Como lobos alzados

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Su pija taladraba mi esfínter y los dos aullábamos: yo de dolor y él de placer y luego los dos de placer.  Parecíamos dos lobos alzados. 44 estalló dentro de mí. Su semen invadía mis entrañas, mientras esta vez, él dejaba con un chupón una marca en mi cuello, respondiendo de esa manera a la osadía de haberle rociado con leche su rostro.

Hoy es domingo de Ramos, iba entre la multitud caminando en la procesión. Tengo razones suficientes para pedir perdón. Siento que alguien se pone a caminar a mi lado, era Uriel. “Hola, ¿podemos caminar juntos?” me dijo. “Claro” le respondí. Yo iba cantando con la gente. Lo miré varias veces de reojo, vi que llevaba un cancionero que trataba de seguir.

No puedo dejar de decir que estaba muy bonito. Se había puesto pantalones negros, llevaba una camisa celeste y sujetaba sus largos cabellos rubios con una boina. Eran las 11 a.m.,  había comenzado la tradicional ceremonia. Uriel sabía que iba a estar solo, ya que mis padres y mi hermana han viajado ayer a otra ciudad y vuelven esta noche. Le había contado el viernes cuando cené en su casa.

Cuando terminó la celebración me disponía a volver a casa. Me dijo: “Mi mamá me pidió que te invitara almorzar”. Dudé, pero él llamó a Salomé por celular, quien me dijo que no la dejara con la comida preparada y que ya estaba en camino 44 para recogernos. En realidad estaba solo, así que acepté.

Uriel estaba diferente. No hacía bromas y me preguntaba acerca del significado de los ritos que habíamos realizado. Observaba como saludaba a la gente de la comunidad. Lo invité a sumarse al grupo de amigos y se integró sin dificultad y con el buen ánimo que se le caracteriza sonreía y respondía las preguntas de dos chicas a las que había cautivado con su presencia.

Estábamos en la vereda de la plazoleta de la iglesia, cuando sentimos un bocinazo: era 44. Subimos al auto. Uriel se sentó junto a su papá. Desde atrás los observaba. Eran dos dioses griegos que competían en belleza física.

Para quienes no estén informados: 44 y Uriel son padre e hijo, ambos más altos que yo, de cuerpos atléticos, ojos verdes, los dos tienen la característica de mostrar en una sonrisa natural y permanente sus magníficos dientes. 44 es mi amante desde hace 3 años. Con  Uriel tuve relaciones sexuales durante tres meses y decidí cortar por fidelidad a su padre. Obvio que nadie sabe nada y menos Salomé que es: esposa, madre y amiga.

Mi nombre es Emmanuel, 24 años, cabellos negros, ojos celestes y buenas piernas. 44 es Contador Público, Salomé es médica, Uriel  de 18 años, ha comenzado la carrera de abogacía, yo soy licenciado en Historia y ejerzo la docencia. El matrimonio tiene un hijo mayor, se llama Nicolás, quien me salió a recibir con un abrazo cuando llegamos a su casa. Nico fue mi compañero de facultad y tuvo que retrasar sus estudios debido a su trabajo. Salomé nos llamó a almorzar

44 se sentó en su lugar, estaba como siempre: radiante. Con pantaloncito de tenis y remera blanca, sus cabellos despeinados, lo hacen todavía más bello. El hijo menor comentó que le había gustado la ceremonia y su padre comenzó con una broma: “así que tendré un hijo cura”, la ocurrencia del papá hizo reír a la familia, Uriel se puso rojo y no respondió a la broma.

Yo recordaba que Uriel en sus confidencias me dijo: “no se como lograr que mis padres valoren lo que hago. Siempre lo que hace Nicolás es lo ideal, lo oportuno, y lo que hago yo es tomado de manera superficial. Cuando éramos niños me decían siempre que me fijase en Nicolás y cuando tenía un gesto original, se burlaban”.

Me sentí desubicado en el lugar, no supe que hacer. Por suerte, 44 se dio cuenta de la situación de Uriel y continuó diciendo: “pero seguro mi hijo será un gran abogado, tiene pasta para eso y capacidad suficiente”. Aproveché para desviar la conversación: “que tal la facultad Uriel…seguro que ya tienes material para estudiar. ¿Viste que diferente es la Universidad a la secundaria? Uriel respondió: “es un despelote, pero le voy encontrando forma”. Fue entonces que Salomé le informó a Uriel: “hijo, te llamó Matías”

¡Matías!, me golpeó al corazón. Me enteraba en la conversación de la mesa que era un compañero de facultad con el que Uriel se había hecho amigo. Disimulé.

El almuerzo transcurría. Varias veces me encontré con los ojos tristes y enamorados de Uriel. 44 con toda naturalidad, entre preguntas o respuestas me hacía “ojito”.En esa danza de miradas disimuladas, recordaba lo sucedido ayer.

El día anterior, 44 me había citado al Sebastiano, nuestro departamento clandestino. Él me había citado al mediodía. Ese sábado a la mañana como estaba solo en mi casa, me dormí y llegué un poco tarde. Ingresé y no había nadie, todo estaba en silencio. Pasé y me dispuse a esperar, cuando alguien me tomó de atrás y me mordió el cuello. Sentí el olor inconfundible de mi amor, de 44. No me asusté. Me alegré.

Sus brazos que me sujetaban por atrás me dieron vuelta. Estaba desnudo, puse mi frente en su pecho velludo, le crucé mis brazos en su cuello y sentí como me ponía sus manos en mis glúteos, como me besaba en los labios, como soplaba mi flequillo y me decía: “quiero amarte pendejo, quiero hacerte sentir todo mi deseo”, me tenía arrinconado a su pecho mientras me mordía las orejas, y me lamía entre los ojos y la nariz.

44 estaba caliente, estaba alzado. Mi mochila se desparramaba por el suelo, y sus manos gruesas me sacaban la camisa. Mi vientre chocó contra su vientre y mis tetillas con las suyas. No dejaba de colgarme de su cuello, cuando sentía como me desajustaba el pantalón y como éste caía al piso. Terminé sacándomelo con los pies. Pegado de frente a 44, disfrutaba sus manos entrando por el elástico del slip y recorriendo mí culo hasta perder sus dedos en mi orificio.

Lo besé, le mordí sus cabellos despeinados, le mordí la nariz y salté colocando mis piernas en su cintura y caímos en el sillón sentado en su falda desnuda.

Comencé a besar sus labios, luego su nuez, después lamí sus tetillas y también su vientre. 44 se recostó en el sillón y yo comencé a mamarle. Primero lamí sus testículos, él gemía, luego, lamí el tronco de su verga y finalmente saboreé su glande. Su pene estaba durísimo y con mis labios lo follaba.

De repente 44 se puso de pie y me levantó del brazo, me puso contra la pared. Instintivamente levanté la cola, pero no sentí el pene de mi amante, sino la lengua que ingresaba por mi esfínter. 44 se había arrodillado detrás de mí y hurgaba con su hermosa “trucha” (labios) hacia adentro de mi orificio como un lobo que está desentrañando con su hocico la presa apetitosa. Yo desvanecía en un gemido de placer.

44 mientras hociqueaba mi culo, me tomó con la mano el pene y comenzó a frotármelo.

Cuando llegué al orgasmo, me di vuelta y con mi semen rocié su cara. Lo mismo que hace días había hecho con Uriel. 44 estaba muy caliente y no se enojó, ni siquiera se limpió, me dio vuelta de nuevo y poniéndose detrás, me levantó la pierna con una mano y con la otra orientó su falo hacia mi glande. Entró al costado del orificio y entonces me dolió y aullé, pero 44 estaba fuera de si, no le interesó, volvió a intentar y esta vez ingresó con furia.

Su pija taladraba mi esfínter y los dos aullábamos: yo de dolor y él de placer y luego los dos de placer.  Parecíamos dos lobos alzados. 44 estalló dentro mío. Su semen invadía mis entrañas, mientras esta vez, él dejaba con un chupón una marca en mi cuello, respondiendo de esa manera a la osadía de haberle rociado con leche su rostro.

Todo eso recordaba mientras ahora, veía a 44 como un esposo y padre de familia presidiendo ese almuerzo de domingo. El primero en levantarse después del postre fue Nicolás, iba a la casa de su novia. Salomé me dijo:

“Emma, recuerda que esta tarde es la chocolateada para los niños del dispensario. Por eso quédate y a las 4.00 p.m. partimos hacia allá”. Nunca me niego a nada de lo que me pide Salomé, así que le respondí: “bueno”.

Con Salomé hacemos un trabajo humanitario en un barrio muy pobre donde ayudamos a las familias carenciadas. Ella lo hace respondiendo a sus convicciones sociales, es militante de izquierda y yo respondiendo a mis creencias, y también para estar cerca de ella. La admiro y la aprecio. Esa tarde con un grupo de jóvenes habíamos preparado un chocolate para los niños de la villa miseria (barrio pobrísimo en Argentina).

Cada uno en la familia se puso hacer sus tareas, yo me recosté en la habitación de huéspedes a leer el diario…pensé en varias oportunidades que iba a entrar Uriel, pero la puerta no se abrió, y cuando salí de ella. Uriel se había marchado.

A las 4 p.m. Salomé, hermosa como siempre, ya estaba preparada para irnos. Nos despedimos de 44, y ella me dio las llaves de su coche. Sentí que llevaba a una reina. También siento que le fallo como amigo. Todavía tengo en mis labios los besos de su  lobezno esposo.

Autor: EMMANUEL

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Escrito por Marqueze

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3 Comentarios

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  1. HOLA! HE LEIDO VARIOS DE TUS RELATOS, LA VERDAD ESTAN MUY BUENOS, JEJE, OYE CRES KE URIEL ESTE SALIENDO CON MATIAS??? MMM ESPERARE TU PROXIMO RELATO, SALUDOS DESDE CHICAGO!

  2. ta bueno el toque romanticon que le pusiste al relato… sera por las pascuas… uriel esta respetando tu desicion, no seas la piedra en su camino. abrazos. FACU

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