CON EL VENDEDOR DEL GAS

Este es uno de los primeros relatos que envío y espero que les guste. Yo soy gay y me di cuenta de ello siendo muy joven, con un compañerito de la escuela, pero eso se los contaré más adelante en otro relato. A pesar de ser gay, no soy afeminado para nada, tal vez un poco delicado en mi forma de hablar y comportarme, pero hay muchos hombres delicados que son heterosexuales, por lo tanto la mayoría de la gente no saben y ni siquiera sospechan sobre mis preferencias sexuales y ese es el caso de Javier el vendedor del gas, él jamás había sospechado lo que yo sentía por él, pero vayamos al relato en sí.

Yo conocía a Javier, desde que era chico, ya que él era vecino del barrio y además en algunas ocasiones salía a pasear con mi hermano, ya que tienen mas o menos la misma edad, o sea, unos 12 años más que yo, pero yo jamás me había fijado en él, hasta que él puso un negocio para vender garrafas de gas y empezó a venir a mi casa más o menos una vez por mes. Era un día de calor la primera vez que me fijé en él, llevaba una sudadera que permitía ver sus musculosos brazos y un short que, a pesar de ser bastante flojo, me sugería que entre sus piernas existía un material de tamaño bastante importante. Mis ojos recorrieron su cuerpo disimuladamente, para que ni él, ni los integrantes de mi familia que estaban en la casa, se dieran cuenta. Y así fueron pasando los años, yo me regodeaba observando aquel hermoso cuerpo, pero no pasaba de allí, de hecho no podía insinuarme a un vecino de toda la vida, que en caso de no compartir mis preferencias sexuales, podía generarme problemas y decirle a todo el mundo sobre mi insinuación y dejarme en evidencia ante mi familia, mis vecinos y conocidos.

Mi adolescencia pasó y me convertí en todo un hombre que continuaba con sus mismos gustos, pero que había dejado de suspirar por su vecino, ya que le parecía tiempo perdido, él tenía su mujer y nunca me haría caso, o al menos eso era lo que yo pensaba.

En cierta ocasión, que es la que generó este relato, mi madre me dijo que tenía que salir, pero que yo me ocupara de los mandados y de conseguir gas, ya que casi se nos había acabado. Llamé entonces a mi vecino y le pedí que me alcanzara una garrafa de gas a mi casa. Media hora después apareció él, con una sudadera blanca, ajustada al cuerpo, permitiéndome ver todos los músculos de su pecho y su abdomen, además de sus brazos gruesos y tentadores. El short era corto y pude observar sus piernas velludas y gruesas a mi gusto. Me preguntó si quería que él mismo cambiara la garrafa y le dije que sí. Entonces se agachó y yo que estaba a sus espaldas, me deleité mirando su culito formado y bonito. Pero, pequeño problema, yo que estaba también con un short muy cortito, gracias a la bella vista que tenía frente a mí, comencé a sentir que mi miembro luchaba por cambiar de posición y no sabía como disimularlo.

Él terminó de colocar la garrafa y se puso de pie nuevamente y secándose el sudor de la frente con su brazo, me dijo: – ¡Está pronto! – Gracias – respondí algo turbado. – ¿Querés tomar algo? – Sí, si tenés agua fría te agradezco.

Le serví entonces agua de la heladera y le entregué el vaso.

– Hace calor, ¿no? – comenté.

– Sí, mucho. – respondió. – La verdad es que dan ganas de andar desnudo.- – Ya quisiera yo que estés desnudo frente a mí – pensé, pero lo que contesté fue diferente – Sí, en realidad yo estaba desnudo antes de que vinieras, me vestí porque… bueno, porque vos venías. Él esbozó una hermosa sonrisa y dijo: – No serías el primer hombre desnudo que veo.

– Si, claro… – respondí sin saber qué más decir. Entonces me sequé el sudor de la frente con la mano.

– Veo que tenés mucho calor – me dijo.

– Sí, mucho – respondí apenas y entonce

s me di cuenta que ya no podía disimular la erección. Mi miembro luchaba como loco por salirse del short. Y él dirigió una mirada a mi paquete y sonrió. Ya no había más que decir, era obvio que él se había dado cuenta de mi excitación y que no tenía ningún problema con eso.

– Tengo mucho calor – le dije – y no es provocado solamente por la alta temperatura- – Ya me di cuenta – respondió – Y a mí me está pasando lo mismo – Entonces se tocó el paquete y pude ver que él también estaba excitado. No dudé más, me acerqué a él y comencé a besarle el cuello, mientras mis manos comenzaban a recorrer su cuerpo, él se entregó a mis caricias y pronto empezó a acariciarme él también, mis labios continuaron besando su cuello y sus hombros, hasta que él buscó mi boca y nos fundimos en un beso caliente y apasionado. Mi lengua y la de él juguetearon como dos serpientes, tocándose, rozándose, enroscándose una en la otra.

Nos quitamos la ropa uno al otro quedando totalmente desnudos y entonces vi aquel hermoso miembro que tantas veces había imaginado, debía medir como 20 cm, pero era bastante delgado y su punta era más delgada que el resto, quedando cada vez más gruesa hasta el lugar de donde salía. Me dirigí a sus tetillas, besándolas, lamiéndolas, mordisqueándolas, mientras él gemía de placer. Luego fui bajando, llegando a su hermoso ombligo, donde me entretuve un rato, jugando con sus vellos. El juego era maravilloso, pero no me aguanté más y me lancé sobre su hermosa verga, a la que comencé a lamer lentamente, su sabor era tan delicioso como me lo imaginaba y aquel olor a hombre y su sudor me hicieron sentir sumamente caliente. Mi lengua jugueteaba con su glande, dándole un enorme placer (lo sé por sus gemidos), luego me metí su verga en mi boca, primero el glande y poco a poco la fui metiendo más, el comenzó un mete y saca cogiéndome literalmente por la boca. Llegué a metérmela toda en la boca, y la sentí en la garganta, él gemía cada vez más y de pronto me dijo: – Si seguimos así me voy a acabar en tu boca.

No es que yo no quisiera que eso ocurriera, porque más de una vez me había imaginado esa situación, pero en ese momento prefería hacer otras cosas, por lo que saqué su verga de mi boca, me puse de pie y volví a besarlo. Luego lo tomé de la mano y lo guié hasta mi dormitorio, una vez allí me puse en cuatro sobre mi cama y él se colocó detrás de mí. De pronto sentí su mano tocándome los testículos y subiendo se dirigió hacia la raya, pasando sus dedos de arriba abajo, de pronto se detuvo en mi ano y comenzó a acariciarlo. Un dedo invasor se metió dentro de mí, lo que me dio mucho placer, luego fue otro dedo y luego otro más, sus dedos entraban, salían, me acariciaban y la excitación me dominaba cada vez más.

Fue entonces que apoyó la punta de su miembro en mi culito y suavemente lo dejó ir, creí morir de placer al sentir aquella pija por tanto tiempo deseada dentro de mi orto. Comenzó a moverse muy lentamente y su miembro entraba y salía de mi caliente culito, de a poco fue acelerando el movimiento, al tiempo que su verga llegaba cada vez más dentro. Yo gemía, gritaba y decía una serie de incoherencias a causa del gran placer que sentía. De pronto se detuvo y sin más ni más me sacó su verga del culo dejándome una terrible sensación de vacío. Yo me di vuelta y lo miré a la cara.

– ¿Quedaste con ganas de más, eh? – Preguntó sonriendo – Dale, acostate boca arriba.

Obedecí sin dudar y él me hizo levantar las piernas en posición femenina, entonces volvió a meterme su hermosa verga en mi culito, volvió a comenzar lentamente para luego ir acelerando el ritmo. Esta vez su verga llegó mucho más lejos, hasta que sentí sus testículos chocando contra mi trasero, sus gemidos se hicieron mayores y me dijo que pronto acabaría, entonces comencé a masturbar mi verga, mientras él me penetraba cada vez más rápido, debido a la excitación largué un gran chorro de leche que fue a parar a su vientre, y al eyacular mi culo se contrajo, apretando aún más su bella y deliciosa verga. Fue entonces que acabó dentro de mí, inund&aa

cute;ndome con su semen, los dos gemimos sin control y se quedó un rato dentro de mí.

Me miró a los ojos y me besó dulcemente en los labios.

– Sos hermoso – me dijo – Si hubiera sabido que estabas tan bueno te hubiera hecho el amor antes.

– No sabés por cuánto tiempo te he deseado – fue mi respuesta.

Javier se fue entonces de mi casa, no sin antes prometer que volveríamos a hacer algo parecido en cuanto tuviéramos la oportunidad y cumplió su promesa, en más de una ocasión estuvimos juntos, pero eso queda para otros relatos.

Si les gustó mi relato, envíenme comentarios…

Autor: Pablo elgallopablo (arroba) wanadoo.es

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Escrito por Marqueze

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