Cuando quieras Bertita

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Con sus piernas me abrazó por la cintura, sentí que iba a terminar, pero me salí de ella y le dije que se pusiera en cuatro, primero no entendió, pero la rodé y le acomodé las piernas, después ella levantó su tronco, quedando al vacío sus tetas, la volví a penetrar y Berta aulló, ahí me mostró su culito, que aunque no estaban coronadas por abundancia de nalgas, estaba cerradito, casi sellado.

Hola, les traigo otra experiencia, ahora les hablaré de Berta, la señora que le ayudaba en las labores a mi abuela materna, y digo ayudaba porque ya tiene tiempo que no trabaja con ella, Berta es de esas mujeres de la sierra de Puebla en México, que son de rasgos fuertes, morenas y delgadas, correosas como decimos por acá, curtidas por el trabajo duro toda su vida, de carácter recio, pero tímida en la relación personal, siempre sin dar mucho pie a la confianza.

Berta como dije es morena, pelo largo casi a la cintura siempre amarrado en una trenza larga, de aproximadamente 35 ó 36 años, pero el trabajo y su vida personal la han avejentado pareciendo de más de 50, su cuerpo es normal, delgada sin muchas pretensiones, casi nada de caderas, y sus pechos grandes, pero caídos, bueno después de 6 hijos que se puede esperar, en resumen si te topas en la calle con ella difícilmente te llamaría la atención como para levantártela y llevártela a un hotel, pero en esa ocasión un servidor estaba que me llevaba el demonio de la tremenda calentura que me cargaba y por más pajas que me hacia mi fiel compañero no encontraba la paz y todo debido a cabrona que me traía loco en la escuela y no más no aflojaba el cuerpecito.

Esto sucedió hace años, tenía yo como 20 años y estaba en el tercer año de la carrera, llegué a casa de mi abuela pues me quedaba más cerca de la escuela que de la casa de mis padres, así que arreglé para poderme quedar con ella entre semana y los fines me trasladaba a mi casa, mi abuela como buena “samaritana”, se la pasaba varios días a la semana en la iglesia haciendo sus obras de caridad (echar relajo con sus amigas, eso era realmente), y se la pasaba con ellas toda la tarde hasta las 9 ó 10 de la noche casi a diario, una tarde de esas llegué y me recibió Berta como siempre, -¿Cómo esta jovencito?, ¿quiere un vaso de agua?, a lo que respondí afirmativamente pues el calor de mayo era insoportable.

Me quedé viéndola sentado en el ante comedor de la cocina mientras me servía el vaso con agua, traía una de esos vestidos hechos de manta con bordados muy de la zona de donde viene, pero la tela ya acusaba un desgaste de tantas lavadas y se transparentaba un poco, me di cuenta que solo traía las bragas y no usaba sostén, de hecho nunca lo usó, ante el trajín de ir por el vaso y servirme me quedé hipnotizado viendo sus bamboleantes tetas, me sacó de mis pensamientos cuando me dijo, aquí está su agua, ¿en qué piensa joven?, ¿se quedó dormido?,- (riéndose), le contesté, no Bertita, me le quedé viendo- y a lo que contestó, y que le ve a este viejo pellejo de mujer, y se retiró.

Me fui a mi cuarto, me desnudé y comencé a sacudirme la polla de costado, de pronto se abre la puerta, era Berta, me hizo voltear y me quedé paralizado, me dio mucha vergüenza, me tapé con una almohada y le pregunté que hacía parada ahí viéndome.

Ella con una sonrisa me dijo:

-Ahhhhhyy joven, como si no hubiese visto muchos, tengo 5 hijos y tuve marido, pero la suya es muy bonita, sin pelitos, por eso me le quedé viendo, pero ya me voy, solo le vine a avisar que ya está la comida-, le dije que esperara y me paré como de rayo, no podía desaprovechar una oportunidad, le dije, ¿de verdad se te hace bonito?- ella respondió, si, parece niño.

La agarré por la mano y la puse sobre mi polla y ella la retiró al momento, me dijo, ¿qué hace joven?, yo no puedo. se dio la vuelta y se dirigía a la sala, salí detrás de ella y la tomé por la cintura y mi polla ya erecta se la recargué en la cola.

Ella insistió, joven, yo no puedo, ¿que va a decir su abuela y sus padres?, a lo que dije -¿y porque lo tienen que saber?-, ella seguía forcejeando mientras mi polla seguía restregándose en sus nalguitas, ella empezó a dejarme hacer, ella me dijo, pero joven, ¿cómo cree que una vieja como yo, va a fornicar con usted?, me gusta no lo niego, pero solo en mis sueños más locos me imaginé esto- le pregunté, ¿desde cuando no cogés Bertita?- ella respondió, desde que mi viejo se fue a los Estados Unidos y ya no regresó, como 5 años, mi polla no se detenía de acariciar esa colita aguadita y menuda, le dije, ven, acuérdate como era.

La llevé sin soltarla a mi recámara y ya dentro le quité el vestido de un solo movimiento, dejó ver un cuerpo decadente, con pancita y las tetas caídas y como dije poquita cola, pero mi calentura pudo más que la visión, como decimos por acá, hoyo aunque sea de pollo, la abracé y empecé a besarla por el cuello, mi manos fueron a esas magras nalgas, empecé a acariciarlas, estrujándolas y empujándola contra mi, ella se dejaba hacer totalmente, le quité las bragas mientras iba besando esas tetas colgadas y me detuve para levantarlas con las manos y besarle los pezones, se los mordía, los besaba, los chupaba queriendo comerlos completamente.

Ella empezó a escurrir por su sexo hilitos de flujo, estaba súper caliente, me dijo, ya cójame jovencito, siento caliente mi concha, la acosté sobre la cama y en lugar de penetrarla me dirigí a su concha, y empecé a lamerle su labios, ella gemía, me decía que no lo hiciera, pero no tomé en cuenta sus comentarios, la penetré con mis dedos y mientras chupaba y mordía delicadamente su clítoris me dediqué a darle dedo sin piedad.

Berta empezó a gemir y a gritar, hasta que le llegó su orgasmo, cada vez que metía mis dedos en su vagina emanaban reguerillos de flujo, blanco y cremoso, la jalé hasta la orilla la cama y la penetré, no hubo dificultad alguna, la penetré hasta el fondo, ella gimió y alocadamente empecé a penetrarla sin piedad, sus tetas se movían sin ton ni son hacia los lados, con sus piernas me abrazó por la cintura y me empujaba para entrar cada vez más rápido, sentí que iba a terminar, pero me salí de ella y le dije que se pusiera en cuatro, primero no entendió, pero la rodé y le acomodé las piernas, después ella levantó su tronco, quedando al vacío sus tetas, la volví a penetrar y Berta aulló, ahí me mostró su culito, que aunque no estaban coronadas por abundancia de nalgas, estaba cerradito, casi sellado.

Mientras la estaba taladrando le empecé a acariciar su culito, y ella apretaba sus escasas nalgas, estaba salida, abría la boca como si le faltara aire, empecé a penetrarle más rápido en cada vez, me volteé con ella de lado y así la estuve penetrando por algunos minutos, al haberme pajeado minutos antes no sentía aún ganas de eyacular.

Berta empezó a entrar en otro orgasmo cuando mis dedos acariciaban su clítoris y mi verga entraba y salía de su culo, empezó a gemir fuerte y se vino en mis dedos, yo empecé a sentir mi eyaculación venir y aceleré el paso, ella no terminaba de tener su orgasmo, cuando me vacié en su cola, eso le prolongó el orgasmo, al sentir mi leche caliente vaciarse en sus entrañas, nos quedamos así un rato, ella acariciaba mis nalgas y se pegaba a cuerpo como permitiendo que entrara más adentro de ella, volteó la cabeza hacia mi y me dijo – Gracias, joven.

Después de algunos minutos de acariciarnos, ella se zafó de mi verga y la acarició con la mano, tomó su ropa y se fue así, desnuda a su cuarto, yo me metí a bañar y al salir me avisó que la comida ya estaba caliente nuevamente, fui a comer, mientras comía ella me dijo – me dolió, pero me gustó-, dibujé una sonrisa en mi rostro y le dije -cuando quieras Bertita-, ella con una sonrisa pícara me rebatió -se va a cansar joven, así que aliméntese bien.

Después de esto pasó unas cuantas veces más, una de ellas estado mi abuela ahí, creo que nunca lo supo, pero para saber, después de un año ella se regresó para su casa y mi abuela contrató a otra niña, que por cierto esa si estaba buena, después les cuento de ella.

Autor: Raza de Bronce

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Escrito por Marqueze

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