CONTROL REMOTO

Algún sabio dijo alguna vez que si quieres hacer feliz a un hombre en la cama dale el control de la televisión.

Margarita, mi novia deja el mismo canal durante horas (con todo y comerciales) y a mí me gusta cambiar canales todo el tiempo (puedo ver un noticiero, una película y un documental al mismo tiempo, cambiando de un canal al otro una y otra vez). Siempre peleamos (nunca en serio por supuesto) por el control remoto.

Hace unos días, llegué a casa y Margarita estaba en cama, medio dormida, mientras en la TV había un programa de decoración. Vestía ella un vestido de verano muy ligero, que le llegaba a los muslos y sin más ropa interior que unos panties blancos. Todos los pensamientos del trabajo que tenía en la cabeza se esfumaron con esa visión.

Después de ponerme ropa suelta y cómoda, me acosté a su lado haciendo el menor ruido posible y tomé el control remoto para cambiar de canal. De repente y sin aviso, Margarita me arrebata el control de la TV.

– ¿Qué haces? Le pregunté, al tiempo que me lancé sobre ella para quitarle el control.

– Tendrás que quitarme el control si quieres cambiar de canal. Contestó riendo.

Apretó el control con las dos manos, lo pegó a su abdomen y giró hasta quedar arriba de el, cubriéndolo con su cuerpo.

Me fui sobre ella y quedando mi pecho contra su espalda y mis manos buscando debajo de su cuerpo. Estuvimos forcejeando solo unos segundos, pero el contacto de mi pene con sus nalgas me provocó una erección de inmediato. Ataqué tomándole fuertemente un seno con mi mano derecha y pasándole mi lengua por su oído izquierdo (eso la excita sobremanera).

– ¡Eso es trampa! Replicó.

Se impulsó hacia atrás con codos y rodillas y dimos media vuelta hasta quedar yo debajo de ella. Claro, mi mano derecha nunca soltó su seno, pero la izquierda la disparé rápidamente debajo de su vestido en un movimiento que hubiera sido la envidia de Mac Arthur.

– ¡Espera! Vas a romper mi vestido y es nuevo. Permite que me lo quite.

Se puso de pie (sin soltar el control, por supuesto) y con un movimiento rápido pasó el vestido por su cabeza, quedando solo con sus panties (no traía sostén).

Se lanzó de nuevo sobre la cama y yo segundos más tarde me había quitado toda la ropa.

Quedamos en la misma posición inicial. Ella boca abajo y yo sobre ella, con mi pene ahora si, directamente entre sus nalgas y con una erección más fuerte que la anterior. No parábamos de reír, pero tampoco de excitarnos cada vez más.

Volví a mi ataque inicial de apretar fuertemente uno de sus senos, cuando sin aviso, pasó su mano derecha hacia atrás y agarró mis huevos con fuerza. Pocas cosas me excitan como eso. Comenzó a estrujarlos y apretarlos y un dolorcillo delicioso venía a mí una y otra vez.

– ¿Con qué a esas vamos eh? Le dije.

Y zafándome en un movimiento rápido, tomé sus piernas, le di la vuelta a ella y hundí mi cabeza entre sus piernas, haciendo a un lado su ropa interior y metiendo mi lengua en su sexo violentamente.

Un gemido de placer, largo y profundo se dejó oír al otro lado de la cama. Sabía que ese era un movimiento maestro y con eso ganaría la batalla. Y sin dejar de trabajar con mi boca, solo tuve que estirar la mano y ella, obedientemente me entregó el control.

Unos minutos después tuvo un orgasmo que le crispó hasta los dedos de los pies.

Me puse sobre ella en actitud triunfal, pero lo que venía le daría una vuelta a las acciones.

Sin dejar de mirarme fijamente, se quitó sus panties lentamente, pasó su lengua por sus labios, me tumbó de espaldas y con su lengua comenzó a recorrer mi cuerpo desde mi cuello hasta mi pene, en donde se detuvo un buen rato.

Comenzó a lamer la punta en círculos metiéndoselo hasta la mitad y chupándolo con un movimiento muy lento. Con su mano derecha apretaba y jugaba con mis testículos.

Repitió el mismo movimiento una y otra vez. Estaba a punto de venirme y ella lo sabí

a, por lo que detuvo su movimiento, se sentó sobre mí e hizo el ademán de irse de la cama. La detuve de un brazo y me le quedé mirando fijamente.

Ella sonrió, estiró su mano, le entregué el control de nuevo y regresé al cielo. Su lengua se puso a trabajar otra vez.

Segundos antes de venirme, se detuvo, se puso sobre mí y la penetré lentamente, comenzando un suave y muy lento movimiento arriba y abajo.

Mis manos iban de sus senos a sus nalgas. Sus manos iban de mi pecho a mi cuello. El control remoto ni idea en donde estaba.

Esa tarde no vimos televisión.

Autor: Víctor

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Escrito por Marqueze

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