CUMPLIENDO SUS FANTASIAS

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Soy una chica de 29 años que después de mucho vagar y tras haber tenido alguna que otra relación más o menos satisfactoria, he encontrado al hombre de mi vida. Nuestra relación esta basada en amistad y confianza, humor, ternura y, por supuesto, una sexualidad desbordante, que intentamos hacer que sea diferente cada día.

Nos une nuestra afición por los juegos eróticos y el morbo y a la hora del sexo estamos abiertos siempre a probar cosas nuevas. Y ya paso a contaros una de las noches más fantásticas junto a él.

Todo empezó una mañana de sábado. Me levanté con desgana y tras una ducha rápida salí de casa a hacer unas compras. El no quiso acompañarme ese día con la excusa de no sentirse bien así que me marché. En la tarde me fui a dar un largo paseo con nuestra perra para relajarme un poco y a las 2 horas más o menos recibí su mensajito pidiéndome que regresara, que me echaba de menos.

Al entrar en casa olía riquísimo a comida, pero al mirar hacia la cocina estaba todo tal y como yo lo dejé, así que no le di mayor importancia. El me esperaba tras la puerta del salón para estrecharme en sus brazos y regalarme esos dulces besos que tanto me gustan y tras un ratito de ronroneo me dijo que me tenía preparado el baño para que me terminara de relajar. ¡Fue divino! Sales, bien de espuma, velitas, incienso y pétalos de flores en la bañera, tal como a mí me gustaba…

Me ayudó a desnudarme y entrar en la bañera y cerró la puerta tras él al salir. Tanto me relajé que me quedé dormida pensando en que habría hecho yo para merecerme el hombre que tenía. No sé cuanto tiempo pasó hasta que mi dulce adonis volvió a por mí, solo sé que en ese momento tuve más claro que nunca que se lo merece todo… -¿Te pondrás elegante para mí esta noche?- me preguntó con el brillo de la lujuria en sus ojos.

Supe que tramaba algo, porque al entrar al dormitorio encontré la ropa que quería que me pusiera. Nada de lo que escogió me sorprendió, en especial la ropa interior: corsé de liguero con tanguita en rojo a conjunto, medias negras de seda, un vestido negro ajustado de escote palabra de honor que dejaban mis hombros completamente descubiertos y mis sandalias de tacón altísimo. Yo soy bastante normalita: 1,60 de estatura, pelo a mechas por los hombros, 95 de pecho que son mi orgullo, blanquita de piel y ojos grandes, marrones, de largas pestañas. Después de 2 embarazos aún me conservo bastante bien y con todo en su sitio, así pues, como toda mujer cuando me arreglo gano mucho.

Esa noche en especial, ante la incertidumbre de lo que me esperaba, estaba radiante. Mi imaginación volaba en busca de respuestas haciendo que mi excitación aumentara hasta límites insospechados. Estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera me percaté de lo que sucedía a mi alrededor. Al salir ya lista para “la sorpresa” le vi a él… ¡estaba espléndido! Su maravillosa sonrisa me esperaba ante la puerta del salón. El mide 1.90, 90 Kg. aproximadamente, moreno de piel y pelo, y con unos ojazos marrones que me quitan el sueño. Quizás me ciegue el amor que siento por él, pero estaba por arrancarle el traje en ese mismo momento.

Abrió la puerta dándome paso como todo un caballero y vi todo lo que me había preparado: más velitas, incienso, mi música favorita de fondo creando ambiente y la mesa preparada como en un restaurante de 5 tenedores. En ese momento sentí tantas cosas que no podría definirlas con palabras… Después de la deliciosa cena en la que más que comer la comida nos comíamos con la mirada el uno al otro, por mi mente cruzaron varias ideas para pagarle de algún modo todo lo que estaba haciendo por mí. Esto me ponía en un dilema: mi deseo me pedía sorprenderlo y mi cabeza intentaba frenar mis impulsos para no interferir en su plan… Y como no… Ganó mi deseo…

De postre puso

unas copitas de helado, mi mejor aliado para subir su temperatura hasta hacerle delirar de placer, y sin pensarlo dos veces llevé la cuchara a mi boca sin dejar de mirarle con picardía y lamí igual que haría con su polla. Eso le pone a cien, y mientras él disfrutaba del espectáculo yo seguía en mi afán de hallar algo que lo dejara alucinado…

Me fui hacia el equipo de música, puse Tizziano Ferro, en concreto una canción que me pone a mil revoluciones por segundo, y empecé a bailar para él. Una de sus fantasías era que yo le hiciera un striptease y yo le daba largas una y otra vez. Me aterrorizaba quedar ridícula ante él. Pero vi como acariciaba su polla por encima del pantalón y comprendí que por muy mal que lo hiciera él no lo tendría en cuenta, hice amago de bajar mi vestido y se mordió el labio de tal manera que casi se queda sin él. Aquel gesto me dio la confianza necesaria para seguir sin preocuparme por nada más.

Bailé como nunca, me meneaba y gozaba mi cuerpo por el suyo como una gata en celo. Aquello se convirtió en una pequeña lucha porque sus manos buscaban apresar mi cuerpo y yo huía para no dejarle. Le até las manos tras la espalda demostrándole quien mandaba allí a partir de ese instante.

Sus ojos salían de las cuencas a cada prenda que me quitaba y su polla dura y caliente empezaba a emanar sus jugos atravesando ya la tela del pantalón…Sufría a la vez que disfrutaba del espectáculo de verme contonear ante su atenta mirada. Me despojé de casi todo, quedando únicamente con mi tanguita mojado, las medias y los zapatos. Volví a su lado para torturarle un poco más, me rocé de espaldas a él, algo agachada, dejándole mi culito y mi rajita a la altura de su boca. Pudo rozarme con su húmeda y ardiente lengua haciendo que por un momento perdiese el norte y me dejara llevar por aquella placentera sensación, pero mi propio gemido me sacó del trance haciéndome reaccionar y continué bajando negándole la degustación de mis mieles. Me fui rozando por su pecho hasta quedar sentada en su duro miembro.

Estaba más duro que nunca, temblaba y por su voz entrecortada por el deseo incontrolable entendí que era hora de calmarle un pelín. Le fui abriendo su camisa mientras le besaba como una posesa…Ahora te toca a ti desnudarte… ¿qué tal si te ayudo?No hablaba, solo gemía a cada roce de mis manos por su torso desnudo y febril. Fui degustando su cuerpo mientras lo liberaba de la incómoda presión que sentía su verga. Esta salió disparada, quedando tiesa ante mi insaciable mirada. Seguí besando y mordiendo por la parte interna de los muslos hasta que decidí dejar la tortura por un momento y me tragué toda su polla…

Que cruel eres…. – decía entre gemidos- que bien la chupas…A los pocos minutos me decía que parase, que se iba a correr, pero yo seguí en mi empeño mordiendo suavecito sus huevos mientras mi mano seguía masturbándolo y al fin se corrió.

Volví a beber de sus dulces labios dejándole disfrutar del momento y cuando volvió en sí me fui hasta el sofá, me tumbé abriendo por completo mis piernas, retiré a un lado el minúsculo tanguita y empecé a masturbarme para él con un dildo estupendo que aún no habíamos estrenado. Él no perdía detalle y a los pocos minutos volvía a estar su verga en posición de combate. Estaba viendo cumplida otra de sus fantasías: verme dándome placer ante sus ojos. Ya cuando a punto estaba de correrme le hice arrodillarse ante mí para que continuara con su lengua el trabajito que habían comenzado mis manos. Las suyas aún estaban atadas a su espalda.

Arrodillado entre mis piernas su lengua jugueteó con mi rajita, con mi clítoris, mi culo, el vibrador seguía en mis entrañas clavado hasta el fondo y sin poder contenerme mucho tiempo me entregué a uno de los mejores orgasmos de mi vida hasta ese momento, apresando su cara entre mis piernas por las convulsiones que sacudían mi cuerpo y bañando su boca de mis dulces jugos, que él bebía con devoción.

Tras reponerme un poco le solté las manos y a partir de ese momento dejé que el resto de la noche hiciera conmigo lo que quisiera…. Pero eso ya es otra historia.

Autor: Simdol

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Escrito por Marqueze

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