondí.

– Al contrario, respondió Ana, creo que esta etapa será muy agradable.

– Ven, le dijo a Ana, mientras la tomaba de la mano, vamos a sentarnos en aquel sofá y entretanto tu mujer y la mía se preparan.

– Mi mujer? dijo Ana.

– Tienes que comenzar a pensar en ella como tu mujer, Carlos ya no está y es tu ex – marido en todo caso, mirala, con ese busto, esas piernas y vestida así, creo que lo mas apropiado es que la consideres tu mujer, de la misma forma que yo considero a Jorge mi ex – marido y Jorgelina como mi mujer.

– En eso tienes razón, pero como seguimos ahora?

– Ya había pensado en eso, quieres ver un show?

– Me encantaría, respondió Ana.

– Como ya les dije antes, en el caso de ustedes yo solo derribé algunas barreras, mas, en Jorgelina y Enriqueta, quizá por venganza, quizá como una forma de obtener retribución por ciertos abusos, implanté algunas órdenes posthipnóticas, fijate.

A continuación, se limitó a decir “Sissy Jorgelina”, “Sissy Enriqueta”.

Y mis dos amigas quedaron inmóviles, el rostro relajado, cuerpo fláxido, como esperando instrucciones.

– A ustedes les gusta hacerme feliz? Les preguntó Raquel.

– Si Raquel, contestaron al unísono.

– Y saben quien es la persona que está a su lado y la mujer que está sentada a mi lado?

– Una paciente y su esposa Raquel.

– Perfecto, pero además de ser pacientes míos, acaban de descubrir que Carla es la hermana de Enriqueta, una hermana que hacía casi treinta años no veía.

– Si Raquel.

– Hace mucho tiempo, cuando Enriqueta y Carla eran hombres todavía, en su juventud, ambas jugaban y exploraban su sexualidad. Enriqueta tu le has contado a tu hija las experiencias que tuviste con tu hermana.

– Si Raquel.

– Ahora por fin, después de tanto tiempo se han reencontrado y Enriqueta está muy excitada al ver que su hermano se ha transformado en su hermana, es verdad Enriqueta?

– Si Raquel, respondió Enriqueta, estoy muy excitada y recuerdo como jugábamos de pequeñas.

– Y tu Jorgelina, siempre te excitabas cuando Enriqueta te contaba las cosas que hacían con su hermana.

– Si Raquel, siempre me gustó que mamá me contara las cosas que hacían y siempre quise que se reencontraran.

– Ustedes quieren que Carla se sienta feliz de haberlas encontrado verdad?

– Si Raquel.

– Y quieren jugar con ella verdad?

– Si Raquel.

– Además, quieren que Ana las vea jugar para que sepa cuando quieren a su tía y su hermana, cierto?

– Si Raquel.

– Bien, ahora cuando despierten se van a sentir muy excitadas al descubrir que Carla es la hermana perdida de Enriqueta y van a querer complacerla tanto a ella como a Ana.

– Si Raquel.

– Cuando cuente uno van a despertar entonces, tres – dos – uno.

Entonces le dice a Ana, – Disfrutá del espectáculo. Y luego de decírselo, le toma el rostro con las manos y le planta un beso de lengua, que es inmediatamente retribuído por mi esposa, ambas comienzan entonces a besarse, abrazarse y explorar sus genitales con sus manos enguantadas en látex.

Lejos de molestarme, me excitó ver a mi mujer transformada en una Diosa Fetichista, abrazándose y besándose con otra Diosa igualmente ataviada. Sin embargo, no tuve tiempo de reaccionar ya que Jorgelina me dice:

– Hermana querida, tanto tiempo distanciadas, y luego de decirlo, me plantó un beso de lengua que por supuesto, fue inmediatamente retribuído.

– Por supuesto, conoces a tu sobrina. Y tomó de la mano a Jorgelina, quien luego de decirme, – Hola tía, me abrazo y me dió otro beso de lengua que me elevó al cielo.

Inmediatamente sentí como dos pares de manos comenzaban a jugar con mi cuerpo, unas acariciaban mis glúteos, jugando un poco con el plug que tenía puesto, otras acariciaban mi recién adquirido busto, todo acompañado por una serie de besos hasta que llegado un momento, no sabía si tenía la lengua de Jorgelina o la de Enriqueta dentro de mi boca.

Comencé a retirarle la blusa a Enriqueta, mientras que ella soltaba su falda y la dejaba caer a sus pies, entretando Jorgelina dejaba caer también su bata blanca, revelando ambas unos cuerpos sencillamente espectaculares, otras dos Diosas Fetichistas estaban paradas delante mío.

Ambas con un conjunto idéntico, salvo que de distinto color, Enriqueta en negro como yo, corset, un soutien armado que resaltaba su hermoso busto, medias negras con costura, ajustadas con seis broches que formaban parte del corset, y unos zapatos de tacón de diez centímetros, que si bien ya había visto anteriormente, ahora sin la falda y la blusa, solo resaltaban sus hermosas piernas.

Jorgelina en tanto, era el mismo atuendo salvo que en blanco, con la única diferencia que su soutien no era armado, sino que era del tipo media taza, es decir, aquellos que solo cubren la parte inferior del seno, levantándolo y dando la apariencia que sus pechos se escaparían en cualquier momento.

Mientras continúabamos besándonos y yo ahora acariciando el hermoso busto de Enriqueta, ambas comenzaron a desvestirme, hasta que quedamos las tres con el mismo atuedo, en ese momento Enriqueta, descubre uno de sus pechos y ofreciéndomelo, dice:

– Besalo, que tendras una sorpresa.

Comencé a lamerlo, y luego a besar su pezón, mientras sentía que Jorgelina, a mi espalda, me acariciaba y apoyaba su entrepierna contra mis glúteos.

– Chupá, me dice Enriqueta.

Comienzo a hacerlo y de pronto me encuentro sintiendo un líquido que entra en mi boca.

– Leche? me limito a preguntarle.

– Si responde Raquel, desde el sillon en el cual seguían besándose y masturbándose con Ana mientras nos contemplaban, esa es una ventaja de la combinación de hormonas que les doy, ambas están en condiciones de amamantar, me encanta verlas lamiendose y tomándose la leche una de la otra.

– Si tu quieres Carla, me dice Enriqueta, dentro de dos o tres meses también podrás hacerlo y te juro tanto a mi como a tu sobrina nos encantará beberte.

– Hay tía, estoy tan excitada, dice Jorgelina, necesito que me beses tu también.

Yo giré mi cuerpo imaginando encontrarme con uno de los pechos de Jorgelina al aire, con un pezón grande como el de mi “hermana” y dispuesta a darme de beber su leche, sin embargo, me encontré con que ella había retirado su ropa interior, exhibiendo un pene mas grande de lo normal, completamente erecto.

– Esa es otra ventaja del cóctel de hormonas que les estoy dando, me tomó mucho tiempo encontrar la combinación perfecta, pero finalmente la hallé, y así como las hormonas femeninas que les administro, les permiten tener características físicas femeninas y también amamantar, las dosis de hormonas masculinas las mantienen constantemente excitadas, han estimulado el crecimiento de sus genitales, de tal forma que ahora las dos tienen penes que exceden el promedio, Carla va por el mismo camino y verás que dentro de unos meses su pene será igual que el de Enriqueta y Jorgelina.

Como te imaginarás, no fue necesario que me lo pidiera dos veces, primero lo tomé entre mis manos, era realmente grande, y comencé a masturbarla lentamente, para luego ponerme de rodillas y comenzar primero a lamerlo en su punta, recorrerlo con la lengua, disfrutar de toda su extensión y poco a poco ir introduciéndolo en mi boca.

– Hay tía, tenía razón mamá que bien la chupas.

Estaba muy entusiasmada besando el pene de mi “sobrina” cuando siento que me retiran la ropa interior, exponiendo mis glúteos, Enriqueta entonces juega un poco con el plug que tenía insertado en mi ano dilatandome y termina retirándolo también, se posiciona detrás mío y comienza a penetrarme, muy lentamente al principio, hasta que finalmente, siento sus testículos contra mis glúteos, momento en el cual, toma una deliciosa cadencia penetrándome y cabalgándome.

Creo que deberíamos ser todo un espectáculo en ese momento, digno de la mas fetichista de las películas pornográficas, Ana y Raquel en el sillón, vestidas como dos Diosas Fetichistas, besándose y lamiendo sus pechos mientras se masturbaban una a la otra, yo por otra parte, de rodillas besando el pene de Jorgelina mientras que Enriqueta me penetraba, las dos con penes sencillamente espectaculares (debían medir al menos 25 centímetros por 5 centímetros de diámetro).

Luego de un rato, siento como empieza a surgir el orgasmo de Jorgelina, su cuerpo se tensa, y mientras acaricia uno de sus pechos, explota en mi boca, yo recibo su orgasmo y luego le muestro a mi “sobrina”, como juego con su semen en mi boca, paso la lengua por mis labios y comienzo a tragarlo.

Entretanto, se tensa también el cuerpo de Enriqueta y ella tiene su orgasmo dentro mío, Jorgelina dice entonces:

– Mamá, podemos cambiar, yo también quiero penetrar a la tía.

Ambas se levantan y cambian posiciones, Enriqueta se para delante mío, exhibiendo su pene todavía goteando algo de semen, extiendo mi lengua y comienzo a limpiarselo mientras Jorgelina dice:

– Hay tía, que rico culo que tienes, que placer comértelo.

Seguimos así otro tiempo hasta que Enriqueta tiene su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi boca, debo decir que no solo me había acostumbrado al gusto del semen sino que me estaba agradando mucho, Jorgelina termina dentro mío y luego se retira y comienza a lamerme el ano, introduciendo su lengua en mi agujero (que ya estaba bastante dilatado entre la acción del plug y de las dos mujeres que me habían penetrado), a chupar y a beberse su propio orgasmo directamente de mi culo.

– Bueno, veo que disfrutaron bastante, ahora es momento que lo hagamos nosotras dice Raquel.

Dicho esto, comienza a darnos instrucciones, primero me hacen sentar en una silla que tenía un pene de látex adosado, al igual que la otra, solo que ahora el pene era un poco mas grande, Ana entretanto, retira la llave de su cuello y me libera del dispositivo de castidad, y casi inmediatamente mi pene quedó completamente erecto y apuntando hacia arriba.

Enriqueta y Jorgelina se posicionaron de pié a cada uno de mis lados, bajaron sus cabezas y comenzaron a besarme el pene mientras que con sus manos acariciaban mis testículos.

Raquel le dice entonces a mi mujer, ven conmigo que ahora vas a probar algo nuevo, la toma de la mano y se dirigen ambas hacia una puerta en la pared de la cual toma dos arneses o straps o cinturones, como prefieras llamarlo, estos tenían en su base un plug anal y un pene de látex en su parte frontal, ambos obviamente diseñados para que cuando la propietaria se lo pusiera se insertaran profundamente en su ano y en su vagina respectivamente, al mismo tiempo, de la parte delantera salía un pene que era la réplica exacta del de un caballo, tanto en su forma como en su tamaño, comienzan entonces a colocárselo ayudándose una a la otra.

Como te puedes imaginar yo estaba fascinada con la situación, tenía a dos hermosas “mujeres” a mis lados, ambas acariciando y besando mi pene, mientras que me ofrecían tus pechos para que bebiera de ellos, los besaba, los acariciaba, chupaba alternativamente de Enriqueta y de Jorgelina, saciándome con la leche que manaba de ellos.

Al mismo tiempo, no podía dejar de ver los preparativos de Ana y Raquel, quienes ya con los cinturones puestos, se acercan caminando, esto era para mi una visión celestial, tanto por su apariencia física, como por su actitud, con esos penes artificiales que casi les llegaban hasta la rodilla, balanceándose a medida que caminan hacia nosotras.

Se posicionan entonces Raquel detrás de su mujer, Jorgelina, y Ana detrás de Enriqueta, quienes, todavía besando mis genitales estaban con el culo levantado y hacia atrás.

Retiran los plugs que ambas tenian puestos, que tenían un tamaño considerablemente mayor al que me habían colocado a mi, y luego comienzan a jugar con sus dedos enguantados en látex, dilatandolas aún mas, hasta que finalmente, y casi simultáneamente, ambas consiguen introducir su puño dentro de cada una de ellas.

– Creo que ya están listas, dijo Raquel en ese momento.

Acto seguido, retiraron su puño del culo de Enriqueta y Jorgelina respectivamente y comenzaron a introducir lentamente el pene de caballo que se encontraba fijado a sus cinturones.

Las dos gemían al mismo tiempo que yo también succionaba (con mucho placer los pechos de una y otra alternativamente), cuando Ana tuvo su pene por completo dentro del ano de Enriqueta y sus testículos artificiales golpeaban contra sus glúteos, acerca sus labios a mi oído y me dice:

– No sabes como me excita esto, casi no puedo esperar el momento en que pueda hacerlo contigo.

Supe entonces que dentro de poco iniciaría un entrenamiento mas que intensivo en este sentido.

Ana y Raquel estuvieron cabalgando a ambas “mujeres” por un buen rato, hasta que finalmente no pude contenerme mas y les dije:

– No puedo mas, estoy por eyacular.

Las dos comenzaron entonces a succionar mis genitales con mayor intensidad, hasta que finalmente eyaculé en la boca de Enriqueta, luego, ellas se besaron intercambiando mi semen.

– No lo traguen todavía, primero tienen que darle su presente de iniciación a Carla, dijo Raquel.

Entonces ambas, aún con los penes de Raquel y Ana dentro suyo, se levantaron un poco y dejaron los suyos justo frente a mi boca, no era necesario decir mas, y comencé a succionarlos con mucha excitación, mientras con ambas manos acariciaba sus testículos, por supuesto, Ana y Raquel, continuaban aunque a un ritmo mas lento, penetrando a mis dos amigas.

Poco tiempo pasó hasta que ambas llenaron mi boca de semen, el cual se juntó con los restos de la leche que había mamado hacía poco de sus pechos, entonces comenzamos a besarnos las tres, intercambiando el semen de cada una de nosotras, dejando caer quizá un poco sobre mi busto, el que rápidamente alguna de nosotras se encargaba de levantar con sus dedos y ofrecercelos a alguna de las otras.

No puedo decir lo extenuada que quedamos las cinco, luego de un momento, aún con nuestro atuendo mas que fetichista, si hubieras ingresado en el cuarto, habrías visto cinco mujeres abrazadas unas con otras, acariciando sus cuerpos, pero también muy relajadas.

Luego de un tiempo Raquel nos dice:

– Por lo que a mi respecta, tanto Ana como Carla han iniciado esta segunda etapa con mucho éxito.

– Yo creo que sí, respondió Enriqueta, y estoy segura que ahora avanzaremos muy rápidamente.

– Tendré mucho placer en supervisar el tratamiento de ambas personalmente, agregó Jorgelina.

– Bien, continuó Raquel, de más está decir que tus ropas masculinas han sido destruidas y que de ahora en mas, vivirás como Carla, si es que Ana está de acuerdo por supuesto.

– No hay mas que agregar, dijo Ana, me gustaba Carlos pero Carla sencillamente me gusta mucho mas.

A continuación luego de higienizarme y maquillarme nuevamente, me vestí con la misma ropa con la que había entrado en el consultorio, una blusa de seda blanca cerrada hasta el cuello, un collar de perlas, la falda negra ajustada y no tengo que aclarar siquiera que continuaba con el corset, los pechos postizos, la peluca pelirroja con un peinado alto, medias y los zapatos de tacón alto, una sola cosa lamenté, Ana volvió a ponerme el dispositivo de castidad ya que con la excitación que tenía y a pesar de la actividad que habíamos desarrollado, si no lo hubiera tenido puesto, seguramente me hubiera masturbado contemplando mi imagen en el espejo mientras me maquillaba.

Ana en tanto, dejó de lado su ropa de látex y vistió un corset mas tradicional, aunque sin abandonar las medias y las botas de tacón, al retirarnos de la consulta, Raquel le alcanza un bolso no muy grande mientras le dice:

– Espero que puedas estrenarlo esta noche.

– Que fue lo que te dió Raquel le pregunté cuando salimos?

– Si me prometes que esta noche serás mi putita te lo cuento.

– Seré tu putita, seré lo que tu quieras que sea mi amor, fue la única respuesta que pude darle.
Capítulo V – Una nueva vida

El retorno a nuestro departamento fue toda una experiencia, era la primera vez que salía a la calle como Carla y tengo que confesar que ambas disfrutamos mucho de la atención que recibíamos en nuestro camino, hombres y mujeres que giraban su cabeza para mirarnos, algunos con una clara admiración, mientras que otros con cierto asombro. Finalmente, decidimos tomar un taxi y tengo que confesar que en varias oportunidades estuvimos muy cerca de protagonizar un accidente, el chofer prestaba mas atención a su espejo retrovisor que al camino, y fijaba la mirada en nosotras cuando nos besábamos descaradamente, o cuando una mano de Ana acariciaba mis piernas enfundadas en nylon, o acariciaba mi recientemente adquirido busto.

Finalmente, y no sin sobresaltos, llegamos a nuestro departamento, donde le pregunté a Ana:

– Me contarás ahora que era lo que te dió Raquel?

– En un momento, esperame aquí, sientate un momento que yo voy a prepararme y vuelvo rápidamente.

No tuve otra opción, así que me serví algo para tomar, preparé otra bebida para ella y me senté a esperarla, disfrutando de ver como mi lápiz labial dejaba marcas en el vaso que estaba utilizando.

Luego de poco tiempo Ana salió de nuestro cuarto, vestía exactamente la misma ropa que había utilizado hoy por la tarde, con el agregado de un cinturón similar al que había utilizado, pero con un pene que era la réplica exacta del de un hombre, hasta el mínimo detalle era exactamente igual, la forma, el tamaño (generoso por cierto), los testículos, las venas, en fin, era la copia exacta de unos genitales masculinos.

– Te gusta? me pregunta.

– Me encanta y con esa ropa me excitás mas todavía.

– Entonces comportate como mi puta y comenzá a besarlo.

Se acercó a mi y estando yo sentada la altura de mi cabeza era la indicada para comenzar a hacer lo que me había ordenado, así, que como hice anteriormente con Enriqueta y Jorgelina, comencé a acariciar la prótesis con mis manos, masturarla y acariciar sus testículos y luego procedí a besarla.

– Que linda te ves así, tragala toda, me dice y al mismo tiempo coloca sus manos por detrás de mi cabeza y comienza a hacer fuerza como para animarme, hasta que finalmente, con cierto esfuerzo, pude meterla por completo dentro de mi boca.

Sentía como la punta del glande artificial golpeaba contra el fondo de mi garganta y como la saliva comenzaba a escurrirse por la comisura de mis labios.

– Como me excita verte así, me dijo Ana mientras comenzaba a abrirme la blusa.

– Vení, vamos al dormitorio que quiero hacerte mi mujer.

Me levanté, abrí mi falda y la dejé caer a mis pies y fui delante de ella hasta nuestro cuarto, yo vestida como ustedes ya saben, y ella detrás mío con su pene apuntando a mis glúteos.

Me hizo sentar en la cama y parada delante mío dice:

– Chupala un poco mas, así la lubricás para después.

Inmediatamente comencé a lamer su pene artificial, recorrerlo con mi lengua y finalmente, introducirlo por completo en mi boca.

– Te gusta? me preguntó

– Mucho, le dijera

– Querés que te penetre?

– Si por favor, haceme tu mujeres

– Estás segura?

– Si, estoy muy excitadas

– Cuidado, que después que te haga mi esposa, no hay vuelta atrás

– No hay cuidado, quiero ser tu mujer si eso es lo que vos querés

– Quiero que seas mi puta, vos querés ser mi puta?

– Si, seré lo que vos quieras que sea, pero por favor, penétrame, hazme tu mujer.

– Que estarías dispuesta a hacer para que te haga mi mujer?

– Cualquier cosa que quieras

– Quiero que te operes y ponerte las prótesis mamarias mas grandes del mercado

– Si, lo que quieras

– Quiero doblar la dosis de hormonas para que dentro de dos meses puedas amamantar

– Si, quiero tener un busto prominente solo para vos, quiero amamantar también

– También quiero dilatarte y en no mas de un mes poner mi puño en tu ano, y que seas capaz también de recibir el pene de caballo como Jorgelina y Enriqueta

– Si cualquier cosa, por favor, penetrame.

– Pero que puta que sos, no podés aguantar que ya estás con tus glúteos expuestos, esperando desesperada para que te penetre.

– Si, por favor, no aguanto mas.

– Tu lo pediste.

Yo estaba recostada sobre la cama, apoyada con una almohada sobre mi vientre, mientras que con mis manos separaba mis glúteos mostrándole la entrada de mi ano, invitándola a penetrarme y hacerme su mujer.

Ella, entonces, muy despacio, fue penetrándome, la sensación era sencillamente deliciosa, distinta de la que sentí antes cuanto me penetraron Jorgelina y Enriqueta, con ellas fue una experiencia exclusivamente sexual, con Ana en cambio, sentía que me estaba entregando a ella, que todo mi ser estaba dedicado a brindarle placer, a satisfacer sus deseos.

En ese momento, mientras me estaba penetrando sentí que también estábamos sellando un pacto, que me estaba transformando en su esposa, que de ahora en adelante no habría mas barreras entre nosotras dos y que le pertenecía en cuerpo y alma.

Cuando finalmente tuve un orgasmo, fue sin ningún tipo de estimulación a mis genitales, de pronto sentí que no podía contenerme mas y ella, en una última embestida, me penetró hasta que sentía sus testículos de látex golpeando contra mis glúteos, en ese momento, no pude contenerme mas y eyaculé sobre la cama.

– Nos recostamos abrazados, ella aún penetrándome, quería que no se retirara nunca de mi, y entonces me dijo:

– Te amo mucho.

No era necesario decir absolutamente nada mas, estábamos ligados por siempre mas allá de nuestra apariencia externa, del maquillaje, de las ropas, ambas sabíamos que la verdadera magia era el amor que sentíamos una por la otra.

– Yo también te amo, fue la única respuesta que pude darle.

Durante los dos próximos meses hubo cambios radicales en nuestra vida, no fue un único hecho que pueda relatar aquí, sino una serie de pequeños acontecimientos que cambiaron por completo nuestra rutina.

En principio, nunca mas usé ropa masculina, continuaba realizando mi trabajo como desarrollador de bases de datos, pero como era muy poco frecuente que viera a mis clientes directamente, ahora pasé a comunicarme con ellos por mail, mensajes de texto, llamadas telefónicas, etc., ahora me despertaba un poco mas temprano, antes que Ana saliera a su trabajo, y antes de tomar el desayuno, tomaba una ducha, verificaba que mi cuerpo estuviera completamente depilado, y luego procedía a maquillarme, vestirme, siempre con corset, soutien armadoy con relleno, medias y zapatos de tacón alto, nunca de menos de diez centímetros.

Luego terminaba de vestirme, blusa y falda de diversos colores o en algunas ocasiones un vestido, mantenía mi cabello corto y siempre utilizaba una peluca con un peinado elaborado, finalmente, pintaba mis uñas siempre de un color acorde con el maquillaje que había elegido para ese día.

Tomába el desayuno con mi mujer, conversábamos como una pareja normal, desde las compras para el día en el mercado, hasta de economía, televisión, etc.

Luego ella se dirigía a su trabajo y yo a mi estudio hasta la noche.

Ahora te cuento querido lector, los cambios mas sustanciales que fueron sucediendo durante este tiempo, creo que en primer lugar debería contarte que con mi mujer invertimos absolutamente todos nuestros ahorros en dos cosas, transformar un cuarto de nuestro departamento en una especie de vestidor, donde justamente me maquillaba y me vestía todos los días, este cuarto estaba cubierto de guardarropas en todas sus paredes.

Y este fue el segundo factor que se llevó casi todos nuestros ahorros, la compra de infinidad de ropa, tanto para Ana como para mí, ahora el vestidor o guardarropa estaba completo de cualquier cosa que pudieras imaginar y con las mas variadas texturas, desde vestidos, pasando por zapatos, botas, algunas altas hasta la rodilla, otras hasta los tobillos y unas pocas que llegaban al muslo (ninguna como podrás suponer con un tacón de menos de diez centímetros de altura).

Otros elementos que completaban el guardarropa eran también de látex, desde soutien hasta guantes, medias y corsets de látex, acompañados por un sinfín de juguetes eróticos desde vibradores, plugs anales (algunos inflables), mordazas, esposas. En fin, creo que podríamos haber montado un comercio con todas las cosas que teníamos allí.

Completaban la colección varios set de maquillaje, que utilizábamos las dos indistintamente y una cantidad de pelucas en diversos colores, podía ser rubia, pelirroja, morocha, platinada, y por cada color tenía varias con distintos estilos de peinado, algunas con peinado alto, otras cayendo sobre mis hombros, algunas con bucles y otras con cabello liso.

Este cuarto fue completado durante el primer mes, donde tuvimos casi una obsesión en la adquisición de ropa, pelucas, zapatos, juguetes sexuales, hasta que nuestro cuarto estuvo completamente equipado a nuestro gusto.

Debo reconocer que en esta época descubrí el placer de ir de compras con ella, recorrer diversos tipos de comercios y pasar mucho tiempo probando calzado o ropa interior.

Hubo además, tres cosas que marcaron casi una obsesión para Ana, la primera de ellas fue su insistencia en que yo alcanzara lo mas rápido posible, la dilatación necesaria como para recibir su puño dentro mío o para que ella pudiera utilizar el pene de caballo en mí, esto se transformó en una urgencia y por lo tanto, debía cumplir con una serie de actividades diarias.

La primera de ellas fue instalar en mi sillón de trabajo un pene de látex (tal como tenía Raquel en su consultorio), de forma tal que todo el tiempo que estuviera trabajando, dicho artefacto fuera relajando mi musculatura anal, como pasaba muchas horas al día sentada, te imaginarás que eran también muchas las horas en las que tenía dicho vibrador firmemente enterrado dentro mío.

Cuando no estaba sentada trabajando, debía utilizar un plug anal inflable que habíamos comprado y la consigna era que cada día debería intentar inflarlo un poco mas que el día anterior, este plug lo tenía colocado cuando preparaba la cena, hacía las tareas de la casa, o incluso cuando iba de compras, fuera tanto con ella o fuera porque simplemente salía a hacer las compras en el mercado o incluso para dormir.

Otra obsesión de mi esposa era el tamaño de mi cintura, así que de la misma forma que me veía obligada a tener siempre colocado un plug o un vibrador, también utilizaba un corset las veinticuatro horas del del día, tenía varios modelos, algunos mas armados para utilizar durante el día, y otros un poco mas cómodos que utilizaba para dormir.

Llegó incluso al extremo de confeccionar una tabla con la fecha y las medidas de mi cintura, proponiendo una especie de meta para cada una de las semanas, cada semana entonces, debía ajustar un poco mas el corset de acuerdo a la tabla que había confeccionado y ella procedía luego a tomar la medida y verificar que coincidiera con el avance programado.

Su intención era que el corset fuera literalmente reacomodando y desplazando mis órganos internos, de forma tal de hacer mi cintura cada vez mas delgada y resaltar mis características femeninas, es decir mi busto y mis caderas.

Finalmente, la tercera obsesión era que al finalizar el segundo mes, como mucho el tercero, yo fuera capaz de amamantar y de mostrar modificaciones en el tamaño de mis genitales, por ello le pidió a Raquel que duplicara las dosis de hormonas que me estaba administrando, y luego, todas las noches pasaba mucho tiempo estimulando mis pechos lamiendo y chupando mis pezones.

Todavía no estaba en condiciones de amamantar, pero de cualquier forma, fueron muchos los orgasmos que tuve gracias al aumento de sensibilidad, tenía los pezones constantemente endurecidos y sumamente sensibles, con la areola mucho mas grande, y al mismo tiempo, gracias también a las dosis de hormonas, tenía casi un estado de excitación y erección constante. Ana también examinaba este progreso semanalmente guardando en una tabla las dimensiones de mis genitales.

Durante todo este tiempo dejé de utilizar el dispositivo de castidad y me estaba permitido masturbarme con una condición, que conservara mi eyaculación en un recipiente y luego la guardara en el refrigerador. Luego de un mes, creo que ya había un litro de semen conservándose en la heladera.

Finalmente, una noche en la que me encontraba trabajando en mi estudio, oigo el familiar sonido de sus tacones al entrar al departamento, me levanto para recibirla y le doy un beso en los labios mientras ella acaricia mis glúteos y juega con el plug que se encontraba entre mis nalgas.

– Creo que ya has tenido bastante tiempo y yo he sido muy paciente, hoy vamos a intentar usar el pene de caballo. Me dijo Ana.

– Intentaré, solo te pido que me tengas paciencia, recuerda que es mi primera vez.

– Por supuesto, pero ya hace casi dos meses que te estoy esperando y creo que ha llegado el momento. Sin embargo, creo que debemos darle un toque especial, aguarda un momento. Dicho esto, fue hacia el guardarropa, y luego de diez minutos durante los cuales los cajones se abrían y cerraban, ella sale con un bolso en la mano y me dice:

– Te he dejado preparada la ropa que quiero que luzcas esta noche, entretanto, yo iré a cambiarme a nuestro cuarto.

Entré en el guardarropa pensando que era lo que tenía Ana entre manos, veo entonces sobre un sillón que había dispuesto un catsuit de látex (una especie de malla hecha de látex negro que cubría absolutamente todo mi cuerpo desde el cuello hasta los pies), este catsuit tenía además ya incrustados dos senos de apreciable tamaño (solo un poco mas grandes que las prótesis que habitualmente utilizaba), un par de botas bajas que cubrían mis tobillos, con un tacón de doce centimetros, guantes de látex y finalmente, una máscara de látex con orificios solo para mis ojos, fosas nasales y boca, todo el conjunto en color negro.

El último detalle era un corset muy armado, también de color negro por supuesto.

Procedí entonces a retocar mi maquillaje para que hiciera juego con mi vestimenta, los ojos oscuros, las pestañas postizas, labios rojos intensos.

Me puse entonces la máscara, la cual llevaba hasta mi cuello y a continuación, los guantes, mas tarde y con cierto trabajo, luego de aceitar todo mi cuerpo para facilitar que el látex deslizara sobre mi piel y como les estaba diciendo, con trabajo y cuidado de no rasgar la ropa, finalmente conseguí meterme dentro de el.

Lo único que quedaba por hacer era ponerme las botas y el corset, el cual ajusté lo mas posible, utilizando la técnica de expirar todo el aire, ajustar, aguardar un momento, expirar nuevamente, volver a ajustar y así sucesivamente, cuando ya no pude ajustarlo mas, me contemplé a mi misma en el espejo de cuerpo entero que había en el guardarropa.

– Bueno, esto lleva las cosas a un nuevo nivel, me dije a mi misma mientras me contemplaba.

No se veía absolutamente un solo centímetro de piel, la máscara resaltaba mis ojos y mis labios pintados de rojo formaban un delicioso contraste con el negro de mis ropas.

El busto prominente se veía mas acentuado por la pequeña cintura que marcaba el corset, y como ventaja adicional, también mis caderas parecían mas anchas luego de una cintura mas pequeña, al mismo tiempo, las botas de tacón hacían mis piernas mas largas.

Así ataviada, salí del guardarropa dispuesto a encontrarme con Ana, la llamé diciendo:

– Ya estoy lista, puedo entrar?

– Adelante, te estoy esperando, fue la única respuesta que tuve.

Al ingresar, creo que perdí la respiración por un momento al verla, estaba vestida casi exactamente igual que yo, salvo algunas pequeñas y significativas diferencias, en primer lugar su vestuario era rojo, un marcado contraste con el mío, al igual que en mi caso, no podía ver un solo centímetro de su piel, sus labios, en vez de estar pintados de rojo, eran de un color morado oscuro, casi negro.

Eramos, en este sentido, el anverso una de la otra.

Sin embargo, aquí terminaban las semejanzas, ella estaba recostada de lado en la cama y mientras que mi entrepierna era completamente lisa, de la de ella asomaba un pene que era la réplica exacta que la de un caballo, en la forma, longitud y tamaño, incluso, por debajo asomaban dos testículos inmensos, que segun lo que se hasta hoy en día, también eran la copia exacta de la de un caballo.

Verla así recostada, con el pene asomando por entre sus piernas, y extendido sobre la cama en toda su longitud, me excitó aún mas anticipando lo que sucedería después, y también debo reconocerlo, con cierto temor al imaginar que dentro de poco semejante miembro estaría buscando su camino dentro de mi cuerpo.

– Ven, porqué no comienzas besándolo un poco?

Que podía hacer yo? me acerqué a la cama, me puse de rodillas y tomandolo con las dos manos me lo llevé a la boca, por supuesto, ni aún abriendo la boca todo lo posible podía meter dentro semejante bestia, así que comencé a lamerlo en toda su longitud, acercándome cada vez mas a los testículos y finalmente, acariciando uno con mis manos y mientras besaba el otro, ella comienza a mover sus manos a través de toda la longitud de su pene artificial, tal como si se estuviera masturbando.

Entonces sucedieron dos cosas, la primera de ellas fue que mientras besaba su descomunal pene, este arrojó una cierta cantidad de semen dentro de mi boca.

– Para que creías que te pedía que guardaras tu semen? Me preguntó, esta hermos prótesis que me dió Raquel, tiene sus testiculos llenos de tu semen, así que antes de ajustarla la cargué por completo, como te imaginarás, entre ambos testículos carga casi un litro de liquido y recién fue tan solo una probada.

La otra cosa que sucedió fue que mientras seguía besando y bebiendo mi propio semen, ella abrió la parte trasera de mi ropa y comenzó a jugar con sus dedos dentro de mi ano.

– Un dedo, me dijo, pero eso no es nuevo para ti?

– Dos dedos, que lindo que se siente?

– Tres dedos, ya está un poco apretado.

– Cuatro dedos, te gusta?

– Mucho respondí, y luego continué disfrutando de besar su pene y de la agradable sensación de sentirme dilatada.

– A ver, un pequeño esfuerzo, un poco mas, ya tengo cinco dedos y me falta tan solo un poco mas.

En ese momento, mi esfinter cedió por completo y sentí como su mano ingresaba dentro mío por completo.

– Como me excita esto, da la vuelta y recuéstate con la espalda apoyada en la cama.

Quedé entonces recostada sobre mi espalda, mientras ella continuaba ejerciendo presión hasta que ingresó su puño por completo dentro mío.

– A ver, levanta un poco las piernas que quiero llegar a tu próstata, dicho esto, comenzó a explorarme moviendo su mano dentro mío muy lentamente.

– Dicen que si consigo estimularla, puedes tener un orgasmo sin tocarte siquiera.

No terminó de decirlo que sentí como sus dedos tocaban un punto especial dentro de mí, y sin previo aviso, eyaculé sobre mi abdomen sin siquiera tocarme, tomó mi propio semen con su otra mano enguantada y me lo dió a beber mientras continuaba con su exploración.

– Creo que ya estás lista.

A continuación, colocó mis piernas sobre sus hombros, retiró su mano y comenzó a penetrarme con el pene de caballo.

– Si eres afortunada, quizá estimule tu próstata nuevamente.

Comenzó entonces a penetrarme poco a poco, hasta que sentí sus testículos de látex golpear contra mis nalgas, en ese momento pensé que enloquecería de puro placer, ella por completo dentro mío, en su rostro se veía la excitación pura, mientras yo acariciaba su busto y le pedía que me penetrara.

Cuando encontró mi próstata por segunda vez, me dijo:

– Ahora me toca a mi, y dicho esto, se retiró de dentro mío y comenzó a frotar su pene contra mi busto, luego de un breve lapso de tiempo, comenzó a “eyacular” todo el semen que había acumulado durante el último mes, parecía que no terminaría de manar nunca, al fin y al cabo ya me había aclarado que esos testículos artificiales estaban repletos y por lo visto, estaba decidida a derramarlo todo sobre mi rostro y cuerpo.

Puedo decir que me harté de beber mi propio semen, mi boca estaba completamente llena y ella eyaculaba con mas velocidad de la que yo podía tragar, el semen se derramaba de mi boca y caía sobre mi busto.

– Tengo otra sorpresa para tí, durante este último mes yo también me estuve entrenando y creo que ya has disfrutado demasiado, ahora es momento de intercambiar roles.

Dicho esto, me colocó a mí el pene de caballo, abrió la parte trasera de su catsuit mostrándome que tenía un plug de dimensiones mas que generosas, y me dijo:

– Quiero sentir tu puño dentro mío ahora.

Recorrí mi cuerpo con mis manos enguantadas en latex y el semen que había acumulado sirvió entonces de lubricante, comencé entonces a introducir primero un dedo, luego dos, finalmente tres y cuando ya tenía cuatro dentro de su ano le dije:

– Aquí vamos, poco a poco terminé introduciendo mi puño por completo, mientras ella lamía la prótesis que ahora tenía puesta yo.

Cuando mi puño estuvo por completo dentro de ella, lo moví lentamente introduciéndolo y retirándolo, mientras veía su rostro de placer y contemplaba como ella misma se acariciaba su clítoris. Finalmente, me retiré y dije: – Ahora vamos con la segunda etapa.

Después de haber recibido mi puño, el pene de caballo entró sin inconvenientes y casi sin resistencia hasta que estuve por completo dentro de ella.

Comenzamos entonces en un ritmo lento, en donde me retiraba y volvía a penetrarla de forma tal que el pene de caballo hiciera todo su recorrido dentro de ella.

Como te imaginarás, sumando la estimulación anal a la que ella misma se estaba proporcionando al masajear su clítoris, al poco tiempo ella tuvo un orgasmo que parecía no terminar nunca, quedamos los dos extenuados, recostados y abrazados, sin energía siquiera para cambiarnos de ropa.

– Eso sí que fue llevar las cosas a otro nivel, le dije.

– Puedes tener la seguridad que lo repetiremos.
Capítulo VI – Un año sin fumar

Ya ha pasado bastante tiempo desde los sucesos que les he narrado, y casi sin darme cuenta ha transcurrido un año completo en el cual no he probado el tabaco, en Ana, los efectos del tratamiento son igualmente espectaculares ya que su figura es digna de la de una modelo a pesar de su edad, y por supuesto, las dos hemos adoptado una forma de vestir mucho mas atrevida que antes de comenzar el tratamiento.

Quizá, lo mejor es que les cuente como es nuestra vida en estos días que corren, por supuesto y como se imaginarán, hace casi un año ya que no he utilizado en ningún momento ropa de hombre, de hecho, hace apenas un par de meses y por insistencia de mi mujer (y con mucho placer de mi parte), me he operado y me han colocado prótesis tanto en mi busto como en mis nalgas, de forma tal que, luego del obligado postoperatorio, mi figura ahora es completamente femenina, con amplias nalgas y caderas y un busto que al menos podríamos denominarlo prominente (Ana insistió y luego se sumaron Enriqueta y Jorgelina a su pedido, que me colocaran las prótesis mamarias mas grandes que existieran en el mercado).

Además, luego de un año de tratamiento hormonal con la Dra. Raquel, han sucedido dos cosas, hace un mes, comenzó a brotar leche de mis pechos y fui capaz de amamantar, esto fue una fuente de placer para mi (en este momento adoro cuando alguien me chupa los pezones) y una nueva obsesión para Ana, quien no deja pasar un solo día sin acariciar mis flamantes pechos y beber de mi todo lo que puede, incluso ha llegado a pedirme en ocasiones que le prepare un café y que le agregue leche de mis pechos.

El otro efecto del tratamiento hormonal de la Dra. Raquel, es que gracias a las dosis de hormonas masculinas que agregó al cóctel, mis genitales también sufrieron un aumento de tamaño y en este momento, soy la feliz poseedora de un pene de aproximadamente 28 cm. por 6 cm. de diámetro, el cual, respondiendo tanto a mi excitación como a los tratamientos, está casi siempre erecto y listo para entrar en acción.

Otro efecto colateral es que además, ha aumentado la cantidad de semen que produzco y que como se imaginarán, luego debo beber sea tanto cuando Ana me lo da en la palma de su mano, como también cuando lo utiliza para cargar el pene de caballo, al cual yo le practico sexo oral.

Así que puedes imaginarte, ahora tengo una figura muy femenina, busto y caderas amplias, resaltadas al utilizar un corset para reducir mi cintura, y por supuesto, siempre utilizando medias, zapatos o botas de tacón alto, un plug anal (para aumentar mi balanceo al caminar), maquillaje intenso, ojos oscuros, labios rojos profundos, pestañas postizas, ya no uso uñas postizas puesto que me he dejado crecer las mías, actualmente con casi dos centímetros y medio de largo y pintadas de un rojo profundo al igual que mis labios.

La indumentaria siempre se completa con alguna falda ajustada, nunca muy larga, siempre por arriba de mis rodillas (aunque no minifalda, al fin y al cabo recuerda que soy una señora madura), soutien armado para resaltar mi busto un poco más aún, blusas, preferentemente de seda o satén, collares, pulseras, anillos y pelucas de distintos colores (según mi ánimo) pero siempre con peinados altos y elaborados, en un estilo típico de los años 50.

En fin, si hace un año al ingresar por primera vez al consultorio de la Dra. Martinez, alguien me hubiera comentado que mi apariencia terminaría siendo casi idéntica a la de Enriqueta y que de hecho, cuando salimos juntas a la calle, en muchas oportunidades nos han preguntado si somos hermanas, jamás le hubiese creído.

Para no distraernos, les contaré como transcurre mas o menos mi vida diaria en este momento, aún continúo trabajando desarrollando sistemas para mis clientes, aunque claro, en un primer momento tuve que mentirles y decirles que era la hermana de Carlos y que ante su retiro anticipado, me estaba haciendo cargo de su cartera de clientes.

Al contrario de lo que pensé en un primer momento, ya que asumía que en cuanto mis clientes comenzaran a sospechar, inmediatamente los perdería y ellos acudirían en busca de un programador mas “convencional”, lo que ocurrió fue algo totalmente distinto.

Era inevitable, por mas que dijera que con Carlos eramos hermanos gemelos, que tarde o temprano comenzaran a sospechar algo, que en algún momento cometiera un desliz que los hiciera sospechar, que realizara un comentario que me delatara y entonces, suponía, todo caería por su propio peso, y mis clientes me dirían casi avergonzados “creo que es momento de buscar otro proveedor …”, “estamos pensando en alguien con otro perfil, … “, etc.

Pero para mi sorpresa, en cuanto comenzaron a sospechar, la mayoría de ellos, lejos de asustarse, comenzaron a insinuárseme. De hecho recuerdo haberlo conversado con Ana, ya que estaba francamente sorprendida y además, no sabía como responder a sus insinuaciones y tampoco sabía como lo tomaría mi esposa.

Ella resolvió mi dilema y sencillamente me instó a que respondiera a sus insinuaciones, tal como ella me dijo, no solo esperaba que fuera beneficioso para nuestras finanzas, sino que además la excitaba la idea de otros hombres intendando seducirme.

Si impuso una sola condición, que ella también podría ocasionalmente tener alguna aventura con otras personas, y que ambos seríamos completamente sinceros uno con el otro.

No voy a aburrirlos contándoles todas las cosas que fueron sucediendo durante este período, basta con contarles que en este momento mi cartera de clientes es casi el doble de lo que era en su momento, hasta tal punto que he debido contratar una secretaria para que me asista (no tengo que decirles que la secretaria era también una ex paciente de la Dra. Rodriguez y que había pasado por el mismo camino que Jorgelina, Enriqueta y yo misma).

De hecho, he realizado casi toda práctica sexual imaginable con mis clientes, les cuento algunas de las mas comunes.

Un par de socios a los cuales les fascina visitarme en mi estudio para comprobar los avances del proyecto, e invariablemente luego del análisis, termino recostada sobre el escritorio, mientras uno de ellos me penetra y al mismo tiempo le practico sexo oral al otro.

Una clienta que suele esperarme en su oficina vestida con un traje de corte masculino, y a la cual le fascina penetrarme con su arnés, estando ambas vestidas mientras me trata como si yo fuese una prostituta atendiendo a su cliente. En este caso, es luego de nuestra sesión de sexo que abordamos los temas laborales.

Existe otro cliente, mas bien joven, que gusta que lo cambie, lo trate como si fuese una criatura recién nacida y lo amamante mientras lo trato como si fuese mi hijo, el me dice “mami” en nuestras sesiones y es capaz de firmar cualquier contrato mientras está tomando de mi pecho.

Tengo otro cliente que cuando voy a entrevistarlo, se que tengo que llevar un bolso con un atuendo completo, ropa interior, medias, zapatos, maquillaje, vestido, etc., aquí suelo cambiarme yo también de ropa, utilizando un catsuit de látex negro, botas altas de taco aguja, guantes de látex también, y adoptando el rol de una dómina, le ordeno que se vista de prostituta para mi.

Cuando ya está completamente transformado en mi puta, le concedo (luego de firmar el contrato) el honor de lamer mi ano con su lengua, y finalmente, recibir en su rostro mi orgasmo.

No tengo que mencionar que cuanto mas perversa es la fantasía, no solo me da mas placer, sino que además, el monto del contrato se incrementa en igual proporción.

Sin embargo, lo que mas placer me da es mi trabajo part – time, tres veces a la semana, de cinco de la tarde a diez de la noche, me convierto en la segunda secretaria de la Dra. Rodriguez, mi mujer Ana, también se ha transformado en la asistente contable de la Dra. y es frecuente que los viernes por la noche salgamos las cinco, Jorgelina, Enriqueta, Ana, la Dra. y yo a cenar, ir a bailar y luego terminar la noche en casa.

De hecho, mientras escribo esto, estoy en el consultorio, mi escritorio al lado del de Enriqueta, ambas estamos realizando la entrevista de admisión de una nueva pareja, en este momento, el marido se encuentra en consulta y la mujer, luego de la entrevista y aún bajo el efecto de las drogas hipnóticas, está sentada frente nuestro.

Enriqueta y yo no escatimamos esfuerzos para llamar su atención (tal como me pasó a mi en mi primer entrevista) y continuamente cruzamos nuestras piernas, dejando entrever nuestra ropa interior, nos acariciamos el busto y ocasionalmente nos besamos tratanto siempre de medir su reacción.

Me pregunto cual será su fantasía oculta, quizá estoy mirando a quien en algunos meses se transformará en una esclava o en una Ama?, el marido que acaba de entrar, será mi amante lesbiana dentro de poco o será un amo al cual obedeceré sin dudar.

No lo sé, tendré que esperar.

Y tu, lector o lectora que ahora conoces mi historia, tienes algún problema?, quieres dejar de fumar?, bajar de peso?, aumentar tu autoestima?

No lo dudes, ponte en contacto conmigo y te agendaré una consulta con la Dra. Rodriguez, te puedo garantizar los resultados.

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Escrito por AnaraquelTv

Travesti en la intimidad, extremadamente fetichista, ocasionalmente dominante o sumisa según mi pareja, adoro tener encuentros con otras cross como yo, mujeres u hombres.

5 Comentarios

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  1. El relato es muy bueno, la verdad me sorprendió cuando la doctora dijo que sus asistentas eran su ex-marido y ex-suegro.

  2. Me encanto nunca había leído algo semejante me imagine que yo era Carla fue muy lindo me encantaría poder transformarme así me fascina la verga y la leche

  3. Me ha encantado tu relato y no he dejado de masturbarme analmente al leerlo. Quisiera poder encontrar algo así en la vida real.

    • A mi me encantó escribirlo, de hecho, estoy dandole vueltas a la idea de una continuación, algo tipo relatar las experiencias como asistente de la Doctora.

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