De señora a puta II

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Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.

Voy a seguir explicando un poco cómo me van las cosas. Los días van pasando y el piso de la calle Rosellón de Barcelona se está convirtiendo en mi segundo hogar. Ya he cobrado por primera vez…y no ha estado mal. Por una semana de trabajo me he llevado 800 €.

He podido pagar lo que debía en el piso dónde estoy y aún me ha sobrado algo de dinero. He podido comprarme algún capricho. Hacía tanto que no me sentaba en una cafetería y dejar pasar el tiempo y la gente delante de mí dejando que me sirvieran, sin pensar si mañana voy a tener algo de dinero en el bolsillo para comer. Esta ha sido la única parte gratificante y me pregunto si vale la pena.

Sí, finalmente tengo mi independencia, finalmente tengo algo de dinero en el bolsillo, pero no tengo amigos, no conozco a nadie y cada día pienso en mi hija, a la que no me atrevo a llamar. Le he fallado tanto que no puedo decirle nada. Si consigo suficiente dinero como para mudarme a un apartamento de alquiler para mí sola quizá llame a mi hija y decirle que su madre la necesitaba y que si quería pasar unos días conmigo.

Además he perdido cualquier resto de dignidad que pudiera quedarme al vender mi cuerpo cada día a todo el que está dispuesto a pagar por el. Seguro que muchos pensareis que es un trabajo más, pero no es cierto. Hay clientes que te degradan hasta hacerte sentir que no vales absolutamente nada y que no mereces ni que te paguen ni siquiera el aire que respiras. También es cierto que a veces, tienes suerte y te toca algún hombre que lo único que quiere es no sentirse solo durante un rato, sentirse acompañado, en alguno de estos casos, he llegado a sentir ternura.

Supongo que os interesará saber qué pasó después que Marcos y Cristina me contrataron. Pues bien, efectivamente fui a hacerme unos análisis de sangre a la consulta de un médico cercano al piso dónde iba a trabajar. Me esperaban, una enfermera me sacó sangre, me dijo que la analizarían y que ellos mismos enviarían los resultados a Marcos.

La enfermera me dijo que esperara que el médico me visitaría. Poco más tarde, un señor de unos 40 años me hizo pasar a su consulta, me dijo que era ginecólogo y que me iba a hacer una exploración. Me dijo que estaba todo bien, que tomara pastillas anticonceptivas y que nunca trabajara sin condón. Que volviera allí cada lunes antes de las 9 de la mañana para un análisis. Con estas me fui a la otra dirección que me dieron que resultó ser un piso particular de unas estilistas. Me mandaron desnudar. Una de las chicas me rasuró completamente con un aparato que no había visto nunca que hacía un poco de cosquillas. Me dijo que el pelo tardaría en aparecer de nuevo.

Me arregló el pelo, me hicieron masajes…me dijeron que debía ir allí cada semana. Una de las chicas me dijo que estaba preciosa y me invitó a que me mirara en un espejo de cuerpo completo. Y lo estaba. Mi coñito depilado quedaba súper sexy aunque se me hacía raro no ver ningún pelo ahí. Me recomendó ropa interior blanca para resaltar el color de mi piel.

Tres días después, estaba yo muy nerviosa. Era el día de empezar a trabajar. Llegó la hora y me presenté en el piso. Me esperaba Cristina. Me presentó a Juan, un hombre de unos 55 años, tan amanerado que parece artificial y al resto de chicas con las que iba a compartir turno. Eran 8 más, sólo una española, el resto eran de distintos países de América y una polaca. Las reglas eran que cuando llegaba un cliente, lo atendía Juan, que le preguntaba si quería una chica en concreto. Si decía que no, pasaba a una sala de espera y Juan nos llamaría para que pasáramos a saludar.
Había que entrar, de la forma más sexy posible, y decirle nuestro nombre. Juan le preguntaría que servicio sería y le cobraría. Juan nos diría quien es la escogida. Me pareció que aquello sería como una exposición de caballos, a ver cual se vende mejor.

En seguida vi entre las chicas que aquello iba a ser una competencia, que todas te hacían buena cara, pero me examinaban, cómo comparándose con ellas, cómo evaluando quien era más guapa. Pasaron tres clientes que no me escogieron, pero el cuarto, un hombre de unos 35, vestido con traje, bastante guapo tengo que decir, me escogió a mi. Juan, vino con Cristina y me dijo: bueno ya toca. Ese señor ha pagado por completo con griego. Cristina iba a empezar a hablar cuando la interrumpí: qué es un griego? Cristina me dijo: por detrás, por el culo. ¿Lo has hecho antes verdad? yo me la quedé mirando, con ojos llorosos y le dije que no, que nunca me habían penetrado por el culo. Me dijo…que mala suerte tienes Susy… para ser tu primera vez. Relájate, y no llores más, joder, sécate las lágrimas y ve con el cliente.

Nos fuimos a la habitación, el cliente ni me dijo hola, Como un mueble. Se desnudó entero. Yo no podía dejar de mirarle y pensar lo que me esperaba, lo que estaba haciendo…Él me sacó de mis pensamientos: ¡Qué! te desnudas o no? le pedí disculpas con voz muy tenue, me desnudé. Él mismo empezó a ir hacia el baño, que estaba en la puerta de al lado. Era como si hubiera estado aquí miles de veces. Se sentó sobre el bidé. Yo no sabía que quería…Oye guapita, no pierdas el tiempo que cuesta mucho dinero, me lavas la polla y empezamos ya, ¿por favor? tenía el mismo sentimiento que hacía tres días con Marcos, como un autómata empecé a lavarlo, la tenía grande y al contacto con mi mano, se hizo más grande.

Me estaba entrando el terror. En poco se levantó y se fue hacia la habitación. Por lo que me habían dicho, yo también tenía que lavarme, antes y después del “servicio” así que lo hice y volví a la habitación yo también. Allí estaba él, de pie. Me dijo: a ver, ponte de rodillas y empieza a chupármela, me arrodillé y empecé a metérmela en la boca, era grande y caliente. él empezó a gemir, diciéndome lo bien que lo hacía. Me decía que seguro que hacia mucho que era una putita come pollas y cosas por el estilo.

En ese momento me vino a la mente lo que me dijeron: nada sin condón. Y me la saqué de la boca. ¿Qué te pasa? me dijo él. ¿Creo que te falta el condón no? él, con cara de pocos amigos, me permitió que se lo pusiera. Me costó muchísimo. Estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no le ponía un condón a nadie.

Una vez puesto, él me dijo: oye mira, no vamos a perder el tiempo. Mi mujer no quiere que la encule y para eso he pagado, así que ponte en cuatro. A mi se me llenaron los ojos de lágrimas aunque no llegó a caer ninguna. Le hice caso, me puse en esa posición, esperando lo peor. Él me preguntó dónde estaba el lubricante. Ah! el lubricante…pensé para mi, sí, está ahí y se lo pasé. Me puse a rezar. Poco después empecé a notar en mi parte trasera un dedo, luego dos, que se iban haciendo camino por mi culo, aún virgen, untándome crema.

Vaya culo precioso, iba diciendo él…que bien lo voy a pasar. Y el agujerito…parece que no lo haya usado nunca nadie, esto es más de lo que esperaba! sacó sus dedos y por un momento quedé a la espera. Duró poco…en seguida algo mucho más grande intentaba abrirse camino por mi agujerito aún cerrado. y con un dolor indescriptible para mí…lo estaba consiguiendo.

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, aunque hubiera gritado hasta quedarme sin voz y le habría partido la cara…pero no, allí estaba. Ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.
En cinco minutos más, todo estuvo ya…él se corrió, pensaba que me iba a destrozar, pero no…allí estaba yo, con mi culo partido, pero mi primer servicio hecho. Me había sentido sucia y todavía me sentía, pero ahora ya estaba. El cliente parece que se fue contento. Cuando volví con mis compañeras y Juan, me preguntaron como fue. Les dije que bien, pero que necesitaba un rato de soledad.

Cristina se acercó a la silla dónde estaba y me dijo: Bueno, ya has hecho tu primer servicio, ahora ya los siguientes serán más fáciles. Trabaja mucho y deja felices a los clientes y seremos amigas.

Os debéis preguntar (de hecho os preguntáis) como fueron los siguientes días: pues sí, a todo se acostumbra una, y yo me estaba acostumbrando a pasar más horas desnuda que vestida, a que todo tipo de pollas entraran por mis agujeros. a no preguntar a hacer lo que me mandaran…a que Cristina de vez en cuando se me acercara y me dijera ve a la 7 y espérame, quiero que me comas el coño. Tampoco había probado nunca a una mujer…y no me disgustó.

La vida sigue y yo cada vez me siento mejor. Empiezo a tener nuevas ideas y aunque me sigo sintiendo sucia…ahora soy una mujer sucia, con dinero para llegar a final de mes.
Quizá pueda ver a mi hija pronto. Quizá.

Me jode que en el piso se queden tanto dinero de mi esfuerzo. Le empiezo a dar vueltas a otros métodos. No sé. Os seguiré contando.

Besos, Susy.

Autora: Susy

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Escrito por Marqueze

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