De señora a puta

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Me sacó su aparato de la boca y me puso a cuatro en el suelo, yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Aún no tenía muy claro cómo había llegado a aquella situación. Era la tarde de mi segundo día en aquel piso dónde no paraban de afluir hombres, buscando aventuras sexuales pagadas. A mis 20 años yo había tenido una vida sexual bastante activa. Había estado casada e incluso tenía una hija esperándome al otro lado del Atlántico.

Me llamo Carolina, pero desde ayer me llaman Susy. Todavía no me he acostumbrado y cuando Juan dice Susy cortinas o Susy te ha escogido a ti a veces no me doy por aludida.

Tengo padre español y madre dominicana, he vivido toda mi vida en Santo Domingo, me educaron en la escuela española, he vivido como una privilegiada, hasta que hace unos meses, decidí dejarlo todo, a mi hija, mi marido, al que ya no podía soportar más…e irme a España, sin nada, a encontrarme a mí misma, sin que nadie hiciera nada por mí. Quería demostrar que podía vivir sola, ganarme la vida sola.

Aterricé en España, sin nada, deseando empezar una nueva vida. Pronto descubrí que para los españoles yo era una sudaca que podía limpiar sus casas y para los dominicanos yo era la pija española. Iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Empecé a trabajar haciendo la limpieza en algunas casas…pero a duras penas me podía mantener con lo que ganaba, para el esfuerzo que requería. Yo, que estaba acostumbrada a levantarme tarde y hacer poco…tenía que recoger la basura de otra gente.

Una mañana, en el metro, un señor olvidó un periódico, que yo agarré y me puse a leer pronto. Llegué a una sección, en la parte trasera dónde había anuncios, que decía, demandas relax, allí buscaban algunos anuncios, mujeres jóvenes y guapas dispuestas a ganar mucho dinero haciendo compañía a hombres. No tenía ni idea en qué consistiría el trabajo…pero la remuneración era muy buena, y la única condición era ser guapa.

De eso, modestia aparte, yo lo soy mucho: morena, con cara simpática, bastante aniñada. De cuerpo delgadita, no mucho pecho pero muy buen puesto, bien formada y cuidada, muchos años de gimnasios todas las tardes. El color de mi piel era tostado, como si hubiera pasado muchas horas al sol. Me gustaba vestir con prendas bastante ajustadas y sexys y el resultado global es que muchos hombres se me quedaban mirando.

Me presenté al primero de estos anuncios y aterricé de golpe cuando me explicaron exactamente en qué iba a consistir mi trabajo…lo de compañía a los hombres era un subterfugio para llamar a una prostituta. YO prostituta. ¡Nunca! me fui indignada.

Fueron pasando los días y las semanas y yo iba a peor cada vez, tenía menos dinero, gastaba más de lo que ganaba. tuve que trasladarme del hostal en el que empecé viviendo, a una pensión y luego a un piso compartido con 7 personas más colombianas, de clase bastante baja, con poca educación y que chillaban todo el día. Y llegó el día en el que esas colombianas de clase baja podían pagar su parte del alquiler y yo no. Así que me dieron una semana para que fuera buscando otro lugar dónde vivir si no pagaba mi parte.

Pasé muchas horas pensando…y finalmente decidí que las únicas alternativas eran robar…o volver a mirar el periódico algún anuncio de aquellos de mujeres para hacer compañías a hombres…aquel que yo dije que nunca haría. Me llamó la atención uno en la calle Rosellón de Barcelona, en el que prometían unos ingresos medios de 3000 € mensuales. Y fui.

Les expliqué que nunca había hecho aquello. Eran un hombre y una mujer los que me atendían, creo que no me escucharon mucho. Me pidieron que me desnudara. Yo me quedé paralizada. Él me dijo: oye guapa, no tengo todo el día. Desnúdate que te veamos o lárgate. De forma inconsciente me quité el top que llevaba dejando a la vista un sujetador de encaje que escondían mis preciosos pechos y mi vientre plano con un piercing en el ombligo.

El hombre me miró apremiante, la mujer…admirada. Me quité los jeans y dejé un tanga a la vista, de color negro. Les miré, y él me hizo un gesto como diciendo…sigue…y seguí…me quité sujetador y tanga quedando completamente desnuda delante de aquellos dos extraños que me miraban como a mercancía.

Ella rompió el silencio que se había hecho en la pequeña sala: eres muy guapa cariño…ahora arrodíllate y chúpasela a Marcos. ¿Cómo? respondí yo, a lo que él, con menos contemplaciones, se bajó la cremallera del pantalón se sacó su pene, que estaba ya completamente preparado para el ataque, se me acercó, me cogió del pelo y me acercó la cabeza a su aparato.

Yo estaba como en un estado artificial, no sabría cómo explicarlo, abrí la boca y me lo metí dentro. Yo tengo una vida sexual bastante activa desde años y en este terreno, creo que he probado bastantes cosas y una de las que me gustaba más era tener el control de un hombre mientras se la chupaba.

Pero aquello era distinto, ¡estaba mamándosela a un desconocido, que me estaba haciendo una prueba para ser prostituta! me sacó de mis pensamientos cuando Marcos le comentó a la mujer, vaya…para ser que no ha hecho esto nunca…mama como una putita bastante experta…voy a probar como folla ahora.

Me sacó su aparato de la boca, me agarró con su potente brazo y me puso a cuatro en el suelo…yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba…y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Con esta nos vamos a forrar, zorra, te vamos a convertir en una putita adicta al sexo. Volví a levantar la vista y la mujer estaba con una pequeña cámara de video grabando las escenas finales de nuestro encuentro y no puede más, me corrí, ruidosamente, a la par que él soltaba toda su carga dentro mío, como un caballo, gimiendo y agarrándose a mis tetas desde atrás. Cinco minutos después, yo estaba todavía en el suelo, temblando, no muy segura de qué hacía allí ni qué había hecho ni qué iba a pasar desde aquel momento.

Marcos estaba ya con su pantalón subido de nuevo, diciéndome: bien Carolina, estás contratada. Mañana por la mañana vas a esta dirección que te hagan un análisis completo de sangre, no quiero putas enfermas en mi casa, luego te vas al centro de estética de esta otra dirección que te depilen entera. No quiero ni un pelo en tu cuerpo. Ese coño es demasiado peludo, a los clientes les gusta afeitado, que te arreglen, te tonifiquen la piel y luego vuelves aquí, en tres días si no te hemos llamado para decirte que hay algún problema con los análisis, vuelves aquí, lista para trabajar.

Te llamarás Susy, aquí dentro ya no te llamas Carolina, nadie sabrá que te llamas Carolina. Mis reglas son: análisis semanales. Si encuentran cualquier tipo de droga en tu sangre o alguna enfermedad, a la calle y no cobras esa semana, los clientes obtienen exclusivamente el tiempo por el que pagan. No te tomes confianzas con ningún cliente.

Los clientes obtienen T O D O por lo que pagan. A la tercera queja de un cliente, no cobras esa semana y no hace falta que vuelvas. Te pagaré cada sábado al acabar el día, el 50% del importe total de los servicios que hayas hecho. Nosotros llevaremos el control y tú también puedes llevarlo. Cristina (señalando a la mujer) o yo, tenemos derecho a follarte cómo y cuándo nos apetezca y eso no cuenta como servicio.

¿Alguna duda? yo me quedé mirándolos…y contesté con un hilo de voz “no”. Así empecé mi vida como prostituta en Barcelona. Ya os contaré como fue mi primer día y como me va a partir de ahora. Os adelanto que ya he dejado de llorar.

Saludos Susy (antes Carolina)

Autora: Susy

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Escrito por Marqueze

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