De putita con el señor plomero

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Hace unos meses, mi madre me comentó que durante la semana vendrían reparar una gotera que había en una de las cañerías de la casa. Yo no le tomé mayor importancia y sólo le contesté que no había problema, que si es que iba el plomero durante el día (tiempo en el que quedo solita en casa) estaría yo ahí para indicarle dónde arreglar.

Era día miércoles y me levanté tipo 10 de la mañana, tomé una ducha y cuando me iba a vestir, pensé que como estaría solita podría dar rienda suelta a mi deseo de vestir como mujercita durante el día. Me sequé y busque algo de ropa en los closets de mi casa: tomé un sostencito de mi hermana que era blanco con unas florcitas rosadas muy lindas que calzaban casi perfecto a mis tetitas, unos colaless rosaditos también pero que en la parte de atrás eran como dos hilitos que quedaban metidos en el culo, una faldita que me llegaba hasta media pierna rosadita clara, una polerita blanca que quedaba sobre mi ombligo y completaba el trajecito un par de zapatitos de tacón blanco. Fui a la pieza de mi madre y me maquillé, puse un labial rosado en mis gruesos labios, un poco de rimel y algo de rubor en mis mejillas, todo muy suave. Tomé también unas extensiones en forma de trenza que tenía en su cajón y las puse en mi cabello (que tenía algo largo, por el hecho de ser vacaciones) una a cada lado. Me miré en el espejo grande que tiene tras su puerta y vi a una nenita muy linda pero con una cara de zorrita y quedé maravillado de lo bien que me veía y hasta empecé a fantasear con salir algún día así a la calle y pasar desapercibida como hombre, más no como putita.

Puse un poco de música y comencé a ordenar mi habitación, ordene mis discos, mi ropa, etc. Estuve en eso un par de horas cuando suena el timbre… corrí a abrir pero al llegar a la puerta me doy cuenta de que estaba con una ropa que no era la mía. El timbre sonaba insistentemente…

¡Señora, vengo de pasadito, ando algo apurado porque tengo otra pega! – dijo de repente el sujeto que al otro lado de la puerta.

Ahí recordé lo que dijo mi mamá sobre la visita del plomero. Yo vestidita así y ese hombre afuera gritando que estaba algo apurado… En eso pensé que quizás esta era una oportunidad para ver qué tan nena me veía… total era un sujeto que no me había visto nunca. Pero por otra parte era peligroso pues si no lo parecía, capaz que el sujeto me diera un golpe, le dijera a mis padres o quién sabe qué. Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese instante (todo fue muy rápido, no más allá de 2 o 3 minutos). Lo caliente que me puso el pensar que me confundiera con una jovencita hizo que ganara mi parte más puta y me atreví a abrir la puerta con la ropa que llevaba.

En el trayecto de la puerta ensayé mi voz y mis movimientos más femeninos y creí que saldría todo bien… el plomero entraría, arreglaría la llave mala y se iría sin más problema.

Hola – dijo el sujeto cuando abrí la puerta. Mi corazón latía a mil de los nervios.

Hola – le contesté con la voz más fina que pude

Soy el plomero, tu mamá me dijo que viniera a arreglar una gotera que había

Sí, me lo dijo, pase – seguía tan tensa de no saber si estaba haciéndose el tonto o de verdad pasé como Lolita

¿Usted podría decirme dónde está la cañería rota, señorita?

Yo respiré algo aliviada… ¡me confundió con una jovencita!… sonreí y le indiqué donde era… le dije que si le importaba que me quedara en la cocina (lugar donde estaba la gota) tomando desayuno mientras él hacía su trabajo.

-No importa señorita- me dijo con algo de coquetería aquel sujeto.

-¿Cómo se llama usted? – pregunté

-Carlos, pero me dicen Charlie, ¿y tú?

– Fran… ¡Francisca! – le contesté sonriendo

-Bueno Francisca, yo tengo que hacer lo mío

– Adelante señor – le contesté y fui a preparar mi taza de café

Me senté en la mesa de la cocina y me crucé de piernas, como una señorita. Y pude darme el lujo de mirar al hombre que estaba ahí, a unos metros de mi y solos, los dos, en mi casa. Debe haber tenido unos 35 años, era alto, como 1.90, macizo, en realidad era como un tipo grandote… no tenía barba, pelo corto tipo militar. Vestía unos jeans, unas zapatillas y una polera blanca. Traía un cajón de herramientas que puse en el sitio donde trabajaría.

Se arrodillo en el suelo a mirar y al ver la gota caer dijo “ya la encontré”. Se tiró de espaldas al suelo y pude notar un maravillo paquete entre sus piernas. Tenía un poco de barriga, aunque la verdad era muy poco. Sus brazos eran enormes y sus piernas también.

Yo estaba alucinada con la vista que tenía desde donde estaba sentadita.

Terminé mi desayuno y me levanté para dejar lo que había ensuciado en el lavaplatos… además para poder mirar un poco más cerca de aquel machazo que estaba tirado en mi cocina. Quedé paradita a unos centímetros de él y de reojo miraba su paquete. De repente, escuché caer unas herramientas y golpear contra el suelo, salió un chorro de agua disparado en todas direcciones y él salió muy rápido de donde estaba. Fue a cortar la llave de paso y volvió.

Como creía que era sólo apretar la cañería, no pensé que habría que cortar el agua, te pido me disculpes – me dijo

No se preocupe, yo limpio – le dije amablemente

Mira cómo he quedado – miró su polera y efectivamente estaba toda empapada en agua y parte de su pantalón – ooh, mira como te he dejado a ti – agregó mirando mi faldita.

Efectivamente había mojado un poco la faldita que llevaba… la situación era extraña: por un lado era algo tenso todo, pero por otro era bastante hot. Pensé que sería una buena oportunidad para ver si era peludito de torso y mirar a semejante hombre sin su polera.

Dame tu polerita, te la secaré un poco – le dije

No te preocupes, se seca sola- me respondió

No es ningún problema para mi, tenemos secadora y estará lista en unos 5 minutos – le insistí

Mmmm, bueno pero espero que no te sientas incomoda con esto ni se preste para malos entendidos

Jajaja – reí

Es que tú sabes como están las cosas hoy, y más encima tú eres tan nena – dijo algo preocupado.

Nooo, si tengo 18 ya… tan nena no soy y además es sólo para que no te vayas a enfermar, tonto – coqueteé un poquito

Me pasó su polera y pude ver su pecho desnudo: era como lo había imaginado, muy peludito y tenía algo marcados su pectorales, una barriguita leve que lo hacía mas atractivo aún.

Tomé su ropa y la lleve a mi secadora y la puse ahí. Le dije que estaría lista en algunos minutos y si quería podía pasar al sofá mientras terminaba. Él aceptó y nos fuimos al sofá a conversar un poco.

-¿Tú que haces? – me preguntó. Yo no respondí pues estaba muy concentrada en mirar a aquel hombre que tenía frente a mí – oye, ¿a qué te dedicas? – me volvió a preguntar

-Ah yo… emmm… estudio… pero salí este año – le contesté

– Ahhh… yo tengo 36 (más menos lo que yo había pensado) pero cuando tenía tu edad aún estaba en el cole… ufff…… lejos lo mejor de ahí eran las chicas. Claro, porque en las materias no daba una.

– Jajaja. Y ¿cómo eran tus compañeras? – Pregunté- de seguro te iba muy bien con ellas – agregué

– Sí, me iba bien… del curso que eran como 20 niñas, debo haber atinado con más de la mitas… pero ninguna era tan linda como tú

Me puse algo coloradita por su comentario y di unas carcajadas de nerviosa.

-Disculpa mi comentario, pero eres muy guapa tú – repitió

-Gracias, tú tampoco estás mal – le dije riendo, para que la situación no fuera tan incómoda

– Deberías ir a cambiarte ropita también, no te vayas a enfermar tú – me dijo

-Tienes razón, ya vuelvo- le dije y me fui a la habitación

Fui al dormitorio de mi hermana a buscar una faldita nueva y encontré una muy linda, rojita un poquito más larga. Me saqué la que llevaba puesta y me sequé un poco.

Sentí que se abrían la puerta del dormitorio, me di vuelta y era Carlos que había entrado.

Me quedé mirándolo algo desconcertada y sorprendida.

-Vaya que estás buena – dijo con una mirada lasciva

– Gracias – le dije sin ninguna timidez, pues ya sabía lo que pasaría, o más bien lo que yo quería que pasara.

Carlos se acerco a mí y me pidió que me diera una vuelta. Dijo que estaba muy linda y que mi colita era espectacular, mucho mejor que todas las que hubiera visto.

Ven – dije yo. Agarré su mano y la puse en una de mis tetitas.

Vaya que eres lanzada –me dijo

Cuando un hombre me pone calentita, puedo ser una puta – dije descaradamente

Mmm que rica Panchita- comentó él agarrando más confianza.

Sus dos manos masajeaban mis senitos naturales. Los movía, los juntaba, los apretaba.

Me sacó la remera que llevaba y los sostencitos, quedando en mi tanguita rosada frente a ese hombre. ¡Qué parecía yo con mi 1.65 de altura frente a ese hombre de 1.90!7

Se agacho y comenzó a chupar mis tetitas, las besaba. Se alejaba y volvía tocarlas con mucha fuerza.

Cuando se detuvo, yo acaricié su pecho y lo besé, él se agachó un poco para recibir mi besito. Pasé mi lengüita por su cuello, por su pecho, por su barriga.

Cada vez iba bajando más hasta quedar frente a su bulto. Desaté su correa, bajé sus jeans, sus calzoncillos y tome su verga. Era muy grande, como de 20 o 21 CMS, gruesa, morena, tenía todas las venas marcadas. Y lo mejor de todo, la tenía durísima.

Pasé mi lengua por su glande y él cerró sus ojos y lanzó un pequeño quejido de placer. Me tomó por la cabeza y metió su verga en mi boca. Yo la saboreé completa, lamí sus bolitas, luego volvía a su verga. La recorrí con mi lengua desde la base hasta la cabeza, y luego la metía en mi boca nuevamente. Se la mamé un buen rato hasta que él me paró.

Me puse de espaldas a él y dijo: “quiero darte por tu vagina de nenita, debe estar apretadita tu concha cosita”.

Me puse algo nerviosa pero pude responder rápidamente.

-No me gusta que me den por mi coñito, prefiero que me den por el culito.

-Entonces es cierto que te pones bien puta – dijo él- Qué rico que te guste por culo, es más apretadito… uffff… me tienes a mil pancha

– Entonces demuéstremelo y cláveme su verga en mi culo, ¿te gustan mis nalgas? – le pregunté

-Son las mejores que he visto… suavecitas, duras, grandes… mmm… como disfrutará mi pene en tu hoyito.

Me puse de espaldas a él. Comenzó a morder mi cuello, mis orejas. Me besaba por la espalda.

Puso un poco de saliva en su mano y la pasó por la entrada de mi culito. Apoyó su verga ahí y fue una sensación maravillosa sentir cómo mi culito era amenazado de ser roto por ese gran palo.

Lo puso lentamente y yo gemía de placer mientras sentía su respiración agitada en mi nuca.

-¿La sientes Fran?

-Síiii… siga, más adentro, por favor

– Si, ya va, calma

De a poco su palo iba entrando en mi hasta que sentí su pelvis chocar contra mí… Comenzó a moverse de adentro a afuera sin sacarla nunca. Yo gemía y gemía mientras mi culo iba siendo partido en dos por ese hombre.

Ayyy papi, que rica es tu verga

Mmmm. Grita putita.

Ayy, ayyy papi… déme más duro

¡Cómo te gusta por el culo zorra! Me has sorprendido

Bombeaba mi hoyito cada vez más fuerte. De repente se detuvo y me tomó en brazos, sin sacar nunca su pene de mí. Puso una mano en cada pierna y me levantó, quedando de espaldas a él, él de pie. Tenía tanta fuerza que me subía y me bajaba con su verga clava en mi… yo me sentía muy puta… quería acabar pero sabía que no podía, pues podría notar que no era la Lolita que él pensaba que estaba jodiendo.

Me tenía ensartada en su pene y me decía que mi culito estaba muy apretadito y que para él era un placer estar con nenas tan buenas como yo.

Me bajó, sacó su pene de mi culito y me dijo que me pusiera en cuatro patitas. Así lo hice y él se arrodillo tras de mi y volvió a meterla, pero ahora con más fuerza… me estaba culeando duro, firme… me embestía muy rico y me decía cositas muy sucias. “Vendré a verte más seguido”, “Te haría mi esposa”, “Tu culo es delicioso”.

Me dio por mi culote una media hora… yo sentía que mi hoyito no daba más de recibir tanto, pero me gustaba. Me gustaba él, me gustaba que fuera tan grandote.

Comenzó a gemir más agitado cada vez, la sacó de mi culito y tiró toda su leche en mi espalda y en la entrada de mi culito.

¡Que rico papi! – dije

Qué bueno que te haya gustado cosita- dijo él.

Me dio un beso muy rico. Nos limpiamos y nos vestimos.

-Ya está seca tu ropa – le grité desde el lavadero pasándole su polera.

-Gracias cosita – dijo él con una voz muy tierna- Terminaré de arreglar la cañería esta y me iré, lamentablemente, tengo otros trabajos más rato, si no, te jodería una vez más nena.

Arregló lo que tenía que arreglar y le dije que pasara en la noche a buscar el dinero, pero que se lo cobrara a mis padres pues yo no tenía nada.

Ya me han pagado mejor de lo que podía haberme pagado, Francisca.

Le agradecí mucho por todo (por arreglar la cañería mala pero más que nada por la manera en que partió mi culito) y lo acompañé a la puerta.

Ahora sigo esperando a que una llave vuelva a romperse para que mi madre llame al plomero nuevamente.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

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