Conquistando a Sara VII

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Tras la sesión de sexo nos dirigimos los tres al jacuzzi para tomarnos un merecido descanso. Conecté los chorros a presión y las burbujas, y nos sentamos los tres, quedando yo entre Sara y Alba.

Tras unos pocos minutos de charla noté como Sara dirigía su mano hacia mi entrepierna, y comenzaba a acariciarme el pene con suavidad. Parece que aún tenía más ganas de marcha. Mi cuerpo reaccionó al instante y empecé a empalmarme, de modo que Sara rodeó mi miembro con la mano y comenzó a pajearme lentamente mientras éste se endurecía cada vez más. Alba seguía charlando como si nada, y Sara y yo disimulábamos.

Con el calentón comencé a bajar mis manos por los hombros de mis dos acompañantes, hasta llegar a sus pechos. Alba dirigió entonces la mano hacia mi pene, y comprobó que el sitio ya estaba ocupado, por lo que nos miró a Sara y a mi con sorpresa.

– Vaya, parece que hace rato que habíais empezado. Y yo aquí hablando sin enterarme de nada. Estas cosas se avisan antes – dijo con sonrisa pícara.

Me levanté para sentarme en el borde, y dirigí la cabeza de Alba hacia abajo para acercarla a mi palpitante erección. Alba abrió la boca para recibir mi polla en su interior, y comenzó a meterla y sacarla, acariciándola con su suave y resbaladiza lengua. Llevé mi mano hasta el culo de Alba, y comencé a apretujar aquellas ingreíbles nalgas, acercándome poco a poco a su coño. Mientras, Sara había llevado una mano a mis testículos, masajeándolos muy suavemente, y con la otra sujetó el pelo de Alba para que no le estorbase en su labor.

Llevé mi mano del pecho de Sara hacia su cuello, y bajé por su espalda y, bordeando su cuerpo, hasta a su pubis completamente depilado. Me miró con deseo, impaciente porque la tocase allí donde ya empezaban a acumularse sus fluidos. Acaricié con un dedo sus labios, húmedos y resbaladizos,  y subí hasta su clítoris, el cual masajee suavemente para luego bajar de nuevo para penetrarla, lo cual provocó un leve gemido por su parte.

Mientras movía mi dedo en el interior de Sara, Alba agarró mi otra mano y la dirigió hacia su propio coño. Introduje un dedo en él, a la vez que con otro apretaba ligeramente su ano. Tras unos instantes, y tras lubricarlo con sus propios fluidos, lo introduje también en su otro agujero poco a poco.

– Creo que será más cómodo que nos traslademos a la ducha. – dijo Sara mientras se levantaba contoneándose y se dirigía a ella.

La ducha era amplia, de unos dos metros por uno y medio, por lo que cabríamos los tres sin problemas, así que nos levantamos también nosotros y nos metimos en ella. Sara cogió un poco de gel se colocó tras Alba, y comenzó a extenderlo por su torso, acariciando su cuello, sus senos, su vientre y su pubis. Yo hice lo propio y, poniéndome enfrente de Alba, comencé a enjabonar la parte trasera del delicioso cuerpo de Sara, parándome sobretodo en su maravilloso culo. Mientras, aprovechaba para pasarle mi intensa erección a Alba por el coño. Tras unos minutos de jabonosas y excitantes caricias Alba se dirigió a Sara.

– Ve al dormitorio a por el lubricante, que quiero que me tu novio me folle el culo.

A Sara no le hizo mucha gracia el tono, pero se aclaró el jabón bajo la ducha y, envolviéndose en una toalla, se dirigió a la habitación.

Yo estaba tremendamente cachondo, así que mientras nos aclarábamos el jabón le di la vuelta a Alba de forma que me diera la espalda, la incliné hacia delante, la agarré de las caderas e introduje mi polla entre sus nalgas de tal modo que quedase atrapada entre sus muslos y su coño. Así estábamos cuando volvió Alba con el bote de lubricante y cara de pocos amigos.

– Te voy a enseñar modales putita, que aquí los que damos las órdenes somos nosotros y tú sólo estás aquí para complacernos, así que empieza por comerme el coño, y ya veremos si te ganas el lubricante. – Dijo poniéndose frente a ella y abriendo las piernas.

Alba se sorprendió y me miró sin saber qué hacer.

– Ya la has oído, haz todo lo que te diga. – Dije con firmeza.

Sara, una vez reafirmado su poder, cogió la cabeza de Alba y le puso el coño en la boca. Ésta comenzó a chupárselo obedientemente agarrada a su culo, mientras yo seguía disfrutando con mi polla entre sus muslos.

– Muy bien putita, no tendrás derecho a lubricante hasta que me corra en tu cara, y no sé si él podrá esperar mucho para metertela por ese culo tan poco usado que tienes, así que yo que tú me emplearía a fondo. – Dijo Sara guiñándome un ojo.

Ambos sabíamos que no se la iba a meter sin lubricante, porque ninguno quería hacerla daño, pero Sara quería que sufriese con la idea, así que comencé a pasarle la punta de mi pene por su ano de vez en cuando, lo cual la hacía esmerarse más con el coño de Sara, que ya empezaba a dar signos de estar acercándose al orgasmo, de modo que alcanzó el lubricante y comenzó a esparcirlo por el culo de Alba y a meterle un par de dedos para dilatarlo bien.

– Gracias Sara. – Dijo Alba, y rápidamente volvió a su tarea.

En cuanto Alba tuvo el culo bien lubricado dirigí mi polla a su oscura entrada, y comencé a presionar para meterla en su interior. Enseguida la tuve dentro por completo, y agarrado a sus caderas comencé a encularla. Sara empezó a gemir cada vez más alto según se acercaba el orgasmo, y agarró con fuerza la cabeza de Alba para presionarla contra su ardiente coño. Una vez que se corrió se puso detrás de mi, se agarró a las caderas de Alba y comenzó a acompañar mis movimientos con su cuerpo.

– A esta putita la enculamos entre los dos… – Dijo sin apartar la vista de aquella entrada. – Putita, ábrete bien el culo para que no me pierda detalle.

Agarré a Alba de los costados y la erguí para llegar a sus abundantes pechos y poder magrearlos a gusto mientras mi polla entraba y salía de su culo al ritmo marcado por Sara. Pronto comencé a notar las oleadas de placer previas al orgasmo, y Sara, al darse cuenta de ello, agarró mi polla y comenzó a masturbarme, sin sacarla completamente del culo de Alba.

– Te voy a rellenar el culo con su leche, putita, para que te vayas a casa con un buen cargamento de semen.

Yo no pude aguantar mucho más, y comencé a correrme en el interior del culo de Alba, que también estaba cerca del orgasmo. Una vez terminé, sin sacarla, bajé mis manos hasta su coño para acariciarle el clítoris, provocando un orgasmo inmediato que me hizo disfrutar de las contracciones de su ano, tras lo cual la saqué lentamente mientras ella apretaba el culo para no derramar mi semen.

– Gracias por esta intensa noche, y, Sara, siento haberte ofendido, no volverá a ocurrir.

– Eso espero.

Una vez que nos secamos, Alba se fue a su casa y Sara y yo nos quedamos dormidos rápidamente, después del esfuerzo realizado.

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