COMO LLEGUE A SER

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Hola soy Lola, y todavía en estos momentos no se ni como empezar. Supongo que les debo decir algo sobre mi persona. Bueno soy una mujer de más de cincuenta y tantos años, casada, madre de una pareja, y abuela de dos bellos nietos. Mi esposo y yo mantenemos unas relaciones íntimas, entiendo que bastante buenas, pero eso no impide que tanto él como yo, ocasionalmente tengamos encuentros con otras personas. Hasta hace poco tiempo relativamente, mi única expectativa sexual era ser heterosexual. Solo en una ocasión, estando en el colegio Católico Nuestra Señora del Carmen, tuve una pequeña experiencia lesbiana, con una compañera de clases, cosa que no pasó de besarnos y manosearnos mutuamente. Desde esa ocasión hasta hace poco tiempo, nunca más me había encontrado en una situación como la que ahora atravieso.

Estando de compras en diciembre del pasado año, acompañada de mi hija y mis dos nietos, entramos a una tienda de ropa juvenil, ya que mi nena deseaba comprarse algo a la moda. Yo me quedé sentada frente a los vestidores, fue cuando me comencé a fijar en uno de los vestidores donde se encontraba una jovencita de unos diecinueve años más o menos, que se estaba midiendo gran cantidad de vestidos. En cierto momento, al parecer la chica estaba tan apurada, en probarse la mayoría de la ropa que no cerró la puerta del vestidor y sin preocupación alguna se desvestía completamente, quedando únicamente con sus muy pequeñas bragas. No se por que me le quedé viendo, hasta que ella semidesnuda levantó su mirada y ambas nos quedamos viendo fijamente. Yo no podía dejar de ver todo su hermoso y juvenil cuerpo, sus lindos y parados senos, su plano vientre, su tersa piel, su largo cabello rubio. De no ser por mi hija, que me trajo un vestido para que le diera mi opinión, no se cuanto tiempo me hubiera quedado así mirando a esa joven. Lo que más me extrañó de todo eso fue que al retirarnos de la tienda, la jovencita pasó por mi lado, y coquetamente me guiñó un ojo. Lo que me puso bastante nerviosa, ya que en mi vida me había pasado eso.

Durante un tiempo, sí me di cuenta que cuando observaba las revistas de modas, más me interesaban las modelos que las ropas que exhibían. Pero no le di mucho pensamiento a eso, hasta que durante la Semana Santa, el esposo de mi hija nos invitó a pasar unos días en su lancha. En la que fuimos a unos cayos, donde al parecer se dieron cita gran cantidad de lanchas, en cierto momento mi esposo me dijo, que al parecer se me hacía la boca agua viendo a los chicos. Pero la verdad era que estaba observando los bellos cuerpos de las chicas, cosa que por vergüenza no le dije.

A los pocos días después de regresar me encontré a una amiga mía, al verla le abracé y besé de manera tan efusiva, que ella lo primero que me preguntó si yo me había metido a lesbiana. Sus palabras me asustaron, ya que fue algo que hice de manera inconsciente, creo. Ya eran muchas cosas las que me estaban pasando, aún me encantaba mucho el acostarme con mi esposo, pero ya no podía negarme a mi misma, que otras mujeres me estaban atrayendo. En particular las jóvenes, pensé que era por cierto grado de envidia al ver sus cuerpos tan lindos y bien formados. Pero para mi edad estoy en muy buena, así que dejé de pensar en esa posibilidad. Fue cuando la empleada que tenemos en la casa, nos dijo que debía ir a su país, pero que en su lugar dejaría a una sobrina de ella de nombre Ana.

Desde el primer momento en que Ana llegó a la casa, tanto mi esposo como yo nos impresionamos bastante. Más que una sirvienta parecía ser una modelo, delgada, de buen cuerpo, de piel morena y cabellos algo rizados, facciones finas ojos rasgados, de hablar suave y melodioso. Pero aparte de todo eso, lo que más me impresionó fue su manera de mirarme. Desde el primer día noté algo raro en la mirada de Ana, como sí quisiera seducirme, en cambio a mi marido lo veía de manera muy distinta, de la misma forma o manera que miraba al resto de las personas. En ocasiones tanto sus insistentes miradas, como la manera tan dulce de tratarme, lograban que me pusiera bien nerviosa. U

na mañana cuando después de levantarme fui a preparar café, como es mi costumbre, pasé frente a la habitación de Ana, su puerta se encontraba abierta, mientras que ella al parecer recién salía de darse una ducha matinal.

Únicamente cubría su bello cuerpo una pequeña toalla, con la que de inmediato se dedicó a secarse, al parecer sin percatarse de que la puerta de su habitación estaba abierta. Por un rato me quedé embelezada observando su perfecto cuerpo, como pasaba la pequeña toalla entre sus muslos, y como secaba su piel. Fue en esos momentos que me di cuenta de que se depilaba del todo su cuerpo inclusive hasta su coño, ya que no observé ni un solo vello en esa área.

De momento se dio vuelta y me sorprendió viéndola. Yo de inmediato traté de disimular, diciéndole que sería bueno que cerrase su puerta ante de entrar al baño, Ana actuando de manera inocente, me dijo que la había cerrado, pero que al parecer la cerradura se encontraba dañada y al tiempo que lo decía, dejando caer la toalla al piso tomó el picaporte de la puerta, lo movió y en efecto se encontraba defectuoso, pero más que en el picaporte, yo me seguí fijando en el bello y bien formado cuerpo de ella. Ana de manera seductora fue cerrando la puerta, mientras que yo todavía algo nerviosa me apuré el trago de café y regresé a mi habitación.

Por suerte mi marido tuvo que salir de viaje de negocios, la misma noche en que mi esposo partió, me quedé en nuestra habitación, pensando en Ana, hasta tuve un raro sueño con ella, en el que las dos nos encontrábamos desnudas en medio de un hermoso jardín, pero cada vez que ella y yo tratábamos de acercarnos la una a la otra, terminábamos separadas, hasta que finalmente nos pudimos abrazar, justo en ese momento me desperté sobresaltada. Al día siguiente al levantarme me quedé únicamente con mi bata de dormir, debido a que no pude conciliar el sueño, me sentía mal, cuando bajé a tomar café ya Ana me lo tenía preparado y al verme me preguntó cómo me sentía, le dije que algo indispuesta ya que no había podido dormir bien. Tras tomarme el café, Ana se ofreció a darme un masaje. Al principio le di las gracias, pero rechacé su ofrecimiento, hasta que ella de manera bien dulce, me explicó lo beneficioso que podría ser para mí, el que recibiera un buen masaje. Finalmente acepté, por lo que Ana me sugirió que la esperase en mi habitación, que ella me alcanzaba luego, con todo lo necesario para que yo recibiera un buen masaje.

Desde que entró Ana a mi dormitorio, cargando varios objetos y frascos que de inmediato me dijo que eran aceites naturales, la forma en que me estaba mirando, me dio como algo de temor. La manera tan dispuesta y amable en que ella, fue impartiéndome las instrucciones, me tranquilizó. Me acosté sobre mi cama tapándome las nalgas con una pequeña toalla, como normalmente lo hacía cuando en el gimnasio me ofrecían una relajante sesión de masajes. Casi de inmediato a medida que comenzaba a pasar el aceite sobre mi espalda, Ana comenzó a decirme lo tersa que era mi piel, que tenía un muy bonito cuerpo y cosas así por el estilo. Entre su voz y los masajes que comenzó a darme por mi espalda, me sentí dormitar.

En cierto momento retiró la pequeña toalla, con que yo me había cubierto las nalgas y sus manos comenzaron a tocarme en lugares que yo no esperaba que me tocase. Eso me puso algo tensa, pero nuevamente su suave voz me tranquilizó al decirme, no te pongas tan rígida, suéltate para que disfrutes de la sesión por completo. Yo obedecí y procuré relajarme del todo y fui sintiendo como sus dedos, lenta, pero consistentemente comenzaban a avanzar entre mis muslos, en dirección a mi vulva. En esos momentos me debatía entre si detenerla y darle las gracias o sencillamente dejar que continuase. No fue hasta que algunos de sus dedos, comenzaron a rozar los labios de mi vulva, cuando sentí una especie de deliciosa energía, que invadió todo mi cuerpo. En el fondo estaba deseosa de que continuase, pero Ana me indicó que me diera la vuelta, que me recostase sobre mi espalda. Quizás por algo de pudor, instintivamente traté de agarrar la toalla, pero Ana de manera sutil lo impidió diciendo que no hacía falta, que además yo debía estar orgullosa de todo mi cuerpo, que no había moti

vo alguno, por que ocultar el tesoro que tengo entre las piernas.

Nuevamente sus suaves dedos siguieron masajeando mi cuerpo, pero a los pocos minutos, el masaje se centró entre mis muslos. De manera suave, pero firme, Ana me fue abriendo las piernas y cuando menos lo esperaba sin aviso alguno comenzó a besar y lamer mi peludo coño. Aunque deseaba que ella hiciera algo, no esperaba que fuera eso. Me quedé como adormecida, aunque el placer que sentía me tenía sumamente confundida, deseaba que continuase haciéndome eso, pero al mismo tiempo me costaba trabajo el aceptarlo. Sus manos siguieron acariciando mis senos, sentí como con sus dedos índice y pulgar suavemente me apretaba los pezones. Perdí la noción del tiempo, mientras que Ana continuaba lamiendo y chupando mi clítoris, de manera tan divina que en el fondo deseaba que nunca terminase.

Sin darme cuenta, de cómo ni en que momento pasó, pero al abrir mis ojos nuevamente, tenía su rostro frente al mío. De inmediato ambas nos comenzamos a besar, de manera ardiente, nuestras lenguas se entrelazaron dentro de mi boca. Mis manos tomaron vida y comencé a mi vez, a acariciar el cuerpo de Ana. Para mi sorpresa, ya ella estaba tan desnuda como lo estaba yo, sentí el calor de su coño contra el mío. Tanto ella como yo abrimos nuestras piernas, tomándonos de las manos, apretábamos nuestras vulvas, una contra la otra. Yo por mi parte disfruté de un sabroso orgasmo, pero eso no detuvo a Ana. Con su boca comenzó a lamer y chupar mi coño nuevamente de manera incontrolable, cosa que yo casi de inmediato imité.

A medida que ella me chupaba tan divinamente mi coño, me llegó un tercer orgasmo casi de manera corrida. No lo podía creer, esa jovencita y yo estábamos manteniendo una ardiente relación, la que disfrutaba intensamente. Durante el resto el tiempo que mi marido estuvo fuera de la casa, Ana y yo compartimos íntimamente casi a cada momento. Durante esas dos semanas, Ana me hizo disfrutar de experiencias, en las que yo jamás había pensado, como el momento en que tomando un consolador colocado en un arnés, lentamente me lo fue introduciendo entre mis nalgas, empujándolo con su cuerpo como sí ella fuera un hombre, o como cuando invitó, a un par de jovencitas amigas de ella y entre las cuatro mutuamente nos volvimos locas de placer.

Claro que cuando regresó mi esposo, las cosas cambiaron ligeramente, ya que nuestros constantes encuentros, se limitaron a las horas del día, en que mi esposo se encontraba trabajando. Pero la situación se hacía insoportable para mí, hasta que Ana me pidió que la orientase, como solicitar un pequeño préstamo a un banco. Con el fin de montar un salón de Spa, después de escucharla, decidí que yo me convertiría en su socia, y finalmente entre las dos tenemos nuestro propio negocio. Nuestra clientela es bastante exclusiva, es casi como un club para mujeres maduras, la mayoría de nuestras clientas, tienen más o menos los mismos gustos míos.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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