Con Mario, un amigo soltero

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Esta vez la mayor parte de la sesión fue Ana quien llevó el ritmo, estando principalmente arriba de él. Tomó quizás unos 5 minutos de constantes gemidos de parte de ella que culminaron con un segundo orgasmo para ella. Mario la volteó para quedar sobre ella y continuar con la penetración, así que unos pocos momentos después, él se regó por tercera vez.

Hola amigos:

Somos de San José, Costa Rica. Tenemos más de doce años de casados; clase media, profesionales, con hijos, una vida matrimonial muy satisfactoria, y en la parte íntima, diríamos que excelente. Las lecturas que se encuentran en esta página nos dieron la confianza de contarnos nuestras fantasías. Y dentro de estas, la posibilidad de ver a nuestro cónyuge teniendo sexo con un tercero es una fantasía que se hizo habitual en nosotros. Ella deseaba verme coger a otra. Por mi parte, yo me moría de ganas de verla con otro, con otros, con otra, o conmigo y otra al mismo tiempo.

La situación es que con los meses la conversación incluyó la posibilidad de que eso se hiciera realidad. La idea de materializar la fantasía era más viable con alguien conocido, y de quien hubiese relativa confianza en cuanto a su discreción. Pasaron algunos meses en que le estuve proponiendo un plan para traerle a la casa a un conocido. En su trabajo, algunos compañeros la trataban de forma especial, según decía ella. Y de ellos, dos en particular le llamaban la atención.

De hecho, algunas noches la forma de calentarnos era ella diciéndome sus fantasías con ellos. Y puesto que de esos dos sujetos recibía insinuaciones: cumplidos a su apariencia física, miradas especiales al escote, chistes picantes; hubo un par de ocasiones, según dice ella, que fue inclusive al baño, en el trabajo, a masturbarse.

Entonces, yo le estuve proponiendo, con cierta frecuencia, que tuviese sexo con alguno de ellos, y que solo me dejara mirarlos. Le propuse que fuese en nuestra casa, pues así sería más fácil llevar a cabo el plan. Pero por el contrario, a ella no le parecía la idea. Deseaba revolcarse con un desconocido y fuera de la casa; como un hotel de playa o un motel.

El asunto siguió por algunas semanas, hasta que aceptó algo a medias. La idea era invitar a uno de sus compañeros pero solamente para excitarlo, pero hasta ahí, pues también nos excitaríamos, y luego al marcharse, la fiesta sería conmigo.

Se invitó a uno de sus admiradores solteros. Se escogió a él pues por su estado civil pensamos que no tendría sexo con la regularidad de nosotros, lo que mejoraba las expectativas de éxito pues posiblemente tendría una buena presa de esperma, además de que si como hablaba pintaba, entonces prometía. Según me dijo Ana (mi esposa) en el momento de invitar a Mario (un martes) se puso nerviosa y quizás hasta él lo notó. En la noche, por el hecho de estar el plan en marcha, ambos nos templamos bastante por lo que me la cogí.

Llegó el sábado. Durante la mañana y tarde ambos estuvimos nerviosos, por momentos ella estuvo indecisa, hasta dijo que era mejor cancelar la cita, pensaba que aunque se trataba de solo un juego que no llegaría a contacto íntimo, no era adecuado, y que aunque Mario sería discreto como para no divulgarlo, le parecía incorrecto. De todos modos le insistí en que el compromiso estaba hecho y que actuaríamos en la forma convenida.

A las 8 pm estábamos listos. Los niños pasarían la noche en casa de unos tíos. Por supuesto que Ana estaba vistiendo ricamente para la ocasión. Usaba un vestido negro con escote. No era muy corto, una cuarta arriba de la rodilla, pero le ajustaba bien y era de tela asedada. Además, accedió a usar un ligero y medias negras, así como un diminuto hilo dental, entre negro y transparente. Finalmente zapato negro de tacón alto. Agregaré que ella no es alta por lo que el zapato alto le luce bien, además es de piel clara, por lo que el color negro es el que mejor le entona.

El costarricense es impuntual, y más para actividades sociales, pero afortunadamente su compañero llegó a nuestra casa a las 8:20 pm. Al llegar fue recibido en la sala, pero pocos minutos después pasamos a otro cuarto que usamos para actividades sociales y en el que disponemos de un mini bar. Por supuesto que la conversación inicial fue sin tema específico. Pasados unos 20 minutos solo había aprovechado yo para meter la cuña de lo excelente esposa que era Ana y de lo afortunado que era Mario en tenerla como compañera de trabajo. Pasados unos 45 minutos, cuando Ana había bebido un vino, y Mario y yo un par de vodkas, empecé poco a poco a ir metiendo el tema sexual en la conversación. Así que comenzaron los chistes calientes a salir de mi boca, y Ana que es bastante pícara, se animó y condimentó la conversación con sus intervenciones. Por dicha Mario no es de boca tímida y rapidito se metió en la conversación.

Pasada una media hora fui metiendo a Ana como tema de conversación. De hecho ella ruborizó cuando le dije a Mario que ella era excelente en la intimidad y que siempre me tenía caliente. Él también se sintió algo incómodo y solo indicó que en el trabajo ella tenía admiradores y que él me hacía el favor de espantarlos. Comentarios de este tipo así como caricias que le hacía en su trasero cuando ella se acercaba, hacían la velada muy entretenida.

Cuando Ana fue a la cocina por unos bocadillos, aproveché para ir tras ella y a escondidas le levanté la falta siendo visible que su hilo dental estaba mojado, lo que era prueba de un gran estado de excitación. Me agaché y le chupé su clítoris respondiendo ella con un gemido.

A partir de ese momento puse en funcionamiento el plan B que Ana no había conocido: le propuse que yo podía dejarlos a solas por un par de horas, bajo cualquier excusa, eso si, con condición que fuera en nuestro dormitorio, pues desde ahí, por una ventana que daba a un patio interior, y protegido por la oscuridad, yo podría mirarlos. Ella no dijo nada, solamente suspiró; ese gesto y su cara de excitación significaba su aprobación. Nos fuimos de nuevo hacia donde estaba Mario, pero antes le dije que se sentara más provocativa para que le notara su ligero.

Nuevamente al estar con él, la conversación tomó de nuevo el mismo sentido caliente, algunos minutos después noté que ella, estando sentada al frente de Mario, ya no se cuidaba tanto con su manera de sentarse, y que cambiaba frecuentemente su cruce de piernas, permitiendo a su compañero verla entre sus piernas, y él por supuesto trataba de disimular.

Un cuarto de hora después, aprovechando la música fondo, dije que me parecía escuchar el teléfono que estaba en otra habitación por lo que fingí en ir a contestar. Regresé un par de minutos más tarde y les dije que mi primo Alberto era quien llamaba porque su carro estaba varado y que me suplicaba que se lo remolcara aprovechando mi carro 4 x 4.

Agregué que me tardaría un poco, y le supliqué a Mario que no se preocupara, que se quedara porque era nuestro invitado. Tanto él como Ana no dijeron nada, simplemente sus rostros cambiaron de color, ella porque sabía lo que podía suceder, y él, supongo, porque le resultaba increíble que yo le permitiera quedarse a solas con Ana.

Salí de la habitación pero no salí de la casa, y más bien me escondí en una habitación cercana a nuestro dormitorio a esperar con gran impaciencia. Desde ahí desconocía lo que sucedía en el cuarto en que ellos se encontraban así que pasó media hora hasta que ellos finalmente ingresaron al dormitorio. Lo que les contaré en el siguiente párrafo fue lo Ana posteriormente me narró que sucedió en ese rato en que se perdieron de mi vista.

“Cuando se quedaron a solas pasaron algunos minutos en que la conversación se desvió a asuntos sin importancia, quizás por los nervios de ambos. Luego regresaron las risas y los chistes pasados de tono, pero pasados unos 15 minutos Mario comenzó a acecharla con sus miradas y llegó un momento en que él le dijo que se sentía muy emocionado por estar pasando con ella esa velada. Ana me indicó que solamente atinó a contestar con una mirada, que siendo de las que yo le conozco, sería muy insinuante.

Pero el contacto físico se dio cuando ella se levantó a cambiar los CD del equipo de sonido y como no se decidía por algún disco en particular, su compañero se acercó a ayudarla a seleccionar, y en el momento en que ambos pusieron su mano sobre un mismo CD, él le aprisionó su mano, Ana no dijo nada, solo lo vio con nervios. Entonces él puso su mano en su cintura y acercándola la besó, ella primero permitió solamente un contacto labial, pero de seguido sintió la lengua de él dentro de su boca. Él acompañó sus besos con palabras sobre lo tanto que había esperado para un momento como este.

Muy pronto la lengua de Mario pasó tras los oídos y el cuello, y pocos minutos después, sus manos le acariciaron las nalgas, en tanto que con la otra tocaba suavemente los senos. Seguidamente la acercó más, aprisionándola contra la pared: ella sentía todo el cuerpo de él, en especial el bulto de la cremallera del pantalón que le era restregado contra sus caderas su vagina y su trasero cuando la volteaba.

Ana ya estaba fuera de control, seguidamente él le bajó los tirantes de su vestido por lo que quedó al descubierto su sostén negro de media copa y sin titubear mucho se lo quitó dejando sus tetas al descubierto.

Dice ella que estaban muy duras y su pezón erecto, él se las quedó viendo unos instantes y acto seguido se llevó uno a su boca, chupando con tantas ganas que lo dejó lleno de saliva. Con prontitud puso una mano en la pierna y levantó el vestido dejando a su vista el ligero, y su hilo, él indicó que era riquísimo lo que estaba viendo y cuando se disponía a agacharse para chuparle el clítoris ella recordó que debía llevarlo a nuestro dormitorio y así lo hizo”.

A escondidas y a oscuras estuve esperando a que ellos aparecieran. El ruido de sus pasos me puso alerta cuando se acercaron y por fin los vi ingresar al cuarto. Persianas a medio abrir y la luz de una de las veladoras prendidas, ella sabía que así debía estar todo para facilitar mi visión. Fue ella quien lo ingresó al cuarto jalándolo de la mano. Estando ahí nuevamente se tomaron unos segundos para mirarse uno al otro. Él comenzó a acariciarle el brazo suavemente pero súbitamente comenzó a besarla, ella no opuso resistencia, se notaba que sus lenguas se cruzaban con gran deseo.

Es inexplicable lo que yo sentí: un momento tan esperado, una excitación como pocas veces sentida, y a la vez enormes celos. El resultado es que yo los miraba estático. No debía ni podía hacer otra cosa. Los grandes besos continuaban y Mario le bajó los tirantes del vestido quedando ella desnuda de la cintura hacia arriba. Ya antes le había quitado el sostén. Ella lo miraba a él con gran lujuria que era una invitación a que le mamara sus duras tetas, que eran ciertamente grandes, más blancas que el resto de su cuerpo y con marcado y parado pezón.

Él comenzó a chupárselas con gran deleite, se las babeó de forma que me era evidente a la distancia, me pareció escuchar decir que nunca había chupado tetas tan ricas, y que le encantaba el olor de su cuerpo. La giró a ella de forma que quedara frente al espejo y él a su espalda, la acariciaba sin cesar principalmente las tetas, le chupaba tras sus oídos y el cuello; y ella gemía suavemente pareciendo que iba a perder el conocimiento. Cuando le bajó el vestido completamente Ana quedó expuesta ante él con su hilo y el ligero.

Él se arrodilló primero para contemplarla y le dijo que se notaba que estaba rasurada. Agregó diciendo que nunca había estado con una mujer así. Apartó con sus dedos el hilo y tras unos instantes chupó el clítoris. Ana se contorsionó y pegó un gran gemido, él siguió haciéndolo con gran deleite, y unos instantes posteriores, su gemido era cortado pero muy constante lo que significaba, para mi, que le estaba llegando su primer orgasmo. Ella se apartó de él y se recostó contra una pared para recobrar el aliento.

“Ahora empieza lo mejor”, dijo él, con gesto de sentirse dueño de la situación. Acto seguido comenzó a desabrocharse su camisa y Ana lo miraba, pero en cuanto se la quitó, se le acercó y comenzó a acariciarlo, conforme se iba nuevamente calentando, eran más lujuriosas sus caricias, y luego de profundos besos y caricias, Ana comenzó a agarrar con sus manos el gran bulto que Mario tenia escondido en su pantalón.

Con gran expectativa ella dijo que parecía grueso el pene, a lo que Mario indicó que mejor viera y tocara. Ana le bajó el pantalón y estando él en calzoncillos, su verga le formaba un gran bulto. Ana nuevamente se tomó tiempo para tocar a su gusto, luego se puso de rodillas y le bajo el calzoncillo, haciendo que la verga de Mario saltara liberando presión y lanzando algunas gotas de semen o lubricante, que creo llegaron al rostro de ella. Con cara de indudable excitación, tomó entre sus manos la verga y empezó a chuparla, primero rodeando el glande, luego introduciendo toda la cabeza en la boca. Era evidente que Ana estaba gozando.

Era también evidente que la verga de Mario era más gruesa que la mía, y tal vez, unos dos o tres centímetros más larga, quizás de unos 20 centímetros. Mario estaba gimiendo, y le dijo que lo estaba haciendo riquísimo. Ana le pidió que se acostara para seguirlo mamando. Tras un minuto de chuparle haciendo gala de su gran experiencia acumulada en su vida matrimonial, Mario eyaculó una gran cantidad de leche que rebasaba la boca de ella. Ana no se tragó el semen, pero gustosa se la aplicó en las tetas, el clítoris, y otras partes de su cuerpo.

Ahora era Mario quien estaba descargado, sin embargo fueron unos pocos segundos los que le tomó para tener su verga nuevamente a todo dar. Ana le pidió que se la metiera. Nuevamente comenzaron apasionados besos y caricias, esta vez acostados, y él, ya una vez sobre ella, le separó las piernas. Al penetrarla Ana emitió un seco gemido con una frase de aprobación que no reconocí. Él es corpulento y alto, y eso le gustaba a ella. Unos pocos segundos después la cambió de posición, poniéndola a ella apoyada con las rodillas y los codos contra la cama, cogiéndosela de una forma que siempre me ha gustado.

Comenzó despacio pero pronto aceleró su ritmo y fuerza hasta un punto en que nuevamente Mario llegó al orgasmo. Esta vez, ya habiendo él desahogado su deseo, recordó que yo podría ingresar pronto. Ana tomó la iniciativa de fingir que me estaba llamando por teléfono para consultar si pronto regresaría a casa. Por supuesto, le dijo a Mario que yo enviaba disculpas pero que antes de una hora no regresaría.

Mario aprovechó para colmar a Ana con caricias, besos y cumplidos por lo excelente amante que estaba resultando, pero naturalmente esto volvió a encender los deseos por lo que nuevamente volvieron a coger.

Esta vez la mayor parte de la sesión fue Ana quien llevó el ritmo, estando principalmente arriba de él. Tomó quizás unos 5 minutos de constantes gemidos de parte de ella que culminaron con un segundo orgasmo para ella. Mario la volteó para quedar sobre ella y continuar con la penetración, así que unos pocos momentos después, él se regó por tercera vez.

Unos minutos pasaron y como parte de su despedida Mario le hizo prometer a Ana que este tipo de sesión se tenía que repetir. Al marcharse él, cuando Ana regresó al dormitorio, la arrinconé contra una pared, la desnudé nuevamente y su cuerpo olía a otra persona y tenía grandes manchas de semen.

Ella no me miraba, estaba exhausta y supongo que, por estar saciada de sexo, quizás avergonzada. De todos modos me hizo a un lado y se fue a duchar. Al salir del baño, sin decir nada, me sacó la verga del pantalón y me dio una gran mamada que me produjo un descomunal orgasmo. Nos acostamos prácticamente sin mediar palabras y luego de un rato la desperté, y aunque ella estaba medio dormida, y sabía que no estaba de humor, me la cogí nuevamente.

Durante los días siguientes estos recuerdos me dieron celos y absurdos reclamos pues fui yo quien la entregué, pero al final nos calentábamos dando motivo para grandes cogidas. Lo que siguió pasando entre Mario y Ana es para contar en otra ocasión, pero por ahora gracias por su atención.

Nota: Aún cuando los nombres son ficticios, lo demás es real, y ella que lee con regularidad esta página, si lee la historia la reconocerá con facilidad…

Autor: jc9876a

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Hola. Yo también soy de Costa Rica. Me encantó la disposición como pareja de darse placer el uno al otro sin los límites que nuestra particular sociedad nos impone. Mi esposa y yo también jugamos fantaseando pero no hemos llegado a pasar a los hechos… Creo que su relato le va a ayudar a decir si a lo que viene. Me encantaría saber si esos encuentros siguieron y cómo han evolucionado los juegos.
    Saludos

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