COMPAÑEROS DE TEATRO

Teresita tenía unos 15 años más que yo cuando la conocí. Llevaba sus 40 años con garbo y prestancia. Éramos compañeros de Teatro y con el tiempo y la relación me enteré que era separada desde hacia tiempo, con una hija, Clara, de 19 años y un varón, Martín, de 21. Con el tiempo nuestra relación primaria de amigos se fue transformando en íntima.

Cuando fui por primera vez a su casa a cenar luego de un ensayo, me presentó a sus hijos con los que tuve una buena onda inmediata. Clara estaba acompañada esa noche con Eduardo, su novio, estudiante de abogacía, con un apellido de reconocida alcurnia en nuestra sociedad. Al finalizar la cena, los novios salieron y junto a ellos lo hizo Martín para ir a la casa de su novia, así es que quedamos solos con Teresita.

Ella se fue a poner una ropa más cómoda y cuando reapareció lo hizo con un top negro cortísimo que dejaba ver la base de sus tetas con los pezones sobresalientes y erectos y un short haciendo juego, logrando un efecto sensual al que de ninguna manera podía ser ajeno. Ella traía un par de cervezas en la mano y al acercarse a mi silla la tomé por la cintura y empecé a besarle las tetas desde sus bases visibles mientras que mis manos bajaban por su cintura y llegaban hasta sus nalgas las que empecé a apretar y sobar con fuerza.

Ella había dejado las cervezas en la mesa y me tenia tomado del pelo y me apretaba contra su pecho. Cuando llegué a sus pezones se los chupé con fuerza hasta hacerle pegar pequeños gritos mezcla de dolor y placer. Ya había pasado mis manos para adelante, buscando encontrar los botones de su short e intentando bajárselo. Cuando lo logré pude acariciar sus firmes nalgas: metía mis manos entre ellas y jugaba con mis dedos a lo largo de su raya hasta llegar a los labios de su vulva, ya llena de jugos.

Su concha estaba casi al alcance de mi boca, así es que el próximo y lógico paso era chupársela. Y a eso me aboqué con especial esmero. Primero besando sus piernas y caderas, luego su monte de Venus lleno de una tupida masa de vellos y con mi lengua me fui abriendo paso hasta encontrar su clítoris y lamerlo y chuparlo. Estaba gordo e hinchado y segregaba un jugo agridulce que hacía mi delicia.

De pronto me tomó de la mano y me condujo a su dormitorio: tenia una gran cama en el centro, con un respaldo de barrote en bronce, un gran espejo en una de las paredes, una cómoda al frente de la cama con un sillón al costado de la misma. Se sentó en la cama e hizo que me parara frente a ella. El bulto de mi verga, ya crecida, sobresalía. Desprendió el cierre de mi pantalón con estudiada lentitud. Los bajó y me besó por sobre el slip mientras me acariciaba las bolas.

Así estuvo hasta que llegó a mi capullo que ya sobresalía de su encierro. Lo besó tiernamente, lo sacó todo y empezó a darle pequeños besos en torno a la corona de la pija y fue bajando hasta la base y empezó a chupar mis bolas, provocando un placer similar al que yo le había provocado cuando le besaba los pezones. Luego de entretenerse un buen rato con mis bolas, subió hasta la punta de la verga y se la metió hasta el fondo de su garganta de un solo envión.

Cuando la empezó a sacar, iba jugando con su lengua todo a lo largo y comenzó a chupármelo con mucha fuerza. Yo sentía como que las bolas subían por el canal de mi verga y querían salírseme. Fue en ese momento cuando sentí que su dedo se abría paso entre mis nalgas y buscaba adentrarse en mi agujero. Fruncí el culo y ella sintió mi incomodidad. Sacando la verga de su boca, mientras me miraba a los ojos, me preguntó: ¿"Qué? No te gusta?". No, le dije yo. Ella se encogió de hombros como no dándole importancia y mientras retiraba su dedo de la puerta de mi culo me dijo con una sonrisa pícara: "En algún momento me voy a sacar el gusto". "Difícilmente" dije para mis adentro, con la seguridad del que sabe lo que no le gusta.

En un momento dado me dijo: &qu

ot;Andá hasta la cómoda y busca en el segundo cajón. Ahí está mi amigo" Mensaje misterioso si lo había, pero como un buen caballero, nada dije y fui hasta la cómoda que había frente a la cama, abrí el cajón aludido y me encontré con un consolador de látex de considerable dimensiones en una imitación tal, que hasta las venas tenía marcadas. Junto al reposado elemento había un pequeño frasco de vaselina que también le alcancé.

"Ahora mírame" me dijo y se dirigió hasta el sillón donde se sentó apoyando las piernas en los apoyabrazos y dejando su peluda concha expuesta. Luego de envaselinar bien al muñeco se lo fue metiendo lentamente. Su cara tenía un rictus de placer y volcaba los ojos hacia atrás. Se estuvo pajeando delante de mí un buen rato, entre suspiros y gemidos cada vez más fuertes. "Ahora acercate y poneme la verga en la boca", me ordenó. Solícito hice lo que me dijo y empezó a chupármela y a masajearme los huevos sin desatender su ir venir de la otra mano, proporcionándose un placer indescriptible.

"Estoy por acabar" me avisó " y quiero que en el mismo momento vos acabes en mi boca" me terminó decir antes de volver a colocarse la verga en la boca y chupar a un ritmo enloquecedor. Yo la tenía agarrada de la nuca y empujaba su cabeza hacia atrás y adelante y en pocos minutos sentí que un río de leche salía de mí. Al sentir mi leche en su boca tuvo un estremecimiento seguida por una serie de pequeñas convulsiones en todo su cuerpo: lo habíamos logrado.

Descansamos un momento, recostados en la cama, fumando un cigarrillo y tomándonos las ya calientes cervezas que habían quedado pendientes al principio.

Los últimos tragos de cerveza se los volqué en el abdomen y ella con unos movimientos, hizo que el líquido corriera hacia su concha. Le besé las tetas y fui bajando por su vientre hasta su concha nuevamente. Se la estuve chupando un largo rato, hasta que ella me pidió chupármela también a mí, así es que nos reacomodamos en la cama e hicimos un "69".

Cuando mi verga estuvo nuevamente hinchada y dura, me levanté, la di vuelta y le puse la almohada debajo de su vientre, para que su culo, ya bien lubricado por mi saliva, quedase a mi merced. Me acerqué a su agujero, ella tomo mi verga con la mano y la guió hasta la puerta de ese hermoso culo. "Despacio" me pidió. Empecé a metérsela muy lentamente, pero una vez que entró el capullo, hice una pequeña pausa para que se relaje, y cuando así lo sentí de un solo empujón se la metí hasta que los huevos toparon con sus piernas "!Hijoderemilputas!" me gritó, mientras sentía que las paredes del culo se cerraban sobre el contorno de mi verga y luego quedó laxa.

Creí por un momento que se había desmayado, pero luego pude ver en su cara puesta de costado una sonrisa de placer. "Ahora que te diste el gusto de romperme el culo, cogeme bien cogida" me dijo. No me hice de rogar: me agarré de sus caderas y empecé a meterla y sacarla a distintos ritmos y profundidades. De pronto sentí que mi verga era rozada por algo, pero dentro de ella: ahí recién me di cuenta que se había metido el consolador por la concha y se estaba pajeando.

Eso me calentó mucho y aceleré mi ritmo, hasta acabar y llenarle el culo con mi leche. Ella apuró su paja, terminando también, y esos espasmos hizo que su culo me sacara las últimas gotas de leche. Quedé exhausto. Y ella igual…

Autor: Sexobseso

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *