Creo que no me he equivocado

creo equivocado

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Había llegado ese momento en que dos personas notan que se están tocando, el contacto se prolonga hasta que se hace permanente, y los dos esperan a ver quién es el primero en separarse, gesto que delatará que ha prolongado el roce más allá de lo casual.

Hacía tiempo que no coincidía Susana, la última vez fue en verano en una de esas pijoromerías veraniegas a base foodtracks y un concierto de una vieja gloría de los 80. Susana es una antigua compañera de clase con la que coincidía en alguna salida nocturna, sobre todo en Navidad y verano que era cuando ella y su marido aprovechaban para salir. En el bachillerato había sido una niña bastante mona y con el paso de los años se había convertido en una mujer atractiva con esa belleza que solo las mujeres adultas pueden tener. El caso es que, estas navidades me la encontré en un garito de la ciudad. Aun sin estar a rebosar, estaba bastante lleno, grupos de gente de diferentes generaciones hablaban y bailaban a base de música de los 80 y 90. Mientras hablaba con Susana sobre que había sido de este o de aquel, me entretenía mirando a la gente. Mayoritariamente eran grupos de entre 40 y 50 años, el resto eran gente de 30 y algún grupillo de chicas que parecían estar aun en la veintena. Me quede mirando para uno de estos grupos, eran tres chicas que debían tener sobre 26 años, se movían al ritmo de un tema de Loquillo formando un coro entre ellas y gesticulando con la letra de la canción.

– ¿Ahora te van las jovencitas?.

Me dijo Susana, al darse cuenta que no le estaba haciendo caso y que mi atención se centraba en aquel grupo de veinteañeras.

– ¿Eh?, no, no, que va

– Pues, no les quitas el ojo

– Jajaja, al verlas estaba pensando que hacen las mismas tonterías que hacías vosotras en aquella época con esta canción. Mira, os poníais en círculo, hacíais un playback chungisimo como un coro grupees histéricas.

– Jajaja, tienes razón, y algunas aun lo siguen haciendo. Mira aquel grupo de cuarentonas.

– En lo único que no evoluciona la humanidad es en la forma de hacer el gilipollas.

– Por cierto, ¿sabes quién es una de las tres?.

– ¿De cuáles?

– De las jovencitas. La morena es la hija de Julia

– ¿Qué Julia?

– Julia Sola, del colegio. Es su hija mayor se llama como ella, mi hijo estaba loquito por ella hace unos años. Menos mal que se le pasó, tener a la imbécil de la madre como consuegra no me molaba nada.

Yo la recordaba como una chica altiva y bastante prepotente. Era muy guapa, la típica más desarrollada que el resto de las chicas del colegio, tanto que tenía un novio que estudiaba en la universidad, los chicos del colegio éramos unos pobres críos que trataba con indiferencia y a sus “amigas” como lacayas. Mientras Susana me contaba las aventuras de su madre, mi mirada se cruzó con la de su hija, un par de segundos no mucho más.

Sus amigas eran las típicas chicas de clase media alta vestidas con ropa de marca, Julia en cambio iba vestida de forma más informal, pero era de ese tipo de mujer que aun vistiendo prendas informales transmite una elegancia natural. Volvió a dirigir su mirada hacia nosotros, justo en el momento en que estaba viendo para su trasero enfundado en unos jeans rotos. Le dijo algo su amiga al oído y las dejo bailando, emprendió camino hacia la barra casualmente donde estábamos nosotros. Cuando llego a nuestra altura, saludo con cara de sorpresa fingida efusivamente a Susana

– Hola Susana

– Ay, hola Julia. Cuanto tiempo, ¿Qué es de tu vida?

Respondió Susana, con la misma sorpresa e interés fingido. Una de las cosas que más me sorprende en estas situaciones, es la capacidad que tienen algunas de mujeres de mantener una conversación con alguien con quien no tiene ganas de hablar. Mientras hablaban vi que Julia era una chica de aproximadamente 1,70, morena, con unos ojos marrón verdoso, pelo por debajo de los hombros, con unos pechos redondos que se marcaban en su camisa blanca. Me recordó a la típica pija rebelde en contraste con sus amigas y su madre que eran las clásicas chicas de clase media orgullosas de serlo y exhibirse.

– Por cierto Julia, te presento a Luis. También es un antiguo compañero de clase de tu madre.

– Encantado Julia, hace años que no la veo dale recuerdos.

– Mis padres ya no salen, ya me gustaría que fuesen más como Susana y Arturo. A ver si así me dejan en paz jajaja.

– Ves que bien hiciste en no casarte ni tener hijos. Al final lo único que quieren es que les des dinero y los dejes en paz.

La conversación duro hasta que el camarero le puso su gintonic, tras lo cual se despidió Susana, de mi con un “encantada de haberte conocido, Luis”

Cuando llego junto a sus amigas empezó a sonar “Cuando Brille el Sol” de la Guardia, de nuevo la coreografía a base de saltitos y movimientos de cabeza la hizo perderse entre ellas, aunque nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión aquella noche. Una hora después los primeros bostezo me recordaban que ya no pintaba nada allí, así que me despedí de Susana y de mis amigos que tenían la típica conversación donde los casados le decían a los solteros que en su situación ya estarían follando, yo estaba ya demasiado cansado para ese debate. Me dirigí a la salida del local, no sin echar una última mirada a Julia que por sus gestos parecía que estaba enviando algún whatsapp. Al verla, pensé que algo si había cambiado, antes para ligar solo necesitabas que dejaran de prestar atención a sus amigas, hoy en día, además tenías que conseguir que dejaran de prestársela al móvil.

El caso es que la noche acabo como me esperaba, cogiendo un taxi y volviendo a casa recordando otros tiempos en que las 3 de la mañana eran casi el comienzo de la noche, decididamente ya no tenía ni el aguante ni las gansas de antes.

Acostarse relativamente temprano tiene su parte positiva, me levanto y desayuno en la cafetería que hay debajo de casa leyendo a la prensa y cotilleando en mis redes sociales. Y así empezó aquel sábado víspera de nochevieja, con un café acompañado de pan tostado con aceite y jamón cuando una notificación me avisa de que Juliaysuscosas me acaba de seguir en Instagram, algo me dijo que era ella.

Ese fue el inicio de un continuo cruce de mensajes sobre la música y la cultura de los 80. Julia era una chica inteligente sabía captar mi atención con preguntas y opiniones. Me deje llevar por ella y la falsa creencia de que solo era conversaciones inocentes en una red social, pero solo dos días después nos citamos en el casco viejo, una zona de pequeños locales donde el vino y las tapas son el principal atractivo. Llegue con 15 minutos de retraso debido al intenso tráfico con motivo de las fiestas navideñas, al llegar recorrí la plaza con la vista hasta que la vi. Allí estaba Julia vestida con chaqueta vaquera celeste desgastada, una camisa de seda blanca y una minifalda de gasa negra. Me acerque a ella y al verme guardo el móvil en su bolso.

– ¿Eres así de puntual con todas tus citas?

– Jajaja, ¿esto es una cita?, pensé que era una especie de entrevista para tu blog. Lo siento, el tráfico esta insufrible y el parking estaba completo, tuve que esperar a que quedase alguna plaza vacía

– Jajaja, eso se lo dirás a todas tus entrevistadoras. Ven vamos a un sitio que allí podremos hablar con tranquilad.

Me cogió por el brazo y me fue guiando por las calles estrechas del barrio, me encontraba un poco extraño en aquella situación no tenía claro de qué hablar con una chica de esa edad. Así que opte por seguirla y dejarla hablar a ella. Durante el trayecto Julia me hablaba de sus proyectos.

– Aquí es, vamos entremos

Abrí la puerta y la deje pasar, era un local muy pequeño por lo que una sola estufa lo mantenía a una temperatura agradable. Las mesas eran unos barriles, salvo dos planchas de madera que a modo de mesas salían de la pared, una de estas fue la que escogió, se sentó en uno de los taburetes y yo en el que quedaba, quedamos uno enfrente del otro, de tal forma que si cruzaba mis piernas sus rodillas rozaban mis muslos. En aquel momento supe que estaba jodido.

Mi mirada empezó a desviarse con demasiada frecuencia hacia sus piernas cubiertas por unas medias negras trasparentes y unos calcetines negros hasta las rodillas. Cada vez que nuestras piernas entraban en contacto tardábamos más en separarlas, hasta que ya no se separaron. Había llegado ese momento en que dos personas notan que se están tocando, el contacto se prolonga hasta que se hace permanente, y los dos esperan a ver quién es el primero en separarse, gesto delatará que ha prolongado el roce más allá de lo casual. Sin separase, Julia decidió romper el silencio que se produjo

– Tengo una colección de discos de la época que te gustaría. Cuando estudie en Madrid los fui comprando en pequeñas tiendas de segunda mano. Nada que ver con esas horribles recopilaciones actuales. Me gustaría que los vieras podemos ir ahora, vivo aquí al lado.

– ¿Sabes que si vamos a tu casa podemos acabar follando?

Por su gesto deduje que no se esperaba aquella respuesta, pero no tardó en reaccionar.

– Si, ya lo sé.

– ¿Es eso lo que quieres?

– No lo descarto

Nuestras piernas seguían pegadas, ese punto de fricción era imprescindible para mantener esa conversación con esa sinceridad.

– No eres una niña, pero te doblo en edad

– Mira, no me voy a enamorar de ti, no me estoy vengando de mi madre, no soy ninguna pija caprichosa con complejo de Electra. Créeme, no suelo levantarme la falda con esta facilidad.

Se quedó mirándome en silencio, y siguió

– No puedo negar que la situación me da morbo, un hombre de 50 años además excompañero de clase de mi madre. Aquella noche al acostarme me acaricie pensando en esta situación, después ya fue todo seguido, instagram, whatsapp y hasta hoy.

El trayecto fue corto, en silencio, la lluvia hacia que se pegase a mí, lo que hacía sentiese el calor de su cuerpo mientras caminábamos. Llegamos a la puerta de su apartamento que estaba en el mismo casco viejo en unos edificios reformados. Nada más entrar se dio la vuelta y me beso. Al cabo de unos segundos se separó y me dijo

– Creo que no me he equivocado, allí está el salón ponte cómodo, yo iré por una botella de vino.

El salón estaba decorado con buen gusto, pocas cosas pero escogidas un sofá chaise longue frente a una mesa baja y una pantalla leed eran los principales muebles de aquel salón.

– ¿Te gusta?

Pregunto Julia, entrando en el salón vestida únicamente con la camisa blanca bajo la cual se veían unas braguitas rosas estilo cullote. Se fue acercando a mí hasta que las tuve a un palmo de mi cara

– Mucho

Dije, mientras mis manos recorrieron sus muslos hasta llegar a su cintura moldeando cada curva de su cuerpo, lentamente fui bajando sus braguitas hasta sus rodillas, su sexo apareció ante mi desnudo, mis dedos acariciaron los escasos pelos que adornaban su pubis, era suave y desprendía ese aroma que muchos perfumes intentan imitar pero no ningún perfumista ha logrado todavía.

– Me gusta cómo me acarician tus dedos, sin prisas, sin dudas y certeros

Separe sus piernas con mis manos, lo que hizo que sus braguitas quedaran a la altura de sus tobillos. Situé mis dedos en el inicio de raja deslizándolos para abrir sus labios que empezaban a humedecerse. Lo bese delicadamente a lo que Julia respondió con un profundo suspiro. Mi lengua empezó a recorrer cada pliegue de su labios, la entrada de su estrecha vagina y su clítoris seguí así durante nos minutos hasta que con sus manos me obligo a parar.

Me pidió que me levantase, busco la hebilla cinturón para desabrocharlo, y siguiendo el mismo ritual que anteriormente había practicado yo con ella, recorrió mi polla con su mano por encima de la tela de mi calzoncillo, después los bajo lentamente hasta que quedo liberada a la altura de su boca, sin ayudarse de sus manos la introdujo en la boca. Sus labios y su lengua fueron humedeciendo cada centímetro de mi miembro. Me miro y me pidió que me tumbase,  se reclino sobre mí sin dejar de mirarme, esta vez, la cogió con su mano y fue deslizando suavemente la piel que cubre mi glande, a la vez que con su otra mano acariciaba lentamente mis testículos.

De fondo sonaba Dreams de The Cranberries, el placer que estaba recibiendo, ayudado la melodía del tema, hizo que cerrase mis ojos. Volví a sentir la humedad de sus labios en mi sexo, bajando suavemente para después volver a subir, allí su lengua recorría mi capullo sin sacarla de su boca, cuando notaba que mi excitación había llegado casi a su tope, se relajaba y acariciaba mis testículos mientras me miraba.

Mucha gente piensa que en el sexo oral como algo depravado o humillante, nada más lejos de la realidad. En el sexo oral se produce una mezcla entre sensaciones reales y oníricas, donde quien lo ejecuta tiene el total control sobre el que lo recibe. Julia lo sabía, así que cuando mi respiración se empezaba a relajar, la volvía a meter en su boca succionando ayudándose con suaves movimientos de su cabeza que me volvían loco

Sus ojos me miraban, obligándome a mantener su mirada, mientras recorría mi glande con su la lengua jugando con los fluidos que salían, después volvía a meterla en la boca y bajaba por el tronco venoso de mi polla, oprimiéndola con sus labios para ejercer más presión.

La suavidad de sus labios, lo carnoso de su boca y unas pequeñas mordidas hacían que mi excitación subiera a lo más alto. Sabía que no podía aguantar mucho más, así que intente que se retirase pero ella se resistió y acelero paulatinamente el ritmo de la mamada, sus labios presionaban el tronco de mi polla recorriendo cada centímetro, chupándolo cada vez más fuerte. Sentí que ya había perdido el control que me iba a correr, quise retirar su boca, pero Julia me lo impidió con un movimiento de su cabeza y oprimiendo mi glande con su boca, en ese momento llego mi primer espasmo, seguido de varios más. En ningún momento retiro su boca ni se movió, espero a que mi cuerpo dejase de vibrar y cuando noto que ya estaba relajado recorrió por última vez mi polla con sus labios, las saco de su boca y se levantó.

Al cabo de unos pocos segundos volvió sonriendo, mirándome con cara de “te he vencido” se tumbó a mi lado, su mano recorrió mi pecho y mientras sus dedos se enredaron en los pelos de mi pecho, se acercó a mi oído y me dijo

– Creo que ha sido la mejor mamada de mi vida, por lo menos la que más he disfrutado y sé que tú también la has disfrutado. Te tenía a mi merced, podía mover los hilos de tu placer a mi antojo. Yo decidía cuando debías estremecerte de placer y cuando no.

Nos besamos apasionadamente, mientras mis manos se deslizaban sobre su cálida y suave piel. Ella se pegaba a mí, podía notar el roce de sus pezones en mi pecho, sentir su aliento sobre mi hombro y sus manos en mi espalda. Este conjunto de sensaciones hizo que miembro volviese a endurecerse y empezase a rozar su barriga.

– Vaya con el señor mayor, parece que ya está usted dispuesto para otra sesión. Pero me apetece tomarme un vino antes. ¿Por qué no vas a la cocina a coger un par de copas?

– Vale, tú descansa que ya has hecho un gran esfuerzo.

Hay muchas cosas excitantes en la vida, y una de ellas, es ver a tu pareja desnuda con una copa vino en la mano, y esa era la situación, yo desnudo y Julia su copa sobre sus pechos mientras sus dedos jugaba con los pelos de mi barba.

– Solo tienes canas en la barba, en cambio tu pelo es negro. Eso me atrajo de ti la primera vez que te vi en aquel antro. No sé por qué, pero me puse cachonda cuando te pille mirándome el culo.

– ¿Me pillaste mirándote el culo?

– Si, tú no te diste cuenta. Cuando te vi hablando con Susana, sentí curiosidad por saber quién era aquel señor mayor con pinta de profesor que me miraba el culo.

Cuando acabo su copa la puso sobre la mesa, al reclinarse sobre mí para hacerlo, su pezón quedo a la altura de mi boca y lo empecé a besar suavemente, note como su piel reaccionaba a mis labios.

– Me gustan tus labios carnosos y húmedos. Vamos al dormitorio estaremos más cómodos. No tenemos prisa, ¿no?

Se levantó, se acercó al equipo de sonido y empezó a seleccionar algunos temas. Yo me dirigí a lo que supuse era el cuarto de baño, necesitaba mojarme la cara, si esto era un sueño, eso me despertaría. Cuando entre en el salón sonaba Black Flowers de Chris Isaak pero Julia ya no estaba allí, camine hacia el dormitorio, al entrar la vi arrodillada en el suelo con la cabeza hundida en la colcha y moviendo su trasero, pensé que era un juego para volver a excitarme, y vaya si lo consiguió. Como aún no se había dado cuenta de mi presencia, me acerque por detrás y la penetre de una sola embestida. Al hacerlo lanzo un gemido de placer a la vez que se giraba, en ese instante me di cuenta que con una mano sostenía el teléfono pegado a su oreja.  Intente retirarme, pero ella echándose hacia atrás impidió que me saliese y mi polla se clavó profundamente, así empezó una serie de movimientos por su parte que hicieron que mi polla entrase y saliese de su coño. Mientras seguía con la conversación telefónica.

– Pues no lo sé, no sé donde habrán ido

– No me digas que no es extraño

Nuestros movimientos empezaron a acelerarse, notaba como le costaba mantener la conversación, hasta que un gemido muy sonoro salió de su garganta.

–  ¿Julia, te pasa algo?, ¿Qué ha sido eso?

– Nada, mama es que me he dado un golpe

Cuando oí la palabra “mama” me quede petrificado, a lo que ella respondió acelerando el ritmo, al ver su reacción mi morbo se disparó, volví a embestirla, el deseo me cegaba en esos momentos. A la tercera de mis embestidas. Julia volvió a gemir esta vez de forma más escandalosa que antes.

– ¡¡¡Julia!!! ¿Pero qué estás haciendo? ¿Qué son esos gemidos?

– Nada, nada mama… joder me voy a correr no pares, no pares ahhhhhh

Aún con la respiración entrecortada producto de su orgasmo, Julia se separó de mí, se dio la vuelta y se tumbó rendida sobre la cama, a su lado estaba su móvil del que salía oía una voz lejana llamándola a gritos

– ¿Julia?, ¿Julia estas ahí?, Julia contéstame, ¿Qué ha sido eso? ¿Quién está contigo?

Con los ojos cerrados busco el teléfono y lo apago.

Continuará…

Me gustaría como siempre conocer vuestras opiniones sobre el relato…

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Escrito por soloturelatos

Me gusta escribir, me gusta imaginar, me gusta tocar, me gusta saborear. ¿Y a ti que te gusta?

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